Jorge Alonso

Familia contra familia (una oferta catódica que no debemos rechazar)

“Una buena historia y un tema interesante. Eso es lo que andamos buscando desde que el ocio forma parte de nuestra especie. Sentados alrededor de una hoguera, al calor de una chimenea, en una sala oscura, o frente a la pantalla doméstica de turno. Queremos historias que nos atrapen y temas que nos interesen. Incluso los domingos de tarde”.

El cine cimentó parte de su grandeza en esos dos pilares. Parte. También está la interpretación, los actores y las actrices, y con ellos la belleza, el glamour, los iconos, la vida más allá de la vida, los decorados, las vistas panorámicas, los efectos especiales, las tres dimensiones… El espectáculo que supuestamente nos libera de nuestras vidas. Decimos espectáculo y pensamos en Hollywood, y maldecimos mesando nuestras barbas y recordando el trabajo de  Preston Sturges, Billy Wilder, I. A. L. Diamond o Robert Towne. Sí, hubo un tiempo en que el Mal no habitaba en California. ¿Verdad? Pues no.

Permítanme generalizar. El mal, si es que existe, somos nosotros. Nosotros que hace ya mucho decidimos convertir el cine en (solamente) un espacio de ocio para toda la familia. Esa es la clave, para toda la familia. ¿Acaso no se escriben ya buenos guiones en el planeta Tierra? ¿Acaso ya no existen directores con buenas ideas o muertos de ganas de rodar una buena historia? Pues sí, hay guiones y hay directores, pero les da pereza trabajar para el cine. Los grandes estudios, esos que hacen las películas que usted y yo podemos ver (mayoritariamente en versión doblada) en esta ciudad, quieren películas para-toda-la-familia, o en su defecto para adolescentes, a veces, solidariamente, para personas con graves problemas (“Come, reza, ama” sería un ejemplo). Grandes grupos en todo caso.

Y claro, si usted fuera a invertir un puñado de millones de dólares, en pleno golpe de estado económico global, a quién preferiría: ¿a Johnny Deep recreando una atracción turística Dysney o a De Niro reflexionando sobre la soledad metido en un taxi neoyorquino? El cine como centro de ocio familiar es directamente proporcional a la proliferación de historias tan insulsas y manidas como “The Artist” (Michel Hazanavicius, 2010). Y hete aquí que, después de años y años renegando de ella, después de jurar sobre el “Ulises” de Joyce que no la veíamos, resulta que la famosa caja tonta nos cubre de historias, historias y temas. No es cosa nueva, “M.A.S.H” no es de ahora, ni “Doctor en Alaska”, ni “Frasier”, ni “Twin Peaks” (antes de que a David Lynch  le diera un ataque de David Lynch). No es cosa nueva pero tal vez nunca fuera tan brillante. Una montaña de oro manando de la pantalla, y en su cima, puro en mano, Tony Soprano.

“Soy como el Rey Midas pero al revés, todo lo que toco se convierte en mierda”, esto se lo dice Tony Soprano a su terapeuta, la doctora Melfi. Cuando el hijo de Tony pasa una mala racha, Tony le da dinero para que le hagan “una buena mamada”. Si a Tony le hablas de “Sopa de pollo para el alma” te recomendará leer “Salsa de tomate para el culo, es la versión italiana”. Tony dirige una familia mafiosa de Nueva Jersey, defiende una ética de la vieja escuela, tiene problemas de ansiedad, responsabilidades “empresariales”, un código centenario que debe proteger, una escala laboral que debe mantener y unos hijos adolescentes que soportar. Y Tony Soprano sale (o salía) en la tele. Pero no en cualquier tele. Sólo en aquella que usted paga por ver. Que usted elige y financia, en parte.

¿Cómo es posible que ninguna cadena generalista se interesara por “Los Soprano” o “The Wire”? Lo es porque las cadenas generalistas viven de la publicidad, y si bien en “Los Soprano” se come, y mucho, sus desayunos no tienen nada que ver con el desfile de gorrones de “Los Serrano”, y mucho menos con los de la disparatada “Médico de familia”, ambas por cierto la pesadilla de cualquier nutricionista y el sueño de todo terapeuta familiar. Las marcas que se anuncian no quieren verse relacionadas con un tipo que le machaca la cabeza al responsable de la muerte de su yegua favorita, por mucho que sea el mismo tipo capaz de dar la vida, literalmente, por los suyos.

“Los Soprano” no es tan sólo una serie de mafia, del mismo modo que “Blade Runner” (Rydley Scott, 1982) no es ciencia ficción, ni “Centauros del desierto” (John Ford, 1956) una de vaqueros. Son historias emocionantes, con temas universales que nos conmueven, que podemos disfrutar a distintos niveles, con personajes complejos, creíbles, palpables… No se trata de cine o televisión, de novela, poesía o teatro, se trata de historias y temas. Busquen donde sea.

Aunque sea una oferta que debamos pagar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s