Jorge Alonso

A la sombra de Nacho Vegas

Nacho Vegas y Jorge Alonso, al comienzo de la entrevista.

“Pues, mira tú, en que opinión tan baja me tienes. Tú me quieres tocar, presumes conocer mis registros, pretendes extraer lo más íntimo de mis secretos, quieres hacer que suene desde el más grave al más agudo de mis tonos y ve aquí este pequeño órgano, capaz de excelentes voces y de armonía, que tú no puedes hacer sonar. ¿Y juzgas que se me tañe a mí con más facilidad que a una flauta? No; dame el nombre del instrumento que quieras; por más que lo manejes y te fatigues, jamás conseguirás hacerle producir el menor sonido.”

Hamlet (Acto III, escena XVII), de William Shakespeare

Eran las 18:45, casi mediados de Julio. Miranda miraba por la ventana y volvía a la pantalla, cerraba las ventanas y se asomaba a la calle de nuevo. Era jueves, no hacía de playa  pero bien podría dejarse caer por la Semana Negra. Podría si ese día en concreto lo regalaran todo. Nada pitaba, nada se movía en las redes para sacarla de allí. Puede que debiera haberse buscado un trabajo de verano, si es que había, o tal vez debería haberse ido con su abuela al pueblo. Pero estaba en Gijón, estaba al norte del norte. “Hace frío en mi país”, canturreó casi sin pensar, y volvió a las ventanas.

Hay al menos dos formas de comenzar una entrevista, llegando tarde o llegando puntual. Cuando entré en el Camden Bar de Gijón Nacho ya estaba allí. Y es bastante fácil que estando con Nacho pasen cosas, digamos, curiosas. Apenas murmurada una disculpa y un par de besos noté esa vibración que agita el aire cuando alguien inspirado desparrama la verborrea que lamentará al día siguiente.  Éste en concreto agitaba ante mi entrevistado un libro de Buero Vallejo, cuyo título no alcancé a leer, mientras le hablaba de admiración y de enemigos en prensa que no mencionaré aquí. Este tío me va a matar, pensé, pero resulta que el amigo Vegas no es de esos.

Nacho es de los que aceptan una entrevista para una modesta publicación digital como ésta sin más razón que charlar amistosamente. De los que se sienta sonriente  mientras un tipo ataviado con una camiseta del Barça le explica que, al contrario que a sus colegas, a él no le gusta su música, pero bueno; que le extraña no haberle visto nunca  por el campo del U.C. Ceares (La Cruz), pese a que Nacho había tocado en un concierto para el club o algo así ¿no?,  y que en realidad a él no le gusta el fútbol… lo cual no deja de tener su gracia teniendo en cuenta que llevaba una camiseta del Barça, o tal vez del Ceares ahora que lo pienso, y que le reprochaba no haberle visto nunca por La Cruz. Este es el tipo de cosas que pasan bastante a menudo si coincides con este buen hombre.

Y ya que has llegado tarde nada mejor que pegarle un buen trago a la pinta y soltar un “bueno, de vacaciones ¿no?”,  consiguiendo que el músico te aclare algo que en realidad ya sabes: las canciones no se hacen solas, y sin ellas no hay disco, no hay gira, no hay nada de eso que nos ha traído a los dos a este bar, y a usted a estas líneas. En fin, que si fuera Bob Dylan o Van Morrison o Nick Cave, o algún otro de esos genios gruñones , la entrevista habría terminado aquí. Pero no.

Nacho Vegas, a la puerta del Candem Bar, en Gijón.

A Nacho Vegas le lleva persiguiendo una sombra desde el 2001, cuando publicó Actos Inexplicables (Limbo Starr). Él venía de militar con éxito en Eliminator Jr y, sobre todo, Manta Ray. Venía del terreno experimental, de probar texturas y desarrollos, de atmósferas y arreglos poco convencionales. De todo eso, ya sabe. Y, tras transitar por el proyecto Diariu, se dejó caer con aquel disco tan apañado, tan bonito, con letras en castellano que no estaban escondidas bajo el resto de pistas y con instrumentos y arreglos tradicionales. Ahí comenzó a planear la sombra sobre él, la sombra de la hostia que todavía no le ha llegado a caer. Sombra y vértigo en este primer paso, sin banda y con un puñado de canciones al ras. «Llamé a Manu (Molina) avergonzado, él tocaba en mil grupos y no sabría ni quién era yo», por allí andaba ya Paco Loco, aún en Gijón por entonces. Sin él y sin el tristemente desaparecido Carlos Redondo, en fatal accidente de tráfico junto al añorado Igor Medio, toda esta historia habría sido diferente. O no habría sido.

Actos Inexplicables es un disco accesible, melancólico, tal vez otoñal (Seronda), y puede que un poco extraño en el mundo al que entonces pertenecía su autor, en el que «era raro hasta sacar un disco con tu nombre, era como muy de los ochenta». Si encima las referencias que manejas van de Ennio Morricone a Townes Van Zadt te la estás jugando. Parecía que el rubio de Manta ahora quería ir de Dylan, aunque él recuerde más los «¿qué vas de Patxi Andión?», y no era fácil saber si la jugada acabaría bien pese al apoyo de Limbo Starr, su sello hasta hace un año. No era fácil saberlo porque en la música pasan cosas a veces, precisamente, inexplicables. Afortunadamente la suerte a veces no entra en juego, basta con el trabajo y la justicia. El disco era muy, muy bueno. Tenía canciones como la copa de un pino, Al norte del norteEl ángel Simón, la inspirada versión del mencionado Van Zadt  Que te vaya bien, Miss Carrusel  o la instrumental Actos Inexplicables. Era un muy buen disco. Y en Rockdelux vieron que era bueno y le dieron el premio al mejor disco del año.

Pese a que según Nacho «se perdió la oportunidad de construir una escena verdaderamente alternativa», emisoras como la imprescindible Radio 3 y publicaciones como Rockdelux (RDL en adelante) recogieron mucha de la actividad que ya estaba funcionando a otros niveles y protagonizaron una suerte de relevo generacional y estético, convirtiendo a esta publicación, en ese momento al menos, en algo así como el medio autorizado. Habrá quien piense que desde ese momento Vegas se armó de valor y confianza, pero no fue así. Por lo pronto, pese a firmar con su nombre asegura que «siempre ha sido un trabajo de equipo», evidentemente  él lleva el peso, compone, da la cara y toma decisiones. Aún sin gustarle mandar, ha comprobado que la democracia no es operativa en un grupo «es todo muy lento y además si gana una opción tres contra dos, sabes que hay dos que van a estar jodidos».  Mejor liderar y no saber exactamente cuántos lo están.

Al Actos Inexplicables siguieron dos epés, Seis canciones desde el norte (Limbo Starr, 2001), junto a Aroah y terminado en el fatídico 11 de Septiembre de 2001, y Miedo al Zumbido de los Mosquitos (Limbo Starr, 2002), Baby Cat-Face (referencia a Barry Gifford) o Añada de Ana La Friolera, están en ellos, y con el segundo de ellos Nacho graba por primera vez en El Puerto de Santa María. No es que pregrinara en pos de una mayor calidad de sonido, simplemente Paco se mudó allí. Dicho sea de paso, ya no es necesario desplazarse para encontrar un buen estudio, sin salir de Gijón tenemos los Lloria de Xel Pereda,  Fase Cuatro de Carlos Stro o Circo Perroti de Jorge Explosión, impecables. Durante ese tránsito las canciones fueron cambiando la melancolía serena por la lóbrega, y ese camino sólo podía llevar al Cajas de música difíciles de parar   (Limbo Starr, 2003), el disco al que tantos se subieron y no pocos se quedaron. Basta decir que se está escribiendo un libro monográfico sobre él, y que RDL, en su edición veinticinco aniversario en Noviembre del 2009, lo colocó en el número tres de su lista de discos nacionales en la primera década del S. XXI.

Afirmaba en el texto correspondiente Xavier Cervantes que «Las veinte canciones del doble Cd son otras tantas estrategias de caza escritas sobre un mapa sin tierra a la vista. El norte, el mar, la sal, Dios, la culpa y la heroína suministran el equipaje metafórico a un viaje sin retorno al fondo del abismo (…)». ¿Cómo ve Nacho el disco actualmente? Duro, áspero, muy de ese momento concreto y con algunas cosas que no han envejecido del todo bien. Pero era el disco que tenía que hacer. Y no fue nada mal, no sólo (cierta) crítica especializada acogió el disco con halagos, sino que ha vendido  unas ocho mil copias hasta el momento. Mayor repercusión lleva a más público, y más público a más conciertos y a poder dedicarse a esto a jornada completa. Eso, y nada menos que eso.

Saúl pidió otro café y esta vez accedió a unas gotas. Mejor ir nivelando el PH, mejor ir pensando en el peaje. Liada entre semana, liada hasta bien entrada la mañana. Ahora tocaba pagar, tocaba pedir perdón, «que no hay un ser más culpable que yo», recordó.  Se vio reflejado en el espejo y sonrió.

Nacho Vegas ejerce de Nacho Vegas

Cajas de música difíciles de parar no le parece a Nacho un disco capital en muchos sentidos, pero sí es cierto que configuró una imagen, unos elementos comunes asociados a su obra y, de un modo bastante acusado, a su persona. Su persona o personaje. Gafas de sol estilo aviador, cigarro en mano, chaqueta y pantalón, camisa chula, copa cerca, el pelo que oculta, la plata que brilla. «Construir el personaje es algo que me fascinaba», dice, «Es uno que te creas para vencer la timidez, evitar lo confesional y distanciarte de la realidad, pero al hacer la canción si no dejas todo eso fuera estás perdido y poco a poco se diluye». Aún así se le sigue asociando implacablemente con ese personaje. En gran parte porque nunca ha ocultado su relación con las drogas. En este tema abunda la hipocresía ¿quién no recuerda la foto de Maradona y Julio Alberto en el partido contra la droga? ¿O a ciertos músicos metidos en la misma campaña? Loquillo & Trogloditas le echaron humor comprando una página en prensa y publicando una foto suya rodeando una mesa, digamos desordenada, bajo el titular “No te drogues o acabarás así”. El Loco tiraba con bala al explicar que cuando quería publicidad se la pagaba. Pocos como Antonio Vega y Nacho Vegas han hablado tan abiertamente sobre el consumo de heroína y sus consecuencias, buenas o malas. Tal vez por eso, y por el apellido similar, el día que el gran Antonio murió no pocos enterraron a Nacho, dando lugar a situaciones un tanto esperpénticas y desagradables: «La portera del edificio donde vive Christina (Rosenvinge) le dio el pésame». Ups.

En ocasiones se tiende a tomar las letras de Vegas a la tremenda, sin intuir un poco su excelente sentido del humor o el subtexto que pueda haber en ellas. Por ejemplo en El jardín de la duermevela hay referencias bastante claras a las drogas, pero eso no quita que también sea «un refugio, un lugar seguro, que bien podría ser un libro o una canción». Hay mucho humor en sus letras, referencias a Los SimpsonEn teoría funciona hasta el comunismo» cita en Lole y Bolan), a los peinados de ciertas señoras que te tropiezas en el ascensor (Nuevos planes, idénticas estrategias) o a la conveniencia de huir si alguien te ofrece un té en su casa y tiene puesta la miel al baño María (leer el texto que acompaña los temas incluidos en el recopilatorio Canciones Inexplicables 2001-2007). Puede que quienes no lo conozcan no lo sepan, pero Nacho se ríe, ya ves tú. Y mucho.

Llevamos ya un buen rato hablando y bebiendo, o al revés, y decidimos salir del Camden a fumar. Víctor aprovecha para sacarle algunas fotos más, ya ha estado tirando unas cuantas mientras charlábamos y ahora aprovecha para retratarle a la luz que agoniza con el sempiterno cigarrillo, de liar. No estoy seguro de que esta parte del negocio le entusiasme, pero por otro lado recuerdo que le avisé al respecto, así que no sabría decir si viene de chaqueta, zapatos, pantalón largo y camisa negros para la ocasión, o por su natural gusto en el vestir. Ambas opciones son tan válidas como complementarias. Pero este tipo sabe lo que se hace.

Tras el Cajas de música difíciles de parar, Nacho sigue desbocado y publica Canciones desde palacio (Limbo Starr, 2003), un epé de cinco temas perfecto lo mires por donde los mires, desde la portada de fantasía hasta la última nota, con la dulce cadencia de Canción de palacio (quién no ha necesitado en los últimos meses una fortaleza como la descrita aquí) el delicioso tran-tran de N. V. contra la industria del disco, la sinceramente amarga La magnitud de la tragedia, la épica callejera y excesiva de Canción de Isabel y el sórdido y reconocible pulular de la imprescindible En la ardiente oscuridad. Sí por alguna disparatada razón sólo pudiera tener un disco de nuestro amigo, que sea este. Este por lo menos hay que tenerlo.

El hombre que casi conoció a Michi Panero (Limbo Starr, 2005) es algo así como un hit en su carrera. La que saben los que no le escuchan mucho, la que toleran los que no le escuchan nada, de la que reniegan quienes le escuchan demasiado y la que hace tiempo que no es parte fija en su repertorio. Lo que es un hit de culto, vaya, «algunos caemos en gracia», explica. Debo reconocer que yo me enganché con aquel single, single que él considera un error. «Debería haber sacado un epé con la canción, no hacer una especie de single de adelanto»,  será que huele un poco a la triada convencional single-vídeo-disco, probablemente porque ese fue el orden. Hubo vídeo, aunque no  se prodigó en las cadenas específicas por exceso de minutaje, «no programan canciones de mucho más de tres minutos y hasta entonces no había tenido ninguna», esta tampoco, dura más. Pero  ahí tenemos  a Nacho, copa de vino en mano, asegurando que cuando dice no, es no, y ahí están Las Esferas Invisibles, o sea, Manu Molina, Xel Pereda, Iker González y Jairo Moreno, la banda que entonces formaba parte del proyecto y cuyo trabajo tanto agradece. «Iker hizo el esfuerzo de ponerse con los pianos y teclados, cuando él es guitarrista, y Jairo ni siquiera era un músico propiamente dicho, era mi compañero de piso y le pedí el favor para tocar con gente de confianza, de hecho debutó en Benicassim». Manu Molina y Xel Pereda, en cambio, son músicos de formación sólida, incluso académica. No era mala combinación.

Si el Desaparezca aquí (Limbo Starr, 2005) hubiera sido ese single y poco más, la hostia que planeaba sobre él, levemente aún, podría haber caído. Pero no. Tenía canciones rock al uso, por así decirlo, como Perdimos el control Ella me confundió con otra persona, así como temas hermosos y densos como Cerca del CieloLa noche más larga del mundo o, sobre todo, Ocho y Medio.  Hay quien adora esa canción hasta la demencia y quien se dejaría arrancar las uñas antes que escucharla entera, tal cual. Nacho prefiere no entrar en detalles, al fin y al cabo «está todo ahí». Este disco, y el Epé que le sucedió Esto no es una salida (Limbo Starr, 2005),  sí que marca un punto de inflexión, me dice. Tras la gira que les siguió “Las Esferas Invisibles fallecieron de muerte natural” y Nacho se encontró compuesto y sin novia. Bueno, más o menos. Le salió una bastante singular ¿Qué es lo que te decía todo el mundo cuando le comentabas que igual hacías un disco con Bunbury? ¡No lo hagas!.

 Colaborar con el autor de Entre dos tierras, el firmante de «no seas membrillo y permite pasar», sonaba a broma, a herejía… a jugada comercial. Parecía que se trataba de intercambiar la difusión y el alcance de Enrique Bunbury por la credibilidad de Nacho. No hubo muchos que vieran en ello una opción artística viable «me acordé de lo que un amigo le preguntaba a Cohen ¿estás seguro de hacer lo incorrecto?». La verdad es que la cosa cambia si uno piensa en Bunbury como quien había grabado Pequeño (Emi, 1999), Flamingos (Emi, 2002) o El viaje a ninguna parte (Emi 2004) y formado una banda tan apabullante como El Pequeño Huracán Ambulante. Además, Manta Ray ya le había teloneado  en la gira de su primer disco en solitario, Radical Sonora (Emi, 1997) y él mismo reconoció que había mucho del Cajas de Música difíciles de parar en su también doble El viaje a ninguna parte. De hecho esa fue la razón de que llamara a su autor para participar en el Freak Show (Emi, 2005). Vamos que no era una cosa tan rara aunque Nacho admite que “las suspicacias eran algo con lo que contábamos”.

Resulta saludable escuchar a quien viene de una escena completamente diferente afirmar, no sólo  que Enrique Bunbury «es un tipo muy estimulante»,  sino que tiene claro el papel fundamental que ciertos artistas masivos (Pereza o Amaral) cumplen a la hora de mostrar otros caminos, menos transitados o demasiado lejanos. Un ejemplo: Amaral cita en uno de sus temas, reconozco no saber exactamente cual, el Marque Moon de Television. Vale, pongamos que lo escucha un chaval o una chavala de quince o dieciséis años, va al Google y se da de bruces con un disco esencial. Así de fácil. Pero, volviendo al proyecto conjunto, no fue sencillo sacarlo adelante. «La primera sesión, en Gijón, fue un desastre, fuimos al local que yo tenía entonces en Roces, y reclutamos músicos un poco a última hora, no salió nada bien. Hasta que no nos fuimos a Cádiz con Paco y nos pusimos en serio no sabíamos si iba a salir un disco de allí».

En un principio el proyecto incluía gente que finalmente se cayó (Carlos Ann), y participaron tanto músicos de Bunbury como de Nacho (Xel). La idea era hacer algo así como una banda con dos cantantes,  sólo que cada uno cantaría las suyas, y una de las del otro. Un funcionamiento peligroso, tipo Supertramp (¿se puede citar ya a Supertramp?). Peligroso porque el tuya-mía demuestra, atención, cuál es tuya y cual es mía. No es porque él esté presente, pero las canciones de Nacho son bastante mejores.  Días extraños, Secretos y Mentiras, Va a empezar a llover o Cazador, están entre lo mejor de su producción. Tal vez Bunbury quiso probar un palo que no era el suyo, o tal vez sea otra cosa, «no me guardé ninguna canción, lo encaré exactamente como si fuese un disco mío en solitario», algo que parece que la otra parte no hizo. En todo caso dice Vegas que «nos vino muy bien a los dos, el venía muy quemado tras haber hecho la típica gira de verano con su banda, que no pudo terminar… así que había disuelto El Huracán Ambulante, y yo estaba en aquel momento sin banda fija, era el momento de parar».  No hubo mucha promoción en directo, de hecho «ni siquiera íbamos a tocar en directo pero acabamos haciendo cinco conciertos en México… y lo del Liceu». En efecto, este disco permitió a Nacho establecer una primera toma de contacto con México, país con el que le une un vínculo que crece disco a disco. Respecto al Liceu, bueno, ese directo se grabó y editó en Cd-DVD y no es el favorito de Nacho. «En muchas canciones cantaba, no tocaba la guitarra, y tenía las manos libres y un vaso cerca de modo que… pasó lo que pasó», tampoco fue tan terrible, pero mejor juzgue usted mismo.

Rober y Julia se miraron mientras ella volvía del baño indicándole la salida con la cabeza. Apenas tocaron la acera brotó el humo bueno y ambos bebieron y besaron sabor a cerveza. Era Julio y les quedaba apenas un mes juntos, luego vendrían el frío y las clases. Pero entonces no importaba, “que a un otoño desastroso siempre le precederá un verano fatal”.

Nacho Vegas y Jorge Alonso, durante la entrevista en el Camdem Bar. La noche se hace más ancha y la luz más estrecha.

Sé que la cerveza no es el arma favorita de Nacho y ya llevamos más de dos horas de charla, le propongo un cambio de tercio que rechaza tras dudar, sin embargo el destino (encarnado en Pablo, dueño del bar) nos pone en la mesa unos chupitos de whisky para acompañar. Celebramos la feliz coincidencia y comentamos que la hostia que le rondaba tampoco  cayó tras su colaboración con la estrella de Rock nacional, pero sí que medio se la dieron con su siguiente trabajo en solitario. No de lleno, de refilón, al fin y al cabo un poco se la esperaba y pudo esquivarla bastante bien. Antes de El Manifiesto Desastre (Limbo Starr, 2008) Nacho grabó junto a Christina Rosenvinge esa apocalipsis Indie que fue Verano fatal (Limbo Starr, 2007), repleto de temas tan plenos como el que le da título, Me he perdido o Que nos parta un rayo. Al año siguiente se enroló en ese proyecto superlativo comandado por Xel Pereda que fue, y es, Lucas 15. Una recuperación de la música tradicional asturiana en clave de Rock, inevitablemente comparada al Murder Ballads de Nick Cave & The Bad Seeds. Un disco delicioso que tendrá continuidad, tal vez este mismo año. Brindamos, golpeo la mesa con el vaso boca abajo, estúpida costumbre que Nacho no comparte, y nos vamos al disco en el que le tocaron un poco la cara.

Nacho Vegas y Cristina Rosenvinge.

«Es un disco caótico e irregular, se mueve entre la incoherencia y el distanciamiento», algo de eso hay, pero no pueden obviarse momentos tan brillantes como el arranque con Dry Martini, o el descarnado cierre con Morir o matar, la primera muy alabada, la segunda criticada en ocasiones por mostrar demasiado, por describir al detalle un momento concreto. «Tenía claro que quería empezar con una relación malsana  suave y terminar con una relación malsana abrupta». Probablemente por ese mostrar visceral, la canción fue favorita de muchos y muchas y la pedían insistentemente en los conciertos hasta cansar a su autor, «me dejó exhausto». Sin embargo el momento del disco es Crujidos, una canción que «estuvo a punto de quedarse fuera» donde relata con precisión poética el complicado caminar que lleva a la desintoxicación. O no, el director Jonás Trueba la utilizo en su película Todas las canciones hablan de mí (2010) con otro sentido, el de salir de una relación sentimental.  Tal vez no sea tan diferente al fin y al cabo.

En este disco tenemos a la que es banda actual de Nacho Vegas, La Cuarta Trama podríamos decir. Con Manu Molina y Xel Pereda ejerciendo de veteranos y Abraham Boba, teclista de gusto inmaculado recomendado y editado por Limbo, con mucho bagaje a sus espaldas, y Luis Rodríguez (Alias Luiggi Tudermis) bajista superlativo de sobra conocido por Asturias y gran parte del espacio exterior, «aunque no supiera tocar, ya sólo por la energía que desprende merece la pena viajar con él». Doy fe, por cierto. Una banda profesional, entiéndase en el buen sentido, que da cobertura y empuje en las noches en  que Nacho no está para muchos trotes y roza la perfección cuando sí lo está. Si los ve a todos juntos en un bar, corra.

A finales de 2009,  Nacho edita la que será última referencia en exclusiva con Limbo Starr, el epé El género bobo. Aquí tenemos Las inmensas preguntas, también conocida como “vayatemaquelehasalidoalcabrón”. Servía pues, ese epé, para cerrar relativa y amistosamente la relación con el sello discográfico. Digo relativamente porque Limbo distribuye y vende los discos en su web, y amistosamente porque no pasaron por tribunales, y fue amistosa. Este paso tiene más que ver con la creación de Marxophone que otra cosa. ¿Y qué es eso de Marxophone, aparte de un híbrido entre MarxParlophone, la imprescindible disquera británica asociada por siempre a los Beatles? Pues un proyecto menos loco de lo que pudiera parecer en el que están metidos Refree, Fernando Alfaro, el propio Nacho y la agencia de management I´m an Artist. Básicamente una forma de controlar en lo posible el negocio. Sí, ya he empleado esta palabra antes: negocio. Porque los músicos comen, beben  y gustan de dormir bajo el mismo techo de tanto en tanto. Para eso es imprescindible el papel moneda, y el mejor modo de obtenerlo es ceñirse al viejo axioma capitalista de conseguir un balance positivo entre gastos y beneficios. No se imagine ahora a un Nacho Vegas con visera y manguitos en la camisa haciendo cuentas con una calculadora para luego estirar satisfecho sus tirantes. No, se trata, de nuevo, de un equipo de gente que trabaja con un mismo objetivo, él es uno de los eslabones visibles y creativos de la cadena.

El modelo de negocio discográfico ha cambiado mucho, eso ya lo sabemos todos, pero los sellos independientes están adaptándose a él con más soltura, son más ágiles y vocacionales, sin dejar de ser profesionales, algo es algo. Nacho por ejemplo lanzó Como hacer Crac (Marxophone, 2011) en descarga directa gratuita antes que en formato físico, donde apuesta por cuidados vinilos, además edita bajo licencia Creative Commons, licencia que conviene apuntar no va contra los derechos de autor. «Las multinacionales tenían un chiringuito muy bien montado que se está yendo a tomar por el culo, están estancadas y hundiéndose», tal vez sea así, lo cierto es que hace mucho que no vemos “nuevos valores” que sean descubiertos por una multinacional «Vetusta Morla por ejemplo se lo hacen todo ellos, y al chico ese que pega tanto ahora, Pablo Alborán, lo sacaron de Youtube». Si el futuro de las grandes compañías se basa en exprimir (literalmente) a Miguel “dónde están mis cejas” Bosé a base de Papitos y esperar que Alejandro Sanz se ponga las pilas, van dados. Algo se les ocurrirá, eso sí, y no estaría mal que así fuera. Tanto ha cambiado este mundo que el último largo de Nacho Vegas fue #3 en la lista de ventas. «En un periódico me llegaron a llamar Mainstream ¡A mí no me llames eso!». El #3 en un mes bueno, no se crea. «Había sacado el disco Pj Harvey (Let England Shake) y entró como el #80 o algo así, una locura, pero claro, es que no hay que fiarse de esas cifras,  a Promusicae o como se llame ya sólo le hacen caso Los 40 y ese rollo, lo que sí es cierto es que como los que vendían ya no venden porque se los descargan, los que vendemos cuatro discos damos más la nota» Y así es, La Zona Sucia (Marxophone-Limbo Starr, 2011) ha vendido hasta ahora unas diez mil copias, que es muy mucho, y se ha librado con creces de esa hostia que no acaba de llegar.

Atardecía y Laura rumiaba los hielos sentada en la terraza. De tanto en tanto consultaba su móvil, se movía inquieta en la silla y estiraba el cuello hacia la esquina por donde él habría de llegar. El estómago le hacía el vacío y ella buscaba alguna alternativa viable al consabido “tenemos que hablar”, la única que se le ocurría era, precisamente, no hablar. “Es que a mí me han enseñado que hay cosas que no hay que contar, jamás”, llegó la brisa del puerto y Laura sopesó de nuevo sus opciones.

Llegados a este punto puedo distinguir el sofoco bajo los ojos de Nacho. Ha oscurecido, y si no fuera por la grabadora y los apuntes más bien parecería que estamos calentando motores que haciendo una entrevista. Le digo que ya queda poco y le propongo una noche a gastos pagos que declina firmemente con un «Bueno, ya veremos». Mientras nos sentamos de nuevo alzando el índice en dirección a la barra le pregunto por el giro clásico en La Zona Sucia (Marxophone-Limbo Starr, 2011). Qué títulos tan buenos le pone a sus cosas este chico ¿verdad?. Más formal, mucho piano bien tirado, arreglos más accesibles y ligeros. «Me propuse calmarme, admiro tanto la incontinencia como la atmosfera que anuncia que algo va a pasar». Precisamente eso es lo que tiene el disco, un gusto dulzón, como el olor a sangre; cantado mejor que nunca. Aunque él sigue sintiéndose inseguro al respecto siempre ha tratado bien las voces en los discos y tomado nota, por ejemplo, de lo que hacían T-Rex «que me encantan». Y  tiene esa Zona Sucia canciones del calibre de La gran broma final, Reloj sin manecillas, Cuando te canses de mí, Perplejidad o la insinuada Cosas que no hay que contar, colaboraciones tan deliciosas como los coros de Pauline en la Playa (esto es, las sin par Mar y Alicia Álvarez) y  un cierre sorprendente que es El mercado de Sonora. Para algunos críticos es una canción que sobra, no por mala, sino por no venir a cuento, curiosamente Nacho la ubicó desde el principio. «Tenía claro que ´Él mercado de sonora´ cerraría el disco, quería que lo rompiera un poco, tiene un sonido de batería muy tratado… Manu se volvió loco”. Evidentemente la canción es un guiño a México, o más bien “una metáfora del D.F», un país que, ya está dicho, cobra cada vez más importancia en la carrera de Nacho. «Sé que es un tópico, pero lo del público allí es increíble, se saben todas y lo dan todo, son muy apasionados». Si quiere saber a que se refiere busque “Nacho Vegas México Plaza de la soledad Lunario” en Youtube y pásmese, siendo además una canción llena de referencias tan concretas a Gijón y al barrio de Cimadevilla. Confiesa darle «un poco de pena que ganara el PRI, aunque me lo esperaba, la gente con la que hablaba allí me decía que iban a votarles, aquí acabaremos parecido, las elecciones como un Barça-Madrid». Pero con Mourinho en los dos banquillos, me temo.

El maestro, Leonard Cohen.

Su última referencia hasta la fecha, el ya citado y muy oportuno Cómo hacer Crac  nos lleva con la lengua caliente hacia el terreno pantanoso de la política. Para empezar Nacho no es que se calle precisamente sus opiniones. Veamos, cuando Lourdes Fernández (Russian Red) preguntada en la revista  Marie Claire por su opción política respondió con un «Si me tengo que decantar, derechas», Nacho afirmó que para decir eso hay que ser o un cabrón o un gilipollas. Ahora lo matiza un poco, «lo pondría como conjunción copulativa, es decir, hay que ser un cabrón Y un gilipollas». Que se noten esos años estudiando Filología. Aclara también que no se refería a la derecha conservadora, si no a la neoliberal “que nos ha llevado a este pozo de mierda en el que estamos”. De hecho, la visceral respuesta no iba tanto por Lourdes en concreto como por esa derecha en pie de guerra.  Sigamos, también se metió en un charco cuando en el homenaje a Leonard Cohen que tuvo lugar en el Jovellanos le advirtió desde el escenario que tuviera cuidado con las manos que estrechaba, tal vez alguna estuviera manchada con la sangre de Lorca. No gustó nada, ni eso ni que tocara un tema propio y contara, con mucha gracia creo yo, cómo llegó al maestro canadiense. «Para empezar ,a mi me invitaron y me pidieron que tocara una propia que fuera del estilo (Ocho y medio) y contara eso, la historia de cómo llegué a Cohen. Y fue lo que hice… lo otro ya me salió ¿cuándo iba a tener a todos los de Foro delante de mí? Pero no esperaba que saliera en los tres periódicos asturianos (y algunos nacionales) de entonces, fue una parte ínfima que se magnificó, me parece, de forma exagerada». Explicado  entonces.

Por último, cuando la huelga general del 29-M la revista Rolling Stone, de la que es asiduo, hizo una encuesta entre los músicos españoles preguntando por su parecer. Nacho apoyó la convocatoria y deseo que los piquetes quemaran la redacción si se les ocurría ir a trabajar.  Los comentarios fueron bastante duros, y educados, como suele ocurrir en esos  foros. Puede que nadie cayera, de nuevo, en que había cierto humor en las declaraciones. Bien, pues ya puestos a ver qué dice del golpe de estado financiero y del movimiento 15-M: «Si bien creo firmemente en el derecho de autodeterminación de los pueblos no creo que en Asturias estemos en ese momento, ahora mismo hay otras cosas que arreglar… en general mi simpatía está con quienes defienden la lucha emancipadora de la clase obrera, aunque el 15-M fue algo refrescante que englobó muchos otros movimientos». Escrito queda, por si acaso recuerde que no está permitida la presencia de mujeres en las lapidaciones, aunque se oculten tras una barba postiza o disimulen la voz.

 Casi las doce, otra vez tarde,  Rosa se echó un último vistazo antes de salir del ascensor y se dio el visto bueno. Fuera era de noche y al cruzarse con la pareja del cuarto pensó que cuando volviera a pisar el portal tal vez sus caminos se cruzaran de nuevo. “Siempre hay un bando”, pensó. Encendió un cigarro y comenzó a  andar pensando en que tenía sorna el tal Nacho Vegas.

El escritor Richard Ford o la Gran Novela Americana.

Hay muchos amigos sentados, vasos de varios tamaños, una cortina echada. Va siendo hora de cerrar este encuentro fiscalizado, últimos sorbos antes de subir las calles nuevamente. Un poco de Gijón que «sigue siendo una influencia cultural para mí, tuve la tentación de ir a Madrid, pero ya no, aunque es un buen punto de encuentro». Le comento que si buscas Gijón en la Wikipedia  aparece él en el apartado de “Personalidades ilustres”, entre Natalia Estrada y Blanca Romero, que no es mal sitio para estar. ¿Libros? Al fin y al cabo es un roquero leído de esos. Pues últimamente ha estado leyendo la Gran Novela Americana de turno, Libertad de Jonathan Franzen, coincidimos en que no está nada mal pero él matiza que a ratos le pareció «un poco Mujeres Desesperadas», de hecho se queda con los dos primeros libros de la trilogía de Richard Ford El periodista deportivo y El día de la independencia, a pesar de su a menudo irritante minuciosidad. Sigue prefiriendo la poesía y los relatos de Carver y no, no planea publicar un libro a corto o medio plazo (Limbo Starr editó uno de relatos y retazos Política de hechos consumados), y es que «la escritura requiere una disciplina aún más dura que la música», últimamente le piden mucho  escribir sobre grupos o solistas que admira, pero no se ve capaz.

Tom Waits, aspero, frío y final.

Si le preguntas por un concierto clave, como espectador, cita «uno de Penélope Trip en el Don Pedro, muy ruidoso» y el día que convenció a su clase en pleno viaje de estudios para ver a los Pixies y Pale Saints, casi nada, también el de Nick Cave en el Doctor Music Festival del 98  «con Mick Harvey controlándolo todo». Tiene la espinita de ver a Tom Waits y a Neil Young, a ser posible en sala mejor que estadio, pabellón deportivo o teatro, mucho pides Nacho. ¿Tele? Admite que «ver el telediario  pone de mala hostia», pero lo ve, además no todo es malo, hay cosas como «el recibimiento a los mineros en Madrid, muy emocionante». No tiene más planes que seguir componiendo despacio, en castellano, dejando «que la letra se amolde a la melodía» aprovechando las estructuras y referencias a su alcance, para eso «el Rock es una música popular bastarda». Y seguir haciendo bolos, aunque cada vez sea todo más caro, el alquiler de las furgonetas, el equipo, las salas… a veces tocaría un poco menos pero sabe que no está solo en esto. Otras  veces tocaría sin más, no hay problema «si quiero tocar sin cobrar un duro voy y toco», es consciente de que esa hostia que planea sobre él puede caer, «un año te va bien, otro te quedas sin tocar y lo pasas mal, no tengo ni idea de cuánto gano al mes (porque como cualquier autónomo no puede poner una cifra fija) pero sí te digo que pago religiosamente a hacienda», este trabajo es así «a veces gané mucho, como con Bunbury, otras veces me lo metí todo, como con Bunbury». Y mejor no hablarle de eternidad “no hay ninguna presión, no quiero llegar a ningún lado”, al fin y al cabo hace música porque algo no funciona del todo bien en él «no se nace preparado para que algunas cosas sean tan dolorosas».

Nacho Vegas y Jorge Alonso, al final de la escapada.

Antes de guardar los trastos y brindar sin más le hago la típica pregunta estúpida ¿Si el mundo se acabara en una hora qué harías? Sonríe y saca el Nacho Vegas que lleva dentro: «Meterme heroína», risas, muchas risas. Pagamos la cuenta y consigo convencerle para tomar la última en el barrio alto. Imposible hacerle trasnochar, al día siguiente tiene que madrugar, es la última clase de un cursillo de… Bueno, ya sabe que hay cosas que no hay que contar.

Jamás.

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10 pensamientos en “A la sombra de Nacho Vegas

  1. Pingback: Perros viejos con nuevos collares: NEVILLE. | Esbilla cinematográfica popular

  2. joder yo creo que te has dejado la mitad de la cinta para tu disfrute personal indie/elitista. Además, cambiar una o por una y no convierte una oración en copulativa.

    • Gracias Astrid. Aunque la entrevista ya tiene unos meses, se mantiene fresca. Nos alegra saber que hemos conseguido lo que pretendíamos: que la lectura de una entrevista se disfrute lentamente, como quien se toma un café. Te invitamos a que sigas leyendo más entrevistas de Jorge Alonso y del resto de periodistas que hacemos este magazine digital.
      Un abrazo, Víctor Guillot, director de NEVILL.

  3. muy, muy buena entrevista. A mí me encanta Nacho pero disfruté la lectura del género entrevista y reencontré al personaje. Me emocionó la combinación de ambas cosas: el buen anejo del género periodístico y el entrevistado. Salud!

  4. Creo que he llegado tarde a dejar mi comentario, pero algún día lo ha de leer (alguien). Debo decir vaya!!, es una grandiosa entrevista, eres grande Jorge logras,reflejar la profundidad de la personalidad que tiene Nacho. Hace años le escucho y no me dejan de sorprender sus letras, coincido en muchas cosas con él y esta entrevista me ha mostrado más quién es él. Por un acontecimiento amargo que pasé hace algunos meses debo citar a Nacho diciendo “hay días en que valdría más no salir de la cama”, espero pronto venga nuevamente a mi país para salir de ella. Saludos desde México..

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