Rubén Paniceres

Jim Steranko o la Edad de Oro del Capitán América

Texto: Rubén Paniceres /

En 1940 Jack Kirby y Joe Simon, dos artistas del campo del comic book, ambos judíos, crean al Capitán América, con la intención de concienciar del peligro del nazismo germano a una sociedad estadounidense sumida en el aislacionismo. Un editor, asimismo judío, llamado Martin Goodman decide publicarlo a finales del citado año, en su editorial  Timely, la cual con el paso de los años sería conocida por Marvel comics group. La identidad real del superhéroe enmascarado, ataviado con los  colores y símbolos de la bandera americana y portando un escudo (primero triangular, y posteriormente, ovalado), era la de un modesto y enclenque muchacho neoyorquino, Steve Rogers, perteneciente a las clases más humildes de los USA. Rogers había sido convertido en el primer- y único- prototipo del proyecto súper soldado, experimento científico para crear una serie de superhombres que batallaran contra la barbarie nazi. Durante toda la guerra, el Capitán América combatiría a las fuerzas del eje, acompañado por su adolescente ayudante, Bucky Barnes. Finalizada la contienda, la popularidad de la colección fue mermando y fue cancelada (para entonces, Kirby y Simon ya hacía tiempo que la habían abandonado).  En los 50 tuvo una efímera reaparición, transformado ahora en un paranoico vigilante mccarthista a la caza de todo presunto comunista  que pisara las calles. Después de pocos números, la colección fue definitivamente cancelada. Parecía que el destino de Steve Rogers y su alter ego enmascarado era integrarse en el panteón de los infinitos personajes olvidados de la historia del comic. Sin embargo, a mediados de los años 60, el astuto editor y guionista, Stan Lee -que por aquellas fechas  formaba binomio creativo con el gran y argumentista dibujante Jack Kirby, formando la piedra angular del universo marvel, dando a luz a series como Los Cuatro Fantásticos, los X-Men o Los Vengadoresconsideró recuperar al centinela de la libertad. Después de un breve tanteo en el num.114 de Strange Tales, compartiendo la cabecera con el miembro más joven de Los Cuatro Fantásticos, La Antorcha Humana, el glorioso retorno tuvo cabida en el num. 4 de Los Vengadores, fechado en marzo de 1964.  Lee obviaría la etapa anticomunista del personaje (re)inventando un nuevo origen en el que habría quedado hibernado en un gran bloque de hielo, a finales de la Segunda Guerra Mundial, siendo adorado durante largos  años como un  dios, por una tribu de esquimales.

Steve Rogers se encontraría al volver a la vida como un moderno Rip Van Winkle que afrontaba un brave new world muy diferente del que él conocía.  El personaje obtuvo su propia colección en el num. 59 de Tales of suspense  (noviembre de 1964),  continuada  en el nº 100 de El capitán América (respetando la cronología del anterior comic book), fechado en abril de 1968. En ella, que aún se publica en Estados Unidos, el Capitán debería afrontar numerosos desafíos, de los cuales  no era el menor, el intentar comprender en qué  se  había convertido el sueño americano, en una sociedad y cultura, los años 60, en los que todo- como cantaba Bob Dylan– parecía  hallarse en incesante cambio y metamorfosis.

Después de la edición del primer tomo que recoge estas primeras entregas de la saga, Panini comic publica ahora el segundo volumen del sello Marvel Gold dedicado al Capitán América, en el cual se encuentra una de las etapas más brillantes de toda la historia del personaje  y que incluye los trabajos de Stan Lee y Jack Kirby, Jim Steranko o Gene Colan.

Jack Kirby concluye aquí su primera singladura en la moderna era de El Capitán América, comprendida entre  los ejemplares 102 y 109 ( con un breve interludio en el 112), publicados durante el año 68.  Con un trazo ciclópeo, en un registro operístico donde la gestualidad expresionista de los personajes se fusiona con un vertigo cinético, en el cual las secuencias parecen escaparse de las viñetas. Episodios como aquellos en los que el Capitán se enfrenta a su némesis, el archivillano fascista Cráneo Rojo (Red Skull) o donde se recrea su origen a  principios de los 40, merecen, con justicia, el calificativo de clásicos dentro de la historieta popular. El artista, apodado por sus fans como  El rey, amalgama  el ritmo  y la dinámica vibrante de los filmes de  la Warner y otros estudios del Hollywood de los 40 junto a una sensibilidad plástica cercana al arte pop, donde refulge el sentido de lo maravilloso en cada página de la historieta.

Después de varios números, a cargo de artistas como Jim Steranko  al que volveremos al final de este artículo), John Romita o John Buscema,  pasó a hacerse cargo del grafismo Gene Colan. Si Kirby era hercúleo, rugoso y acometedor,  Colan, por su parte, era grácil, tenue y estilizado. Su lápiz diseñaba un entorno dominado por diagonales y elegantes angulaciones, con unos personajes que parecían levitar en una suerte de sofisticado ballet. A diferencia de Kirby o, en cierta medida, Steranko, Colan no se inspiraba en los clásicos de Hollywood, sino en  títulos contemporáneos como Bullit dirigida por Peter Yates en 1968, que le sirvió de modelo para la virtuosa persecución dibujada en el nº116 de la colección. Además, Colan fue, posiblemente, el  artista de la Marvel  más aun que otros como John Romita) que mejor supo visualizar el paisaje y las figuras, los usos y las modas  de los tiempos modernos que vivía el Capitán América. Hasta entonces, artistas tan emblemáticos como el creador gráfico de Spiderman, Steve Ditko, mostraban a unos personajes y unos escenarios que parecían entresacados de épocas ya periclitadas.La contemporaneidad fue introducida por Colan y desde entonces ese elemento fue algo que la Marvel procuro cuidar en todas sus colecciones.

Ex delincuente juvenil, reencarnación de Houndini, como mago y escapista, historiador de la edad de oro del comic book, ilustrador, editor de revistas de culto, diseñador cinematográfico. Jim Steranko pudiera muy bien ser un superhéroe de Jack Kirby ( de hecho el rey lo homenajeó en su ciclo de El Cuarto Mundo a través de Mister Miracle).  Su paso por la colección fue  muy breve, pero inolvidable. Con solo tres entregas( 110,111 y 113), en faceta de autor total (guión y dibujo), Steranko realizó el arco argumental  de mayor belleza y rupturismo formal  que nunca se hubiera visto en la serie

Desde la bellísima página inicial – donde un elegante travelling nos aproxima a la solitaria figura de Steve Rogers para terminar frente a un gigantesco y deteriorado poster del Capitán América, adornado con el desgarrador epígrafe, Nunca más solo – hasta la homérica batalla final (verdadero prodigio de trazo, iluminación y planificación) contra las hordas atávicas de Hydra, lideradas por una erinia, auténtico arquetipo de la imaginación sadiana; el autor aúna la épica intrínseca al género con una poética cercana al género fantástico, enjoyada por la impronta visual de los grandes fotógrafos  del film noir americano, Elwood Bredell, Nicholas Musuraca, John Alton, Burnett Guffey, Stanley Cortez ,James Wong Howe… Proyectando un atmósfera urbana siempre nocturna y desolada, plagada de oscuros callejones, siniestras cloacas, extraños parques de atracciones, lúgubres campos santos. Un microcosmos a la vez melancólico y amenazador, suerte de cruce entre la soledad urbana de Edward Hopper y el goticismo feérico de Allan Poe, que sirve de caja de resonancia a la tristeza existencial del Capitán, a su desarraigo en un tiempo que ya no está de su lado.

Repasemos momentos como el lírico entierro del héroe con los Vengadores y Nick Furia portando el féretro. El simbólico renacimiento de un nuevo Capitán América que, en la última viñeta, abandona la tierra de las sombras encaminándose hacia un enigmático amanecer. O el manejo de deslumbrantes planos secuencia que se imbrican con un montaje analítico de la página en sincronía con los experimentos narrativos del italiano Guido Crepax, a los que se añaden la escenificación de surrealistas paisajes, deudores de la obra pictórica de Salvador Dalí. Finalmente, Steranko, utilizando como metáfora  los trabajos y los días de un abatido Capitán América,  nos comunica una apasionante  elegía sobre la soledad y el aislamiento del individuo; la dura tarea de ablandar el ladrillo todos los días ( que diría Julio Cortazar); la frustración  que conlleva el no poder realizarse como un ser humano completo; la prisión del pasado y sus recuerdos que nos impiden vivir no solo el futuro, sino siquiera el presente.  Planteando la esperanza, el anhelo más bien, de una posibilidad de escape centrada en la frase, «Esta noche moriré, mañana vivirás» que Steve Rogers lee en un espectral adivino mecánico de una feria de las tinieblas.

Edición recomendada a los nostálgicos, y a todos aquellos que quieran (re)descubrir el pasado arqueológico de la llamada casa de las ideas.

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