Víctor Guillot

La inocencia del escritor amateur. Un encuentro con Agustín Fernández Mallo

Agustín Fernández Mallo y Víctor Guillot, simulando una foto que ha perdido su huella

Para los amantes de la literatura de género, Agustín Fernández Mallo es un bluf. Sin embargo, acude invitado a la Semana Negra, el certamen de la literatura de género que concentra la atención de medio mundo afanado en descubrir nuevos títulos de escritores de novela negra, ciencia-ficción y fantástico. Hay un ejercicio de valentía y sobre todo, un sentido de la literatuara carente de prejucios en la forma de entenderla  por parte de Agustín que lo convierten en una rara avis en este negocio, donde las presentaciones, los aeropuertos, los hoteles, se han convertido en el espacio habitual del escritor. Y es que el autor de Antibiótico o Blog up goza de una capacidad libérrima para le creación. Es un rastreador de poemas en la cultura de masas hipercapitalista de nuestro siglo XXI, con una capacidad relacional desbordante, que le permite crear un proyecto estético Postpoesía de tal riqueza cultural que se extiende con apabullante fluidez a todos los ámbitos del pensamiento y la creación. La red, el cine, la ciencia, la literatura, la filosofía. En su obra, todo está encardinado y cobra sentido. El sentido del deslumbramiento poético. Acudimos a la entrevista para no hablar del Proyecto Nocilla, en el fondo, para hablar de todo menos de sus libros, porque Agustín Fernández Mallo es, antes que nada, el nacimiento de una nueva forma de contemplar el arte. Novisimo, vanguardista, generoso e inocente.

-Con Alfaguara, efectivamente, regresaste a los pezones…11 años después.

Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus lo escribí en el 99 pero lo autoedité en el 2001. Lo iba repartiendo por las librerías. Y no sólo eso. Montaba unas presentaciónes en cualquier sitio. A mi no me conocía entonces nadie. Yo era un pavo que entraba en una librería y le decía al librero, así, a pelo «Oiga, ¿quiere estos libros? Luego hacía unas presentaciones que eran la bomba. Componía música con una grabadora de cuatro pistas, con sampler y otras cosas. Y me llevaba la música en una casette. Después lanzaba un mogollon de fotos a la tele, como una ametralladora. A lo que saliera. Películas, programas. Entonces las convertía en diapositivas y me llevaba un carro de diapostivas al lugar donde fuere que había una presentación de Yo siempre regreso a… La presentación era la música, el sonido del carro con las diapoisitivas proyectadas y yo leyendo. Y claro, en el año 2001, en la poesía, eso no lo hacía nadie. Era algo rarísimo. La gente flipaba. «¿Dónde va ese posmoderno?». Iba por ciudadaes haciendo eso. Y esto que cuento, que es una especie de novela sentimental que no tiene ningún interés para nadie salvo para mi, me hace pensar cuánta fe tuve que tener para darme esa matada, sin conocer a nadie. Joder, ahora lo pienso y veo que me había convertido en una especie de cine ambulante de los hermanos Lumiere.

-¿Yo siemrpe regreso… borra de algún modo la huella de El hacedor (De Borges) Remake?

-No lo borra. El hacedor sigue ahí y a ver qué pasa con él. No lo borra ni hago nada para que lo borre. Es el libro del que más orgulloso me siento. Cuando escribo no me guio por criterios legales sino estéticos. La creación sólo me resulta interesante en el campo de la libertad.

-En tu última entrada del blog escribes «En todo desarrollo estético llevado a cabo por un aficionado, es decir, aquel que ni vive ni cobra por lo que considera el relato pasional o paralelo a su cotidianidad, hay destellos, momentos, de gran lucidez, incluso a veces geniales. Es un proceso que se parece más al despliegue orgánico de las cosas que al silogismo aristotélico. Algo que se parece más al último Cervantes que a todo Quevedo».

-Yo pienso esto. De Quevedo nunca te podrías hacer amigo porque es perfecto. Un diamante hecho, cerrado y acabado, que no admite la injerencia o el choque sentimental entre tu mundo y su mundo para formar otro mundo distinto y nuevo. En cambio, Cervantes sí admite esta relación. Dicho de otra forma, te podrías hacer amigo de Cervantes porque sus textos son imperfectos. En Cervantes, en cuanto a la novela de caballerías, es un amateur, pero es esa clase de amateur que ya ha dado la vuelta, que tiene todos los códigos de los géneros y que, de repente, se lanza a hacer algo en el que también parece un amateur porque se ha lanzado a algo desconocido, en este caso, la novela moderna. Y ahí hay un vacío del amatueruismo, con todo ese background estético detrás. El escritor que conoce los géneros y que se lanza a algo nuevo es amateur por necesidad. Cervantes se plantea un proyecto estético, un proyecto narrativo desde una premisa que me interesa porque es la mía. Él dice: ésto ya me lo sé y quiero hacer algo nuevo. En el fondo, está creando su propio camino y a mi es lo que me interesa. Esa es la posición en la que intento colocarme cuando escribo. No en la comodidad de los géneros que ya conozco. Porque desde esta premisa, me aburro. Para eso me voy a jugar al fútbol. Por el contrario, con todo lo que sé, ya sea mucho o poco, mi postura es otra, . Por eso yo soy un descreido del género. De los géneros. Ahora que estamos en la Semana Negra yo afirmo que descreo del género negro o del género histórico. Me parecen etiquetas y barreras para la creación, si te las tomas en serio. Y esto que digo vale también para cualquier disciplina, también para el cine. Qué directores molan, todos aquellos que se lanzaron al vacío.

 -En el cine, si hay alguien que ha roto los géneros y ha planteado un discurso estético nuevo, si hay alguien que se ha lanzado al vacío es David Lynch, capaz de convertir el género negro en otra cosa, ya sea un cine de terror, un cine costumbrista. Pienso en Terciopelo azul o Carretera Perdida.

-Lynch es para mi el gran director de finales del siglo XX. Por decirlo de alguna manera, hay un momento en que, a finales de los sesenta y hasta principios de los ochenta, cine se piensa a sí mismo. Ahí estan Goddard y Antonioni, que me parecen cojonudos. Pero de repente, ese cine que se piensa a sí mismo llega a un límite.  Qué sucede. Que no puedes estár constantemente rodando o escribiendo sobre personajes que están todo el rato reflexionando sobr el cine y el acto de filmar. A mi me gusta esta filosofía filmada, que es muy interesante, pero reconozco que alcanza un límite. Entonces llega un pavo, que es David Lynch, que dice no a todo eso y termina haciendo unas películas que se convierten en la imagen por la imagen. Curiosamente, se malvaloró en su tiempo. Y sin embargo me resulta fascinante. Este salto que da Lynch se malvaloró como frívolo, cuando había un talento sobre la propia esencia del mirar alucinante, sin renunciar, ademas, a contar una historia de otra forma, con una voluntad de deformar la historia.

-La introducción de la imagen digital en el cine y en el arte ha diluido las fronteras estéticas en el campo audiovisual, además de introducir una nueva dimensión espacial, figurativa y temporal. Ha alterado no sólo la forma de rodar, sino también la forma de mirar. En su último libro Después del cine. Imagen y realidad en la era digital, Angel Quintana afirma que con el cambio de siglo, lo que ha perecido definitivamente es el culto al valor de la huella como depósito de la verdad de la imagen. La facilidad para manipular la imagen digital ha logrado que podamos hablar de un cine sin huella y sin tiempo porque no embalsama nada.

-Yo no creo que la huella haya desaparecido. Al contrario, pienso que la realidad sí quedará registrada. No entiendo por qué no. Quedará registrada en otro lugar y de otra manera. Lo que yo cuento a través de una cámara queda reflejado en algún sitio y en teoría, la capacidad para contar es infinita porque el libro se degrada y se lo comen las polillas, pero los discos duros se pueden mantener. Yo no creo que esa huella que registra la acción se vaya a perder. El peligro de pérdida deviene de la producción en masa del conocimento. Dicho de otra forma, de la incorporación simultánea de millones de datos. Entonces, cuando uno reflexiona sobre esto se da cuenta de que la información es como una manada de cebras y una de las cebras se pierde. No porque no se vea sino porque hay tantas.

-Demasiada información equivale a ninguna información.

-No, significa  muchas más cosas, y eso está de puta madre.

-Pero hay mayor dificultad de encontrarla.

-Sí, si no tienes una orientación.

-Exige un paradigma estético distinto.

-No lo sé. En cualquier caso, sí exige una orgnizacion mental del mundo. Antes ibas a una sola enciclopedia, la británica y ya estaba. Ahí se acababa todo. Hoy eso es impensable. Porque hemos construido una red en todos los sentidos. De modo que es mucho más difícil encontrar cosas si no tienes una orientación.

-Pero en la idea principal subyace que la realidad contenida en la imagen digital es mucho más frágil, o si se quiere, mucho más manipulable. La capacidad para alterar los formatos puede dar lugar a que la historia se diluya, convertida en un simulacro.

-Sí… Y con qué calidad. Pero a mi no me preocupa lo que dices. Todo depende de los códigos que manejes. La capacidad para hacer un poema, el gérmen de un ensayo o una película son infinitas. Por ejemplo. Yo puedo rodar con un ipod o con un iphone una peliculita. En este caso, dispongo de una aplicación que me permite simular una imagen rodada en 8 mm., 16 mm., lo que sea, en película de diferentes épocas. ¿Se pierde una huella? Es probable. Pero a efectos estéticos es irrelevante. Solo tiene una consecuencia desde la historiografía. Yo hago esta peliculita de 15 segundos sobre el mar en Gijón, y por su alta calidad, parece que lo han rodado los hermanos Lumiere, porque le aplico un efecto que logra un simulacro de antigüedad. Pero creo que el espectador sabe que es un manierismo y que lo estoy haciendo por algo. No me lo tomo en serio. Hay una distancia irónica. Si no hubiera esa distancia, entonces es cuando la cagarías. Pero a mi me fascina investigar la reacción sentimental del individuo, saber qué siente cuando el presente se lo enseñan en un formato antiguo. Es como cuando escribes e imitas un estilo que no es el tuyo. Esperas que el espectador se de cuenta. De ahí la ironía.

-Pero no siempre existe esa ironía. En The Artist no hay ironía y de ahí la aberración.

-Es cierto. A mi eso no me gusta. Me parece un ejercicio superfluo. No me interesa nada.

-Pero ahí es donde radica el temor a que la narración sintetica borre huellas.

-Pero no te preocupes. Todo arte borra huellas y es una simulación de algo. Yo creo que el espectador termina de construir esa imagen. Yo no estaría tan preocupado porque en realidad no borra nada. Nos damos cuenta de que esa película no logra borrar nada.

-De algún modo, la incorporación de la imagen digital al arte audiovisual es una vuelta a la inocencia. en el sentido de que el artista goza de una libertad creativa sobre la imagen similar a la de un escritor ante la página o un pintor ante el lienzo.

-Estoy de acuerdo pero es una inocencia falsa. Porque no es una inocencia absoluta. El creador se lanza con algo aprendido. Te enfrentas a algo nuevo y vas con una mirada inocente a ese nuevo campo, pero tampoco es el buen salvaje que parte de cero. En algun momento dado tienes que pasar por la mirada inocente, aunque luego la recontextualices, le añadas tu background. Si no, adquieres una postura cínica. A mi me gusta el momento nuevo, de deslumbramiento, la epifanía. Es un proceso muy parecido al del enamoramiento. Necesita una parte inocente y naïf. En el arte creo que pasa lo mismo que con el amor. No te puedes enamorar de alguien si estás continuamente ironizando. Necesitas sentir el enamoramiento del primer día. Y sin embargo, es verdad que no es como el primer día. En otras palabras, hay un punto de inocencia que luego se ve matizado y modificado totalmente.

-En el amor uno pasa momentos de dolor. No sé si en el proceso de creación, necesariamente se pasa por una fase de sufrimiento.

-En mi caso no. Yo no tengo ese metodo. Nunca persigo ningun objetivo de modo que nunca me frustro. Yo escribo lo que me va apeteciendo. Yo programo metas que sé que puedo abordar, lo cual no resta que uno alcance momentos de mucha intensidad, de mucha emoción, que me hacen sentir muy vivo.  Esto tiene que ver en parte con la inocencia. Si no me planteo grandes metas ni grandes objetivos, voy viendo el mundo casi como si fuera la primera vez. Después, es muy fácil que con eso consiga construir un relato, un ensayo, un poema.

-Y desde tu proyecto estético, ¿cómo contemplas el mundo y su historia?

-El mundo lo veo como un supermercado. La Historia se ha convertido en un supermercado y el presente lo es mucho más, por descontado. En este supermercado uno hace su propio carrito de la compra. Pasas por la edad de piedra y te quedas con una pintura en una cueva, pasas por el medioevo y te quedas con una catedral gótica, y por el siglo XX igual. Te dices,  este pavo mola, me lo quedo, o este del barroco, y con este otro de la posmodernidad también. Y con estos escritores vas llenando el carrito de la compra. Internet es un émulo de la realidad. Pero la red es también un reflejo de lo que es el mundo físico. Digo más, internet forma parte de la realidad. Es realidad. Una realidad de señales y signos de toda procedencia y todo pelaje. Así vivimos. Una obra clásica no sólo convive, sino que interactua con otra de los años 70.

-El siglo XXI descubre  que la realidad es hipertextual.

Yo creo que sí. No olvidemos que el mundo está en el ojo de quien lo mira. Cuando los adultos ven todo eso, es una uniformidad. Yo compongo mi realidad a partir del mundo. Lo que dices remite a lo que estoy escribiendo en mi ultimo ensayo. Hay quienes piensan que vivimos en un mundo fragmentado. Eso no puede ser real porque algo fragmentado no puede ser comprendido por la mente del hombre.  Por lo tanto, debe haber algunas relaciones. Hay quienes creen que el mundo estaba unido, cerrado y acabado, como este vaso que sostengo con la mano, y en un momento dado de la historia, concretamente a partir de los años 60, el mundo se rompió en cachitos. Y ahora toca recomponerlo. Yo no creo desde un mundo roto, que luego voy componiendo y transformándolo en algo. No es así porque no tengo conciencia de un mundo roto, sino todo lo contrario: he creado algo en un mundo que se ha presentado ante mí perfectamente cerrado y acabado. Eso sí, es un mundo muy diferente al de la modernidad. Es la posmodernidad. Pero es un mundo que no deviene de un mundo roto. Pensar así es hacerlo con un sentido nostálgico. Mira qué bonito cuando el vaso estaba perfecto. Yo no vengo de un mundo roto.  El mundo se me presenta de muchos elementos con una coherencia brutal. Cuidado porque a esto hay que darle un par de vueltas. Si el mundo estuviera roto, admitiríamos su imperfección y admitiríamos que es un mundo chungo. Entonces yo busco la coherencia entre todos esos elementos.

Entonces podríamos decir que el mensaje es el puzle y que cada puzle ofrece una figura diferente.

-Tampoco. Porque la idea de puzle predetermina una idea de imagen fragmentada. Y yo, lo que digo es que no se rompió ningún puzle, que no había puzle. Lo que defiendo es que este vaso antes se veía de una manera y ahora se ve de otra. Y no hay más. El mundo no se rompió. Cómo se va a romper el mundo.

-El mundo no se rompió, pero desde el 11-S, es como si el mundo comenzara de 0

-Sí, pero porque cambió la perspectiva. Sin embargo, el mundo después del 11-S es tan coherente como antes, solo que es otra coherencia distinta.

-Para Sigmund Bauman y su teoría de la sociedad líquida, el mundo, sus proyectos, peridieron solidez y coherencia.

-Pero Bauman es un nostálgico disfrazado de posmoderno. Él, efectivamente, teoríza el mundo líquido y lo hace con una nostalgia brutal respecto del mundo sólido. Para mi tiene un punto nostálgico de una coherencia perdida que yo no comparto.

El se refiere como tantos economistas hoy a una generación perdida,

-Pero eso es antropológicamente inconsistente. Es como liquidarse de un plumazo a miles de personas sobre la base de que no tienen un empleo.

-En cualquier caso, el mundo físico ha adquirido más coherencia desde que se ha demostrado la existencia del Bosón de Higgs.

-Y sin embargo, yo antes estaba más contento, porque había un misterio brutal. Ahora que lo han descubierto, el misterio se ha evaporado. Hay un punto de nostalgia en esto. Hemos perdido un misterio. Mira que yo lo he metido en mis libros. En Nocilla Dreams, en Nocilla Experince, en Odisea. Este descubrimiento es la confirmación de algo brutal. Ahora podemos afirmar que el vacío no es la nada. Y eso es un hachazo a toda la metafisica. La metafisica hizo equivaler el vacío con la nada. La nada sigue quedando como una palabra metafísica, incluso, mística y el vacio adquiere otra dimensión. El vació está lleno, está lleno del campo de Higgs. El vacío es el campo de Higgs y su misterio se ha evaporado.

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Un pensamiento en “La inocencia del escritor amateur. Un encuentro con Agustín Fernández Mallo

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