Adrián Sánchez Esbilla

Veranología

Texto: Adrián Sánchez Esbilla

 

Cooper / Mi Universo

Cosido a la psicodelia elegante, el power-pop de guitarras y el sonido mod, el gran Alex Diéz ejemplifica la coherencia, la resistencia y la indestructible honestidad del fabricante de canciones. Mi Universo es, probablemente su mejor trabajo en formato LP desde sus tiempos de Los Flechazos, síntesis de orgullo y melancolía, que comienza siendo de cristal en la titular Mi Universo para romperse “Tras un fundido en negro / de más de veinte inviernos” en la arrolladora Cortometraje. Un disco con el sabor dulzón de la nostalgia del final del verano, para escuchar a las puertas de Septiembre y recuperarlo en el corazón de Diciembre.

 Billy Childish & Holly Golightly / In Blood

Tórrido, genuino y esencial. El subtítulo de la portada no engaña: «una cuerda, una canción, un sonido».  Resulta una auténtica delicia experimentar como se enroscan las personalidades, siempre paralelas, algunas veces tangentes, de dos talentos tan aguerridos como Childish y Holly Golightly. Hablamos de blues calenturiento y pop sixties de cacharrería. In Blood o I’m the Robber te taladran pero es Upside Mine la que se te pega como saliva al cuerpo.

She & Him / Volume One

No se si al música moderna está muerta, más bien supongo que avanza en direcciones que escapan de mi alcance. Prefiero la burbuja nostálgica de los sonidos del pasado. Algo así ofrece este primer encuentro de She & Him. Algo de tristeza, algo de humor, algo de sol con ecos de Roy Orbison y espíritu californiano. Los contornos oscuros de la música de M. Ward son iluminados por los ojos y la irresistible sonrisa de Zooey Deschanel. Su fraseo enamora en cada corte y tumba en la perfecta Why Do You Let Me Stay Here?, esa combinación de dulzor y melancolía que es la definición del pop. El A Wasteland Companion de Ward en solitario demuestra la feliz contaminación de este trabajo y sus secuelas. Hubiese servido como recomendación, pero la señorita Deschanel solo acompaña en un para de cortes, y ella es puro verano.

                                                                                                                            

 All-Star Superman / Grant Morrison – Frank Quitely

Una declaración de amor no ya a un personaje, Superman, sino a la mitología pop del siglo XX que son los cómics de superhéroes. En doce capítulos que son los doce trabajos de Hércules, Morrison presenta una antología del Superman que fue y nunca debió dejar de ser: el héroe solar, épico por ejemplar, dios que quiere ser humano. Además lo hace a través de una mirada al tiempo limpia de cinismo y llena de posmodernidad, deslumbrada pero consciente, lo cual permite desbordar sentido de la maravilla, humor y capas metaliterarias que nunca entorpecen ls primario, en el sentido de esencial, del conjunto. Encima el dibujo de Frank Quitely es un prodigio y su limpísima diagramación, un ejemplo. Más melancolía en un cómic que es como el Smile de los Beach Boys, una sinfonía adolescente para Dios.

 Mejor que bien / George Pelecanos

Segunda de las apariciones del detective washingtoniano Derek Strange y una entrada excelente en la ciudad de Pelecanos. Una ciudad cartografíada física y moralmente desde el molde de la novela negra, que, sin olvidar el misterio, un asesinato con implicaciones raciales, se levanta sobre los personajes y su entorno. Pelecanos fue una de las mentes tras The Wire y sus novelas comparten una verdad equivalente, aunque la música de callejón de sus diálogos  -afortunadísima traducción del título de la novel que sigue a esta; Soul Circus– y su fervor por la cultura popular, de la música negra a las novelas del oeste o el spaghetti-western, muestran sus orgullosos vínculos con gente como George V. Higgins, Elmore Leonard o, por que no, Quentin Tarantino. Una absorbente aleación de estilización y realismo.

La camioneta / Roddy Doyle

El libro que cierra la gloriosa Trilogía de Barrytown y el más olvidado de ellos, no tanto por su calidad como por haber disfrutado de la más floja de las adaptaciones al cine (La camioneta, Stephen Frears, 1996). Así Los Commitments, El mocoso (Café Irlandés) y esta conforman un fresco costumbrista, rebosante de ternura, gramática parda proletaria y viveza. Aquí Jimmy Rabbitte Sr., el patriarca de la familia protagonista de la saga, y su amigo Bimbo hartos del desempleo, deciden usar sus respectivos finiquitos para comparar una destartalada camioneta y convertirla en un puesto de comidas rodante. Orgullosos y descerebrados, entrañables y atrabiliarios, los personajes de Doyle ofrecen algo mejor que el realismo, ofrecen autenticidad. Por si no fuera bastante la novela trascurre durante el Mundial de Italia 90, cuando Irlanda, entrenada por Jackie Charlton, llegó a los cuartos de final

                                                                                                                              

Gijón

En Cosas que mueren bajo el sol Nacho Vegas habla sobre despertar en “una ciudad que muestra su fracaso al mar”. Gijón vive entre el óxido y el esplendor. Quizás hoy un poco más triste, un poco más rota, pero todavía con pocas necesidades de excusas para dar pelea. En plena moda de los 80, cuando el fervor retro reivindica la década en la cual fuimos o jóvenes o críos, Gijón parece acomodarse a la moda entre recuerdos destartalados de la reconversión industrial. Dylan Thomas describía Swansea como “ugly, lovely town”. Vale para la mía.

Oporto

Lisboa se lleva todos los “guapa” y todos los besos, pero Oporto tiene el encanto del secreto. De belleza menos obvia, con la herida del río cosida por sus numerosos puentes, le sobra carisma. Es una ciudad seria, bien vestida, con algo de hermético y algo de cosmopolita que explica, por si misma, la anglofilia de los portugueses.

 

Montevideo

Una ciudad a la que nunca he ido y un país por el cual profeso simpatías irracionales de culpa, únicamente, futbolera. Oscurecido por los gigantes Brasil y Argentina, Uruguay tiene mucho aguante. Su fútbol es aguerrido y correoso, las tarjetas se inventaron por su culpa. Son tipos duros, malcarados, son los que amargan la fiesta de las escuadras sudamericanas más arrogantes. Montevideo ofrece esa mezcla tan atractiva de europeidad y latinidad, parece moderna y atemporal y, además, tiene un nombre precioso, condenadamente evocador, como de novela pulp.

 

                                                                                                               

El relevo / Peter Yates (1979)

En principio una típica historia de fin de la adolescencia, asunción de responsabilidades y sueños demolidos que consigue superar la mayoría de los lugares comunes y los tópicos blandengues de este tipo de cine gracias a la absoluta modestia con la que están abordados. Provista de un encanto especial, de una melancolía dulzona de fin de verano y de verdadera credibilidad apuntalada por un guión excelente, una dirección imperceptible y un magnífico reparto de, en aquel entonces, jóvenes valores donde sobre todo Dennis Christopher, un actor demasiado sensible para su propio bien, como el muchacho obsesionado con los ciclistas italianos.

Picnic en Hanging Rock / Peter Weir (1975)

El cine como estado de duermevela. Un lugar entre realidades y percepciones de cadencia pegajosa y estética prerrafaelista. Rompecorazones como Miranda al volverse hacia la cámara y telúrica como el sol y las rocas. Una de las obras maestras del cine australiano y definición práctica del mismo. Una pieza mesmerizante, con una concepción/sensibilidad fantastique de la narrativa, el espacio y el territorio y un sentido penetrante del misterio y la imposibilidad, peoética, de su resolución.

Beogradski Fantom / Jovan B. Todorovic (2009)

Durante una semana del verano de 1979 un Porche blanco  lamió las calles de Belgrado mientras Tito se daba una vuelta por Cuba. Durante una semana un indómito Porsche 911 S Targa puso bocabajo el régimen totalitario. Y lo hizo desde la impremeditación y el misterio. Una figura pura (blanca), anónima e imparable que ridiculizaba a la autoridad, reunía a las masas en una Plaza Slavija que lo esperaba cada noche. Con su fea arquitectura comunista regada solo para él, con sus farolas encendidas solo para él. Encaraba a toda velocidad, la policía siguiéndolo, un giro completo, como un beso de asfalto y humedad disparado a penetrar Belgrado. Un amante-bala con seis cilindros hirvientes, una fuerza condenada a la fugacidad y al fracaso. Un brindis al sol, el espíritu de los tiempos desvaneciéndose en lo más oscuro de la noche del tardosocialismo yugoslavo. Sobre ese fantasma investiga esta película de 2009. Cruce de documental, reconstrucción histórica, reflexión sociopolítica y estilización noir nocturna y ligeramente romántica, que participa tanto del toque Melville del Driver de Walter Hill (esos nocturnos lluviosos y bellamente abstractos, la concepción casi femenina de la ciudad), como de la mística del outsider y el nihilismo del clásico contracultural Punto límite: cero.

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4 pensamientos en “Veranología

  1. No sé por qué empezar, pero me gusta la síntesis que has hecho. De las ciudades, Oporto también me gustaría verla. Conozco sólo la de los vítores, Lisboa. Y Gijón también espero verla algún día. Mi madre dice que la mejor ciudad de España es Oviedo, que os pilla cerquita.
    Los discos, Cooper ya le “echaré el oído”. Al dúo de Zooey Deschanel lo conocí de rebote y es muy fresco, al mismo tiempo que delicioso. No hay más que escuchar “Thieves”, por ejemplo. Ella me encanta (¡qué estilazo!).
    Los libros has hecho una buena combinación, además el “All Star Superman”, como dices, es solar o, al menos, reactiva al personaje dándole la luz que le pertenece. ¿Qué mejor para el verano?
    Las películas, me apunto la australiana.
    Excelente artículo.

    • ¡Más quisiera Oviedo!
      El All-Star es una delicia, superheroes maravillosos, no torturados ni saturados de violencia.
      Si al encuentras por ahí te recomiendo mucho la de Roddy Doyle, tanto esta como las otras dos de Barrytown. Insuperables (y las adaptaciones magníficas también.)

  2. Bueno, en Gijón tenéis también la casa de Jovellanos, que si has ido alguna vez o sabes de ella, ya me dirás si vale la pena. Creo que se hacen actividades o conferencias. Al menos hace tiempo se hacían.
    Ya había oído hablar de “Los Commitments”. La banda sonora la conozco.
    Pues nada. Me lo apunto todo.

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