Rubén Paniceres

Londres en las profundidades

Texto: Rubén Paniceres /

Después de publicar su monumental obra sobre la historia de la capital londinense, Londres, una biografía, Peter Ackroyd  nos ofrece ahora una especie de complemento con  Londres bajo tierra.  Una muy especial guía  de la  vida subterránea de la  ciudad a lo largo de los tiempos,  recientemente editada entre nosotros, por Edhasa.

El ensayo de Peter Ackroyd es una reflexión acerca de cómo el presente de la ciudad se asienta sobre capas y capas de un pasado enterrado que ha ido conformando su devenir urbanístico, social y cultural. Para el autor de El diario de Víctor Frankenstein, la intrahistoria de Londres se basa en ese submundo de tinieblas, edificado sobre estratos de arcilla, lodo y ríos olvidados, suerte de inconsciente colectivo, de origen oscuro y perturbador, en ocasiones, de la metrópolis. Transmutándose en un hibrido de arqueólogo, historiador y detective, Ackroyd rastrea  los orígenes  de Londres a través de las diversas eras y de los restos de hombres y bestias,  ruinas y objetos, que subyacen bajo la superficie de las calles y aceras de la urbe. Seguiremos los cauces de los diversos ríos y afluentes del Támesis, nacidos como alfaguaras de límpida y cristalina agua, luego enturbiados por el contacto con la muchedumbre urbanita, transfigurándose en mefíticas corrientes, que deberán ser sepultadas bajo capas de ladrillo, tierra y cemento para eludir su deletéreo fluir. Ese es el caso de ríos como Tyburn, Fleet, Effra… acuáticos lugares donde moran las tres cuartas partes de la actividad paranormal de la capital del Reino Unido. Cuna de espectros, duendes y telúricas deidades. Dichos torrentes no son visibles, pero según Ackroyd, los observadores atentos, aun puede escuchar si prestan atención suaves murmullos que indican que  aun siguen vivos.

John Ruskin, afirmo que «un buen alcantarillado es una cosa más noble y mucho más sagrada que la Virgen más admirada que se haya pintado nunca». Peter Ackroyd no llega tan lejos como el  teórico de la Hermandad Prerrafaelita, pero dedica gran espacio en su libro a historiar los sucesivos sistemas de alcantarillado que ha tenido Londres a lo largo de los siglos. Tambien, se nos instruye sobre la labor de los llamados “salitreros” que rebuscaban en los excrementos en busca del gas metano que proveería la fabricación de explosivos. Dichos operarios tenían en el siglo XVI la autorización de penetrar  en los domicilios particulares, e incluso en los templos cristianos para  arramblar con todo producto de las defecaciones humanas que pudieran encontrar. Otros personajes pintorescos citados por Ackroyd, son los toshers (“carroñeros”)  buscadores de quiméricos tesoros perdidos en las alcantarillas, cuyo destino, a menudo, era perecer a manos de legiones de ratas hambrientas o ahogados  por súbitos torrentes de aguas pútridas.

 Hay un recuerdo para las homéricas y finalmente poco relevantes gestas que constituyeron la construcción de túneles subterráneos bajo el Támesis como el diseñado por el ingeniero Marc Brunel, el cual se inspiro en un humilde molusco el Teredo Naturalis  que horadaba las paredes de madera de los cascos de los navíos de la época, para  su ambicioso proyecto. La obra fue marcada por una inacabable serie de catastróficas desdichas  que abarco un periodo temporal, desde el inicio de los trabajos en 1825 hasta su inauguración en 1843 por la mismísima Victoria Regina.

Reflejo especular, doble invertido, símbolo de las estructuras ideológicas y sociológicas que determinan la vida de Londres, el Underground o Metro, es el protagonista de los mejores capítulos del libro del escritor británico. Se recrean sus principios  caracterizados por la lucha contra un atmósfera hostil ( el anhídrido carbónico de las primitivas locomotoras a vapor). Los turbulentos años de la Segunda Guerra Mundial, en los que los túneles del metro, fueron el refugio de miles de londinenses aterrados por los bombardeos de la aviación nazi. Crónica desprovista de heroísmo, donde se retrata a una población agobiada por el miedo, hasta el punto de no querer retornar a la superficie y tratar de construirse una ciudad alternativa en los subterráneos, rodeados de mugre y miseria.  Habitando un entorno que el escultor Henry Moore  definió como similar a las entrañas de un barco negrero. Ackroyd pasa revista, igualmente, a todas las leyendas urbanas sobre tribus caníbales,  fantasmas errantes, crímenes y  misterios sin resolver que se contienen en los anales del metro londinense. Hasta arribar a los tiempos actuales en la que la autosuficiente tecnología de las maquinas ha reducido a su personal humano a sobrantes  comparsas de un simulacro que otorgue confianza a los usuarios.

Londres bajo tierra, introduce una turbadora meditación acerca de cómo los poderes fácticos no solo ocupan los lugares privilegiados de la topografía urbana de la superficie, sino de que toda la ciudad esta horadada por un laberinto de túneles, refugios subterráneos y estancias secretas que comunican a los distintos servicios secretos, se plantean como cuarteles de las clases dirigentes en caso de conflagración o son el pasadizo que facilita los encuentros del sexo furtivo de la realeza. Ese submundo, libre del control de la luz y los taquígrafos, es la cara oculta de las fuerzas que gobiernan a la nación, y su invisible impunidad transfiere una sensación de desasosiego cercana a las teorías de la conspiración.

Más inquietante aún si cabe, es la conclusión final de Ackroyd que postula que si Londres sigue creciendo al ritmo actual en un futuro remoto, a sus habitantes no les quedará otra opción que retornar a las profundidades. Porque la herencia de Londres se inició sobre las tinieblas y en las tinieblas puede terminar. Argumentación esta acerca del imprevisto regreso de lo numinoso y lo subterráneo con todas sus connotaciones amenazadoras y tenebrosas que podemos encontrar metafóricamente en algunas de las ficciones literarias de Peter Ackroyd, como en la impresionante, La sombra de Hawksmoor, posiblemente la novela de fines del siglo XX que mejor explora el trasfondo maléfico de la condición humana y una civilización occidental siempre bajo la espada de Damocles de la barbarie y la locura.

*La edición contiene abundantes y curiosas ilustraciones y exhibe una fluida traducción responsabilidad de Gregorio Cantero, en la que las notas a pie de pagina cumplen eficazmente su labor de contextualización histórica y  cultural, sin llegar a ser agobiantes.

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