Jorge Alonso

La letra

Texto: Jorge Alonso /

«Eres tú, eres tú, todo es por ti; todo lo que hago lo hago por ti. Te lo digo todo el tiempo ´El Cielo es un lugar en la Tierra contigo´. Dime todas las cosas que quieres hacer, escuché que te gustan las chicas malas, cariño ¿es eso cierto? Es mejor de lo que jamás pensé. Dicen que el mundo fue construido para dos, solo vale la pena vivir si alguien te quiere… y cariño ahora lo haces»

Videogames, de Lana del Rey.

Se deslizó por entre las mesas como una sombra que se sienta tras de ti. Apenas alzó la mirada para encargar la cerveza y ya la estaba hundiendo en un periódico. Cinco minutos después el corazón le latía con normalidad. Con cierta normalidad.

Volvió a la primera página y fue deteniéndose en los titulares, sintió incluso algo de rabia y desesperación por lo que le rodeaba, no sólo por él. Deportes le iluminó levemente el rostro, tanto que olvidó evitar cultura y espectáculos y cayó de nuevo en el pozo del que intentaba salir. Allí estaba ella, lánguida y radiante, tan hermosa como la recordaba, incluso un poco menos. Ese jersey amplio de mangas como sábanas le había rodeado hacía menos de un año. Seguía envolviéndole ahora, más fuerte cada vez.

El disco salió en pleno otoño, seis meses después de haber roto con ella. «Un disco conceptual», «Gira en torno a un solo tema, el amor, o más bien el desamor», «Es la historia de  un amor, desde el brote inicial hasta ser arrancado de cuajo ´por una mano de huesos duros´, tal y como dice la canción». No es que hubiera que leer entre líneas las entrevistas… apenas dos meses después de salir el disco, cuando ya era un éxito absoluto, su nombre salió a la palestra. Trabajar en los medios es lo que tiene, le dijeron, ahora era el tipo de corazón oscuro como la garganta del Huno. Y su foto estaba en los papeles.

El sonido del platito con la cuenta le sacó del eterno retorno de sus pensamientos. Tal vez fuera buena idea pedirse otra, en aquel café de techos altos y solera intachable nadie parecía prestarle atención, además la música tendía a ser siempre Jazz de escucha fácil, de modo que realizó con la mano el universal gesto de pedir otra de lo mismo… y sonó. El hombre enlutado que te hará llorar, el puto hit indiscutible del año, descripción exacta de su persona incluida por el mismo precio.

No podía quedarse escuchándola, no podía esperar por su cerveza siquiera para pagarla y dejarla allí «Húmeda y de pie, con la espuma hasta los pies». Mierda de canción. Se levantó y avanzó hasta la barra como una bola de Pinball bien tirada; chocando una y otra vez hasta llegar a su objetivo y rogar que la mirada que clavaba en la nuca del camarero acabara abrasándole.

La canción terminó y dejo un silencio leve tras de sí. Un momento seguramente mágico, especial, que hasta él podía, dolorosamente, apreciar. El camarero puso la cerveza ante él. «¿La vas a tomar aquí?» Asintió mirando el suelo y sacando un billete demasiado alto. Con las vueltas llegó su estribillo particular. «Hace falta ser gilipollas para dejar a una chica así ¿eh?». Iba a admitirlo cuando una voz femenina remarcó que «un gilipollas muy adorable parecía ser».

Un gilipollas adorable, ese era él.

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