Pablo García Guerrero

Matarás a tu padre (contra Gay Talese)

Texto: Pablo García Guerrero /

Joseph Bonanno y Salvatore Bonanno, en el centro de la mesa.

Pongamos que eres el hijo del mafioso más importante de Nueva York, que tú mismo eres un mafioso, relativamente joven, apuesto e inteligente, y que tienes ante ti una posible condena que te obligará a pasar una temporada en la cárcel, lejos de tu esposa e hijos, amantes y amigos, y de las diversas comodidades que has disfrutado desde pequeño; además, como el público siempre se ha sentido atraído por un mafioso al que se considera una versión moderna del forajido americano, tienes una buena imagen que mantener ante los demás, tanto hacia ese mundo exterior que te observa entre la indulgencia, el miedo y la admiración como hacia tu propio mundo mafioso, dividido en familias siempre al borde de la aniquilación, de la más importante de las cuales eres el único heredero.

Pongamos que no eres un matón al estilo Lucky Luciano, ni un Al Capone del gatillo fácil y whisky de contrabando, ni siquiera un mafioso «clásico» como tu padre, Joseph, por lo demás emigrante italiano (no como tú, que has nacido en Estados Unidos, y como tal estadounidense te sientes y actúas), sino que eres la versión más sexy y elegante de la mafia italiana desde hace años, y ante ti se abre un negro futuro que hará desaparecer esa imagen y probablemente acabe con tu carrera mafiosa y arrastre consigo a toda la familia.

Salvatore Bonanno y su abogado Albert J.Krieger en una de sus comparecencias ante los juzgados de Nueva York

Pongamos que eres Bill Bonanno y un día, mientras se está celebrando el juicio que puede acabar con todo lo que has sido, conoces a un periodista también joven, elegante y ambicioso, que trabajó para el New York Times y está loco por hacer el gran reportaje de su carrera sobre el mafioso más prometedor de la ciudad. Pongamos que aceptas entrevistarte con él, que os caéis bien y que los dos descubrís que podéis llegar a un acuerdo que beneficie a ambas partes: tú lo aceptarás entre tu familia, comerás y cenarás con él, conocerá a tus hijos y tías, os llamaréis para felicitaros el Día de Acción de Gracia, permitirás que cuente los más nimios detalles de tu vida que puedan interesar a lectoras indulgentes (cómo vistes, qué comes, a qué rama familiar te recuerda la mirada de uno de tus hijos, dónde te fuiste a pasar las vacaciones del 67…), pero obviando la realidad mafiosa de los Bonanno (cuáles son sus negocios, cómo se organiza a los hombres que están a su servicio, a qué policías, jueces, abogados o periodistas ha podido comprar, cómo evade impuestos, a quién compra las armas, cuándo, cómo y por qué se ordenó o no la muerte de personas…), de forma que se construya sobre ti una biografía que te absuelva del pecado que, indulgentes o no, todos saben que has cometido: ser miembro de la mafia de Nueva York (aceptando que la mafia tiene por costumbre hacer algunas de las cosas que se apuntan en el anterior paréntesis).

Gay Talese

Pongamos que al joven periodista le interesa participar en ese negocio, pues le sobran talento y ambición y será capaz (¿él solo?) de convencer a todo el mundo de que está haciendo justo lo contrario de lo que está haciendo en realidad: aparecerá, y así se ha explicado y alabado hasta la saciedad desde hace cuarenta años, como uno de los mejores reportajes de todos los tiempos sobre el mundo de la mafia, se vitoreará el riesgo en que ha puesto su propia vida al entrar en la intimidad de la mafia, recibirá premios y servilletas marcadas con un rojo beso de jóvenes admiradoras, visitará Europa invitado por los principales medios de comunicación, Alfaguara pondrá una foto suya muy elegante, de traje, sombrero y pañuelo asomando por el bolsillo de la chaqueta, en la solapa de sus libros y será anunciado como el más (también) sexy y elegante e inteligente y original y atrevido de los creadores de algo que nos hemos inventado en llamar «nuevo periodismo» para seguir manteniendo a Estados Unidos en el primer puesto de las civilizaciones que han hecho avanzar  la historia.

Pongamos, pues, que el negocio les sale bien, y que precisamente por eso el libro llega a estas torpes manos. El libro ahora no es nuevo periodismo, ni el mejor reportaje que nadie haya hecho nunca sobre la mafia, ni una obra imprescindible, épica, lírica, trágica, yámbica o dórica, sino, simplemente: un libro de encargo destinado a limpiar la imagen de un mafioso. Eso fue desde su origen (precisamente cuando se estaba juzgando a Bill Bonanno: ahí está la clave), y eso sigue siendo hoy, cuando los Bonanno son una simple familia italoamericana que ha abandonado su pasado delictivo, la imagen general de la mafia siciliana en Estados Unidos es poco más que un tópico televisivo y cinematográfico y John Gotti, el último mafioso elegante, sexy y estúpido, se llevó por delante ocho décadas de dominio italiano en los negocios sucios de Estados Unidos precisamente por culpa de su imagen sexy, elegante y estúpida.

Gay Talese durante la presentación de “Honrarás a tu padre” en un restaurante italiano.

Pongamos, así, que Honrarás a tu padre es un libro de encargo: entonces, ¿durante cuánto tiempo seguiremos alimentando su inmerecida fama?

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