Adrián Sánchez Esbilla

Jerry Lewis, el rey de la comedia

El arte lewisiano engaña en su aparente fiebre por el caos. En realidad, sus películas están férreamente estructuradas en un ciclo racionalizado sobre la construcción de un personaje central, Jerry, que una vez alcanzada la madurez, el Lewis cineasta se dedica a demoler, pieza a pieza, en el sentido inverso a como lo había levantado para, de manera singular, retronar en sus últimas películas sobre el estilo de las primeras. Todo ello exige al artista un vaciado –formal y conceptual- absoluto de las constantes, los resortes, orígenes y subtextos varios del Jerry personaje y del Lewis autor.

Toda la carrera de Jerry Lewis (especialmente las películas dirigidas por Frank Tashlin, su espejo y el director que potenció, gracias a su manera de entender el cine como tebeo, las cualidades creativas del cómico) bucea consistentemente en la comedia pura, como mecanismo y poética,  y también en su propio tiempo visto a través del prisma dislocante del humor. Y es que Jerry Lewis es un analista particularmente penetrante, como también lo es Tashlin de la América de los 60, de modo que sus comedias, en apariencia banales ejercicios de humor primario –el trompazo y la bofetada, el regreso a lo básico, la sofisticación de la simplicidad-ocultan ácidas críticas sociales, sátiras de los comportamientos y esperanzas del presente USA donde se ponen en juego factores sexuales, económicos, ideológicos o psicoanalíticos.

Podemos afirmar que este contexto determina la obra de Jerry Lewis hasta el punto de convertir a esta un mordaz comentario de la América de los 60, de la cual Jerry Lewis y su comicidad son producto.  La formalización de sus películas, su lenguaje rupturista, excéntrico y metaficcional se encuentra directamente influenciado por las subculturas cartoon y comiquera, de igual modo que transcurre en paralelo y tangencialmente con los hallazgos europeos de vanguardia o hace uso  revulsivo del lenguaje publicitario contra ese mismo lenguaje (incluso contra el mismo Hollywood en Loco por Anita o Un espía en Hollywood) del cual parodia/satiriza su estética consumista, estética que metaforiza la feliz América de radiantes colores que se vendía en su tiempo.

Ya desde muy pronto en su carrera, Lewis establece la que será su personalidad base,  a partir de la cual profundizará luego, colocando como puntal la feminización, más que la infantilización (aunque su perplejidad ante el mundo y sus mecanismos de pensamiento tengan siempre algo de infantil),  del personaje de Jerry, buscando una  contraposición directa a la arrolladora masculinidad de Dean Martin. Desafiante y anticonvencional primero, evolucionada en solitario como una forma singular de sensibilidad después,  una femineidad que no es de índole sexual ya que Jerry es prácticamente asexual. Su alter ego, Jerry es el personaje, Lewis el cineasta, experimenta el contacto erótico o bien enamorado de formas platónicas, o directamente aterrado por las chicas. Un concepto este que exprimirá a conciencia en esa obra maestra de la forma y el fondo titulada, precisamente, El terror de las chicas (The Ladies Man, 1961).

En esta obra de carne surrealista Jerry ejercerá de paradójico elemento masculino –sin perder ni uno de sus atributos femineizantes- de un gineceo abierto a todos los estratos de la femineidad, desde el maternal al fantástico/ensoñado, corporeizado tanto por esa mujer-absoluta que es Cyd Charise como por el propio espacio que ocupa: una habitación imposible, un teseracto alucinado.

Para completar la definición de Jerry como individuo aislado, la mayoría da las películas añaden una relación familiar extravagante, disfuncional, que va desde la orfandad, hasta la desatención o práctica castración –el epítome serían los recuerdos maternos de El profesor chiflado (The Nutty Profesor) -cuya manifestación visual retomaría Michel Gondrry para la excelente ¡Olvídate de mi!-, en los cuales Jerry adulto aparece vestido como un bebe en medio de una escenografía de tamaño descomunal-.

Combinando la feminidad y los traumas filiales con su completa asexuación Jerry está privado de la capacidad/posibilidad para ser padre natural, pero en compensación, permanece el deseo de la paternidad, ejercida de forma vicaria, putativa, subrayando así la idea de la familia fundada no sobre vínculos de consanguinidad, sino de voluntad. De nuevo un aspecto revulsivo en el contexto socioideológico norteamericano que da idea de que las películas de/con Jerry Lewis pueden ser tontas pero nunca inocentes ni inofensivas, al contrario, la idiocia es el disfraz perfecto para una mirada aguda, insidiosa.

Otra característica esencial de Jerry, que viene a incidir de nuevo en su carácter outsider, casi alinígena, y en su pasión por los desclasados, sin duda lo peor que uno puede ser en un universo social como es el norteamericano, es el hecho de avanzar hacia la privación del logos, o más bien la posesión de uno ininteligible que necesita ser transmitido por otros medios. Jerry es incapaz de usar los signos comunes que componen el lenguaje hablado. Avanzando en su filmografía, Lewis hará que el personaje o directamente no hable o cuando lo haga sea de forma ridícula, un discurso absurdo, entrecortado –la voz gangosa que siempre emplea incide en esto-. De tal manera Jerry debe crear su propio lenguaje que pasa de ser verbal a ser kinestésico, basado en el movimiento.

En realidad, todos los problemas de Jerry consigo mismo y con el mundo exterior están encaminados a uno sólo, que los amalgama a todos: Jerry quiere ser normal, quiere la vida que ve alrrededor, las relaciones que ve alrededor y quiere usar el mismo código de comunicación que usa todo el mundo. Quiere ser ese norteamericano feliz, consumista y triunfador que vende, como decía arriba, la seductora estética de la edad de oro de la publicidad. La idea, formidable, de que el verdadero problema de Jerry no es que sea un inadaptado, sino que quiere ser el más adaptado.

Dependiente de esta fórmula, nace otra excelente explicación verbalizada de forma insuperable por Pablo Pérez Rubio en su monografía para Cátedra:  “(…) podría añadirse que Lewis es capaz de convertir el caos en orden a partir de la perversa (perversión que, paradójicamente, nace de la ingenuidad) utilización del mismo caos: sus torpezas y tropelías le sirven para subvertir involuntariamente la realidad y acceder a su estadios superiores sin –salvo quizás la notable excepción de la segunda parte del El profesor chiflado- habérselo propuesto a priori. Es, en suma, the disorderly orderly o la anarquía convertida en arquía”.

Con esta brevedad se sintetiza no solo el ideario lewisiano en un nivel político, también en relación directa a su sentido de la comedia cinematográfica: una batalla constante contra el medio  (la sumisión de la planificación al gag, la relación del espacio y el personaje) y una abolición/demolición por la vía del humor de cualquier convención, desde las sociales (el matriarcado principalmente) o las institucionales (no son escasas las películas en las cuales pertenece al ejército), a las puramente físicas, pasando por las fílmicas, ya que Jerry tira abajo cualquier cortapisa diegética/extradiegética con lo cual la ficción coloniza la convención (sus antológicas escenas “musicales”).

Aquí dentro están englobados, claro, sus problemas con los objetos modernos (y con el mundo moderno por extensión) que Jerry es incapaz de entender y que parecen revelarse siempre contra él de un modo u otro, como si mediante el contacto con este personaje dotado de los superpoderes de la comedia, estos objetos obtuviesen facultades también sobrenaturales; por ejemplo la imparable aspiradora de  Lio en los grandes almacenes que no sólo aspira como un huracán inverso sino que sigue funcionando incluso desenchufada. Pero de igual modo, y presa de la lógica del absurdo, Jerry es también capaz de bailar con las máquinas en coreografías rítmicas inverosímiles adaptándolas a su particular sentido de las cosas, a su longitud de onda única en la cual no hay más ley que “lo lewisiano”, esa misma anti-ley física que le permite colocar en cuestión de segundos cientos de sillas en un enorme auditorio en la memorable El Botones (The Bellboy, 1960), ejemplo de manipulación humorística del tiempo elíptico del cine.

Un cine, su lenguaje, otra colección de signos, de convenciones, es para Lewis material violentable, y a su demolición se aplica desde el mismo momento en el cual sus películas comienzan a prescindir de cualquier trama para sustituir esta por un encadenado de set pieces, que ejercen de vigas maestras sobre las cuales levantar un constructo de chistes alargados, el slow burn, que Lewis recogiera de su reconocido maestro Stan Laurel, o secuencias breves independientes las unas de la otras que conforman la intrincada arquitectura de una comedia que propone una refundación del lenguaje cinematográfico basado en el nonsense.

De forma fractal, cada película lewisina replica a pequeña escala el dibujo mayor que es el cuerpo de la filmografía de su responsable: un arco autoral clarísimo, según el cual el Jerry personaje, nace, crece y muere de acuerdo a un plan perfectamente trazado por el Lewis autor, y que se basa, precisamente, en la consecución de la supeditación del orden real, al orden lewisiano. Cuando Jerry sea capaz de dominar el caos deberá desaparecer como personaje, cuando haya escalado en la pirámide social, de los trabajos más simples o de la inadaptación total, a los puestos de mando deberá desaparecer, cuando, en definitiva, sea un triunfador capaz de dirigir su vida, cuando se haya, finalmente, adaptado, ya no tendrá sentido y su mundo se replegará.

Como si fuese una siniestra coda o el último retruécano metalingüístico, en 1982 Martin Scorsese realizará El rey de la comedia, una farsa tétrica, una anti-comedia en clave absolutamente lewisiana de extraordinario grado de elaboración interna y tratamiento hiperrealista de la imagen. Un juego de espejos auto-reflexivo, de patetismo doloroso y gracia acre, en potencia la última obra personal de Jerry/Lewis, enfrentado a si mismo a través de diferentes encarnaciones.

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2 pensamientos en “Jerry Lewis, el rey de la comedia

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