Jorge Alonso

La noche

“Tú eres la noche, Lilah. Una niñita perdida en el bosque. Eres un cuento tradicional, lo inexplicable. Eres una historia de cama. La que mantiene las cortinas cerradas. Espero que estés esperando por mí, porque no podré hacerlo solo. No podré hacerlo solo. Está muy oscuro para ver los hitos. No quiero tus conjuros de buena suerte. Espero me estés esperando al otro lado de tu alfombra de estrellas. Eres la noche, Lilah. Eres todo lo que no podemos ver. Lilah, eres la posibilidad”

The Night, de Morphine.

Lo más revelador y truculento de Network (un mundo implacable) (Sidney Lumet, 1976) no son las palabras de Howard Beale (Peter Finch), ni siquiera su “¡Estoy más que harto y no pienso seguir soportándolo!” en la ventana, ni la reacción en cadena que provoca. No. Lo más revelador y truculento de la película es el modo en que la cadena, especialmente Diana Christensen (Faye Danaway), lo explotan, literalmente, en su propio beneficio.

Amigo, no hay nada que usted pueda hacer que no sea o pueda ser parte del gran negocio que alimentamos y nos alimenta. Puede descargar películas y sentirse muy ufano mientras muestra su dedo corazón a la pantalla pensando “jódete Warner”, pero está pagando una conexión a un operador muy poco alternativo y contracultural, sin contar con la publicidad de las páginas que suelen alojar estos contenidos. Y no es que quiera posicionarme ante la piratería, es solo un ejemplo.

Piense en cualquier forma de ocio de la índole que sea, no ya supervivencia, ocio, disfrute. Forma parte del negocio. Hasta eso que porta el estandarte de lo romántico, lo bohemio, lo inspirador y prohibido: La Noche. La que nos libera, la que es motivo de plenos en ayuntamientos y reportajes periódicos en los noticieros, la que nos costó broncas en la adolescencia y dolores de cabeza, huesos, y cualquier célula en general, después.

La noche es un negocio, cada vez más de capa caída, como todo, una supuesta puerta abierta bien controlada. Asumida. Estudia o trabaja, si puedes, y date una vuelta el viernes, o el sábado. Más o menos ese es el plan. Luego ya si eso cásate, reprodúcete y cuando no sirvas para gran cosa haznos un favor, muérete barato y rápido.

Y una vez dicho esto vayamos a la cuestión ¿Qué nos ofrece una noche? ¿Simple narcótico aceptable? ¿Socialización por encima de barras y barreras? ¿Posibilidad de sexo fortuito de calidad (aún más que) discutible? Demonios a mí me encanta salir, me gusta la noche, tomarme unas cervezas y destripar lo divino y lo humano con amigos, amigas o compañeros al azar a los que no veré jamás. Pero cuando estoy en un bar mirando de reojo el reloj y alargando la tregua mentalmente (mintiendo, claro. En media hora, en una, a las tres, bueno a las cuatro, cinco, es mi última palabra, a las cinco me voy…), cuando estoy en esa situación a veces pienso ¿pero qué es lo que tiene la noche que no pueda tener el día?

Lo primero, de día estamos haciendo otras cosas, trabajar, estudiar, buscar trabajo, buscar alguna alternativa a estudiar, recados, papeles, todo más o menos disfrutable, pero obligatorio. Esa es el clave, obligatorio. De noche no. Puede que te obliguen, si te dejas, a pisar un bar infame de ambiente vergonzante y música abominable, curiosamente suelen tener mucho éxito, pero por lo demás no hay mucho obligatorio que hacer en la noche. Excepto pagar, negocio, recuerde.

Además está el alcohol, para qué negarlo, suelta la lengua, las caderas y a veces hasta el ingenio. Y las drogas, el culmen del cinismo occidental, nos gastamos millones en, supuestamente, combatirlas, y luego no hay baño que se libre. Pongamos todo en el mismo saco, porque la gran diferencia es que uno ha pasado la ley seca y las otras aún no (porque dan más dinero así), y reconozcamos que forman parte de lo que hace atractiva a la noche.

Y la buena prensa, claro. La bohemia, el carácter latino, el espacio de libertad, el lugar donde viven quienes huyen de los horarios habituales, regidos por la razón y los ritmos circadianos, pero mejor no meterlos en esto. La noche tiene buena prensa, y por lo general produce risa. Está socialmente aceptada, celebre de noche, no hay problema… pero no se salga mucho de lo segado ¿eh? El fin de semana, unas horitas de tregua pagada en barra y a seguir. De lo contrario los buenos le castigarán.

Como yo no soy bueno incorporaré aquí, a este modesto Mas Humano que los Humanos dentro del magnífico Neville, historias de noche de tanto en tanto. Tenía una buenísima que contarles, estoy seguro. Pero no la recuerdo muy bien. Ya sabe lo que dicen “si te acuerdas es que no estuviste allí”.

Y yo estuve.

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2 pensamientos en “La noche

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