Rubén Paniceres

Noches de vino y rosas. EDT recupera la obra de Ramón de España y Montesol

La momentánea desaparición en nuestras fronteras  de Glenat, ha propiciado el debut de una nueva empresa dedicada a la publicación de comics, EDT. Editores de Tebeos. Su director editorial, Joan Navarro, continua la iniciativa que ya había ensayado en la versión española de la editorial gala, de recuperar obras significativas de la historieta española. Una de ellas es el volumen que recoge dos álbumes de principios de los años 80: La noche de siempre y Fin de Semana. Ambientadas en Barcelona, ambas obras, son debidas al esfuerzo conjunto del guionista Ramón de España (nacido en 1956) y el dibujante Montesol (1952. Erigiéndose en una cápsula del tiempo que nos recupera los ambientes, tipos y tópicos de una década rupturista con el pasado,  lúdica y creativa, y que en definitiva, fue para casi todo el mundo, una historia de gente corriente a la que la mediocridad- en el mejor de los casos- termino fagocitando con el paso del tiempo.

 

Los 80 fueron una época de auge y esplendor del comic hecho en España por artistas de la piel de toro. Es difícil en estos tiempos en los que, si los dibujantes españoles quieren ganarse la vida en la historieta, tienen que trabajar para la industria norteamericana o europea, se pueda aceptar que en aquellos años,  los comics eran algo de lo más fashion. Una pieza nada desdeñable de una nueva cultura que se intentaba desarrollar en una década que se planteaba como prodigiosa, algunos de cuyos items fueron la movida madrileña y la moda de España. La eclosión de un sinfín de grupos y tendencias de la musica pop, y de las sevillanas que se bailaban-eso se decía- hasta en Manhattan-Del auge en cine de una comedia que pretendía ser generacional, crítica, fresca y espontánea- dime de qué presumes- cuyo hito fue la irresistible ascensión del “divino” Almodóvar. De una televisión diferente con programas tan significativos como La edad de Oro, La bola de Cristal o Metrópolis.

 Los quioscos y librerías albergaban a un gran numero de revistas: Tótem, Bésame Mucho, Metropol, Cairo, El Víbora, Cimoc, Creepy, Comix Internacional, Zona 84, Rambla, entre otras muchas.  En ellas se codeaban veteranos del sistema de agencias junto a jóvenes valores  ofreciendo algunos de los momentos más  brillantes de toda la historia del comic ,tanto nacional como internacional.  Algunos autores se posicionaron- bien es cierto que fue un intento de clasificación algo artificial- en la llamada línea chunga, un tipo de historieta caracterizada por sus altas dosis de sexo y violencia. El Víbora fue la principal plataforma de esta tendencia con firmas como Gallardo y Mediavilla, Martí, Pons, Nazario o el estilizado Max. Otros preferían recuperar, aunque fuera a nivel anecdótico, las esencias de la historieta más clásica con la línea clara franco belga y el creador de Tintin, Hergé, como canon. Eso se tradujo sobre todo en las paginas de Cairo-publicación dirigida por Joan Navarro– que presentó a elegantes grafistas como Daniel Torres, Mique Beltrán, Sento, Pere Joan o Micharmut. En dicha afinidad electiva, más a nivel sentimental que al tipo de narración a desarrollar, se posicionaron Ramón de España y Montesol. El dúo no pretendía recrear Tintin o cualquier otro ejemplo ilustre de la historieta franco belga, más allá de alguna cita esporádica. Por el contrario, en sus trabajos en común: La noche de Siempre,serializada en la revista Bésame Mucho en 1981 y Fin de Semana publicada en Cairo en 1982, trataban de hacer un retrato de una generación- la suya- que intentaba buscar/ construir  su personal lugar en el mundo.

Sus historias eran protagonizadas por personajes nada épicos, dedicados al periodismo cultural, la enseñanza o a la continua dolce vita. Los antihéroes de ambas historias son fácilmente intercambiables y de hecho se les hace coincidir en alguna viñeta de Fin de Semana. Su selecto objetivo estriba en el ejercicio de la juerga nocturna, la búsqueda del ligue y colocarse a menudo, sea con alcohol u otras sustancias ilegales. Entreverado en dicho menesteres se exponen sus reflexiones sobre la cultura y la sensibilidad de los tiempos modernos. No es que en ese sentido las opiniones de los personajes de Ramón de España y Montesol, sean muy imaginativas o inteligentes, pero contienen unas estimables gotas de acidez critica y eluden, en gran parte, la autocomplacencia. Además, son bastante representativas de una forma de ver la existencia imperante en aquella época. No la única, porque los 80 a diferencia de los tiempos actuales no estaban regidos- al menos no del todo- por ningún tipo de pensamiento único. Así, el periodista Alfredo, carácter central de La noche de Siempre, se permite ironizar sobre la cantidad de vulgaridad y pereza mental que se esconde en la versión nacional de la contracultura estadounidense. En análoga convergencia, Eduardo, profesor aspirante a escritor que sea elogiado por el diario El Pais, tambien se horroriza- de formabastantepedante, todo hay que decirlo-por la indiferencia  de sus alumnos hacia Marcel Proust. Amen, de darle un merecido palo verbal a un hortera  convencido de que Supertramp es  «el mayor fenómeno musical después de Los Beatles». Si, aunque parezca increíble, existía entonces gente que decía tamañas barbaridades.

Producto de una coyuntura, las viñetas están plagadas de guiños y referencias que nos documentan sobre la fauna de aquel tiempo ¿tan feliz?. Se satiriza  con cachondeo amable  a personalidades como el escritor Enrique Vila Matas, el cineasta Gonzalo Herralde, el pintor El Hortelano e incluso con sana auto ironía al propio Ramón de España, vislumbrado como un bocazas en plena melopea.  Se alude a los locales habituales de la noche barcelonesa, ese Boccaccio tan frecuentada por la Gauche Divine catalana, rebautizado como Bobbachio.  Se homenajea al cine de Win Wenders-tan de moda entonces y tan olvidado hoy en día-. y a la comedia italiana, recreada por  el filtro de Woody Allen. Y se ambienta la acción de ambas historias con una banda sonora en la que podemos encontrar  las melodías del Heroes de  David Bowie o las operas de Verdi.

Si  En la Noche de Siempre se afronta la ruptura de la pareja, el intento de suicidio de un amigo,  y la sospecha del fracaso del proyecto vital del protagonista, Alfredo, ese esbozo de drama, se disuelve como una pompa de jabón, y todo vuelve a su cauce. Alfredo seguirá acudiendo a los mismos bares que frecuenta en su cíclica travesía nocturna, porque al fin y al cabo «nunca pasa nada», exclama y a continuación pide un gin tonic. Desde luego, la vida sigue igual.

 Fin de semana es una obra mucho más madura que  transita por los senderos de la comedia alocada y destroyer, y el enredo picaresco. Pero en su tramo final el presentimiento de la catástrofe se avecina. El peligro latente de la muerte por sobredosis de drogas, el miedo angustioso a la soledad, la decadencia grotesca del ideario utopista de los años 60, son el marco que  encuadra a unos personajes que  no parecen tener muy claro que hacer con su vida. Y es que llega un instante en el que la fiesta se acaba y entonces…Con gran habilidad De España y Montesol improvisan un final feliz en el que el chico al fin consigue a su chica y todo parece recomponerse. Pero, las cosas nunca son lo que parecen. La última y memorable página es un conciso informe sobre las ilusiones perdidas. Sea el destino de unos personajes la tragedia y el de otros el éxito teñido de mediocre conformismo, en el fondo todo se reduce a una pequeña farsa de gente sin demasiada importancia, como suele ser  el paso por esta vida de la inmensa mayoría de nosotros. Y es que en el fondo no es que no pase nada, es que el ser humano es  menos que nada.

El díptico sobresale, asimismo, por su recreación de la Barcelona de los 80, el dibujo caricaturesco y impresionista de Montesol lo capta con gran intensidad y en Fin de semana da un paso de gigante,  con los episodios en los que los protagonistas recorren la costa catalana, recalando finalmente en Cadaqués. Ahí, el trazo se vuelve más minucioso y detallista y logra  hermosas paginas como la 90 del álbum.

Hubo un proyecto de un tercer trabajo en común que desgraciadamente no llegó a buen puerto. Ramón de España escribió un buen número de novelas, guionizó comics para otros artistas como Sento, Keko, Bartolomé Seguí y, este mismo año, se unió a Sagar Fornies, para realizar la novela gráfica La ola perfecta, donde se trata un tema  que parece ausente en sus trabajos de los 80: el terrorismo etarra. 

Por su parte Montesol realizó una de las mas divertidas sátiras de los usos y abusos de la cultura española, en los años de la modernidad con su serie, Vidas ejemplares, que publicó Cairo. Luego se retiro del comic, para dedicarse a la pintura de paisajes y marinas, retornando tambien recientemente con la minimalista y arriesgada Speaklow

Recomendar esta doble joya tanto a los que siguen saliendo de noche, como a los que sólo la recordamos y ya no lo hacen. Ay.

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