Pablo Batalla Cueto

Paweł Kuczyński: trampantojos polacos

Se llama Paweł y tiene pito, copón. No Pawła. Es un hombre; no una mujer, como la declinación «Pawła» y la peregrina certidumbre de que el sufijo -a indica universalmente feminidad (¿qué hay del italiano «Andrea», amigo periodista?), ha hecho creer a algún que otro apresurado juntaletras sin tiempo para contrastar informaciones. Es polaco de 1976, y dibuja.

Paweł.Pronúnciese algo así como «Paveu». Paweł Kuczyński es un poco Banksy, pero con luz y taquígrafos, y sobre soportes más convencionales; y es un poco Magritte y sus trampantojos visuales, pero con la simplicidad de mensaje de esa difusa clase social contemporánea denominada «el hombre de a pie». (Carlos Marx debe de estar escupiendo sobre su tumba, sostengo.) Paweł condensa lo que podríamos llamar ideas con miga —miga social, miga política, miga económica— en sencillos dibujos de línea clara, tonos pastel, y regusto surrealista y cínico, y ha sido galardonado con numerosos premios por ello.

Me cuesta decidir cuál es mi preferido. Un candidato podría ser ése en el que un corte vertical de tierra revela que el famoso obelisco de Washington no es más que la nariz de un gigantesco Pinocho subterráneo. Pero creo que me gusta más ese otro en el que un acantilado de hielo antártico se resquebraja, y, atadas a cada uno de los pedacitos que van cayendo al mar, gruesas sogas amarran a ellos y a su suerte a decenas de resignados pingüinos. Pero aún más que ése, diría que me fascina ese otro en el que un turísta prototípico —bermudas, gorra, calcetines blancos estirados… Arturo Pérez-Reverte podría escribir una atrabiliaria columna sobre él— aspira un bello paisaje costero ornado de ruinas romanas con un aspirador cuya caja es una cámara de fotos, de cuyo objetivo sale el tubo.

O ese otro en el que uno de esos aparatosos relojes de pie antiguos, ubicado en medio de un cementerio, va cavando una fosa con el rítmico viaje diario, a derecha e izquierda, del péndulo que no es tal, sino una pala.

O ese otro en el que, ante el fondo marronáceo y siniestro de un bosque de rascacielos, una multitud de viandantes se congrega en torno a la escena de una tragedia: un bote de pintura volcado en el suelo del que se ha derramado una amplia mancha de color azul cielo en la que resaltan un par de gaviotas y alguna nubecilla, y un hombre que yace en el suelo con una mancha más pequeña de sangre brotando de su cabeza y una brocha teñida de pintura azul en la mano. Sí, tal vez éste sea mi preferido. (¿Sería el muerto uno de esos poetas, descritos por Gabriel Celaya y cantados por Paco Ibáñez, que maldicen la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales y toman partido, partido hasta mancharse?)

Rastrear en Internet y recopilar estas viñetas, y entregarse al placer de escarbar en ellas y deducir significados y connotaciones es un ameno entretenimiento para pasar productivamente el rato mientras el péndulo excava inmisericorde la fosa. Paweł Kuczyński, recuerden.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s