Pablo García Guerrero

Salid sin duelo. Sporting 2, Villarreal 0

El balón golpea hoy contra la cristalera de enfrente del MacDonald’s, y grita un guaje de seis años, o de diez (¿cómo se sabe?): «¡Gol de Kike Mateo!». En El Molinón marcaron David Rodríguez y Gastón Sangoy, nombres que no oiremos cantar a un guaje de seis años, o de diez, dando un balonazo a la cristalera de enfrente del MacDonald’s dentro de seis años, o de diez.

Así que Kike Mateo permanece. Y, últimamente, permanece Villa; Preciado en su alameda; Diego Castro en el extrarradio de Madrid; Quini, siempre, con una libretuca preparando los cambios en la banda.

Y poco más. En el Sporting nada permanece mucho tiempo, porque todo se hace a salto de mata y se está más a lo que escribe el decano de la prensa asturiana que a darle un sentido a la vida misma, que es, sí, de lo que va este juego. Y nos reíamos de los nuevos ricos como el Villarreal, que de la nada se habían metido en la Champions con un entrenador que vuelve a llevar a Europa a otro equipo de nuevos ricos, del que nos reímos menos porque ahora todos somos pobres y, si viniera El Jeque, alguno propondría cambiar el nombre a la alameda. Nos reíamos del Villarreal, de la industria de los azulejos y de su publicidad del aeropuerto de Castellón, que ya tampoco vuela en las camisetas.

Como me gusta reír y comer caliente, también río y río y me sonrojo. Pero, cuando ya me duelen las mandíbulas y no me llega el aire, cuando el personal está a otro chiste, y a otro equipo, y cuando eres el único que sigue con esa cara de clown ambulante y triste, no hallo cosa en que poner los ojos que no sea recuerdo de la muerte, o de la derrota: la derrota de un tímido proyecto que no se dejó cuajar; de un Mareo que es incapaz de cumplir lo que promete; la derrota de una ilusión que, aun así, sigue llenando El Molinón, como hoy. La derrota, aunque ganemos.

El Villarreal tiene un estilo, un proyecto y un destino, aunque pierda, y el Sporting desconoce esas palabras, fugitivas sombras, aunque gane.

A fugitivas sombras doy abrazos, youtubes del blanco y negro y aquel 0-4 en un Nou Camp sin senyeras. Pero, como al nadar Leandro, si llora, crece el mar y la tormenta, que hasta poder llorar le fue vedado, porque el domingo tendremos otros noventa minutos de fugitivos proyectos y porque el llanto ni marca goles ni dibuja estilos. Mientras, el Villarreal o algún Pellegrini seguirán creyendo en una manera de jugar al fútbol que, entre otras cosas, le dé sentido a la vida misma, que es, sí, de lo que va este juego. Aunque pierdan.

Hasta que llegue el domingo, salid sin duelo, lágrimas, corriendo. Aunque ganemos.

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