Pablo García Guerrero

Pernambuco. Barcelona B 3, Sporting 0

Manolo Sánchez Murias, entrenador (todavía) del Sporting de Gijón

Después de nueve jornadas, el equipo que representa a la sociedad anónima deportiva Sporting de Gijón en la Segunda División del fúmbo apañó lleva ocho puntos, repartidos en dos victorias, dos empates y cinco derrotas. Ha encajado quince goles y ha marcado nueve. Está a un punto de los puestos de descenso hacia una división semiprofesional. Quizá en breve echen a su entrenador.

Las razones que explican la situación deportiva del mentado equipo pueden ser las siguientes:

1. Debilidad defensiva. El Sporting está entre los seis equipos más goleados de la categoría. Hace aguas tanto a nivel individual (la banda izquierda con Canella y la derecha con Pedro Orfila o Luis Hernández; el centro de la defensa, sea con Iván Hernández, Grégory, Landeira reconvertido [?] a central o Sergio, que no ha catado aún la hierba) como a nivel colectivo: fallos en los marcajes, ayudas lentas, posición retrasada de la línea defensiva y nulo aporte de los centrocampistas. El contrario llega al área juju-jiji. Gol.

2. Pobre centro del campo. Entre los nuevos (Mandi), los misteriosos (Ricardo León), las «promesas» (Álex Barrera) y los lesionados o, por lo demás, incomprensiblemente desaprovechados (Nacho Cases), combinados de manera nerviosa durante nueve jornadas, no hay un centro del campo que a) cree juego, b) ayude a la defensa, c) sirva balones al ataque, d) marque el ritmo del partido, e) mande, Mandi, Mendy… Todos, vaya nervios, invocan alguna de estas letras en pasajeros momentos del partido: dicen a), y se olvidan de b); sirven una c), pero les quema la e). Así que el balón va de la defensa al hipotético ataque en perezosos pases que se pierden por la banda de los minusválidos o la de la policía.

3. Inútil ataque. Todos los equipos en puestos de ascenso han marcado, de media, el doble de goles que el Sporting hasta la fecha. De los que están en o cerca del descenso, sin embargo, el Sporting es el mayor goleador, así que, si ésa va a ser nuestra Liga, quizá el punto 3 no le parezca tan malo a alguno. Pero lo es. A diferencia, quizá, de otras líneas, hay correctos jugadores en ataque para Segunda División: Trejo, el mejor hasta ahora; De las Cuevas, pero está muy baju; David Rodríguez lleva tres goles; Bilic podría marcar siete, ocho, nueve en toda la temporada (o en dos seguidas). A otros no los conocemos (Hugo Vieira). Carmona el otro día dio un buen pase de gol. Sangoy marcaba goles de falta en Chipre, as seen on yutuf. Pero al margen de los jugadores, es imposible hacer un buen fútbol de ataque con un solo delantero si no tienes a) a Llorente (quicir), b) un equipo bien organizado que te acompañe y c) una «voluntad» ofensiva. Desde los tiempos de Marcelino no se juega con dos delanteros: mediapunta con llegada a la nada, mediapunta perdido en la banda, extremos que no extreman y delanteros centro que no están en el centro y, claro, ahí no lleguen, oh. Dos delanteros, uno que lo valga o un falso nueve, fútbol ofensivo, subidas de los laterales, combinación, pase, cabecina y gol: dizque fútbol moderno.

Por hacerlo breve y armonioso lo dejamos en tres puntos; al margen quedan otros que tienen que ver con a) la dimensión escatológica del fenómeno futbolístico, b) la herencia recibida, c) la improductividad de la cantera, d) la mediocridad que, babosa, baja goteando desde la «planta noble» de Mareo hasta la megafonía de El Molinón, e) la cutrez.

Escudo de la ciudad de Pernambuco

De los puntos 1 a 3, el responsable, aquí y en Per-nam-bu-co, es el entrenador. A la sazón, Manolo Sánchez Murias. Buen chaval. Los jugadores dicen que «están a muerte» con él: se nota.

Los mismos que nos vendieron en verano el objetivo del ascenso dicen ahora que el ente que propagó tal especie se equivocaba y que de lo que se trata, ya lo advertían ellos, es de hacer un proyecto para el futuro, con Manolo de cuerpo presente. Esos mismos que acuchillaron a Preciado y a Emilio de Dios porque el proyecto estaba «agotado» el primer año, o que callan ante el miembro hecho un lío con los cambios en el organigrama técnico de Mareo, que ya no reconoce ni la madre que lo parió. Aceptando que lo que vimos estas nueve jornadas sea un «proyecto», está claro que no funciona. Ahora invocan la «paz social»: suena a desmantelamiento del sector naval, a reconversión, a la UIP y a la Delegación del Gobierno de Madrid. Quizá siga siendo culpa del epígrafe «herencia recibida».

Escuela de Fútbol de Mareo

En fin, cansa la tecla de las lágrimas sin duelo… Hay que ser prácticos: primero, la cabeza de Manolo. Luego habría que ir pensando en tomar el palacio.

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