Rubén Paniceres

Fascismo, democracia y revolución en las entrañas de El Caballero Oscuro

 Con el próximo  estreno en DVD de El caballero oscuro. La leyenda renace (The Dark Knight Rises), Christopher Nolan finaliza su controvertida trilogía sobre el famoso personaje de comic, Batman. Es pues un buen momento para esbozar unas notas sobre algunos aspectos  de la saga.

A lo largo de los tres títulos: Batman Begins (2005), El caballero oscuro (2008)  y El caballero oscuro. La leyenda renace (2012) Christopher Nolan ha hecho recorrer a Bruce Wayne y su alter ego, el hombre murciélago,  un tortuoso sendero de búsqueda, triunfo, fracaso, expiación y final redención.

En Batman Begins vimos a un Bruce Wayne consumido por las ansias de venganza tras el asesinato de sus padres, que después de un trayecto de aprendizaje y perfeccionamiento físico y mental, se verificará en el guardián de la ciudad de Gotham. El film, a pesar de la victoria de Batman sobre sus enemigos, se cerrará, sin embargo, con una doble sensación de fracaso y desencanto. El mentor del joven Wayne  resultará ser un villano mesiánico, Ra´s Al Ghul, cuyo objetivo es arrasar una corrompida Gotham que, diseñada por el difunto padre de Wayne para ser una utopía, ha terminado convertida en una Babilonia sojuzgada por el crimen organizado, la marginación  y la miseria de las clases más desfavorecidas. Además, su rol de cruzado enmascarado aislará a Bruce Wayne de la consecución de su felicidad personal y le condenará a la soledad.

En El Caballero Oscuro, la amenaza principal sobre Gotham  es un hombre sin nombre, sólo conocido por su apodo: El Joker. Este es un enemigo de carácter difuso, es difícil hacer frente a alguien del que se desconocen sus orígenes. Personalidad mitómana por excelencia, Joker cuenta de forma distinta una y otra vez la novela familiar que le ha llevado a convertirse en el actual asesino de masas. Tal vez, porque como insinúa Alan Moore en su guión para la novela gráfica, La broma asesina, el demente criminal no está completamente seguro de su pasado, unas veces lo recuerda de una forma y otras veces de otra, en un calidoscopio de atrocidades distintas y semejantes al mismo tiempo.

Otro elemento inquietante es que el villano no parece aspirar a ningún tipo de beneficio. El egoísmo económico, motivación de la especie humana según los pensadores neoliberales, no parece guiar al Joker, que se  define simplemente como «un agente del caos». Su objetivo es el envilecimiento ético de una ciudad de Gotham, ya bastante tocada en ese aspecto. Sus campañas terroristas logran abducir a la población, incluso a los miembros de las fuerzas del orden, para que pasen por encima del espíritu de la ley y,  guiados por el pánico, actúen como el Joker desea. Este efecto contaminante  influye sobre el propio Bruce Wayne que deviene en un “Big Brother” que elabora un sistema orwelliano de vigilancia, donde cámaras y micrófonos ubicuos vigilan a todos y cada uno de los habitantes de Gotham. En nombre de la seguridad, se vulnera la privacidad y la libertad individual, en una clara alusión a las secuelas que el atentado del 11 de Septiembre acarreó sobre la sociedad americana. En esta segunda entrega, se sugiere que Batman no es lo más deseable para la salvación de la comunidad. De hecho, su colaborador Lucius Fox, conciencia moral del film, lo abandona, no sin antes desactivar el totalitario sistema de espionaje. La esperanza, para Wayne, se centrará en la figura de otro alter ego, el fiscal Harvey Dent, el Caballero Blanco, que defiende los mismos ideales de justicia que persigue Batman, pero cuyos métodos se sustentan en los principios democráticos de un estado de derecho. Sin embargo, el Joker logrará deformar tanto el rostro como la mente de Dent y lo empujará al abismo de la locura, transformándolo en el psicópata Dos Caras, un organismo binario consagrado a la destrucción que transparenta la metáfora de los ideales de Estados Unidos, así como el lado oscuro de éstos. Una mitad de la cara apolínea y perfecta que promete democracia, libertad y justicia para todos. Otra mitad monstruosa y maligna que engendra violencia, genocidio, expolio, el imperio de la fuerza sobre los que son más débiles. Ese fiasco del ideal obliga a Batman, como si fuera un relato de Jorge Luis Borges, a escenificar una comedia del traidor y del héroe, en la que los roles se invierten ofreciendo una falaz leyenda sobre la que la colectividad pueda tener una esperanza de progreso. Con la complicidad del comisario Gordon, ofrecerán un chivo expiatorio que limpiará la imagen de Dent. Este no es  otro que el propio Batman, al que Gordon, cual émulo del apostol  Pedro, negará y entregará, literalmente, a los perros. Los planos finales de El caballero oscuro perdiéndose entre las sombras, perseguido por los agentes de la  ley, impresionan un nuevo fracaso aun más amargo que en la primera entrega.

Al inicio de El caballero oscuro. La leyenda renace, el crimen ha sido casi erradicado en Gotham. Reina la prosperidad y el orden ha sido restablecido. La figura de Batman ya no parece necesaria ni útil. Por ello, y tambien por una fatiga vital y anímica, Bruce Wayne ha abandonado definitivamente su rol de vigilante enmascarado. Pero esa presunta armonía se sustenta sobre los cimientos de la mentira y la vulneración de las libertades. Gotham venera a un demente homicida, Harvey Dent, como a un héroe fundador. Mientras, en la prisión de Black Gate, como si fuera un símil de Guantánamo, hace años que miles de reclusos están confinados sin haber tenido derecho a un juicio justo. Por otro lado, la bonanza económica trae consigo a tiburones de las finanzas cuyo comportamiento es más despiadado que las familias mafiosas que dominaban la ciudad en Batman Begins, no dudando en emplear a una entidad tan peligrosa como el mercenario Bane. Un  capitalismo salvaje es ahora el motor del caos que buscaba el Joker en el anterior episodio de la saga. Tanto un  comisario Gordon -atormentado por su mala conciencia-, cantor de la mendaz leyenda áurea de Harvey Dent, como Bruce Wayne, principal plutócrata de Gotham y creador del mito del caballero blanco, son  responsables indirectos de este estado de cosas. Al igual que Dos Caras, Gotham exhibe un lado de aparente perfección, pero oculta un perfil siniestro. Simbólicamente, esto se subraya  por medio de una fotografía que alcanza las cotas de tenebrismo mas altas en toda la trilogía, retratando a la metropolis como una autentica tierra de las sombras, una zona oscura donde el sol parece ausente la mayor parte del tiempo.

Durante las dos primeras películas de la serie, Bruce Wayne buscaba, usando como medio su identidad de Batman, la redención de Gotham. Sus pírricas victorias no lograban  salvar ni el alma de la ciudad, ni a él mismo. Por ello, es el momento de la expiación. Bane y Talía, la hija de Ra,s As Ghul, son los ángeles exterminadores que vienen a castigar a Gotham, ciudad del pecado, sinécdoque del orbe occidental. La película de Christopher Nolan disecciona una civilización que abraza la mentira, adora al becerro de oro y practica la más absoluta negación de la  alteridad. Existe un mundo, fuera de Gotham, expuesto de forma alegórica en la  penosa gesta de  la hija de Ra,s, prisionera en un surrealista universo carcelario, que se diría escapado de los delirios de un Piranesi. Su esfuerzo, digno de un Sísifo, por escalar un túnel vertical hacia la libertad, huyendo de la negra sima  en la que miles de personas sufren y mueren en una oscuridad sin esperanza, es el recordatorio de los terceros y cuartos mundos, que no parecen figurar en el plan maestro de occidente, basado en la globalización y el mercado como dios salvaguarda de todos los problemas. Talía viene a completar la obra de su padre, porque para ella no hay nadie inocente en Gotham. Es una ciudad entera y totalmente culpable. La lógica terrorista de un Bin Laden resuena en el propósito vindicativo de la hija de Ra,s As Ghul. Su agente será Bane. Gotham es aislada del resto de la nación y minada, convirtiéndose en una auténtica tierra de nadie en una clara referencia al cross over -cruce de las principales colecciones de comic books- de título homónimo, editado por  DC en el año 1999. Antes Bane se impondrá como un dictador populista, vendiendo una falsa imagen -la trilogía entera es un circulo de engaños que esconden otros engaños- de redentor de las masas. Su discurso  a la masa ostenta acentos shakespearianos, en los que compañeros como Víctor Guillot detectan un homenaje al Julio Cesar de Joseph L. Mankiewicz.  Concretamente, la manipuladora arenga de Marlon Brando en el rol de Marco Antonio, cuyo aire a lo Benito Mussolini es revisitado, en clave de solista de rock gótico, por Bane.

La película deriva a partir de ese momento hacia una catarsis de los miedos más acendrados de una América de votantes republicanos. La bolsa de Wall Street es asaltada. Las clases pudientes son desposeídas y arrojadas al infierno de las calles para los sin hogar. Se constituye un tribunal jacobino que dicta sentencias de exilio y muerte, orquestado por uno de los villanos de la saga, El espantapájaros. Anteriormente, Batman y Gordon habían sido neutralizados por Bane. El hombre murciélago descubrirá las verdaderas entrañas de  su ciudad al descender a las cloacas. Al sumidero, hogar de los perdedores- gemelo de la cárcel  piranesiana de Talia- y recibirá su punición a manos de Bane, que le partirá el espinazo. La mayor parte del cuerpo de policía es atrapado en los túneles del subsuelo, dejando a la ciudad  sin nadie que la proteja. En los sorpresivos  vaivenes que tiene la película, pasamos de una advertencia sobre un populismo que esconde al fascismo, a la histeria derechista ante una posible revolución de los descamisados. Para concluir con la constatación de la destructiva anarquía en la que puede caer una sociedad cuando desaparezca ese “ Papa Estado” que tanto saca de quicio a las eminencias grises del liberalismo económico. La épica confrontación de las fuerzas policiales, liberadas por Batman, contra la guardia pretoriana de Bane, los cuales ostentan el aspecto de los mercenarios de la empresa de seguridad, Black Water, es una nítida defensa del servicio público contrapuesto a las iniciativas privadas. Sobre todo, porque los “profesionales liberales” que las ejercen no son más que esbirros al servicio de los condotieros del siglo XXI y les importa un bledo el bienestar de la comunidad.

Sin embargo, el verdadero trasfondo es el ritual expiatorio que debe purificar a Gotham, la ciudad impía que ha estado a punto de envenenarse con drogas alucinógenas en Batman Begins. Ha sido tentada por  la seducción del caos dirigida por el Joker, en El caballero oscuro  y ahora afronta su hora más oscura enfrentada a Bane y Talia, incubos y súcubos engendrados por una larga historia de pecados de la urbe. Una vez más, Batmann volverá a salvar el día. Este nuevo triunfo podría ser una repetición de las victorias que esconden la derrota de las anteriores entregas. Después de todo, se restaura un statu quo corrupto. Evidentemente, el terrorismo apocalíptico no es una solución, pero dejar las cosas en el punto en que estaban tampoco. El claro riesgo de vehicular un mensaje autoritario, es necesario la mano dura contra las amenazas exteriores, hay que cerrar filas contra el terror..etc, se desliza en la recta final de la película. Nolan logra paliar estos efectos merced a perfilar de manera nada maniquea a Talía y a Bane. La auténtica pareja romántica del film, a los que las excelentes interpretaciones de Marion Cotillard y Tom Hardy, confieren grandeza y cierta dignidad. Y por otra parte, esta entrega plantea el relevo del vigilante enmascarado. Habiendo pasado por las sucesivas etapas de vengador, obsesivo vigilante, chivo expiatorio y salvador mesiánico, Batman muere. En el perpetuo laberinto de falsas apariencias, su fallecimiento es un simulacro más. Pero alcanza una dimensión más profunda. El hombre murciélago desaparece para que Bruce Wayne pueda vivir, al fin libre de la soledad, en compañía de su pareja sentimental, paradójicamente su antigua antagonista, Catwman. Además, el testigo es cedido al joven Dick Grayson. Por si alguno no lo sabe, Grayson es, en los comics de Batman, el  ayudante de Batman, el primer Robin. Aquí, Nolan lo convierte en  un patrullero, un defensor del orden público. Gotham vislumbra un nuevo horizonte. Su protector ya no será un neurótico multimillonario que no logra encontrar su lugar en el mundo, sino un miembro de las clases populares que conoce de primera mano los millones de tragedias que se pueden encontrar en la ciudad desnuda.

Ciertamente la leyenda renace, pero puede que ahora sea algo más sincera y honesta.

La trilogía de Christopher Nolan recrea una mitología popular para tratar algunos de los problemas más acuciantes de las épocas recientes. Su aliento crítico no alcanza la lucidez  trasgresora  de ejemplos, como el comic,publicado por Marvel, The Ultimates de Mark Millar y Bryan Hitch,  sin duda, el comentario mas ácido a la políticas intervencionistas de la era Bush.  Ni posee la visión subversiva de la notable trilogía inicial de la serie de Robocop. Su principal merito es, más que un analisis dialéctico, saber exponer el malestar – y los miedos- de la  cultura americana. Rehuyendo- un poco por los pelos-el romanticismo filo fascista presente en la obra con la que empezó todo, la novela gráfica de Frank Miller, El regreso del caballero oscuro ( 1986).

 Es cierto que las tres peliculas no mantienenel mismo nivel cinematográfico deseable: mediocre realización en la primera entrega; virtuosa puesta en escena en la segunda ; mitad y mitad en la tercera. Pero la perfeccion, ya sabemos que ésa sí que es totalitaria. Concluyo que, con todas sus insuficiencias y defectos, las dos últimas películas de la saga transmiten capacidad de reflexión y emoción. Y eso, creo, es mucho en el actual cine de Hollywood.

Anuncios

Un pensamiento en “Fascismo, democracia y revolución en las entrañas de El Caballero Oscuro

  1. Excelente post, Ya estaba harto de encontrarme con comentarios negativos o criticas a un Batman Fascista, a mi parecer este punto se hace muy visible en las tres peliculas, y realmente lo veo como una critica, o una mirada sobre la sociedad norteamericana. Sin una doble intencionalidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s