Pablo Batalla Cueto

La secuoya y el oleoducto. XXII muestra de artes plásticas en el CCAI

Reproducción de una de las obras de Félix Carpio

Tome del diccionario seis palabras al azar. Por ejemplo, éstas: empingorotarse, rapiña, oleoducto, cenozoico, secuoya, anarquismo. Una vez escogidas, trate de componer una oración que las incluya a todas. Resulta complicado, ¿verdad? Pues bien; ahora, imagínese que las seis palabras no son seis palabras, sino seis muestras de las seis diferentísimas obras de seis jóvenes artistas asturianos. (Tres mujeres y tres hombres: José Luis Rodríguez Zapatero estaría muy orgulloso, aunque los organizadores del concurso que esos seis artistas ganaron aseguran que se trata tan solo de una feliz casualidad.) Imagínese entonces que de lo que se trata no es de componer una sencilla oración gramatical, sino un artículo periodístico más o menos largo, con cierto regusto literario, en el que las seis muestras de las seis diferentísimas obras de los seis jóvenes artistas asturianos, expuestas en la sala 2 del Centro de Cultura Antiguo Instituto bajo el título XXII muestra de artes plásticas del Principado de Asturias, queden engarzadas en un único hilo. O sea, erigirse en algo parecido al líder de un estado plurinacional amenazado de balcanización y cavilar qué puñetero Volksgeist puede conectar entre sí a elementos tan disímiles como una rapiña, un oleoducto, el cenozoico, una secuoya, el anarquismo y el verbo empingorotarse, o como seis obras artísticas dispares. Hallar un leitmotiv menos vago que «todos son estupendos», una pulsión artística, estética, filosófica o qué se yo, común a todos. Algo así como que todos representen la insoportable levedad del ser, por decir algo.

Permítame meterle en mi pellejo, y pedirle ayuda. Les explico los seis elementos que debo deconstruir.

Uno. Seis cuadros de Sandra Estrada (Oviedo, 1981). Los marcos de madera son rigurosamente clásicos y todos iguales; los lienzos, sin embargo, no son tal, sino pantallas de vídeo que reproducen oníricas y fantasmales imágenes de cuerpos humanos de los que brotan manantiales de agua.

Dos. Una colección de fotografías; retratos de hombres y mujeres, la mayor parte de rasgos e indumentaria arábigos, que clavan en el espectador miradas intensas, melancólicas, amables, pícaras, temerosas, y se llaman Wala, Liza, Leire o Sankara. El retrato de Sankara llama especialmente la atención: a Sankara, discúlpeme el chusco juego de palabras, no se le ve la cara, velada por un resplandor difuso que hace que parezca como si Sankara estuviera fotografiando con flash al fotógrafo al tiempo que el fotógrafo fotografía a Sankara. Félix Carpio (Gijón, 1983) es el autor de las imágenes.

Obra de Ernesto Junco en el CCAI

Tres. Siete u ocho pinturas cuadradas, cinco de las cuales representan otros tantos códigos QR, es decir, esa especie de códigos de barras cuadrados que se han puesto de moda desde hace algún tiempo y que, leídos con una aplicación de móvil, hacen a éste redirigir su navegador hacia una página web dada. En los cuadros de Ernesto Junco (Oviedo, 1976), los códigos no son blancos y negros, sino que el color negro ha sido sustituido por una sugestiva amalgama de colores generalmente verdosos. Dicho sea de paso, son códigos QR reales, que enlazan a vídeos realizados ex profeso por el propio autor.

Cinco. Tres fotografías y una instalación de vídeo, que me resultan imposibles de describir con palabras. Hay humaredas, rayos láser y pequeños amasijos de palos; el catálogo explica que el trasfondo de todo es el ADN minero y dinamitero de la Asturias industrial. David Martínez (San Martín del Rey Aurelio, 1984) es el autor.

Y seis. Un par de banderas de seda decoradas, mediante la técnica tradicional del batik, con motivos tribales similares a los de cierta clase muy popular de tatuajes. Se trata, dice el catálogo, de «subrayar la emergencia de una identidad global que estaría por encima de la nacional.» Amalia Rodríguez Ulman, argentina de nacimiento (Mar de Ajó, 1989) y playa de Cimata de adopción, es la artista correspondiente.

¿Qué me dice, amigo lector? ¿Se le ocurre algo? A mí todo lo que se me ocurre es decirle que todos son estupendos, y conminarle a que se acerque por allí antes del próximo 5 de noviembre.

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