Pablo Batalla Cueto

Pedro Reguera: cuerpos sin reparos

Estará de acuerdo conmigo en que a una fotografía de una torera semidesnuda, con una minúscula pieza de lencería negra por único atuendo, los pechos descubiertos, un aparatoso moño con hechuras de montera y un capote cegadoramente fucsia en la mano, apoyada en el muro de una plaza de toros, no es decabellado encontrarle un ánimo transgresor; verle detrás ese morbo irresistible de lo sacrílego. Pero Pedro Reguera (Gijón, 1983), el autor de la imagen, asegura que no, que para nada. Que sí, que mucha gente intentó buscarles las cosquillas a esas fotos —hay más; otra matadora con un minúsculo traje de luces, otra al lado uno de esos mamotretos metálicos con cuernos y una rueda que utilizan los toreros en sus entrenamientos…—, y que incluso hubo ciertas reticencias por parte de los propietarios de la plaza de toros a la hora de darle el permiso de fotografíar eso en el interior del coso, pero que no, que ningún ánimo de transgredir. Que tan solo la inocente voluntad de hacer algo vistoso, colorista, con un regusto goyesco y castizo.

«Pedro se atreve con cualquier escenario», escribe Patricia Iglesias, íntima amiga de Pedro, en la sinopsis incluida en la nota de prensa de Mediadvanced. Vaya que sí: lo mismo le vale una españolísima plaza de toros que un parque de atracciones neoyorquino; la calma melancólica y lúgubre de un interior clásico que el luminoso bullicio de las nerviosas modelos en el backstage antes de salir a la pasarela. La exposición que Pedro acaba de inaugurar en la galería Mediadvanced (Calle de Ezcurdia, 8, Gijón) aúna fotografías de modas realizadas a lo largo de los últimos seis años y publicadas en varias revistas del ramo de las que es colaborador habitual (Neo2, H, Dmag, Avenue Ilustrated, La Milk, Spy…).

¿Hay un hilo conductor que una a fotografías tan diferentes entre sí? «Las modelos», responde muy seguro Pedro. (Modelos es, de hecho, el título de la exposición.) Patricia Iglesias se extiende algo más: «Mujeres que aman y desean ser amadas, que gozan con sus cuerpos. Que no tienen reparos en enseñarlos, y que ni mucho menos lo consideran un simple objeto, sino todo un culto».

Pedro Reguera fue cocinero antes que fotógrafo. Cuando era cocinero, no era cualquier cocinero: Pedro trabajó durante algún tiempo en el restaurante del Hotel Ritz de Madrid, que sólo abandonó para lanzarse de lleno al mundo de la fotografía, una vez decidió que una dedicación completa a las dos actividades al mismo tiempo era inviable. Y ahora que es fotógrafo, tampoco es cualquier fotógrafo, aunque sea uno joven y casi primerizo, prácticamente recién salido (2006) del Institut d’Estudis Fotogràfics de Cataluña, en el que se formó y se especializó como fotógrafo de modas. «En Mediadvanced no expone cualquiera», advierte Charo Taberna, responsable de la galería, que también explica que la fotografía de modas no está muy valorada dentro del sector artístico, y que Mediadvanced quiere subvertir ese desprestigio dando oportunidades a autores de ese ámbito. «La foto de moda también puede ser arte, no sólo algo comercial», opina.

¿Qué piensa Pedro de este injusto menosprecio? «No sé, yo creo que igual los fotógrafos de moda somos un poco punkies, por así decirlo. No seguimos ninguna regla de composición, no respetamos nada, igual van por ahí los tiros», propone entre risas. De peligrosos ácratas incomprendidos por sus contemporáneos están llenos los manuales de historia del arte. Pero ese anarquismo en las ideas estéticas no está reñido con una meticulosidad calvinista en el trabajo práctico. Pedro tira de repertorio metafórico gastronómico para ilustrar la complejidad del asunto y, aunque no lo diga con estas palabras, por qué cualquier modernete o moderneta de tres al cuarto armado con una réflex, una bolsa de ropa de H&M, una cuenta de Flickr y un blog no puede ser fotógrafo de modas. (Aunque en Internet haya fotógrafos desconocidos buenísimos, y esa democratización de la fotografía haya hecho «más por la fotografía de moda que menos», no duda en reconocer). «Es como cocinar un plato, ¿sabes? Tienes que hacer que todo quede bien, cumplir con una serie de pasos imprescindibles, sin saltarte ninguno. Si haces un pastel de cabracho y cambias el cabracho por lenguado, no te va a quedar la receta igual. Esto es lo mismo. Hacer una editorial de moda es mucho más complicado de lo que la gente se piensa; la gente piensa que es que la modelo lleve su ropa, se maquille en un baño o en un espejo y ya está, pero no: es mucho más complejo. Lleva muchas horas de trabajo, muchas llamadas de teléfono… Necesistas estilistas, un peluquero, una maquilladora… Y ayudantes de estilismo, y ayudantes de peluquería, y ayudantes de maquillaje… Como unas nueve o diez personas. Y una modelo de una agencia de modelos, claro. Al final son jornadas de trabajo larguísimas, de doce o hasta quince horas», explica. «Pero nos lo pasamos bien», apostilla.

En realidad, Pedro Reguera no abandonó del todo, tras dejar atrás los fogones del Ritz, el atractivo mundo de lo culinario, y sí que logró encontrar una cierta manera de armonizar sus dos pasiones. Pedro Reguera, además de en fotógrafo de modas, se convirtió en gastrofotógrafo. En http://www.gastrofoto.es puede verse parte de su obra, no menos atractiva, como fotógrafo de comida. Y tiene otros proyectos. Uno de ellos, según cuenta en una reciente entrevista para la revista Neo2, de la que fue nombrado colaborador del mes en abril de este año, consiste en reunir «retratos que estoy haciendo de gente auténtica que me voy encontrando por la España más profunda».

La exposición Modelos se inaugura mañana día 18 (estará abierta hasta el 31), en la galería Mediadvanced, a las siete y media de la tarde. «Si todo el mundo conocía al director George Cukor como ‘”el director de las mujeres”‘, al fotógrafo Helmut Newton como “el fotógrafo del fetichismo femenino” y Valentino se coronó como “el diseñador que mejor vistió a una mujer”, el artista español Pedro Reguera se convierte en el mejor discípulo patrio de todos ellos», dicen en Neo2. Si esta encomiástica referencia no bastase para convencerle de pasarse mañana por Mediadvanced, sepa que se ofrecerá a los visitantes sushi y cupcakes. Y recuerde que los ofrece nada menos que un excocinero del Ritz.

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