Pablo Batalla Cueto

FC Sheriff de Tiráspol: el ideal de Rosell

Probablemente Sandro Rosell no conozca la historia del FC Sheriff de Tiráspol. Seguramente si la conociese la habría mentado públicamente, para dar a su pretensión de que, aun en una Cataluña independiente, el Barça jugase en la liga española, una apoyatura mucho más sólida que su no muy atinada alusión al equipo del minúsculo principado de Mónaco y su participación en la liga francesa. Bien es cierto que probablemente utilizar como modelo un ejempo procedente de una república mafiosa y paupérrima de las profundidades más profundas de Europa del este no sea el argumento más efectivo del mundo, pero bueno; déjeme Sandro que le cuente igualmente esto del Sheriff de Tiráspol, por si le pudiera servir de algo.

Tiráspol es una ciudad gris y anodina, muy rollo feísmo soviético, de unos doscientos mil habitantes, asentada en la margen oriental del río Dniéster, cerca de la desembocadura de éste en el mar Negro a la altura de Odessa. Oficialmente es la segunda ciudad de la República de Moldavia. Extraoficialmente, es la primera y capital de la autoproclamada República de Transdniestria. Transdniestria, una estrechísima y alargada lengua de tierra extendida a lo largo del Dniéster, declaró su independencia en 1991, la consolidó después de una sangrienta guerra contra Moldavia, y la ha conservado de facto hasta hoy. Transdniestria acuña su propia moneda, imprime sus propios pasaportes y cuenta, en fin, con toda la parafernalia propia de cualquier Estado, pero nadie la ha reconocido diplomáticamente, salvo tres desconocidas repúblicas exsoviéticas que se hallan en la misma situación: Abjasia, Osetia del Sur y Nagorno-Karabaj. Por supuesto, no lo ha hecho Moldavia, ni lo ha hecho la ONU ni ningún otro organismo internacional.

Tiráspol es su capital. Y el FC Sheriff es el equipo de Tiráspol.

Transdniestria es lo que mi amigo Carles Masip, a quien le chiflan estas cosas tanto como a mí, llamaría un paíspunky. Bizarro, digamos. Original, desde luego. En primer lugar, Transdniestria ha conservado, pese a ser una democracia parlamentaria (democracia de aquélla manera, pero, al fin y al cabo, ¿qué democracia no lo es?), toda la vieja simbología soviética: la hoz, el martillo y la estrella roja siguen presidiendo la bandera del país, roja y verde; el escudo es uno de esos hermosos emblemas característicos de los países comunistas, con un círculo de espigas de trigo, un sol naciente y otra vez el inevitable emblema de la hoz y el martillo; el parlamento transdniestrio se llama Sóviet Supremo y una esbelta estatua de Lenin preside la entrada al edificio en el que se reúne. En Transdniestria los kaláshnikov se compran y se venden con la despreocupación de gominolas y el turista que desee entrar al país, aparte de saber que ninguna cobertura diplomática le protegerá si lo hace, debe asegurarse de llevar consigo un buen fajo de billetes con el que sobornar a los corruptos militares que custodian la frontera.

En segundo lugar, está lo de Sheriff Ltd. Transdniestria es un país pobre, pobrísimo. A las penurias generales a todo el viejo bloque del Este, Transdniestria suma dos décadas de aislamiento internacional. Transdniestria es la hija pobre de Moldavia, que es la hermana pobre de Rumanía, que es la prima pobre de los Balcanes, que ya es decir. Sin embargo, Tiráspol cuenta con uno de los estadios de fútbol más lujosos de Europa. El estadio se llama Sheriff, como el equipo. Premiado con las cinco estrellas de la UEFA que en nuestro país sólo relumbran al Camp Nou, al Santiago Bernabéu, al Lluís Companys de Montjuïc, a la Cartuja de Sevilla y al Vicente Calderón, es un orondo y reluciente diamante en medio de un vertedero que, sin embargo, no causaría menor impresión.

Estadio del Sheriff, en Trandsniestria.

Recordará tal vez el lector de su niñez, si anda entre la veintena y la cuarentena, la colección de cuentos infantiles Leo, leo. Uno de aquellos librillos, escrito por Jean Alessandrini, se titulaba Pablo y el robot. En él, Pablo, el protagonista, vive en una sociedad todopoderosamente dominada por una única empresa, llamada Atomax. Atomax es todo. Atomax todo lo dirige y todo lo controla. En Transdniestria sucede algo similar. En Transdniestria, Atomax es Sheriff Ltd. Oficialmente, Sheriff Ltd posee refinerías y gasolineras; hoteles y panificadoras; grandes almacenes y editoriales; se ocupa de la distribución de alimentos, bebidas alcohólicas y tabaco y de la de los vehículos Mercedes Benz y Mitsubishi; tiene su propia compañía de telefonía móvil y su propio canal de televisión. En 1997 fundó su propio equipo de fútbol, el FC Sheriff de Tiráspol. Y en 2002, su propio estadio, en cuya construcción invirtió más de doscientos millones de dólares: el Stadionul Sheriff. Extraoficialmente, Sheriff Ltd, como la United Fruit Company en Centroamérica a principios del siglo XX, quita y pone gobiernos; o, mejor dicho, es ella misma, prácticamente, el gobierno de Transdniestria. El hijo del presidente del país cuenta con un cargo de confianza en la cúpula directiva de la empresa, y las malas lenguas aseguran que el gobierno transdniestrio utiliza las actividades del grupo para blanquear dinero. El asunto en general huele bastante feo.

Escudo del Sheriff F.C.

La empresa apoya firmemente la causa de la independencia de Transdniestria. Sin embargo, el FC Sheriff, como todos los equipos transdniestrios, no ha querido impulsar una competición propia, y no ha renunciado, tras la independencia, a seguir compitiendo en la liga de fútbol moldava. El FC Sheriff no sólo compite, sino que compite bien: es el competidor más laureado del campeonato. Diez ligas y cinco copas adornan su palmarés, y fue el primer club de esa liga en disputar una Liga de Campeones, en la temporada 2007/2008, y en superar dos eliminatorias de la misma, en la 2009/2010. Con el Zimbru de Chisinau, equipo de la capital moldava y eterno segundo en discordia, mantiene una enconada y vibrante rivalidad. Los clásicos entre ambos clubes, y también los partidos contra otros equipos moldavos, suelen ser aprovechados por los aficionados tiraspolenses para enarbolar banderas y pancartas reclamando la independencia transdniestria. El éxito del equipo eclipsa todas las crisis y todas las miserias. Sandro, ahí tienes tu modelo.

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