Víctor Guillot

Recordamos a El Roto, Premio Nacional de Ilustración 2012

El dibujante Andrés Rábago García, El Roto, ha obtenido el Premio Nacional de Ilustración de 2012. El jurado menciona que el reconocimiento a Rábago se debe a «su visión crítica, poética, aguda e inteligente que nos ayuda a reflexionar sobre cómo somos y cómo vivimos». El galardón, además, celebra su defensa del libro en particular y de la cultura en general como herramientas imprescindibles para la construcción de una sociedad avanzada. Andrés Rábago no es sólo El Roto, y viceversa. El Roto somos todos, según Andrés Rábago, y Andrés Rábago es, además de El Roto, un pintor alejado del satírico que practica la mística en sus cuadros. En NEVILLE celebramos este premio recordando esta entrevista durante la presentación de sus Cuadros para una capilla laica en la galería gijonesa Cornión.

—Como satírico, El Roto practica un toreo de fondo, con un humor más cercano a las ideas que a las personas, casi metafísico.

—Yo no creo en la política espectáculo, que se ejercita más bien para mantener al personal distraído antes que para solucionar los problemas básicos de la sociedad.

—¿Su trabajo periodístico es un veneno quevedesco contra los políticos?

—Yo creo que mi trabajo pretende ser un antídoto. El veneno lo destilan ellos. Contra ese veneno están mis sátiras, que creo que son un antídoto para el lector.

—¿En El Roto se descubren las sombras de Goya?

—Yo pretendo continuar una larga tradición de la sátira que, por lo qúe a mí respecta, tiene su gran momento en los dos últimos siglos. Mi tradición proviene de los grandes dibujantes ingleses y los satíricos franceses. España se ha dado poco a la sátira, quizá porque hubo poca oportunidad. El exceso de regímenes autoritarios ha impedido o dificultado el ejercicio de la sátira. Goya es una excepción al que puedo quizás acercarme, pero no tanto como al expresionismo alemán, o al francés Daumier.

-Sin embargo, hay quien dice que con Franco se escribía mejor.

-Sátiros como Chumy Chúmez han dicho que eso es falso. Toda dictadura dificulta la expresión crítica. El ejemplo lo tenemos en La Codorniz, que es una revista extraordinariamente frágil, donde quizá sólo destacaban Herreros o Solana.

—Sus pinturas son todo lo contrario a El Roto.

—El Roto es una voz coral de un momento determinado, es un pensamiento, una reflexión de la sociedad, donde yo simplemente hago de vehículo conductor. Por eso todo el mundo se refleja en El Roto. Andrés Rábago es un pintor que busca una revolución espiritual, ética, del alma, a través de su pintura, una vibración interior del espíritu. Pinto con una voluntad transcendente.

—Su pintura está llena de simbolismo.

—Es una pintura figurativa, donde las personas no tienen expresión, no tienen gestos y el color es plano. Buscan un recogimiento, un lugar donde el espíritu logre la protección y donde el individuo se minimiza frente a la luz que desprende el espíritu.

—Entonces Andrés Rábago es un místico de la pintura.

—Para mí es muy importante ahondar en mi interior. Cada persona debe encontrar su propio camino, cada hombre debe escuchar la llamada de su espíritu.

—¿Cuándo descubrió esa llamada interior?

—Tardíamente, aunque hace ya bastantes años, cuando me di cuenta de lo poco interesante que es la vida externa, una vida sin salida. A partir de ese momento, me dediqué a la reflexión.

—Usted habla de una nueva moral o, incluso, de una religión.

—Hoy hablar de religión es un tabú, después de tantos desastres religiosos. Quizá sea un tabú porque se confunde lo sagrado con la Iglesia.

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