Adrián Sánchez Esbilla

Noche de circo. Jornada 8

Pedí agua y me trajeron vino rosado, un caballo que sabe aritmética y un perro que te dice la buenaventura, decía Elvis Costello en Uncomplicated, la canción que abría en 1986 esa obra maestra del pop furibundo que es Blood & Chocolate . Algo así le pasó el sábado al Barça; solo quería un partido tranquilo en Coruña y se encontró un penalti imaginario, un portero que no podía agacharse y un aguanís raulesco en propia puerta.

Tuvo que ganar tres veces distintas lo que había solucionado en 17 minutos de velocidad y precisión. Tú crees que esto ha acabado, pero tan solo acaba de empezar. Esto también lo cantaba Elvis Costello.

Durante esos 17 minutos de gracia vimos al Barça del futuro y al Fábregas del pasado; es decir que en ese lapso de fractura temporal el Fábregas electrizante del arsenal dirigió al Barcelona post-Xavi. El resultado fue una ceremonia de la verticalidad donde cada pase se daba hacia adelante y, si se podía, este era el definitivo. Un vistazo a la mejor evolución posible del ya legendario juego de posición del Barcelona de Guardiola/Xavi. Cesc respondió como nunca desde que llegó. Situado al fin en su verdadero sitio en el campo, aceleró al Barcelona y completó tres pases que acabaron en gol, el tercero con una maniobra de tobillo que fue poesía en movimiento.

Después el circo Price llegó a la ciudad, abrió su tres pistas y comenzó uno de esos partidos que no se sabe si son una pachanga o el mejor espectáculo sobre la tierra. Todo parecía pasar al mismo tiempo, con los prodigios superponiéndose a los ridículos. Las defensas eran adornos de un futbolín desdentado, por los balquiazules atacaba la fatalidad, por los blaugranas Messi; cada cual su mago, cada cual su fiera.

También es cierto que la velocidad gripó al Barcelona por momentos y que el Deportivo supo apretar cuando advirtió bajones en el ritmo, agarrándose al excepcional partido de Pizzi. El calamitoso silbante decidió igualar algo más la cosa nivelando a los equipos al sacar del campo a Mascherano, nervioso sin un central de verdad al lado. Song extraña tanto el puesto que incluso Adriano lo mejoró cuando salió. El brasileño es un parche muy cruyffesco. Al ser rápido, disimula y al no saber no se complica ni se confía; total, que funciona.

Y luego está Messi. Hay que dejar ya de compararlo, nadie se lo merece. Marcó tres. Si su equipo hubiese necesitado siete los hubiese hecho. Era una de esas noches. Aunque las noches como estas de Messi resultan tan difíciles de distinguir de las noches normales de Messi que uno ya se confunde. Como sea… metió un gol de cada sabor y jugó de todos los colores: la sinfónica de un sólo hombre. Agota lo adjetivos y reclama su incorporación al diccionario; Messi es el superlativo del superlativo: esa canción es Messi. Hoy me ha sonreído una chica tan Messi. Mi mujer me hizo un bacalao digo del mismísimo Messi… y así todo.

Un poco antes, el Real Madrid había despachado uno de esos partidos de compromiso que hay cada temporada. Una visita de los suegros, unas cervezas con el colega pesado, cosas de cumplir, compromisos. Mourinho pudo ensañar la defensa recompuesta que llevará a  jugar contra el refrescante Borussia Dortmund y permitirse la frivolidad, como jugar con un exfutbolista de titular y poner al lado a Özil y a Modric. El resultado fue el previsible 1+1=1 de estas experiencias.  Cada cual anulando al de al lado y solo Özil, que es quien tiene mayor iniciativa personal, logrando algo productivo. Dudoso que se repita el invento.

Aunque parezca otra cosa, esta Liga es distinta. El Real Madrid sigue a 8 puntos, pero no solo del Barcelona, sino de ese Atlético de Madrid que, al parecer, debe dejar que el señorito ejerza el derecho de pernada sobre la belleza local. Usaré un símil menos sórdido: el Real Madrid es como ese niño rico que tira el juguete, carísimo, que acaban de comprarle porque ha visto el que tiene el vecino. Encima dispone de una solícita ama de cría (léase aquí la prensa capitalina del balón y alrededores, sobre todo alrededores) que les martillea el oído, día si día también, a los papas del vecinito para que este le de el juguete de marras, porque es un juguete que se merece estar en una familia grande. Y el juguete es bueno, excepcional. Trae todos los complementos, incluida una preciosa camiseta a rayas rojas y blancas. Rojas y blancas, recuérdese. Hasta de falta los marca ahora. Y ya está en una familia grande. Una campeona de la Europa League, una que empata al líder a 22 puntos y una que le saca 8 al susodicho niño rico.

Tampoco cede el Málaga que se agarra al tercer puesto con fútbol y clase, tanta como para darse el gustazo de fallar un penalti y repararlo con un regate de fútbol sala del resucitado Joaquín. El Valladolid de Djukic, que fue el perjudicado por el penalti, también por una expulsión, es otra de las buenas noticias de La Liga. Recién ascendido aguanta en mitad de la tabla y juega al fútbol, dos actos de mérito.

Otra noticia buena está siendo el Sevilla feo, fuerte y formal de Michel. Ayer cerró la jornada en casa contra el Mallorca de Caparrós, mito local. Partido de lunes con un cartel rocoso que anunciaba poco jolgorio y que resultó un estupendo cierre, como si los jugadores se conjurasen contra lo antifutbolero del momento y decidiese hacer valer el precio de la entrada. El Mallorca ponía el balón en vuelo a la mínima y el Sevilla jugaba estupendamente cuando Rakitic era el que lo tocaba. Fue un partido sencillo y honesto, fue la comida casera del fútbol.  Un 3-2 con remontada sevillista entre mucha intensidad, intercambio de goles en tres toques o menos y ese punto de locura que tiene los partidos de resultados ajustados y abultados al tiempo.

En otras zonas del torneo las cosas pasan más despacio, son movimientos imperceptibles de grandes masas. El Espanyol ganó, respira aunque todavía esté bajo el agua. El Valencia gana y no contenta a nadie, el Athletic pierde y cabecea sin entender, se mira a las manos y no se las reconoce ¿Fui yo finalista de dos copas el pasado curso? ¿Cómo lo hice?

Orson Welles decía algo así que con hacerlo ya habías demostrado que podías, que no hacía falta repetirlo. Lo malo es que todos queremos siempre repetir y no nos damos cuenta de que la hazaña de ayer es la estrepitosa hostia contra el suelo de mañana. El Athletic está en pleno vuelo, preguntándose cuándo y porque volvió a saltar.

 

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4 pensamientos en “Noche de circo. Jornada 8

  1. ¿Y hasta cuándo hay que seguir con esa mentira de poner al mismo nivel a CR7 y Messi? Como escuché hace poco a un filósofo de esto del fútbol (y de la vida), comparar al portugués con el argentino es como comparar un Minardi con un Ferrari.

  2. Pingback: “I say it’s funny how things go”: Jornada 8. La Liga | ¡Balonero!

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