Jorge Alonso

Fino paño irlandés (II). Una noche con Neil Hannon

«Vi a Randy Newman hacerlo, tocar él solo con su piano, y me dije ¿por qué no yo? Decidí darle una oportunidad. De modo que el formato es parte culpa de la crisis, parte culpa de Randy Newman.»

Neil Hannon

¿Ha notado que las tardes de domingo tienden a la modorra y la melancolía? Seguro que sí. Pues imagine una tarde de domingo, en otoño, de anochecer temprano, en un marco tan imponente como la Universidad Laboral, y con la perspectiva de un concierto a piano y voz. Parece que la siesta está asegurada. Pues no.

Neil Hannon (alias The Divine Comedy) salió con cierto retraso norirlandés a las tablas del precioso teatro de la Laboral, pequeñito, delgado y sonriente. Y apenas esbozado un pícaro «hola» se arrancó con ese preciso manual de estilo que es Assume the perpendicular, mostrando desde el arranque una voz amplia con cierto aire al Bowie de Hunky Dory y decididamente crooner a ratos. Voz que se iría apagando a lo largo de la velada, pero sin llegar nunca a ser un problema. Ni mucho menos.

Consiguió Neil, además, pronunciar correctamente esa pesadilla fonética que supone «Gijón» para los angloparlantes, y lo hizo con una cara de pillo que sólo desaparecía cuando la ocasión lo merecía, cuando la canción imponía un rigor emocional lejos de guiños al público, cuando cada uno y cada una, artista incluido, se olvida por unos minutos de que está sentado en un lugar lleno de gente, que está presenciando el último acto de una cadena de montaje artística.

Y como no todo ha de ser a ras de piel, hubo momentos relajados, divertidos, con Hannon comentando que le parecía «estar tocando en el Vaticano…, algo que no ocurrirá nunca, por muchas razones». Uno tuvo la oportunidad de hablar con él en la imponente sala de pinturas de la Universidad Laboral y comprobar cómo el bueno de Neil quedaba impresionado, y hablamos de un tipo que cita a Camus con soltura en medio de una conversación, traje enfundado y cerveza en mano, como debe ser. Y no sólo dejó muestras de la fina ironía que se le supone, también de su dotes para el jugueteo cuando pregunta a una chica si está hablando con alguien por Facebook, tras haber interpretado banderas como Generation Sex o la amarga A Certain Age.

Becoming More Like Alfie (con el solo de guitarra cantado por él), la simplemente perfecta National Express (con la letra apuntada desde el patio de butacas) o la deliciosamente cercana At The Indie Disco formaron la parte central del concierto, con palmas y distensión no forzadas. Incluso se atrevió a estrenar, o eso dijo, una preciosa versión de MGMT, concretamente la afilada Time To Pretend, antes del breve bis, la voz comenzaba a flaquear, cosas de venir de tocar en Barcelona, que incluyó una petición (If) y I Like, con el equipo de Neil bailando en sombras tras la pantalla del escenario.

Momentos de intensidad emocional, momentos de sencilla implicación, momentos de sonrisa a plena asta. ¿Quién dijo que las tardes de domingo son para la modorra y la melancolía?

Basta con tener la cita decuada.

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