Paula Corroto

Kevin Powers: culpa y redención de un soldado

Fotografía de Stefan Zaklin

«Me sentí culpable durante el tiempo que serví en Irak»

Un pájaro amarillo / de pico amarillo / se posó en mi alféizar, / le ofrecí un panecillo / y luego aplasté / su puta cabeza.

Con esta cita extraída de la marcha tradicional del ejército de Estados Unidos comienza Los pájaros amarillos (Sexto Piso), la primera novela del escritor y ex soldado norteamericano Kevin Powers (Virginia, 1980). Es el primer golpe para el lector, que no se quedará indiferente a lo largo de las páginas que conforman esta historia sobre la guerra de Irak, que ha sido considerada por The New York Times y The Guardian como una de las mejores novelas del año. Powers, que combatió en Irak entre el 2004 y el 2005, traslada todo su dolor, su culpabilidad, al personaje del soldado Bartle, un chaval veinteañero que, tras entrar en el ejército «con la mejor intención —la posibilidad de estudiar, de labrarse un futuro—, se ve sumido en un paisaje de muerte y destrucción donde matar forma parte de la cotidianidad. Aunque sea a civiles iraquíes. Este sinsentido de todo conflicto bélico y el trauma por la incapacidad de cumplir una promesa se deslizan a través de un lenguaje lleno de un lirismo que, según la crítica, acerca a Powers a escritores como Ernest Hemingway y su Adiós a las armas. No hay bondad ni maldad en estos soldados que se limitan a cumplir órdenes lanzadas desde despachos donde no hay sangre ni dolor.

Valore su estado emocional tras un asesinato/muerte/baja e indíquelo por el procedimiento de marcar una de las casillas siguientes:

Placer

Malestar

[…] Que les den por culo. Sí, que les den por culo será mi nueva forma de vida. Marqué la A. Me fui a casa.

Éste es el soldado Bartle. Ahí hay también una parte del aliento y la sensibilidad del propio Powers en Irak. Hoy el escritor, que tiene una maestría en arte en la Universidad de Texas, en Austin, vive en Estados Unidos, donde continúa escribiendo. Afirma que después de esta novela quizá canalice su experiencia en la guerra mediante la poesía. Mientras tanto, contesta a entrevistas como ésta, que nos envió a través del correo electrónico.

¿Por qué escribió esta historia? ¿Tenía la idea desde que regresó de Irak?

Cuando volví de Irak mucha gente me pidió que describiera cómo era estar allí. Dos años después de mi regreso a casa intenté responder a esta pregunta, pero para mí mismo, ya que honestamente no sabía cómo describir todo aquello.

¿Escribió desde el dolor, desde el trauma?

Todo el libro está conformado por un nutrido grupo de sentimientos dolorosos. No todos son los que yo sentí, pero sí hay parte de mi propio dolor y también era capaz de imaginarme qué podían haber sentido otros.

¿La novela es una forma de expiación?

Ésta es una historia sobre la expiación, sobre el intento de encontrar una manera de reparar algo. Si la novela en sí misma es una forma de expiación es algo que no sé.

Los pájaros amarillos está llena también de un sentimiento de culpabilidad. ¿Usted lo sintió durante su escritura? ¿Lo siente todavía?

Desde luego la culpabilidad es uno de los elementos más importantes del libro. Yo me sentí culpable durante el tiempo que estuve de servicio [en Irak], pero lo que pretendía era encontrar una forma de trasladar este sentimiento a la vida de los personajes del libro.

La historia retrata el trauma de los soldados cuando regresan de una guerra, un tema del que no se suele hablar y que ni siquiera aparece en las noticias.

Es mucho más fácil imaginar que los soldados no sufren. Es uno de esos muchos aspectos de la guerra en los que la mayoría de la gente no quiere pensar.

De la novela me sorprende cuando el soldado Bartle dice que siente placer cuando mata a otras personas. ¿Nuestra maldad supera a nuestra bondad? No obstante, la gran mayoría de la gente no se describiría como una mala persona.

Yo creo que cuando Bartle lo dice es por un instinto de supervivencia. No es un placer real. Pero lo que sí quería mostrar es que estos soldados no son ni buenas ni malas personas, sino sólo gente que está intentando sobrevivir en una situación en la que nada tiene sentido. No quería restarles su responsabilidad, pero tampoco quería demonizarlos. Tanto la maldad como la bondad están en todos nosotros. ¿Cómo las cultivamos y cómo nos afectan? Éstas eran las preguntas a las que pretendía responder con este libro.

El estilo de realismo mágico que utiliza no es muy habitual en novelas sobre la guerra. Éstas están escritas habitualmente mediante frases cortas, muchos verbos y acción. ¿Por qué utilizó este tipo de lenguaje?

Pretendía ajustar el lenguaje a la extraña naturaleza de esta experiencia. El estilo lírico me parecía el más adecuado para mostrar la extrañeza e intensidad de los pensamientos del narrador. Probablemente también es un reflejo del estilo de los escritores que admiro.

De hecho, su novela ha sido comparada con las obras de Hemingway y Mailer. ¿Han sido una influencia para usted? ¿Qué escritores lee habitualmente?

Hemingway me impactó muchísimo cuando lo leí. Creo que Adiós a las armas es una de las más grandes novelas de la historia. Hay muchos escritores a los que admiro. Recientemente he leído El año de la muerte de Ricardo Reis y tengo que decir que José Saramago es alguien que siempre me impresiona.

Usted se alistó en el ejército cuando era bastante joven. ¿Qué siente cuando otros jóvenes toman ahora la misma decisión que tomó usted?

Bueno, ésta ha sido una constante a lo largo de toda la historia. Los viejos empiezan las guerras y los jóvenes luchan en ellas. Pienso más en cómo nos podemos permitir poner a la gente joven en esta tesitura. Creo que la mayoría de la gente que se alista lo hace con la mejor intención de servir a sus ciudadanos. Lo que ocurre es que son casi siempre los políticos los que tienen la ventaja de aprovecharse de ello.

¿En qué piensa cuando escucha noticias sobre la posibilidad de que Estados Unidos comience una guerra contra Irán?

Me cansa. Nosotros hemos estado en guerra durante mucho tiempo. Ha habido demasiada muerte y dolor. Es duro contemplar otra guerra más.

¿Escribirá más sobre la guerra?

No lo sé. Probablemente escriba más poesía sobre la guerra. Quizá dentro de un tiempo escriba otro libro sobre ello. No lo sé. Ahora mismo estoy trabajando en otras cosas. Probablemente exploraré más sobre las ideas de violencia y justicia.

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