Adrián Sánchez Esbilla

Lawless: el western oblicuo de Nick Cave

Próximamente se estrena en España Lawless (Sin ley), una nueva colaboración de Nick Cave al guión y John Hillcoat a la dirección, tras The Proposition (2005): mito, violencia, alcohol y rebeldía viril.

Lawless parece una canción escapada de Murder Ballads, aquel célebre disco de Nick Cave de 1996 que el propio músico considera un capricho, situado entre el explosivo Let love in y el implosivo Boatman’s Call. Como aquellas canciones, es tenebrosa pero irónica, violenta y romántica, bucólica y grotesca. Una historia mil veces contada, llena de exageraciones, mitificaciones y barbarie que debería terminar cono un «… y sucedió tal y como os lo cuento».

Como muy bien explica Quim Casas en su reseña para la revista Dirigido por (número 427, noviembre del 2012), lo más interesante de la película se encuentra en su carácter musical, en cómo permite ver la forma en la cual los guiones de Cave se acercan a sus patrones compositivos en tono, arquitectura y universo. Algo que, paradójicamente, ofrece desde un guión muy flojo, con exceso de tópicos, notables lagunas, recursos discutibles y un clímax final insostenible. Quizá precisamente por eso se ve la mecánica, porque se trata de un trabajo que se ha quedado en el chasis, muy lejos de la riqueza de la poderosa The Proposition, que,como la presente, es un acercamiento oblicuo al western, no ya como iconografía física, sino como geografía moral.

La película adapta el libro (en parte novela, en parte documento) de Matt Bondurant The Wettest County in the World según los recuerdos de su tío Jack, el menor de los tres hermanos Bondurant tras Howard y Forrest, el líder de la familia. Los Bondurant fueron figuras mitológicas del condado de Franklin, en Virginia, epicentro de la destilación de alcohol ilegal, el llamado moonshine, hasta comienzos de la década de 1930. Allí tuvo lugar una batalla entre montañeses y fuerzas de la ley que tanto libro como película narran en unos términos donde conviven el lirismo y la ultraviolencia, con un sentido tan hiperbólico, ambos, que recuerda a Garth Ennis, otro autor (éste de cómics) que ha colocado siempre el western como patrón de sus mejores historias.

Lawless es un western donde rancheros y granjeros han sido sustituidos por contrabandistas, manteniendo una ética viril, lacónica y primaria pero deslocalizando temporalmente la historia con la intención de entroncar directamente a los irredentos montañeses Bondurant con otros caballeros del sur no menos indoblegables, con nombres tan famosos como los James o los Younger. Viéndola, pensaba constantemente en Walter Hill y en Forajidos de leyenda. Toda la película de Hillcoat tiene una pátina retro que dirige hacia ese último cine masculino, clásico y orgulloso de su resistencia de los últimos setenta y primeros ochenta, de verdad crepusculares en este sentido.

Claro que John Hillcoat no tiene un pulso tan rudo y directo como Hill, y como lo tenía el primer Milius, el de la magistral Dillinger, capaz de equilibrar el lirismo con la brusquedad, lo que remitía con naturalidad al western tanto si lo trataban directamente como si no. Sin ese primitivismo, Lawless está más cerca de ser una recreación con dinero de los noir rurales producidos por la AIDP a partir del éxito de la apoteósica Mamá sangrienta, dirigida por Roger Corman en 1970.

Así, lo que anima la película son sus elementos excéntricos. Por un lado, ese carácter musical basado en tomar canciones de otros ámbitos y convertirlas en material hillbilly a través de diferentes versiones que tienen su corolario en la superlativa versión que del White light/White heat de la Velvet Underground realiza el anciano Ralph Stanley, uno de los grandes del bluegrass y el sonido de los Apalaches. Un recurso coincidente con la hibridación de géneros que propone el conjunto.

Por otro, con la irrupción en mitad de un relato de personajes monolíticos, los hermanos Bondurant, como representantes de una cierta eternidad rebelde, individualista y (de nuevo) viril, de otros con aspectos casi esotéricos, fantasmáticos, como son Maggie y Charlie Rakes.

La primera es una pelirroja hierática y fascinante, como una orquídea en el fango, que es la corporeización romántica de un ideal femenino con sus incongruentes vestidos carmín y turquesa en mitad de un entorno campestre y naturalista. El segundo es el archivillano, un agente de la ley corrupto, vicioso y narcisista, de gustos sádicos y piel de lagarto que, como la mujer, parece provenir de un relato diferente para electrizar éste. Pero en realidad ambos son coherentes con lo que Cave plantea en Lawless; son figuras legendarias, una narración de la realidad, exagerada, fantastificada en sus aspectos más coloristas, como esa leyenda sobre que los Bondurant son indestructibles y nadie puede matarlos, que Forrest se cree tanto que en la práctica la hace realidad. Por lo tanto, si los hermanos son leyendas, necesitan que sus opuestos sean tan formidables, alucinados e indestructibles como ellos mismos.

Pese a que en un primer vistazo la película dirigida por Hillcoat pueda parecer un exploit de Boardwalk Empire, aunque la serie de la HBO se sitúe a principios de la prohibición y la película a finales, ya durante la depresión, sus intenciones son contrarias: mientras Boardwalk Empire es un análisis minucioso de la realidad tras los mitos, Lawless propone una remitificación sin máscaras. Forajidos más grandes que la vida. Y como las leyendas, es mejor si te la cuentan que si la ves por ti mismo.

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5 pensamientos en “Lawless: el western oblicuo de Nick Cave

  1. Pingback: Historia oral de los hermanos Bondurant: Lawless, leyendas de sangre de los Estados Unidos | Esbilla cinematográfica popular

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