Paula Corroto

Invasor: la guerra de Aznar

0Se estrena en los cines Invasor, película de Daniel Calparsoro sobre la participación de España en la guerra de Irak. La película está basada en la novela homónima de Fernando Marías, que también regresa a las librerías.

El 20 marzo del 2003, España entró en guerra con Irak. El por entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, había desoído las protestas en la calle de cientos de miles de ciudadanos y se había arrimado a George W. Bush y Tony Blair para iniciar una incursión bélica en la que iban a acabar con Saddam Hussein y las armas de destrucción masiva que supuestamente tenía el país árabe. Era su guerra. Su grandeur. La posibilidad de entrar en la historia. La ambición de un gobernante.

2Como a muchos otros ciudadanos, aquella decisión irritó sobremanera al escritor Fernando Marías, que, con la sensación de tener que posicionarse frente a ello, en el 2004 escribió y publicó la novela Invasor, una historia política en clave de terror en la que dos soldados españoles se enfrentaban a la pesadilla de haber participado en Irak. «Aquello fue un secuestro de la democracia, una decisión mussoliniana. Tuve la necesidad de sacar el asunto, de que pasado el tiempo quedara claro de qué lado estaba», comenta ahora el escritor, que acaba de reeditar la novela en la editorial Imagine Ediciones.

Esta reedición se debe al estreno de la adaptación al cine dirigida por encargo por Daniel Calparsoro, protagonizada por Alberto Amman y Antonio de la Torre y estrenada este viernes. La película, que producen Vaca Films y Morena Films (productoras de Celda 211), ha tardado en gestarse cuatro años, y, aunque parte de la misma idea que el libro de Marías y se nutre de la indignación ciudadana, sus derroteros cinematográficos son algo diferentes a lo que el lector puede encontrar en las páginas de la novela. Eso sí, hay un gran acierto en ambas: han pasado casi diez años de aquella guerra, pero ni está olvidada ni debe caer en el olvido.

3Con bastante introspección psicológica, Marías conduce a sus dos protagonistas, los médicos militares Pablo y Diego, hacia la locura y el terror pesadillesco. Durante sus días en Irak algo ocurre que son incapaces de olvidar tras su regreso a España. Palabras, nombres y gritos se repiten en sus sueños. Una transfusión de sangre desencadena la locura. Almas que se comparten. Lo surreal agarra el argumento novelesco. Calparsoro, por su parte, olvida esta cuestión y se centra en la acción bélica. El director, que ya plasmó en Guerreros la guerra de Kosovo, se recrea en las imágenes de la carnicería sangrienta. La cámara dispara fotogramas de lo que podría ser Irak y cómo los soldados españoles se enfrentan a los iraquíes. Después transforma el tinte belicista en un thriller político con intrigas ministeriales, con persecuciones de coches en Galicia —donde viven Diego y Pablo—. El filme adopta así un sesgo que al espectador le recordará bastante a una película de acción norteamericana. Ya no importa tanto si el hecho que alumbra las pesadillas de los protagonistas transcurrió en Irak, Afganistán o cualquier otra parte del mundo. El cuchillo —la cámara— está en otra parte y lo demás es atrezzo. Bienvenidos al cine palomitero y, desgraciadamente, a cierta planicie.

Una cuestión moral

No obstante, una cuestión gravita tanto en la película como en la novela: la conciencia moral. Quién la tiene y quién no. A su regreso de Irak, un miembro del Gobierno se pone en contacto con Diego y con Pablo para ofrecerles dinero a cambio de que no digan qué ocurrió exactamente durante los combates. «En este sentido, es una película bastante insólita, puesto que en el cine español no solemos ver este tipo de cosas. Y en España no estamos acostumbrados. Las cosas se tapan, se pasa de puntillas. Es como que conviene no hacerlo», apunta Marías. En el filme, Karra Elejalde, uno de los mejores actores de este país, interpreta a ese oscuro tipo que se encarga de hacer cumplir las órdenes ministeriales echando mano de cualquier tipo de instrumento. El fin justifica los medios y al poder no le tiembla mano. «En realidad, mi personaje es un patriota. Sin más. Y sólo le preocupa la seguridad nacional», señaló el actor hace unos días durante la presentación de la película. Y tiene razón. La conciencia estaba en otros, en los soldados traumatizados y en los cientos de miles de ciudadanos que convirtieron las calles en un caudal de pancartas de «No a la guerra».

1Es incierto si la película —y al hilo la novela— abrirá un debate sobre lo que ocurrió en Irak. El ex presidente Aznar ya ha anunciado que en sus recientes Memorias no toca el tema. Sin embargo, el escritor Fernando Marías no quiere que pase desapercibido: «Aquello fue terrible y hay que decirlo, fue una invasión para apropiarse del país y cometer un genocidio». Otra historia es si el cine español comenzará a caminar con mayor solidez por el cine bélico, del que apenas hay constancia. «No, no hay tradición. Esto ha sido una irrupción muy potente que no tiene que envidiar a ninguna otra propuesta cinematográfica», abunda Marías. Ahora bien, no estamos ante la oscarizada de The Hurt Locker, de Kathryn Bigelow. Los estadounidenses van a la guerra y después saben contarla (piensen en Hemingway, en Mailer). El punto positivo en España se lo debemos a Aznar: ya tenemos una novela y una película para no olvidar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s