Pablo Batalla Cueto

Los masones no huelen a azufre

Entrevista a Ricardo Fernández y Julia Rosa Álvarez

Los masones no huelen a azufre, ni sacrifican pollos, ni desayunan niños crudos, ni se bañan todas las mañanas en sangre de vírgenes. Son, por lo general, hombres y mujeres (cada vez más mujeres) de una normalidad insultante. Por suerte, el hielo del tópico y del prejuicio comienza, bien que tímidamente, a resquebrajarse. El honor de miles de librepensadores incomprendidos debe el deshielo a obras serias y rigurosas como la que acaba de publicar Rosa Elvira Presmanes en Los Libros de la Catarata: La masonería femenina en España, un manojo de rescates del olvido de varias mujeres españolas destacadas en la masonería y en la lucha feminista durante el último par de centurias. Una de ellas, Rosario de Acuña, falleció en 1923 en su casa de La Providencia sin seguramente imaginarse que, varias décadas después de su deceso, su perdurable memoria llegaría a dar nombre a una logia masónica en Gijón, en el Gijón que amó y en el que, bajo un sobrio ladrillo con sus iniciales, reposan sus restos. La logia Rosario de Acuña fue fundada en el 2004. El 23 de octubre celebró una tenida blanca abierta, es decir, una reunión pública de presentación, en su modesto bajo de la calle Costa Rica, en La Calzada. Está adscrita a la obediencia (confederación de logias) del Gran Oriente de Francia, que a su vez nada en una de las dos grandes corrientes en que se divide la masonería mundial: la liberal francesa, progresista, opuesta a la anglosajona, de orientación conservadora y vocación elitista. La logia Rosario de Acuña podría ser exclusivamente masculina o exclusivamente femenina, pero es mixta, tozudamente mixta. Pero esto es resumir demasiado el asunto.

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Fotografía de Pablo Batalla

Para desfacer entuertos y aclarar dudas, conceptos, equívocos, mitos y leyendas, dos de los miembros de la logia Rosario de Acuña se citan conmigo en el Café Dindurra a eso de las doce del 20 de noviembre. Son Julia Rosa Álvarez, mierense de Gijón de 1957, y Ricardo Fernández, gijonés de Oviedo de 1969. Julia es profesora de español; Ricardo, abogado. Julia no pide una calavera rellena de sangre fresca, sino un té verde; Ricardo no solicita al camarero una copichuela de azufre líquido, sino medio mosto. Esto es lo más sustancioso de lo que me cuentan, Ricardo con su serena elocuencia y Julia con su concisión apasionada, a lo largo de dos horas que se me hacen cortas.

Los valores de la masonería

—No tenéis cuernos, ni rabo.

—Julia Rosa Álvarez (J). No tenemos cuernos ni rabo, ni olemos a azufre.

—La definición de masonería en el diccionario de la RAE es: «Asociación secreta de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales y se agrupan en entidades llamadas logias». Parece una definición demasiado escueta. ¿Qué es la masonería? ¿Cuál es la definición más adecuada?

—J. Empieza mal. Lo primero está mal: no es secreta.

—Bueno, a la vista está que no…

—Ricardo Fernández (R). Claro. Es lo primero que hay que precisar. Lo que sí que creo que hay que mantener es el concepto de «asociación». La masonería es una asociación. Podríamos decir, de hecho, que quizá sea una de las primeras asociaciones al modo como las concebimos hoy que han existido en la historia. Tiene su origen en los antiguos gremios; en concreto en el gremio más fuerte en un determinado momento, que es el de los constructores. Pero no se trata tanto de que hubiera una evolución de los constructores hacia una sociedad de librepensadores, como de que se adoptó la estructura de ese gremio por algún grupo de personas que defendía una serie de valores, en un momento en que no había partidos políticos ni asociaciones tal como las conocemos hoy. Esa estructura tomada del gremio de constructores es lo que da a la masonería su seña identidad. La masonería es, fundamentalmente, una asociación en la que se defienden una serie de valores.

—Libertad, igualdad y fraternidad. ¿Qué significan estos valores?

—R. Son los valores históricos que se han defendido siempre, desde un momento en que no existían y en el que no pasaban de una mera formulación teórica, hasta la actualidad, en que, aunque podríamos imaginarlos cumplidos o al menos saber qué no es libertad, o qué no es fraternidad, o qué no es igualdad, los masones seguimos manteniendo la posición de guardianes, o de defensores, o de entidad que proclama la vigencia de esos valores. No se trata de un dogma, sino de un anhelo. Aunque se pueda decir, por ejemplo, que la sociedad ya es laica, o que ya hay un régimen de libertades, nosotros decimos que no se trata de que lo haya o de que no lo haya, sino de colocarse ante todos los riesgos de esas derivas que aparecen continuamente y que pueden llevar a acabar con todo lo que conocemos. Nosotros pretendemos ocupar una posición de defensa. Esto yo creo que hay que matizarlo en el sentido de que ya no somos «el guardián». No somos ese «gendarme republicano», ese garante de la República del que hablan en Francia. Ya no hay una posición, afortunadamente, de exclusividad. En otros momentos, cuando no había partidos políticos, o no había movimientos vecinales, o no había organizaciones ciudadanas, la masonería sí tenía un papel de exclusividad, que hoy ya no tiene.

—J. No lo tiene, pero viendo la deriva de la sociedad, el camino hacia el que nos dirigimos peligrosamente cada día, me temo que cada vez tendremos que dejarnos oír más, o intentarlo.

2—¿Sigue, entonces, teniendo sentido la masonería en el siglo XXI? ¿No se han hecho ya realidad los ideales masónicos?

—R. A mi modo de ver, hay que incidir en que no existe una masonería, sino varias. La etiqueta de «masonería» se le pone a todo, incluso a lo que no es masonería. Yo creo que tiene sentido una masonería comprometida con el tiempo presente, que sea capaz de manifestarse hacia el exterior.Y yo entiendo que esa masonería hoy sí tiene vigencia, aunque no la tenga en exclusiva, porque la masonería tiene una manera muy propia y característica de plantear las reflexiones sobre los problemas de nuestro tiempo, de plantear los debates en las logias, de ser una fábrica de ideas, una fábrica de innovación de pensamiento. Pero eso lo hace una determinada masonería, no todas. En otras se divaga, se tiene un planteamiento más intimista, más esotérico, menos trascendente a la hora de ejercer una acción social.

—J. Por ejemplo, ahora hay mucha gente en paro, hay desahuciados, hay gente que no tiene nada que comer. Y nosotros nos estamos involucrando en el tema participando en el banco de alimentos, ofreciendo ayuda en material escolar…

—Explicadnos un poco la diferencia entre las dos corrientes.

—J. Las dos, tres, cuatro, cinco…

—R. Hablamos de masonerías porque, aunque todos provengamos de un tronco común, que podríamos encontrar más o menos a principios del siglo XVIII, la evolución posterior ha sido muy diferente. Hubo divergencias en cuanto a la incorporación de la mujer, por ejemplo, pero la discusión fundamental es en torno al tema religioso, ya desde el siglo XVIII. En el siglo XIX se produce el cisma definitivo entre las dos ramas: la liberal y la anglosajona. Hay una corriente que defiende la obligatoriedad de la invocación al Gran Arquitecto del Universo y de la presencia de una Biblia, porque es el uso tradicional de la masonería; y hay otra corriente, que es a la que pertenece nuestra logia, que defiende la libertad de conciencia y que no es una cuestión a tener en cuenta el credo o el no credo de cada miembro. Nuestra corriente suprime la invocación al Gran Arquitecto del Universo, el contenido deísta y las biblias. Surgen dos corrientes claramente diferenciadas. Aunque luego las relaciones personales puedan ser muy buenas, y haya personas que sean parte de la corriente anglosajona que tengan una visión muy progresista de las cosas, la realidad es que hay dos corrientes. Una que es claramente deísta, y otra que claramente no lo es. Por eso siempre hago el matiz: no todo es lo mismo.

—J. A veces se dan situaciones verdaderamente cómicas. A ti te han llegado a preguntar si hacíamos sacrificios con pollos, ¿no?

—R. Bueno, la corriente anglosajona no me parece que haga sacrificios tampoco… (Risas.)

—J. Me refiero a la desinformación. Hay gente que puede tener conceptos alucinantes.

—R. Sí, a veces te puedes encontrar con cosas realmente asombrosas. Nosotros recibimos en una ocasión, en la página web, la solicitud de alguien que quería entrar en nuestra logia porque creía que nosotros teníamos acceso a no sé qué piedras mágicas de color negro que daban una serie de poderes. Claro, yo le contesté que no trabajábamos esta materia… (Risas.) Y, bueno, hace poco nos escribió un señor al que le iba lo egipcio y que también quería entrar en la logia. Era un señor en cuyo perfil en Facebook aparecía completamente rapado, ¡y daba miedo! Se había configurado una imagen a lo egipcio: se había afeitado las cejas, se había afeitado la cabeza… Hay cosas sorprendentes.

Símbolos y ritos

—Siempre me han llamado mucho la atención los símbolos. ¿Qué significan? ¿Cuál es su utilidad?

—R. Los símbolos se recogen de un determinado gremio, el de los constructores, y pretenden ser una representación visual de un valor o una idea. Ésa es su utilidad. La característica principal de la masonería es reflexionar sobre valores, sobre ideas, elaborar un pensamiento crítico;y toma como referencia inmediata unos determinados símbolos. Se apoya en esos símbolos para reflexionar. Es decir: no tienen por objeto ser adorados, o ser sacralizados, ni tampoco ser dogmatizados. El objeto nunca puede ser compacto; un objeto no significa esto y te lo tienes que aprender de memoria. Yo puedo decir que el compás representa una determinada idea, que la escuadra representa otra determinada idea…

—J. Son metáforas.

—R. Sí. Tú las interpretas como te da la gana. No es, digamos, una nueva religión. No se pretende sustituir el crucifijo ni nada por el estilo. No tiene nada que ver.

—J. Son metáforas, metáforas que te ayudan a pensar en algo.

Gran Oriente de Francia

Gran Oriente de Francia

—R. Esto podría enlazarse también con el rito. El rito para nosotros no es un elemento sagrado. Nosotros tenemos una manera de organizar las reuniones muy concisa; la misma que se seguía cuando se organizó la masonería en el siglo XVIII. Y esa mecánica, esa repetición casi automática y machacona de todas las pautas que rigen una reunión, es lo que llamamos ritos. Esos ritos, a su vez, incorporan muchas leyendas vinculadas a la Biblia, porque era la referencia que tenían en aquella época; leyendas en las que en su momento aquellas personas intentaron deslizar valores, camuflar un pensamiento ideológico. Pretendían representar la lealtad, el valor del trabajo, el voluntarismo… Hay una serie de matices sobre los que podríamos estar hablando muchísimo tiempo. Tú dices: menudo teatro, ¿no? Y sí, efectivamente, hay un componente de psicodrama en ese rito, pero, detrás de todo eso, lo que hay es la filtración de una serie de valores que en su día no tenían más cabida o más campo de transmisión que lo religioso. Y ésa es, por otro lado, una de las causas de que la religión reaccionara con tanta virulencia. Se les metía alguien en un terreno que era suyo.

—J. El rito es muy lento, y a mi modo de ver eso es muy útil, especialmente para personas viscerales como yo. Hace que los pensamientos que uno tiene se vayan colocando en su sitio. Dicen que tenemos dos orejas porque hay que escuchar el doble que lo que hablamos, y quizá esa lentitud pueda contribuir a eso: a un ambiente sosegado, de reflexión.

 Las mujeres

¿Cuál es la situación actual de las mujeres en la masonería? ¿En qué punto se halla el debate sobre su inclusión?

—R. Depende de la corriente. La anglosajona ni se lo plantea. Hay una interpretación de unas reglas que se otorgan a principios del siglo XVIII, en las que se dice que en la masonería no pueden entrar ni mujeres, ni esclavos, ni personas tullidas. ¿Por qué? Porque no son libres, porque no son personas que tengan capacidad por sí solas. La mujer depende del padre, depende del hermano o depende del marido. Existe un régimen de exclusión social y la mujer está condenada a vivir en la miseria. La masonería es una organización que empieza siendo elitista. Sin embargo, el Gran Oriente de Francia, que se funda en 1773, se empieza a plantear ya al año siguiente de su fundación el tema de la inclusión de las mujeres. Y, efectivamente, empiezan a organizarse unas logias que se llaman «de adopción», que permiten que las mujeres, estamos hablando de una masonería que en ese momento está muy ligada a la nobleza, las mujeres, digo, de los nobles puedan ser masonas. Pero no eran logias independientes, sino que eran siempre dependientes de una logia masculina madre. En el Gran Oriente de Francia ha habido un debate abierto durante prácticamente un siglo, aunque fuera con periodos de escasa actividad intercalados. El debate cobró envergadura especialmente a partir del 2005 o el 2006. Y, al final, lo que se decidió fue que, como no había nada que impidiera en el reglamento la entrada de mujeres, no había ningún sentido en mantener esa duda.

—J. Hubo la historia de Olivia Chaumont…

—R. Sí. Olivia Chaumont había sido Venerable en su logia. Y era un masón, un hombre. Pero se cambió de sexo, la República le reconoció el género femenino, la recogió como mujer a todos los efectos, modificó el nombre, modificó todo… Y lo primero que hizo fue irse al Gran Oriente a solicitar, vamos a decirlo mal, ser miembra del Gran Oriente de Francia. Y claro, tuvieron que reconocerla y hubo una ruptura.

—J. Ella dice que metió el caballo de Troya en la organización.

—¿Se han incorporado muchas mujeres al Gran Oriente desde entonces?

—R. El cambio es aún reciente, del 2010. Pero sí que se ha producido una incorporación bastante notable. La mujer tiene una participación menor en la masonería:no llega al 20 % a nivel global en las estadísticas que se han hecho. Hay un desequilibrio importante. Sin embargo, en nuestro caso, a pesar de lo reciente del cambio, se han incorporado en poco más de un año y medio unas mil mujeres.

 Vigencia de la masonería

¿Qué significa para vosotros, en vuestra vida, ser masones?

—J. Para mí, significa reunirme con un grupo de gente que yo sé que va a escucharme aunque no estén de acuerdo conmigo. Que sé que no van a ridiculizarme, ni a ultrajarme, ni a insultarme por diferente que piense a ellos, sino que van a escucharme. Y dentro de ellos puedo crecer muchísimo, porque todos somos diferentes, cada uno pensamos y opinamos diferente,y cuando uno está solamente en un lugar y escuchando a los que son idénticos a él, el peligro de ser sectario es muy grande. Creo que estar ahí es un antídoto para no ser sectario, y para escuchar, para crecer y para ser mejor persona en todos los sentidos de la vida. Puedo aportar algo y puedo aprender mucho, que me ayudará a aportar algo más.

—R. Mi manera de verlo ha sido siempre la de ser en cierto modo un combatiente por determinados valores en los que creo. Yo tengo una visión de la masonería en la que la masonería tiene que ser un punto de apoyo para la pelea que uno hace cotidianamente en los actos más sencillos por una sociedad diferente. Para mí, la masonería no es tanto un ariete como un sostén, un apoyo.

—¿Habéis leído La masonería femenina en España? ¿Qué os ha parecido?

—R. Sí. Le dediqué un comentario en mi blog. Yo lo veo bien en el sentido de que empiece a aparecer en España literatura sobre masonería un poco seria. Nuestro problema es que lo que hay hasta ahora es, en general, o bien malas traducciones, o bien un filosofismo mal entendido que emplea un lenguaje inasequible que complica mucho la difusión del pensamiento masónico. Trabajar sobre nuestra historia, que realmente es muy rica, y sobre el peso que han tenido muchas personas en la historia de nuestra comunidad y de nuestro país, me parece digno de alabanza. El libro me ha gustado. Explica, precisamente, cómo ha sido el proceso de incorporación de la mujer no sólo a la masonería femenina estrictamente, sino a la masonería en general; y me ha gustado el repaso histórico que la autora ha hecho, a través de biografías de mujeres que han aportado muchísimo a la defensa de esos tres valores fundamentales: la libertad, la igualdad y la fraternidad. La implicación, poniendo la cara y arriesgándolo todo, de todas esas mujeres, fue enorme. Todas se jugaron mucho; algunas, muchísimo.

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Rosario de Acuña

—J. Es bueno que se les haga justicia. Son mujeres que están ocultas, escondidas. Rosario de Acuña, mismo. Rosario tiene obras de teatro que no te puedes ni imaginar lo vigentes que siguen siendo hoy. Nadie se atreve hoy a llevarlas, pero sería impactante. Vendrían los de Intereconomía a quemar el teatro. (Risas). Padre Juan… No entiendo que no se hagan películas sobre esta mujer. Que fuera la primera mujer invitada al Ateneo de Madrid, que tuviera amistad con Pérez Galdós y con tanta gente importante, ¡y que no la conozcamos!

—R. Siempre decimos que si esta mujer hubiera nacido francesa, se harían películas de ella como se hacen de [la famosa masona y anarquista francesa, figura clave de la Comuna de París] Louise Michel. Pero era de Pinto…

—Me pareció fascinante la historia, que no conocía, de Hildegart Rodríguez. Me quedé absolutamente anonadado.

—R. Fíjate, el primer encuentro que tuve yo con Hildegart fue en las memorias de Santiago Carrillo. ¡Carrillo la conoció! Es una historia tremenda, cómo a Hildegart la moldea la madre y la propia madre la mata…

—Una cosa; tampoco estáis en contubernio con el comunismo y el judaísmo internacionales, ¿no?

—R. No, tampoco. (Risas.)

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5 pensamientos en “Los masones no huelen a azufre

  1. citan a la RAE, al comienzo…y ya dejó de ser “lo que era”….en su calidad idiomática, como libro de consulta…..como muchas instituciones…

  2. La masonería tiene sus rituales y sus leyes. Han sido siempre muy astutos y organizados, dicho sea de paso , ahora que hay un exceso de mujeres es cuando les abren las puertas de sus logias olvidándose de todas las mujeres asesinadas en otras épocas mujeres destacadas que lucharon defendiendo subrepticios ideales. Bueno al fin y al cabo es parte de su metodología como la del policía bueno policía malo. Mientras uno te llena la cabeza de elogios y bondades (PB) el otro esta estudiando como poder invalidarte (PM) o destruirte de ser necesario. Eso es lo que hicieron con los indígenas de toda America masacraron hombres, mujeres, y niños y asta los convencieron que le daban la independencia del español mientras los dejaban atrapados en sus redes.Hoy aun no ha concluido vuestra dominación nos siguen hostigando a trabes de los transgénicos y los aparatitos electrónico y cosas intangibles como los prestamos, la droga, etc,etc.

  3. ¿A ver? ¿Cómo fue? ¿Quiere decir que la masonería ha puesto en marcha los “aparatitiso electrónico”, las “cosas intangibles como los préstamos” ,”la droga”, etc, etc.? Hay que leer con menos prejuicios, hombre, y enterarse de que precisamente los padres de las patrias americanas fueron francmasones, comenzando por Simón Bolivar y terminando por José Martí.

    • Y que me dices de Hidalgo, Morelos y Juárez que impulsó las leyes de reforma en México, suprimiendo los privilegios del clero cosa de la cual aún no se reponen y siempre lucharán por regresar a sus fueros esta batalla sigue y la Masonería siempre está alerta para no dejarlos pasar por representar lo que ellos representan.

  4. Creo que la inclusión de las mujeres en la Masoneria viene a enriquecer nuestros trabajos, sus ideas y su constancia son elementos fundamentales, opino que las logias debieran ser mixtas para lograr una conexión ente mujeres y hombres masones (as) que vengan a refrescar nuestros trab.’.

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