Jorge Alonso

B.S.O.

«Me desperté llorando al amanecer, y miré al cielo. El aire estaba en calma y las hojas caían ¿Puedes decirme por qué?

Bueno, no sé cuál es la razón, no sé qué decir. Pero parece un día normal, y debo vivir mi propia vida. No puedo perder el tiempo. Pero te rondan cosas extrañas por la cabeza»

Just a normal day, de Supertramp.

En esos veintitantos minutos iniciales de Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998) que han pasado a la historia del cine bélico en general y a la del cine raso en particular, no hay música. No hasta que cesan los disparos. Entonces una suave y elegante melodía nos acompaña a través del horror de Omaha Beach, entre cuerpos destrozados y peces muertos salidos de una mar roja hasta ver el cadáver de un Ryan tendido boca abajo. No hay música, solo el zumbido de las balas, explosiones, órdenes, gritos desesperados. Vida y muerte.

Una de las peores diferencias entre el cine y el mundo real es la falta de banda sonora. De banda sonora espontánea quiero decir. Por supuesto usted puede ponerse los auriculares y disfrutar de su música sin que nadie le moleste, más o menos. Pero me refiero a banda sonora cinematográfica. Sin auriculares y situada estratégicamente en la trama diaria.

Por ejemplo, usted camina por la ciudad, pleno centro, hora punta, los pasos de cebra atestados, las luces de los semáforos titilando, hace frío, hay vaho en los labios, incluso algún cigarrillo. Qué suene el Crossdown Traffic de Jimi Hendrix al menos, qué ese infierno se convierta en poesía urbana y usted en un héroe de nuestro tiempo sobreviviendo en la feroz jungla de asfalto.

El verano ha llegado y es el momento de correr por las calles, usted es una o un adolescente, por supuesto, despreocupado que se dirige con el grupo de amigos y amigas a pasar el día en la playa, con botellas varias y comida breve, baja las ventanillas y de la nada suena potente Wouldn´t it be nice de los Beach Boys.

En la cama, entre sábanas revueltas que no cubren nada (es una producción europea) está a punto de empezar lo que apenas acaba de terminar, esta vez menos fiero, esta vez más despacio, más delicado, esta vez para durar, para empapar. Y poco a poco, de la persiana entreabierta por la que se cuela la luz naranja de la calle, comienzan a sonar los acordes del Glory Box de Portishead.

Hace ya más de tres horas que debería estar de vuelta en casa, pero este bar no tiene luces que vengan de fuera, tiene música alta, tiene el tiempo parado en una noche perpetua, extasiada, inacabable. No hay leyes aquí, hay bancos en las esquinas, hay colas en los baños, hay chicos sonados y chicas aguerridas, la música no importa, hasta que suena Nightclubbing en la voz de Iggy Pop y todo encaja.

Ella se ha ido y usted mancha con su aliento la ventana que da a los edificios de enfrente, sujeta un vaso entre las manos, que bien podría ser un té, pero en ese momento no lo es. Duele, por dios que duele. Y todo ese dolor se perdería si no sonara Love Theme de Vangelis del mismo modo que suena en Blade Runner.

Es de tarde y él no va a estar en casa. Llevaba meses agrietándose y al fin se rompió. ¿Y sabe qué? En realidad no le necesitaba ya, no necesitaba sus excusas en el teléfono, sus camisas esparcidas, su sexo ocasional. Bien alto y bien fuerte Pj Harvey y su Good Fortune asienten desde el suelo.

A veces no hay como mirarse en el espejo para ver alguien en su misma situación, a veces lo mejor es revolcarse en el dolor. Era alguien que ascendía hacia el ideal y que ahora vaga rumiando su mala suerte. Pero diablos, podría ser peor, podría no tener nada que echarse a la imaginación, podría comer piedras y beber arena como sigue ocurriendo en el mundo que no sabe de la crisis, podría estar a la puerta del súper con la mano extendida, podría estar buscando comida en los contenedores, podría estar suplicando por una moneda. Cadenciosa suena Brother can you spare a dime a la manera de Al Jonson.

Sí, todo sería más digerible, más pleno, mejor, si nuestras vidas tuvieran banda sonora. Claro que la suya se cruzaría con la de en frente, o tal vez se coordinaría y tendríamos un musical ¿se imagina? Desde luego sería bonito extinguirse escuchando Paris Texas de Ry Cooder, o el famoso Adagio for Strings, op 11 de Barber, o la encantadora melodía de Memorias de África que  John Barry nos legó. Pero bueno, eso ya  lo dejó claro Jimmy Markun (Sean Penn), en Mystic River.

Morir muere uno solo.

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Un pensamiento en “B.S.O.

  1. Hay una extraña -por lo realista- pelicula, Panic in needle park, primer papel protagonista de Al Pacino, en el que interpreta a un yonki neoyorquino de los años 60 o 70 del siglo XX. No tiene banda sonora, no suena ninguna musica en esa vida marginal y rutinaria de chute y calle. De vueltas a la plaza esperando al camello. Dicen que Coppola lo escogió para El Padrino tras verle en este papel. ¿Y por qué te cuento esto? En realidad no lo se, solo que al leerte recordé esa pelicula filmada como si fuera un documental y sin musica de fondo.

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