Pablo Batalla Cueto

Asturhaikus: Miguel Mingotes en el Antiguo Instituto

2011-12-31_IMG_2011-12-24_01.02.25__7690824Una paradoja de la ciencia es la relación que existe entre lo subatómico y lo macrocósmico. El estudio de lo primer permite conocer mejor lo segundo. El neutrino, inquieto y minúsculo, y la galaxia,  gigantesca y fija, están interconectados. Con Miguel Mingotes (Gijón, 1958) y su obra sucede algo parecido. Mingotes es un hombre grandote, bonachón, afable y exquisitamente educado. Sus poemas, sin embargo, son infinitesimales y son afilados y puntiagudos como aguijones. Trea advierte, en la solapa de la tercera antología de poemas suyos que acaba de publicar, que son «inclasificables». Tal vez lo sean, pero yo me voy a atrever a ubicarlos en el punto exactamente intermedio entre la mordacidad aforística de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna y la sorna asturianísima de los cómicos de Terapia de Grupo. Los poemas de Mingotes, escritos en ese asturiano desgreñado y mestizo que todos hablamos, horrorizaría a un académico de la Llingua y algunos llaman amestáu, son algo así como haikus japoneses hechos pasar, como los concursantes de aquel programa de la tele que se llamaba Lluvia de Estrellas y presentaba Bertín Osborne, a través la cortina de niebla de la boca astur del túnel del Negrón. «Díjoilo el invierno a la primavera escoge: “O toño o yo”» es uno.«Quise escribir, llamé a les muses, salió una voz: “Nuestras líneas están ocupadas; por favor, permanezca a la espera”» es otro. Mingotes los llama«ocurrencies» o «coses míes», que es el título bajo el cual se asoman sus asturhaikus todas las semanas a las páginas del diario El Comercio, siempre acompañados de una fotografía elegida con idéntico sentido de la travesura al que crea los versos. Este otro asturhaiku se titula «Mar arbolada»: «A la mar fui por naranjes»; o «Anunciu de pisu en el Lejano Oeste»: «Dos habitaciones, cocina, baño, saloon.»

ilusion-21122011Mingotes ha hecho de esta particular manera de ser poeta su vida. Con Trea ha publicado ya tres antologías, correspondientes a los años 2000 a 2004, 2004 a 2008 y 2008 a 2012. Ha realizado, también, dos exposiciones de Ocurrencies en el museo Evaristo Valle (1999 y 2003). El mismo lugar albergó en 2000 y 2003 una muestra de otra curiosa faceta del minimalismo mingotesiano: sus Nacimientos, especie de belenes conceptuales con pastores fotógrafos y Vírgenes Marías de la plaza de Mayo. Mingotes es poeta y nada más que poeta, pero él justifica esta clase de escapaditas artísticas recordando que los sentimientos poéticos se pueden expresar a través de las cosas tanto como a través de las letras.

El próximo sábado 22 de diciembre presentará en el salón de actos del Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón esta tercera antología de «coses suyes». Los dos precedentes invitan a pensar que Mingotes no dejará, en su intervención, aparcado fuera ese ingenio pícaro que caracteriza a todas sus criaturas. Que no será un acto protocolario e insulso. La cita es a las ocho de la tarde. Para que las llamas del fin del mundo profetizado por los mayas no arruinen la velada, recemos este «riegativa» que propone el propio Mingotes: «Santa Madre de Dios, riega por nosotros.»

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