Marcos García Guerrero

Néstor Villazón: «Existe algo más en un libro que la mera lectura de lo que lleva impreso»

NéstorSi se conoce a Néstor Villazón, escritor asturiano (Gijón, 1982) afincado en Madrid, puede parecer una persona a la que le falló su tiempo. De maneras suaves, gesto elegante y conversación profunda, resulta un personaje anacrónico en la España de Rajoy y Gran Hermano. Pero tras su mirada soñadora y sus modales reposados, se esconde una voz lúcida con una sensibilidad especial para analizar el tiempo que le ha tocado vivir y que no desdeña género alguno para dialogar con el mundo y hacernos partícipes de esas conversaciones.

Filólogo de carrera (Universidad de Oviedo) y librero por necesidad, es autor de la obra teatral Democracia, con la que obtuvo el Premio Lázaro Carreter 2009,concedido por la Asociación de Directores de Escena de España, el galardón más importante en la escena nacional de jóvenes dramaturgos. Acaba de ser elegido finalista del certamen teatral La Jarra Azul con su obra Your dementia, que será publicada el próximo año, y es autor del poemario Melville en la aduana (finalista del Primer Certamen LVR Ediciones, 2011), de diversos textos y adaptaciones teatrales, y ha participado en varias antologías. Es redactor de la revista teatral La Ratonera, reseñista en Clarín, coordinador de la sección de literatura para la revista Páramo y colaborador en el programa Con tres sentidos de la Televisión del Principado de Asturias.

Vitruvio Ediciones acaba de publicar su nuevo poemario, Otra maldita tarde de domingo, que lo confirma como uno de los jóvenes talentos de las letras asturianas. En NEVILLE hemos aprovechado para charlar con él. 

-¿Qué nos vamos a encontrar en Otra maldita tarde de domingo?

-En principio, una poesía bastante cercana al lector, a su día a día. Siempre me ha gustado ese diálogo secreto en mis lecturas, cuando el autor busca una complicidad y se muestra franco y sincero.

-¿Cuáles son tus principales referentes?

-Hay muchos. Rilke, Benítez Reyes, Luis Alberto de Cuenca, Rosales, Villena, Roger Wolfe (de quien tomo el título partiendo de unos de sus versosSin embargo, la decisión de escribir este poemario y de esta manera no parte curiosamente de la poesía. Fueron gracias a las lecturas de Bolaño (especialmente la primera parte de sus Detectives salvajes) y a mi cambio de residencia a Madrid, especialmente a sus bares, como pude ver otras formas de escribir y recitar poesía.

-¿Con qué autores, pese a su fama o importancia, no has conseguido conectar como lector?

-También hay muchos. Creo que es tremendamente complicado que alguien sea un referente real en poesía, más allá de los premios que pueda haber tenido, el ornamento literario, digamos. Y luego está el paso del tiempo. Normalmente un poeta es recordado por unos pocos poemas (con suerte) y la anexión a alguna generación. Por poner algún ejemplo, me parece evidente que Juan Ramón escribió demasiado, que Alberti es tanto en poesía como en teatro la sombra de Lorca, de Neruda rescato tres poemas de Veinte canciones de amor…y dos de Crepusculario, Benedetti nunca me ha atraído… Pero es que tampoco se libran los que admiras, porque siempre hay algún momento en el que esa idea inicial de la que partimos todos ha sido repetida demasiadas veces.

otra maldita tarde de domingo

-En literatura, el fenómeno best-seller trasciende las barreras, digamos, intelectuales para alcanzar todo de tipo de públicos, en muchos casos no lectores. Sin embargo, la poesía sigue siendo un terreno que quizá por su propia naturaleza, y pese a contar con grandes nombres reconocidos por la cultura popular, sigue estando asociado a una minoría. ¿A qué crees que se debe?

-Creo que a su falta de narratividad. Una persona que no lea habitualmente puede acabarse el último de Ken Follet en cuatro días, porque la historia le engancha gracias a una prosa clara y una estructura muy manida, pero eficaz. En poesía, a pesar de las generaciones, siempre existe una gran heterogeneidad. Por lo tanto, uno tiene que entrar en el juego de buscar, encontrar un mal autor y seguir buscando. Al final siempre aparece una gran voz, en cualquier época y con mayor o menor extensión, pero acaba siendo útil. Pero no estás frente a la narración de una historia, sino dentro de la misma. No es algo superficial y hueco como el best-seller, que por otra parte tiene una función tan beneficiosa como cualquier otro libro, ya que todo tiene un lector y una necesidad.

-Te cito: «se mecen en la angustia y la desesperación. / ¿Ésa es la bohemia? Entonces / no hablamos de bohemia: es dedicación / a todo aquello que añade un lugar inesperado». Parece que en un mundo como el actual, en el que se privilegia el pragmatismo fente a la incertidumbre de la creación humanista, es más necesario que nunca luchar contra clichés despectivos como los del poeta bohemio y maldito.

-Si te puedo ser sincero, ese tipo de luchas son las que menos me interesan. El hecho de que alguien catalogue a los poetas de ese modo creo que es un asunto menor. Es evidente que no es cierto. Personalmente me he encontrado a poetas borrachos —que no malditos— abrazando un árbol y recitándole versos; poetas que desayunan con traje y corbata —y que, doy fe, pueden llegar a ser más borrachos y malditos que los anteriores— y luego a la gente «normal». Se suele confundir al autor y a su personaje, el que interpreta en el mundillo literario. El verdaderamente importante es el primero. Lo otro sólo es una máscara que a mí, personalmente, nunca me ha interesado demasiado.

-En el 2009 ganaste con tu obra Democracia uno de los galardones más prestigiosos e importantes de la escena teatral nacional: el Premio Lázaro Carreter. La obra fue publicada por la Asociación de Directores de Escena de España, por lo que pudo ser leída por directores de toda España y captar una atención mediática notable. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Cumplió con tus espectativas?

-Realmente me cambió la vida. Por determinadas circunstancias llevaba meses sin escribir ni leer, y hasta había tomado la decisión de dejar de hacerlo para siempre. Cuando me llamaron, ni siquiera me acordaba del certamen. Ese certamen, y especialmente los integrantes del jurado con su trayectoria, me indicó que estaba en el camino correcto y que debía continuar.

Democracia, Néstor Villazón-En Democracia, bajo el disfraz del sainete y el absurdo, hacías una sutil crítica social y política de nuestro país. ¿Qué hay de eso en el Néstor Villazón poeta?

-Evidentemente es otro el tono, pero la idea sigue siendo la misma. Después de escribir varios textos me sorprendió darme cuenta de que siempre había algo de materia social, que no política. Lo que ocurre en las altas esferas me importa lo justo para defenderme de sus ataques. Lo que de verdad me interesa es la cotidianeidad, el día a día de la gente, sus alegrías y temores más allá del engranaje político.

-La lengua asturiana tiene uno de sus mayores bastiones reivindicativos en la poesía. Como autor asturiano, ¿cuál es tu relación con ella?

-Como siempre, hay algo bueno en todas partes y todos los tiempos. He leído a autores como Martín López-Vega, Xuan Bello, Milio Rodríguez Cueto, Sofía Castañón… Hay en ellos y otros muchos versos necesarios que merecen ser conocidos.

-Ahora mismo eres librero, aunque, como tú mismo aclaras, lo eres por necesidad. No obstante, los libros forman parte esencial de tu vida, y tu posición desde dentro del negocio te hace tener una visión privilegiada del asunto. La crisis económica, la irrupción del e-book…: ¿hacia dónde nos dirigimos?

-En principio a una comunión entre el libro impreso y el digital. Lo que ocurre es que se está precipitando el dominio del segundo por motivos como la crisis o el ahorro de espacio en los hogares. Si una persona se ve angustiada económicamente y le ofrecen un surtido enorme de libros gratuitos para descargar, no va a acudir a la tienda. Reconozco que llevo en el móvil a Camba o a Quiroga, pero sólo es para leer algún fragmento mientras voy en el metro a trabajar. Hoy por hoy, me resisto a leer en el mismo formato El lazarillo de Tormes y el último libro de Diego Doncel. Creo que existe algo más en un libro que la mera lectura de lo que lleva impreso. Es como si bebes vino en una jarra de cerveza o en una copa. Creo que era Unamuno quien decía que un mismo libro, leído con una apariencia distinta, son dos libros distintos.

-Claro. Leer a Pessoa o Ángel González en un e-reader parece algo antinatural.

-Para un buen lector de poesía creo que debe de serlo. No es lo mismo bajarte a Pessoa y leer unas páginas, mantener el dedo pulsado para crear una marca y volver a «inicio» que acudir a librerías de viejo y encontrar una edición antigua de Áspero mundo. Otra cosa que se pierde es la intimidad, la empatía con el lector. La edición que tengo de Palabra sobre palabra de González me la firmó él mismo durante un recital que dimos en su honor en Oviedo. Y ahora ya no está. Pero está. Esta despersonalización creo que puede llegar a que estemos en el salón de nuestra casa en pijama, encendamos el ordenador y nos conectemos a «Presentación del último libro de Roger Wolfe», por ejemplo. Entonces abrimos una ventana y vemos al editor del libro comiendo un croissant en la cocina de su casa, que a su vez pincha y da paso al presentador del acto en su habitación con un café, que a su vez da paso al autor que se acaba de levantar. Son tres ventanas abiertas en el ordenador y ninguna persona presente. Creo que resulta curioso que el apoyo a la multiculturalidad de la globalización que estamos viviendo conlleve también el que nos alejemos cada vez más los unos de los otros o, más bien, que nos encerremos en nosotros mismos.

-Antes hablabas de tu llegada a Madrid. Como muchos otros asturianos, te has visto forzado a salir de tu tierra en busca de unas oportunidades profesionales que no encontrabas en Asturias. ¿Cómo está siendo la experiencia?

-Positiva. Asturias es un lugar maravilloso para vivir, con un altísimo nivel de vida. Pero en mi caso necesitaba conocer ciudades más grandes. La vida que desprende un lugar en el que nadie es de ninguna parte, donde ves situaciones que son un abanico continuo de historias por contar y especialmente la sensación de inquietud por saber qué va a pasar, para mí era algo vital. Después de varios años, la conclusión es que Madrid puede ser capaz de lo mejor y lo peor en el mismo día.

-¿Y cómo se ve el panorama de las letras asturianas desde Madrid?

-Bien y mal. En Madrid residen muchos artistas asturianos con los que puedes reunirte eventualmente y charlar sobre la situación de Asturias. Por un lado surgen nuevas voces, nuevos proyectos, pero también se ven dramáticos recortes en cultura , que al fin y al cabo es educación, y por tanto riqueza. Quiero decir, nadie está obligado a leer un libro, ir al teatro o acudir a una exposición: es otra forma de ocio, sólo que conlleva algo más. Lo importante es que no se le quite a la gente el poder de elegir y crecer.

-A tu condición de poeta y dramaturgo hay que sumarle tus trabajos como redactor y crítico en revistas y programas televisivos y radiofónicos culturales. Cada género tiene su lenguaje propio. ¿Hay alguno en el que te sientas más cómodo, o ves todos ellos como formas igual de válidas para expresarte?

-Siempre he creído —y las opiniones de los que me conocen así lo dicen— que me expreso mejor por escrito que frente a una cámara. Uno puede dejarse llevar, volver sobre lo que ha dicho, rectificar… Para todo lo demás hay que poseer el don de la oratoria, del que generalmente carezco para asuntos serios.

-Ejerces de crítico teatral y literario. ¿Qué función crees que tiene la figura del crítico en el mundo de las artres? ¿Es realmente necesaria?

-Es necesaria por varios motivos. Si es una buena crítica, puede ser una guía para quienes la leen o una buena labor de promoción. Para el primero de los casos sólo hay que fijarse en las reseñas de Abc, El Mundo, La Vanguardia o El país, ya que ese mismo día se venden un mínimo de siete ejemplares en la librería; para la segunda tenemos la tan codiciada Cinquenta sombras de Grey, trilogía de novela erótica de la que nadie sabía hasta que se colocó de anuncio en unos autobuses bajo el lema «La novela de la que todo el mundo habla». Ahora la trilogía ocupa los tres primeros lugares de los más vendidos. La crítica puede servir para descubrir a un nuevo autor o un tema que necesitas conocer, conocer a ese autor que admiras en otras parcelas literarias, conocer esa parcela literaria para que te sea útil en tu trabajo y, ya por último, ser la mecha que propicie alguna acalorada discusión entre escritores, lo que al final cumple las cinco funciones anteriores.

-¿Para cuándo el salto a la prosa?

-Llevo tiempo escribiendo una novela que en realidad es un experimento. Luego se me cruza algún proyecto y tengo que aparcarla, o me tomo un descanso después de haber escrito otra cosa, o simplemente no es el momento para continuar. Pero es algo que me apetece y que espero que algun día salga a la luz.

-Háblanos de tus próximos proyectos.

-Ahora mismo estoy trabajando en un poemario en el que intento olvidar los temás clásicos de la poesía, con el que pretendo un diálogo con el lector sobre literatura, sus ambientes, sus personajes… Una especie de Antología de Spoon River llevado al escenario literario. Y continuar con lo demás, seguir aprendiendo. Intentar no perder la ilusión.

Tres poemas de Otra maldita tarde de domingo

Memorias del tiempo presente

Cuentos mis días por los libros

que no he escrito, las mañanas de derrota, los paraísos siempre artificiales.

Voy calmando mi sed de plenitud

acrecentando mi sed de vanidad,

vivir un día más

para tener un cigarrillo menos.

Vamos. Date prisa. Te espero

para subirnos a la monotonía.

El olvidado

No añores tru patria, hazte fiel

sin ser de ella. Y así, recuerda aquellos gritos

que amansaron este momento.

Piensa en quienes los hicieron.

Piensa que solo es eco

de lo que otros querrían haber sido.

Piensa cuál es tu grito y cuál es tu lamento.

Piensa en lo que te han ordenado ser y por

por qué debes gritar.

Piensa en aquello que eres.

Y grita.

Mañana hablaremos de quién escucha.

Lástima

Llamadle miedo, rencor, asco,

versos de un poeta anodino,

dolor de muelas, estar jodido,

el fogoso candil de una mañana inesperada;

manchas en el abdomen,

dolor de pies, de espalda, fuerza

o cansancio, no ver

los cadáveres, libertad,

suicidio, derrota o apariencia.

Llamadle

como queráis,

pero eso sí, no me negaréis

que pese a ser una putada ahora,

si ha sido feliz e intensa,

con el calor de una familia que te quiere y

la sensación de no tener que demostrar

nada a nadie, la infancia

es el mayor de los logros preconcebidos.

Lástima.

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