Pablo García Guerrero

Un grito callado. Sporting 1, Huesca 0

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Fotografía de El Comercio

Last Christmas, I gave you my heart, tararí, tararí, cantaba George Michael en El Molinón cuando ya el árbitro se había ido tan contento y Nacho Novo, con la camiseta del Sporting del revés, seguía abrazándose con sus compañeros de antes, se quedaban las almohadillas tristes y desmadejadas en los asientos de la grada y, apretados todos para salir, que el día que pase algo, pensaba el pueblo en la cena del Inem o el regalín pa la moza.

Tararí, tararí, but the very next day, you gave it away, tararí, tararí, dos días llevo con la melodía, pues igual el Sporting, que en un año le entregó su corazón a cinco entrenadores, pero el corazón le fue a fallar a uno di noi, puta vida, y así está, con el corazón de ida y vuelta, a ver si alguien se lo queda un tiempo y le da un cariñín.

Hace un año el Sporting estaba en Primera, en puestos de descenso, y todo muy malamente. Entrenaba Manuel Preciado y, sí, no me vengáis con historias, lo queríais echar. El proyecto estaba agotado, los fichajes no funcionaban, se repetían los errores de siempre y esta vez no apareció el dealer con su dosis de metanfetamina para salvarnos. Los jugadores se iban a la Pola el domingo después de perder calamitosamente, se tiraba un año más la Copa y, sí, también el menda, lo suyo era dar una sacudida, un golpe en la mesa, un volantazo. Dice ahora Vega-Arango que fue Preciado quien se quiso ir. Y tiene sentido, desde su respeto al club: si el problema soy yo, me llevaré mi corazón a morir frente al mar. Pero no dice Vega-Arango que todos estaban por la labor, y menos aún que no había plan alternativo. O el plan era Clemente desde siempre. El plan de Fernández y Fernández.

Fotografía de El Comercio

Fotografía de El Comercio

Iñaki Tejada, el probe, aguantó un empate en El Molinón y una goleada en Valencia, y pa casa, pero sin plan; vino entonces Clemente a dar lecciones sobre el twitter, el compromiso y el fútbol moderno. Como si una cosa llevara necesariamente a la otra, también se le dio puerta a Emilio de Dios, y ahí ya era todo cagonrós en Mareo, Abelardo de segundo, Nacho Novo ante los leones, Colunga cedido, Manolo, dicen, de jogo bonito en el B, perder bastante, empatar mucho, ganar a medias y bajar como está mandao. No sufrimos mucho. El descenso, Clemente, como Pavese, que vendrá la muerte y tendrá tus ojos, decía, y será la muerte, el descenso, decía en el hotel de Turín, la muerte, decía, será como escuchar un labio ya cerrado, una palabra inútil, un grito callado, un silencio…, decía Pavese: y así, mudos, descenderemos al abismo. Clemente y Pavese en la misma frase, ¿qué haces, loco?, bórrala. Ya está.

Frente al mar murió Preciado en junio, con la selección en Polonia, que la Uefa no les dejó hacer minuto de silencio (¿y si hubiera muerto Pep?). Frente al mar murió Preciado, y contra el mar Manolo, solo en el mar. Sin plan. Sandoval: «El equipo dará miedo en febrero». ¡Ya lu da ahora!

Last Christmas, tararí, tararí, anda, ponla en el Youtube, ese pelazo del George Michael, tararí. Un año más en la historia tosca del Sporting, mientras la fiesta la hacen otros equipos, como en la calle, volviendo a casa, que salen de una ventana abierta las luces y las risas y las notas tararí tararí de una fiesta otra, donde no te dicen ven, sobra farlopa, somos felices, drógate con nosotros, Sporting, que las rayas ya salen con filtro Instagram y nunca más serás pobre.

Fotografía de El Comercio

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Pobre pero con el ERE renovado, el Sporting tiene dentro, sin embargo, latiendo fuerte, grave, un corazón tonto que no se para. Siempre ha sido así y siempre lo será. Amor al club, un corazón que se viene rompiendo siempre, pero siempre late grave y tonto y siempre lo será. Y late por Preciado frente al mar, o por Sangoy, Bilic o Sandoval. Late por la camiseta, late por Gijón y late por el Cantábrico hambriento. Late por atravesar España para verte perder, en los Cármenes con el Mulhacén nevado al fondo, al fondo lates, por el porro que enciende alguien en las segundas partes, lates, por la lluvia y por tu soledad, Asturias, lates, verde lluvia, rojo Sporting, por eso late.

Late fuerte por tu abuelo que te llevó al fútbol, y viendo el fútbol le falló el corazón, güelito, desde la calle Alarcón.

Un año más, Sporting, seguiremos latiendo por ti, aunque no nos escuches.

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