Pablo García Guerrero

Llegó el comandante. Recreativo 1, Sporting 1

1

Fotografía de El Comercio

Con un pinchu de cachopo para la primera parte y otro de patata rellena, calentina, para la segunda, más burbujeantes cervezas, sin vasu, gracias, al Sporting se le fueron pasando sin amargura el partido, la victoria y la húmeda tarde. Con el estómago caliente, pues, y burbujeantes planes para el porvenir, el empate se disolvió más pronto y fácil de lo esperado ante otras cosas a las que uno viene dedicando esas horas moribundas que se deslizan entre partido y partido, que son las horas moribundas en las que se mediotrabaja y se malduerme, se mandan mensajes con emoticonos y se pide cambio para tabaco con un billete de veinte, que te mira mal el camarero, pero te lo da, el cambio, esas horas de ir deslizándose, con la vida, por las cuestas de enero hacia los pozos de Segunda o más allá de los Abismos de la Miseria.

Como un azucarillo (sacarina para mí, y descafeinado de máquina con leche del tiempo, que la mira mal el camarero, pero se lo pone, el descafeinado, a la de al lado), o como un reloj de arena o como la niebla del sábado por la noche, así se le fue deslizando el partido al Sporting hacia la sacarina de un empate que, leeremos, será bueno con la victoria ante el Mirandés del domingo (a esa hora en que estás «destemplau»). Veremos.

De momento, ahí sigues, todo dos puntos más pindio, que son los dos puntos que falló De las Cuevas solo ante el portero, o David, o Mendy, o Trejo, o ese penalti que pitar se puede pitar, pero a nosotros no. Por ese lado de los detalles, y de los merecimientos, y de las ocasiones, y del fútbol, se debía haber ganado de largo. Sí. Pero, por el lado del planteamiento, al cocinero Sandoval le perdió al final lo que le viene perdiendo después de sus dos primeras victorias, allí cuando llegó, que es un amarrateguismo discreto pero constante semana a semana, de quitar, por ejemplo, a Sangoy o de repoblar el centro del campo con un Lora que está lejos de Lora, para, endemás, ni dominar el balón ni cerrar el partido ni matar el tiempo: a la patata rellena y a mí los cambios nos disgustaron levemente, porque, ya digo, calentina como estaba, todo pasaba sin amargura, ¿sabes? Ay, mi patatina, a ver si saquen otra vez la bandeja, patatina, patatina.

Entonces son esos partidos que un equipo de los que suben y ganan cosas encarrilaría primero, adormecería después y remataría justo cuando los locales se empiezan a envalentonar, justo cuando las señoras que enfocaba la tele tapadas con una mantuca a cuadros en la grada ya han acabado las pipas y los chismes del querer y le echan un ojo a lo verde de abajo y a lo mejor le cantan una grosería a uno que pasa por ahí a sacar de banda, y viene como a reverberar la grada vacía del Colombino con un algo de emoción, que hasta casi marcan el 2-1, y piensa uno, cuando ya pasó la bandeja de la patatina, lo mucho que prestaría, como el comandante, marcar ahora y mandar a parar, y se acabó la diversión, señora, todos pa casa.

2

Fotografía de El Comercio

Pero no llegó el comandante, y por eso el Sporting sigue una semana más en ese terreno de nadie que lo mismo da para ser optimista que pesimista, que alimenta igual al iluso que al triste, que una semana te saca de la modorra y a la otra te encabrona el vermut, que te sonríe mucho pero luego te hace la cobra, que te sí pero que te no y luego que te a ver. Haciendo cuentas, mirando el calendario, esperando que saquen otra bandeja de pinchos: malviviendo.

(¿Y la paliza de los chavales a los carbayones?: ¡dame un besu, patatina!)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s