Pablo Batalla Cueto

De Vegadeo a New York. Luis Fega en la galería Cornión

Buca

Luis Fega: Buca

Luis Fega (Vegadeo, 1952) comenzó por bautizar a sus creaciones con los nombres de los ríos, valles y montes de Asturias; cuando se le agotó el catálogo, comenzó a inventárselos. Todos los nombres de los veintidós cuadros de Fega que cuelgan de las paredes de la librería Cornión de Gijón han sido paridos así. Son nombres concisos y sonoros; una única palabra sin significado aparente y con una vaga similitud a las palabras reales. Nombres como Bácora, Trusco, Tumpala, Castel. Fega asegura que cada uno de ellos es fruto de nada más que la casualidad y el azar. Que no son, en absoluto, ventanas abiertas a las interioridades de su cerebro. Miente, claro. Fega ha vivido en París, adonde encaminó sus pasos en los años setenta con el expreso propósito de estudiar las vanguardias del siglo XX. Sabe, cómo no lo va a saber, que existe aquello que André Breton llamaba hasard objectif, azar objetivo, y era la confluencia inesperada entre lo que el individuo desea y lo que el mundo le ofrece. Que existen coincidencias y azares que no lo son en absoluto, incluso aunque el propio autor los tenga por tales. Que el cuadro Buca se llama Buca y Buca se parece a «boca» porque el cuadro Buca no representa otra cosa que una gran boca abierta, aunque a primera vista no parezca más que una especie de tángram de cuadrángulos de colores vivos aderezados con un puñado de garabatos. O que Lincoro se llama Lincoro, y Lincoro es un palabro que tiene resonancias africanas porque se parece a Ngorongoro, porque el cuadro Lincoro es un hermoso paisaje selvático al amanecer. Un ojo profano vería en Lincoro una críptica maraña de formas circulares de colores cálidos, pero nadie ha dicho, por lo menos desde Turner, que los cuadros de cosas tengan que parecerse excesivamente a las propias cosas. Por el Principito sabemos desde hace mucho que lo esencial es invisible a los ojos.

Cosmara

Luis Fega: Cosmara

Luis Fega también ha vivido en Nueva York, y, si uno abre bien las pupilas, tampoco le resulta difícil toparse a la ciudad de los rascacielos palpitando en cada uno de los veintidós cuadros. Quizá alguien dijera una vez que todo hombre se parece sospechosamente a la suma todas las ciudades en las que ha vivido; si nadie lo ha dicho, dicho queda. Y lo que sí está perfectamente documentado es que Buffon dijo una vez aquello de que el estilo es el hombre. El hombre es su obra, y la obra que es el hombre es el resultado de una suma de lugares, de una colección de postales. Cómo no va a estar Nueva York en los cuadros de Luis Fega: está en el sutil entretejido de abruptas geometrías y trazos redondeados que caracteriza a los cuadros y al que tan fácil es encontrarle la similitud con la armoniosa combinación neoyorquina de las aristas de los rascacielos con el sinuoso embrujo del jazz.

¿Y Vegadeo, y Madrid? ¿De qué manera se los puede encontrar en el color negro que es casi la única conexión entre todos los cuadros de la colección, y hace acto de presencia igual en los cuadros más coloridos y optimistas que en los más sangrientos y trágicos? Pues bueno, de Madrid dijo don Mariano José de Larra, y seguramente dijo bien, que «Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta». Y de Vegadeo ningún prohombre de las artes ha dicho gran cosa, pero hay por allí una famosa y antiquísima estela funeraria que reza lo que sigue: «Nicer, hijo de Clustoso del castro de Cariaca de la casa del príncipe de los Albiones, de 75 años, yace aquí». El llanto, la pesadilla y la muerte son ese omnipresente color negro: la dimensión trágica de la vida, el reverso funesto de todas las cosas, que a veces es evidente y a veces lo es menos, pero nunca deja de estar ahí. Ni siquiera en el amanecer de un paisaje africano: siempre habrá un león o un leopardo o cualquier otra bestia parda acechando en alguna parte. Podría parecer una boutade pretender encontrar a Larra o al bueno de Nícer Clustoso desleídos en la pintura de los cuadros de Luis Fega, pero ya se ve que no lo es.

Luis Fega ha dicho en una entrevista reciente que nunca ha pretendido meter el mundo en un cuadro. Tal vez no ha metido todo el mundo, pero sí una buena porción de él. Vegadeo y Nueva York. Lo ultralocal de la mano de lo universal, una vez más. Que sea capaz de hallar la sutil alquimia entre ambas cosas es lo mejor que puede decirse de cualquier autor. De Fega, se puede.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s