Adrián Sánchez Esbilla

Música moderna: sintonizando la radio futura

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Antes de caminar hacia atrás, desandando la música en español hasta sus orígenes, Radio Futura vivió la Música Moderna. Sus referentes entonces eran otros, y su huella sonora anglosajona se prolongaría, disolviéndose en la necesidad de Santiago Auserón de dotar al rock en español de una idiosincrasia propia y no de unas estructuras prestadas a partir de un disco tan prodigioso como La ley del desierto/La ley del mar, donde se incluían las primeras manifestaciones acabadas del sonido futuro que anunciaba desde el principio el nombre del grupo: Escuela de calor y Semilla negra.

Allí estaban los hermanos Auserón inventándose el rock latino; tan fácil de hacer mal, tan difícil de hacer bien. Pero ésa es otra historia que no se va a contar aquí.

Antes de todo esto Radio Futura estaba incrustado en la modernidad inmediata, y ésta era anglosajona; sonaba a la Inglaterra más experimental y al Nueva York sucio con retazos glam, electrónica atmosférica a lo Brian Eno y mucha, mucha actitud.

El grupo se dividía entre intenciones divergentes. Por un lado Herminio Molero, que era el gen diletante, puramente «movidista» del grupo; un agitador cultural que lo mismo pintaba que tocaba los teclado u organizaba lo que fuese. Por el otro, Santiago Auserón, que, sencillamente, quería ser músico. El primero se tomaba el proyecto como un artefacto irónico, de pop warholiano que buscaba una suerte de infiltración en el sistema. El segundo era un buscador de sonidos y un pensador musical que dentro del colectivo Corazones Automáticos había firmado a finales de los setenta penetrantes artículos tanto sobre músico foráneos —Elvis Costello, por ejemplo— como acerca de la necesidad de vertebrar una música pop española, no imitativa ni derivativa. Esa necesidad de evolución y busca que, como a Joe Strummer, el propio Costello o Ry Cooder, ha guiado siempre su carrera.

La Radio Futura original, esa que Hispavox pretendió lanzar como nuevo grupo-fan aprovechando su imagen andrógina y su estilizado atractivo nuevaolero, se miraba (se buscaba) en la postura arty de los Roxy Music de Brian Eno, de los Suicide de electrónica guarra formados por Martin Rev y Alan Vega, en los Talking Heads, que eran el pop con coartada intelectual liderado por otro buscador como el gran David Byrne y en el hedonismo afilado de unos Blondie, el art-punk de Wire, el sonido sincopado de los Gang of Four, los trabajos de Howard Devoto primero en Buzzcocks y luego en Magazine o eso Public Image Ltd. (PiL) con los cuales John Lydon puso a cero el contador del post-punk desembarazándose de la falsificación de los Sex Pistols y la fabricación seriada del movimiento punk.

Radio Futura era la versión española de la new wave internacional más avanzada, unas características compartidas con grupos como Los Zombies o las encarnaciones elegantes de Fernando Márquez, el Zurdo en Paraíso o después en La Mode, pero con unas propuestas que a la larga se revelarían más consistentes aunque al principio abrazasen el humor inconsciente que animaba los discos del momento, fascinados por el diseño, los mundos plásticos, las mixturas de vulgaridad y sofisticación y la artificialidad del universo pop y artístico.

Música moderna incluía synthpop españolizado, art-punk y new wave al modo intelectualizado de los Talking Heads, con la figura casi tótem de Eno siempre al fondo. De hecho, La estatua del jardín botánico, el sencillo con el cual Radio Futura se refundó tras la salida de Molero y el definitivo liderazgo de Auserón, es una atmosférica pieza muy deudora del fundador de Roxy Music; lo cual demuestra que en el grupo hubo una continuidad lógica, una evolución estilística que no rechazaba los orígenes e influencias, sino que los integraba en la propia poética de Auserón, aunque éste se apartaba de los coqueteos electrónicos en favor de un sonido orgánico, carnal. Paradójicamente, al alejarse de la new wave, o al personalizarla más bien, Radio Futura se convertirá en la verdadera nueva ola española.

Pero Música moderna también es ese tono de «a la española» con el cual Auserón no terminaba de sentirse cómodo. Lo cual hace hasta entendible que el grupo se desentendiese de aquel disco único llegando a sacarlo de su discografía oficial, aunque al final Auserón ha llegado a reconciliarse con él. Escuchado hoy, es uno de los manifiestos de la Movida: urgente, inconsecuente e irónico.

Provisto una vena maliciosa —ese Enamorado de la moda juvenil infeccioso y equívoco a través del cual se satirizaba la realidad moderna circundante— que escapaba, por clase, del petardeo imperante. Los Radio Futura eran ya algo más que un grupo desechable que primero conseguía el look apropiado y luego ya si eso hacia algunas canciones. Además, contenida en una reformulación del clásico glam de Marc Bolan Ballroom Dance, el disco se afilaba con la frase que encapsulaba la Movida: «estuviste en Kaka de Luxe, pero no te oí cantar».

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3 pensamientos en “Música moderna: sintonizando la radio futura

  1. Pingback: El amargo sabor de La Movida | NEVILLE

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