Adrián Sánchez Esbilla

Cuestión de método. Jornada 20

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La segunda vuelta comienza del revés. Como en el Mundo Bizarro de Superman, donde «hola» se dice «adiós».  Menos para el Atlético, que sigue instalado en la trabajada realidad de volver a ser un equipo de fútbol. Tiene un objetivo claro, no un serie de aspiraciones difusas y poco creíbles, y ha redescubierto su manera de lograrlo. La regeneración emprendida por Simeone no se ve afectada ni siquiera por la lesión de Falcao.

Al Barcelona se le suelen dar mal los eneros y se la suele dar mal Anoeta. Pero no perdió por esas cábalas esotéricas; perdió porque se dio una circunstancia al tiempo más fantástica y más mundana: la Real jugó mejor y se impuso a través del fútbol.

El Barça para ganar necesita imponer su método, consistente en someter al rival por medio de la posesión. Los de Montanier, equipo emergente en las últimas jornadas, cortocircuitaron el método, impidiendo con ello el objetivo.

La Real desactivó la continuidad en el juego con la que el Barcelona ultima a sus rivales. Sus partidos suelen parecer muy jugados y a los contrarios se les hacen terriblemente largos por la ausencia de interrupciones. Esta impresión se basa en que el Barça limita al mínimo las interrupciones: pocas faltas, pocos fueras, mucho balón en juego, todo lo que se pueda.

Pero los realistas no se rindieron al ritmo obligatorio y buscaron el suyo propio. La otra novedad fue que nunca se dejó ir, no se rindió al hábito pese a ese 0-2 de inicio que por lo común indica a los rivales de los blaugranas que toca poner el piloto automático y pensar en la jornada siguiente. La Real Sociedad pensó siempre en el partido que estaba jugando. Y al final lo ganó.

Lo extraño de todo esto, lo malsano de esta seudocompetición es que un hecho que debería ser posible se convierte en un suceso tan singular como el paso del cometa Halley.

El Real Madrid también tiene su método, que, aunque sea opuesto, no deja de ser válido y hasta bello en ocasiones. Lo que pasa es que la suya es una belleza feroz, de documental de animales. Un cortejo violento e inmediato que asusta un poco. Y como esta temporada todavía no lo habíamos visto, pues asusta más.

Durante demasiado tiempo Mourinho ha estado distraído y distrayendo, entretenido en ese ego ciclópeo suyo. Pero en Mestalla todo volvió a ser como fue. Ayer se vio un partido de la temporada pasada, con un equipo enfocado, afilado y voraz. Fueron 45 minutos de Violent Love, como la canción de Dr. Feelgood, pero en una versión reprise. R’n’B con el pedal apretado, tres compases y una melodía trotona. 0-5 y hasta la Copa.

Fue una bonita jornada de espejismo en mitad de este desierto competitivo. Aunque también quedan novedades más tangibles y felices como la esforzada resurrección del Español, un equipo que no merecía su situación, esa gran notica permanente que ya es el Valladolid de Djukic, aunque la lesión del fantástico Ebert provocará algunos problemas. Veremos.

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