Pablo Batalla Cueto

Esto es Rusia, Elisabeth. David Kirchen en el Ateneo de La Calzada

Free Pussy Riot

Todo el mundo la conoce, pero muy pocos recuerdan su nombre. Se llamaba Elisabeth Martínez. Fue Miss Melilla 2001 y la protagonista de un famosísimo hito cómico de la historia de la televisión en España. Cuando, en el certamen de Miss España de aquel año, en una absurda ronda de «preguntas culturales» (que viene a ser el equivalente de aquella columna de «personalidad» que adjuntábamos en los ránkings de puntuaciones de tías buenas del instituto a las de «culo», «tetas» y «cara» para no parecer unos cerdos), cuando en aquel certamen, digo, el embajador de Rusia preguntó a la zagala qué sabía de su país, la tal Elisabeth respondió la siguiente célebre genialidad: «Es un país donde vive gente maravillosa, que ha habido en el tema de política algunos cambios, y no sé mucho más

De alguna manera, la obra de David Kirchen (Gijón, 1991), de la que la exposición que alberga el Ateneo de La Calzada de Gijón hasta el próximo 31 de enero es una pequeña muestra, es un homenaje a la memoria de aquella infortunada Miss Melilla 2001 a la que la tierra parece haberse tragado. La exposición se titula Razgovor —«conversación», en ruso—, pero podría perfectamente titularse Esto es Rusia, Elisabeth.

Razgovor es un proyecto ambicioso que comienza con una fábula. Cuenta el cuento que, en 1947, un padre severo y una madre doliente dieron a luz a ocho hermosas hermanas. El padre se llamaba Iosiv Stalin; la madre, Rusia. Las ocho hermanas fueron ocho rascacielos, siete, en realidad, pues la octava hermana nunca llegó a nacer, diseñados para conmemorar el octavo centenario de la fundación de Moscú, que se celebraba aquel año 1947, y que fueron construidos a lo largo de los años cincuenta. Son la Universidad Estatal de Moscú, el Hotel Ucrania, el edificio del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, el edificio de la plaza Kúdrinskaya, el edificio de viviendas en Kótelnicheskaya Náberezhnaya, el Hotel Leningrado y el edificio de la plaza de la Puerta Roja.

Las Siete Hermanas —así se los pasó a conocer— pasaron rápidamente a ser parte indispensable del skyline moscovita, pero también se convirtieron en un incómodo monumento a la barbarie estalinista. Muchos creen que, como a las Siete Maravillas del mundo, también a las Siete Hermanas Rusas ha llegado el momento de renovarlas. Que es preciso elegir Ocho Nuevas Hermanas para mejor representar a la Rusia del siglo XXI.

Kirchen tiene su propia propuesta. En ella, dos de las Hermanas Viejas no se han caído de la convocatoria. La nueva lista no es una lista rupturista, sino una lista de la ley a la ley. Una antorcha nueva encendida con el fuego de la anterior. Permanecen el Hotel Ucrania y la Universidad Estatal de Moscú, y se unen a ellas el Hermitage de San Petersburgo, el Teatro Bolshói, la Casa Blanca Rusa, la catedral de Cristo Salvador, el metro moscovita y una pequeña cabaña de Ekaterimburgo.

Y aquí es donde llega Razgovor. A cada una de las Ocho Nuevas Hermanas, Kirchen la ha bautizado con un nombre ruso. Siete de mujer y uno de hombre. Y a cada una de las nuevas Hermanas, Kirchen le ha otorgado el honor de ejercer de abanderada de una dimensión diferente del poliédrico e intercontinentalmente vasto ethos ruso: Alexandra Cabaña representa la nieve, los paisajes, la tradición, la vivienda, la gastronomía y la fe ortodoxa; María Estatal, la historia y la literatura; Anastasia Hermitage, el arte y la rebeldía; Irina Casablanca, el ejército y la policía; Anna Bolshói, la música y la danza; Alekséi Cristo, el deporte; Tatiana Metro, el terrorismo. Y a cada una de las nuevas Hermanas, convertidas en seductores retratos a la acuarela de beldades de piel pálida y ojos azules, Kirchen las ha hecho presidir cada una de las ocho secciones temáticas de que se compondrá la magna obra pictórica titulada también Razgovor y de la que la exposición en el Ateneo es sólo una pequeña muestra. Razgovor quiere ser una especie de collage o de pot-pourri, de compendio de todas las Rusias, un panorama que preste especial atención a los últimos veintiún años de historia del fascinante y desconocido sexto de la tierra emergida de cuyo fecundo permafrost brotaran Rasputín y Dostoyevski, Chaikovski y la perra Laika, Yuri Gagarin y las Pussy Riot, el vodka y el tetris.  Y quiere ser un collage irónico y canalla, un club con criterios de admisión laxos en el que tenga sitio, por ejemplo, el rostro de uno de esos santos ortodoxos de los iconos enfundado en pasamontañas.

Tal vez cuando termine Razgovor, Kirchen le envíe una copia a Elisabeth Martínez. Tal vez más tarde Elisabeth pueda, por fin, responder adecuadamente a la pregunta de qué sabe de Rusia. Tal vez entonces, relajada y decidida, sea capaz de espetarle a aquel embajador algo así como esto que dijo una vez Churchill: «Rusia es una adivinanza, envuelta en un misterio, dentro de un enigma».

El Ateneo abre de lunes a sábado de 8 de la mañana a 10 de la noche.

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