Adrián Sánchez Esbilla

Prohibido manchar el campo. Jornada 22

Leo Messi Intenta Zafarse De Albelda Y Matthieu En El Partido De CopaHace tiempo leía en la revista Rockdelux una entrevista con el pope del hardcore norteamericano Ian MacKaye, fundador de bandas legendarias como Minor Threat y Fugazi, en la cual explicaba por qué nunca habían rodado videoclips y se habían negado a aparecer en la MTV. MacKaye decía que si coges un enorme cubo blanco y lo salpicas con un poco de mierda, ese cubo, por más blanco que sea, estará manchado. En cambio, si tomas otro cubo igual de grande de mierda y lo salpicas con pintura blanca, eso no convierte al cubo en blanco. Es decir, la mierda siempre se impone.

La prensa deportiva española es un enorme cubo de mierda con algunos salpicones de pintura blanca. Que después de un vibrante partido copero como lo fue el Real Madrid-Barcelona, lleno de todo lo que es el fútbol, el folclore termine por comerse a todo lo demás es otra capa de mierda. Que uno estudie o quiera dedicarse al periodismo y se descubra siguiendo la trayectoria parabólica de un lapo de Messi es otra gran capa de mierda. Pero nada extraña en este país enmierdado en el cual su presidente del Gobierno se aparece en un televisor. No era un presidente, era la imagen de un presidente, una realidad magrettiana burlesca y mierdera. Y allí delante se quedaron los periodistas, sin turno ni réplica, sin más voz que la de órgano de comunicación. En lugar de desenchufarlo lo contemplaron, todos ellos, todos nosotros, los de un lado, los del otro, dentro de un gran cubo de mierda.

Y ahora algo completamente diferente.

El Barça está en pleno atasco, destensado después del inicio de una vuelta completa que ultimó la competición e incluso la esperanza de la competición. En el Camp Nou sigue dominando sin problemas, pero fuera de casa anda corto de piernas. En Valencia pesó el partido, gran partido, de Copa en el Bernabeu. Además, el Valencia exigió como en las mejores noches.

El Barcelona pudo ganar, así y todo, del mismo modo pero fiel a su concepción generosa del juego también pudo perder. De algún modo vuelve a parecerse a los del inicio de temporada, un equipo largo, abierto y lanzado, sin ese control devastador sobre el juego de sus grandes momentos. Ha perdido más puntos en tres partidos que en todos los anteriores juntos, no da la impresión de ser una debilidad, sino un privilegio que se ha ganado.

El Real Madrid decidió repetir el pseudopartido que firmó contra Osasuna y ampliarlo hasta la derrota. El Granada obró el sábado el prodigio de gana sin tirar a portería. Un autogolazo de Cristiano sirvió para sacarle al Madrid unos tres puntos que nunca estuvieron tan baratos. Los de Mourinho fueron apáticos, torpes, un equipo desarticulado, con las preocupaciones en otro sitio mientras se quitaba de delante un trámite menor: la Liga.

Hay que recordar que es el vigente campeón y que defiende el título, pero la institución está metida en una lógica autofagocitadora donde una Liga formidable de 100 puntos y 121 goles se ha olvidado como si fuese historia antigua. Peor que eso, la impresión que queda es que esa Liga, otra vez formidable, no fue otra cosa que un accidente en el ciclo barcelonista, una pausa de la que dentro de poco nadie reparará.

El único que aprovecha todo esto es el Atlético, implacable en casa. Por arriba logra mantener el espejismo de no descolgarse, aunque son 9 puntos como 9 soles, mientras por abajo sigue abriendo hueco para garantizarse un pase directo a  la Copa de Europa. Ese mismo que el Real Madrid no quiere y del cual se acordará en verano porque las rondas previas tienen de todo menos glamour. Al menos parece que el Málaga y el Betis se empeñan en no ponérselo todavía peor obligándole a pelear por no caer fuera del cuarto puesto.

vasco

Al otro lado de las alturas la gran noticia es el Espanyol de Javier Aguirre. Reanimado, electrificado, parece un equipo nuevo que condensa todas las virtudes de su entrenador y se ha desembarazado del miedo a perder, que es el camino más rápido hacia la derrota.
La mala noticia la deja un Celta al cual su buen fútbol no salva de trompicar hasta el antepenúltimo puesto. Da la impresión de que la competición se les está haciendo larga y que sus rivales directos están más preparados para la guerra de trincheras, barro y cerrojazos del corte final de la Liga.

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