Víctor Guillot

Kiko Amat: novelas que hacen crack

kiko amat

De la crítica literaria y Kiko Amat

En los últimos años me resulta aburridísimo leer las separatas culturales que hablan de cine, libros o música porque parecen haber sido escritas para otros críticos de cine, libros o música. De manera que no me siento concernido en la mayoría de reseñas que publica la competencia y, como regla general, cuando me sugieren su lectura, suelo apartarme de ellas como alma que lleva el diablo, pues apestan a choto encerrado en un barracón militar, donde al personal le han cambiado el kepis por la pajarita. Es probable que a eso huela la alta cultura de este país, a choto en un barracón militar. Pero la endogamia y ombliguismo de estos tiempos no conoce límites y seguirá sin conocerlos mientras lo permita la industria cultural española, ese monstruo voraz dispuesto a convertir en oro toda la mierda que produce.

La crítica española está muy lejos de invitarte a nada y menos aún a comprar un libro, un disco o una peli. Todo el mundo sabe que las reseñas de las separatas culturales son tan interesadas, rancias, convencionales y efímeras como una mamada a la luz de una farola a las tres de la mañana, hora maldita allá donde las haya. Por suerte, unas y otras se olvidan fácilmente porque suelen ser breves y no conducen a ningún lugar. A lo sumo, logran alojar un estado de culpa que se disuelve habitualmente con una ducha fría.

Pues bien, todo este rollo viene a cuento de Kiko Amat, que publicó el pasado noviembre en Anagrama su última novela, Eres el mejor, Cienfuegos. Y es que con la prosa de Kiko Amat sucede todo lo contrario. Es una buena patada en el culo de quienes han hecho de la cultura un mal negocio para minorías. El escritor de Sant Boi de Llobregat consigue que me enfade o que me ría, me aporta buenas dosis de ira, tristeza y felicidad. Lo que cuenta puede ser cualquier cosa menos aburrido. Siempre interesa.

Así que me gusta Kiko Amat y su visión rabiosa, solitaria y violenta del mundo. Me gusta su forma de escribir en las revistas musicales que no leo, en los blogs que no frecuento y en los fanzines que no busco. Es un mal bicho que sabe escribir, tiene instinto para discernir lo bueno de lo malo, se moja cuando opina y, lo más importante, sabe dónde está en esta vida y a quién no pertenece. Por eso me gustan los libros que recomienda, los prólogos que escribe, su particular mirada, ácida y sentimental, del pop, del rock y del punk. Me gusta su manera de entender la crítica musical, aparentemente azarosa, esencialmente visceral, la mirada de un escritor enfadado, un angry young man de clase obrera al que no cogerán vivo, capaz de romper las reglas de la clase dirigente, sirviéndose de un simple sujeto, verbo y predicado. Guau.

Esto también es una crítica

CO201_GDe todo lo que ha escrito Kiko Amat me mola, sobre todo, Mil violines, donde reivindica, desde las primeras páginas, a los escritores y a los periodistas que rompen la barrera que separa al crítico frío, aséptico y convencional del tipo que ama y sufre, se ríe y se duele de la vida. Me gusta porque transmite honestidad y buenos momentos literarios y musicales a través de sus palabras. Sin embargo, Eres el mejor, Cienfuegos, que, en el fondo, conserva todo esto que digo, me ha dejado frío como un témpano, quizá porque no he pasado por la crisis de los cuarenta, o porque estoy viviendo en plena crisis económica, o porque no tengo hijos, o porque no vivo en Barcelona ni tampoco soy un escritor acostumbrado a sufrir los sinsabores del fracaso literario. No me gusta ni me disgusta su último libro, porque el rollo de periodista solitario que trabaja en un periódico donde todos tus jefes son unos payasos ya lo tengo muy visto, muy vivido y muy leído, porque tiene un final feliz amable y previsible, de esos que tu conciencia te dice que no funcionan, quizá porque es feliz, es amable o previsible, no sé, y en parte porque tengo la sensación de haber leído algunos de sus párrafos (los mejores, por cierto) en otras cosas suyas anteriores, como el impagable Mil violines, al que me refería más arriba. Así que por muchas peripecias que me cuente Cienfuegos/Amat, esta novela hace crack después de las cien primeras páginas, todo sucede en ella a trompicones, de forma acelerada. Algo le falla.

Y de qué va la novela. Si todavía no ha quedado claro, te diré que va de un tipo al que, en plena crisis de los cuarenta, su mujer lo abandona tras haberse convertido de la noche a la mañana en un auténtico hijoputa. Ya sabes, fulaneo, farlopeo y alcohol. El nacimiento de un hijo, al que llaman Curtis, no mejorará las cosas, pero servirá para que Cienfuegos descubra al hombre bueno que se esconde en su memoria. El tipo trabaja en un periódico que también vive su particular crisis echando a los redactores a la puta calle, pero Cienfuegos, el prota, resiste porque, en el fondo, es la mejor pluma de toda la redacción y, sobre todo, porque algo en su jeta le hace entender al dueño del diario que está dispuesto a convertirse en un gacetillero de esos que caminan por la redacción humillados de tanto chuparles la polla. Cienfuegos ha sido lo que llaman los ingleses un has been, o sea, alguien que fue, que ha sido, que prometía muchas cosas y no cumplió ninguna. Su vida sentimental de mierda y su situación laboral de mierda lo empujan inexorablemente hacia la barra del bar más próximo y a vivir de okupa en un pisito junto a un par de anarquistas. Por algún sitio había que explotar. Las sucesivas borracheras lo irán metiendo en líos sentimentales y profesionales, cada vez más graves, hasta convertirlo en un vándalo, al tiempo que una estrella mediática en la gauche divine catalana del nuevo siglo. Ya saben lo condescendiente que puede llegar a ser la burguesía inventándose rebeldes sin causa. Cienfuegos tendrá la oportunidad de alcanzar el triunfo si sabe adaptarse a las reglas del mercado y de la comunicación y es capaz de hacer de sí mismo un personaje desarraigado, misterioso y atractivo que pueda servir de icono para los culturetas, que diría Sagarra.

Y ésta es la historia de Cienfuegos que, a lo largo de casi trescientas páginas, acompañadas de las ilustraciones de Sergi Puyol, se paseará con la Vespa por las calles de la redención con el paisaje de la crisis económica y del 15-M (a la que denomina La Rabia) en Barcelona. Varios personajes de corte comiquero, como el dúo musical anarquista Defensa Interior o su joven compañera de curro, la fotógrafa/activista Juana Bayo, le enseñarán, en su particular viacrucis, que no es tan cabrón como lo pintan. Al contrario, Cienfuegos es un hombre honesto con los suyos, capaz de arrepentirse, amar y ser querido por los demás; como dice el título, el mejor.

Ciertamente, todo el mundo tiene derecho a escribir una novela con final feliz. El problema es que el estilo del libro no está a la altura de otros textos de Kiko Amat (mayormente, sus trabajos periodísticos), lo cual nos hace pensar que las barreras que rompe cuando ejerce la crítica vuelven a ser levantadas cuando se pone a escribir una novela. Como dice un amigo mío, en frecuentes ocasiones Eres el mejor, Cienfuegos está escrito de un modo bastante «chambón», en otras resulta directamente cursi e inmediatamente te entran ganas de mandar el libro a tomar por el culo. Finalmente, la novela te deja el regusto de una comedia romántica orientada hacia la clase obrera simpaticona, pero, en el fondo, bastante superficial, por no decir hipócrita.

Y es que nadie nos da una palmadita en la espalda cuando la cagamos, nadie viene a decirte que eres el mejor cuando pides perdón por los errores del pasado, sencillamente te jodes y los pagas como buenamente puedes o te los hacen pagar sin necesidad de pedir perdón ni pollas. Luego, aprietas el culo, sigues tu camino e intentas hacer otras cosas, básicamente una sola: sobrevivir intentando no joder a nadie. Pero esto suele ser la vida real, lo otro sólo sirve para las novelas, novelas que a las cien páginas hacen crak.

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