Víctor Muiña Fano

Con alas en los pies. Michael Jordan cumple 50 años

Michael Jordan es considerado unánimemente, no solo como uno de los mejores jugadores de baloncesto de todos los tiempos, sino como uno de los deportistas más grandes de toda la historia. Con motivo de su 50 cumpleaños, Neville repasa alguno de los momentos más importantes de su carrera.

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1. El primer tiro.

Michael Jeffrey Jordan estuvo a punto de no jugar a baloncesto. Durante su estancia en el instituto Emsley A. Laney en Carolina del Norte, barajó la posibilidad de pasarse al béisbol o al fútbol americano cuando, en su segundo año en el centro, le apartaron del equipo debido a sus malas condiciones físicas.

Tras las vacaciones de verano se presentó al inicio de la temporada con 10 centímetros más de altura y fue readmitido en la plantilla. Fue el inicio de una sucesión de éxitos personales que le llevarían hasta la mítica universidad de North Carolina, en cuyo equipo militó entre 1981 y 1984, ganando el campeonato universitario en 1982. Jordan ni siquiera era el líder de aquel conjunto en el que militaban otros futuros profesionales de la NBA que le aventajaban en edad y experiencia, pero cuando el balón cayó en sus manos en el último minuto de la final, no dudó en realizar un lanzamiento que él mismo considera el más importante de su carrera.

2. Un producto irresistible.

Jordan ha llegado a decir que no piensa declarar nunca a quién vota en las elecciones porque vende zapatillas tanto a los demócratas como a los republicanos. Es una manera ingeniosa de señalar que el producto Michael Jordan y toda la mercadotecnia que se gestó a su alrededor, son componentes inseparables de su figura.

El encargado de impulsar la imagen extradeportiva del jugador fue su representante, David
Falk
, que en una legendaria reunión con los directivos de Converse, la marca que por entonces patrocinaba a las mayores estrellas de la liga, escuchó las cifras de ventas que la empresa esperaba obtener y respondió: “No estamos aquí para ver qué puede hacer Michael Jordan por ustedes, sino qué pueden hacer ustedes por Michael Jordan”. David Falk sabía que la época de Larry Bird y Magic Johnson tocaba a su fin: la batalla de los blancos contra los negros había terminado y su representado tenía carisma suficiente para llevar hasta el mercado un monopolio semejante al que años después impondría en las canchas. Aquella reunión terminó sin acuerdo, pero pocas semanas después Nike ofreció a Jordan justo lo que buscaba: una marca propia – Air Jordan – y alguno de los anuncios más memorables de la historia del deporte.

3. Dios.

Jordan no ganó un título hasta 1991 cuando, por fin, se vio rodeado de los compañeros necesarios para dominar un juego de equipo como es el baloncesto. Sus primeros años en la NBA estuvieron plagados de partidos en los que el público se maravillaba ante los infructuosos esfuerzos de aquel portento ofensivo que acaparaba todas las posesiones de su equipo. El 20 de abril de 1986, Jordan llevó esa errónea forma de contemplar el baloncesto hasta su máxima expresión cuando le endosó 63 puntos al equipo de Larry Bird. A nadie excepto a él mismo pareció importarle demasiado que su equipo perdiera aquel partido, especialmente cuando al salir del vestuario, el mito de los Celtics pronunció la frase más famosa de todas las que jamás le han dedicado al mito de los Bulls: “Hoy he visto a Dios disfrazado de Michael Jordan”.

4. His airness.

En Jordan se conjugaron todos componentes necesarios para formar el jugador de baloncesto ideal: tenía una mentalidad indestructible, una ambición desmedida, una técnica prodigiosa y, por supuesto, un físico inigualable que aunaba potencia y precisión. Sin embargo, no fue el único portento que irrumpió en el campeonato por aquel entonces: Dominique Wilkins, jugador de los Atlanta Hawks, se enfrentó a él llevando los concursos de mates a su época dorada. Sus estilos eran brillantes pero curiosamente contrapuestos: los espectadores se miraban estupefactos cuando la potencia, casi brutalidad, de Dominique Wilkins hacía que el impacto de su mano contra el aro se escuchase en medio estadio. Jordan era mucho más sutil: su coordinación y la plasticidad de sus acciones se apreciaban mejor en las repeticiones.

Se ha dicho, y no sin razón, que los mates de Michael Jordan hay que verlos en cámara lenta.

5. Competitividad máxima.

Muchos grandes del deporte han cimentado sus carreras en el deseo de ganar a todo y a todos. A pesar de ello, la leyenda de la pasión competitiva de Jordan emerge por encima del resto. A lo largo de su carrera profesional, esta faceta supuso un verdadero problema para su entorno: Jordan llegó a las manos con varios compañeros y obligaba a los directivos de los Bulls a despedir a quienes, en su opinión, no se esforzaban lo suficiente. A cambio, era capaz de viajar con el equipo a pesar de sufrir un severo episodio febril y anotar 38 puntos antes de desplomarse en brazos de su gran compañero, Scottie Pippen, en el que ha pasado a la historia como the flu game (el partido de la gripe).

Michael Jordan siempre había sido así: dosificaba físicamente, pero su competitividad jamás descansaba. Aceptaba cualquier desafío, sin importar su origen. En 1987, en un partido disputado en la cancha de los Utah Jazz, Jordan realizó un espectacular mate tras superar la defensa de John Stockton, un pequeño pero magnífico base que, a la postre, se convertiría en uno de los grandes damnificados de los Bulls. Alguien del público desafió a Michael a hacer lo mismo frente a un rival de mayor tamaño. En la siguiente jugada Chicago recuperó el balón y salió rápidamente al contrataque. Jordan culminó la jugada lanzándose frontalmente contra el pívot de los Jazz, Mel Turpin, de 2 metros 11 centímetros. Cuando bajaba a defender se giró hacia la grada y preguntó al incauto espectador si ese le parecía suficientemente grand

6. The shot.

Un verdadero fan de Michael Jordan destacará, por encima de todas sus virtudes, su aparente infalibilidad. Cada vez que un partido entraba en el último minuto con un marcador apretado, todos los aficionados pensaban lo mismo: “Va a volver a hacerlo”.

Evidentemente, no siempre lo lograba. Pero sí es posible afirmar que, en general, Jordan supo distribuir excelentemente bien sus fallos y aún mejor sus aciertos. Quizá la muestra más potente de la inigualable habilidad del jugador de los Bulls para cerrar los partidos, fue el lanzamiento ganador que consiguió efectuar en 1989 frente a los Clevelan Cavaliers, tras suspenderse en el aire mientras su defensor pasaba de largo frente a él, en una jugada que la NBA aún recuerda, simplemente, como the shot (el tiro).

7. The shrug.

Otra proeza merecedora de conquistar un monosílabo, en este caso shrug, únicamente traducible como “encogerse de hombros”. Jordan nunca había sido, ni volvería a ser, un excelente tirador de triples. Precisamente por ello los defensores, tratando de protegerse de su tremenda velocidad, solían separarse ligeramente de él cuando tenía el balón más allá de la línea de 7,25. Sin embargo, en el primer partido de las finales contra otro de esos equipos que tenían todo lo necesario para ser campeones y nunca lo fueron – los Portland Trail Blazers de Clyde Drexler – Jordan decidió tirar. El resultado fue una serie de seis triples sin fallo, una paliza que sentenció el título en el primer partido de la final y uno de los momentos más mágicos que se hayan vivido jamás sobre una cancha de baloncesto.

Cuando, con todo el estadio en pie, Jordan anotó su sexto triple consecutivo, su mirada se dirigió a la grada, donde se topó con la de Magic Johnson. Lo único que pudo ocurrírsele fue, precisamente, encogerse de hombros. “No era yo, era, simplemente, el momento”, declaró después.

8. Un año y medio sabático.

Aunque los rumores sobre su posible retirada se habían ido intensificando desde la última victoria de los Bulls en la NBA, la tercera consecutiva, nadie acababa de creerse que un jugador de baloncesto fuese a desaprovechar la oportunidad de convertirse en el mejor de la historia. Sin embargo, sus problemas con el juego, su creciente desmotivación y, sobre todo, el asesinato de su padre en julio de 1993, hicieron que en octubre de ese mismo año Jordan renunciase a comenzar la liga con los Bulls.

Los 18 meses que permaneció alejado de las canchas fueron muy intensos: parece bastante evidente que su acercamiento al béisbol respondió al deseo de comprobar si era capaz de triunfar en algún otro deporte. A pesar de comenzar en los White Sox, uno de los equipos de Chicago con presencia en las ligas mayores, pronto resultó evidente que no podía competir con los profesionales y fue enviado a una división inferior. Mientras tanto, los homenajes a su carrera se sucedían en paralelo al estallido del escándalo Lewinsky que hacía tambalearse al Presidente.

En 1995 Jordan abandona definitivamente el béisbol y entrena esporádicamente con sus antiguos compañeros. Lo que, inicialmente, era una forma de mantenerse en forma y ayudar al equipo, se convierte en un regreso a plazos. Los rumores crecen cada vez más y parecen lo único capaz de aliviar la presión del acosado Presidente, que finalmente se lanza al ruedo y comenta el asunto: presume de haber creado seis millones de puestos de trabajo durante su mandato y añade la posibilidad de que finalmente sean seis millones uno si Michael vuelve a los Bulls.

En marzo de ese mismo año, el nombre de Michael Jordan había sido citado en la prensa más veces que el de Bill Clinton. El día 18 de ese mes hizo oficial su regreso a través de un escueto comunicado que rezaba: “I’m back”.

9. Entre el 23 y el 45.

Jordan regresó a la NBA con un nuevo dorsal, el 45, debido a que su primer número había sido retirado como homenaje a su carrera. El primer partido que disputó en su segunda etapa en la liga se saldó con una derrota contra a los Pacers de Indiana, frente a los que tan solo pudo anotar 19 puntos. Una cifra nada desdeñable y que, sin embargo, estaba lejos de sus estratosféricos promedios.

Su tibia actuación motivó todo tipo de comentarios. Algunos jugadores, cansados como estaban de la tiranía de los Bulls, aprovecharon para manifestar que, seguramente, Michael nunca volvería a ser el mismo. El siguiente partido fue contra los New York Knicks, equipo en el que militaba uno de los grandes rivales deportivos Jordan, el correoso escolta John Starks. A pesar de su furibunda defensa sobre Jordan, este regaló una actuación mítica a un estadio que siempre le trataba como a un local, el mítico Madison Square Garden.

10. El último tiro.

Aunque Jordan volvería a jugar con 38 años en los Washington Wizards, su verdadera carrera fue la que desarrolló íntegramente en la ciudad de Chicago. Esa que parece haber sido escrita por un buen guionista de cine, capacitado para cerrar una gran historia con un clímax a la altura.

El 15 de junio de 1998, Jordan pisó por última vez su terreno preferido: la final de la NBA. A falta de un minuto para el término del sexto partido, sus rivales, como siempre, trataron de ponérselo difícil. La leyenda disputó su último minuto del mismo modo que aquel legendario partido contra los Celtics. Merece la pena escuchar cómo Andrés Montes narró esas jugadas en las que Jordan volvió a hacerlo todo él solo.

¿11?

Michael Jordan cumplió el pasado 17 de febrero 50 años. Como ya hiciera al menos dos veces anteriormente, ha estado entrenándose con intensidad durante los últimos meses y los rumores en torno a una posible reaparición han ido intensificándose.

La pasada madrugada su presencia sobrevolaba el Toyota Center de Houston en el que los mejores jugadores de la liga disputaron el allstar game. Muchos de ellos están en condiciones de saltar por encima de Jordan si es necesario, pero resulta evidente que él quiere volver y ser el primer jugador de la historia en disputar un partido con esa edad. Muchas miradas apuntaban precisamente al fin de semana de las estrellas, pero ese no era el lugar idóneo. Cualquiera que conozca la NBA sabe que todo lo que Lebron James permitiría es que Jordan reciba un respetuoso aplauso durante el descanso.

Sin embargo, dentro de cuatro días los Chicago Bulls visitan a los Bobcats, equipo del que Jordan es propietario, en Carolina del Norte. Por si acaso, la reventa ya ha empezado a funcionar. Nadie podrá acusarle, si es que finalmente se viste nuevamente de corto, de no haber avisado de sus intenciones.

Puede que algún día me veáis jugando un partido con 50 años. Oh, no os riais. Nunca digáis nunca”.

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