Paula Corroto

Lluís Bassets: «La crisis del periodismo es culpa de los periodistas»

Antes del 2020 se habrán acabado los periódicos en papel, afirma Lluís Bassets, director adjunto de El País. Lo dice en tono reposado, bajito, pocos minutos después de acabar la entrevista. Su último libro, el ensayo El último que apague la luz (Taurus), aborda la crisis de la profesión periodística. O más bien su final. Su extinción como la de los dinosaurios. La crisis económica, la falta de la publicidad y la llegada de Internet son los síntomas de la enfermedad terminal, según este periodista nacido en Barcelona en 1950 y que ha sido corresponsal en Bruselas y París. Y no hay un remedio milagroso a corto plazo. Al periodista le toca reinventarse, señala. Convertirse en una imagen de marca y no dejarse llevar por la nostalgia de las redacciones, condenadas a su desaparición. ¿Apocalíptico o demasiado realista?

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Lluís Bassets

-En El último que apague la luz afirmas tajante que el periodismo en papel va a desaparecer. Un mensaje apocalíptico que necesita una explicación.

Yo no he querido hacer un libro apocalíptico. He intentando mirar de frente la realidad, porque creo que a veces todos nos hacemos trampas. Quería evitar el defecto Zapatero. No negar la realidad, no hacer esta especie de ejercicio de ceguera voluntaria que mucha gente ha hecho ante la crisis. He preferido pecar por exceso que no por defecto. Lo prefiero a decir que no pasa nada por conformismo o pereza mental . Y esto es porque he visto estas actitudes en mi entorno y en el oficio, y me he sentido estimulado a hacer el ejercicio contrario. Aunque creo que luego hay una segunda parte y es una enérgica afirmación de lo que es el periodismo en el que yo creo, que es el buen periodismo de siempre, de verificar las cosas, tener criterio propio…

-En el libro hablas de Internet, la crisis, la falta de publicidad. Pero esto no ha llegado de un día para otro… ¿Por qué no se ha visto esto antes?

Los aspectos más de fondo, los que afectan a los contenidos, vienen de hace dos décadas o más. La conversión del periodismo en espectáculo, la devaluación de los valores periodísticos más genuinos… Ahora, es verdad que no toma cuerpo hasta que no aparecen los medios digitales que le dan un empuje tremendo. Ya en el año 2000 tuvimos una burbuja digital que nos dio una primera aproximación, aunque fue la aceituna de un aperitivo comparado con lo que vino después. Y todo estalla con la crisis económica, que produce sobre la prensa unos efectos demoledores. Por una parte, la deja sin el mercado publicitario, que ya se había visto erosionado con los anuncios por palabras que se los llevaba Internet. Y mucha de esta publicidad sabemos que no va a regresar, y la que regresa lo hace de otra forma.

-Cierto, pero los que dirigen ahora periódicos empezaron en la época de la transición y vivieron en un clima de bonanza… ¿No ha habido una relajación por parte de tu generación?

Sin duda. Yo soy muy autocrítico con mi generación, conmigo mismo, porque creo que esto de ser autocrítico con los otros es muy barato. Y si nos pasa esto no es por culpa de las empresas, ni de los políticos, es por culpa nuestra. Por culpa de los periodistas, que somos muy individualistas y nos hemos desentendido de muchas responsabilidades que eran perfectamente nuestras. Y además nos hemos dejado acunar por la bonanza económica, por el corporativismo gremial o por el corporativismo de las empresas. Si uno está bien pagado, bien atendido… Somos hijos de nuestra época y la burbuja era esto, una época de bonanza que nos impedía hacer las cosas que solo se pueden hacer en época de bonanza. Por tanto, en un capítulo del libro digo que esta crisis es la misma que la del ladrillo, y los males que padecemos son los mismos.

-Pero también está el asunto de la gestión. Apenas se habla de ella, pero en las empresas periodísticas entró mucho dinero. Y muchos periodistas vivieron muy bien. Con salarios muy altos.

No creo que sea un problema de salarios altos, sino de estrategias, de saber en qué negocio estás. Lo que sabían en qué negocio deberíamos estar fueron Google, Apple, Microsoft… Todos menos las empresas periodísticas, que estábamos en otras cosas. Hay algo ahí de fatalidad histórica y es muy difícil cambiar un negocio desde el mundo mental. Normalmente los que irrumpen en un mercado que deja al mercado viejo son agentes nuevos. Y solamente los visionarios y gente genial es capaz de ver la jugada y saber transformar una cosa en la otra. Pero esta es una cosa que no ha terminado. Y creo que todavía hay una chance muy seria para las grandes cabeceras periodísticas, que son muy pocas… Y hablo del mundo, no de España, porque en España quizá una, dos… Y en Estados Unidos, una o dos. Y estamos hablando de dos países que tienen un mercado global. Porque otra de las cosas que va a pasar es que la globalidad del mercado es lo que va a dar una salida. No podemos olvidar que el modelo de periódico que hemos conocido no era global, sino local, y como máximo, nacional, y de naciones pequeñas, de las que quedan obsoletas en el mundo global. Estamos en una transformación que es geopolítica. Por tanto, debemos ser autocríticos, porque es nuestra obligación intelectual…

-Pero hay muchos periodistas jóvenes que se sienten expulsados del oficio nada más empezar.

Sí, pero yo les diría una cosa: no han sido expulsados, ya que la profesión ya no existe. Lo que tienen que hacer es inventar una profesión nueva. Han sido expulsados de una profesión que ahora sólo existe en sus cabezas, pero que está dejando de existir. Y lo que tenemos que pensar es que lo indispensable es tener gente capaz de hacer periodismo de calidad, bien hecho y encontrar fuentes de financiación de este periodismo. La mirada nostálgica o dolida con el pasado está permitida pero sirve para poco o para nada. Hubo un momento en el que alguien podía salir de la escuela de periodismo y encontraba trabajo, pero ahora ya no va a existir, no existe desde hace tiempo.

-¿Los medios digitales que están surgiendo ahora marcan el camino del nuevo modelo?

Van a pervivir de otra forma. Lo que no podemos pensar es que Le Monde, La Repubblica, The Independent, por hablar de medios extranjeros, sean sustituidos por unas cosas que van a ocupar un espacio parecido y van a tener una permanencia en el tiempo… No. Las cosas serán de otra forma. Y probablemente sean menos estables, más adaptadas a cada circunstancia. Yo creo mucho en las marcas individuales. Creo en el periodismo solo con periodistas.

el-ultimo-que-apague-la-luz-sobre-la-extincion-del-periodismo-9788430602094-Pero con esa individualización vamos hacia una precarización del trabajo, porque serán periodistas autónomos, que se tengan que pagar todo y que además estén mal pagados.

O no, porque a lo mejor este periodista se convierte en un empresario y empieza a crear puestos de trabajo. Estamos explorando. Hemos abandonado un territorio que ya no sirve y nos metemos en un territorio desconocido. Y ahí tienes que ser prudente y audaz y saber leer bien las señales de la naturaleza para orientarte.

-¿Qué diferencias hay entre este territorio desconocido del 2013 con el que vivisteis los periodistas de la transición, que, como afirmas en el libro, también os enfrentabais a una nueva etapa?

En 1976 no era desconocido. ¿Qué queríamos hacer los periodistas jóvenes de España? Pues lo mismo que hacían los de Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos… Teníamos un referente. Una forma de ver las cosas. El camino estaba trazado. Y sin embargo ahora no. Pero entonces nos sentíamos muy acomplejados porque estábamos muy atrasados en relación al entorno. Y era un entorno no globalizado donde solo podíamos recibir lecciones. Y ahora no estamos atrasados. Estamos igualmente en precario que el resto del mundo.

-Pero hubo una apuesta por parte del empresario por el periodismo. Eso es una diferencia.

Sí, había una diferencia y es la relación entre políticos y periodistas. Era más equilibrada entonces. Ahora está más desequilibrada en nuestra contra. El periodismo consiguió imponer la agenda, el ritmo, incluso los principios en la transición.

-¿Y eso cómo se ha perdido?

Era el mundo en el que estábamos entonces y el que estamos ahora. En el de ahora el periodismo institucional es más débil, pero esto se gana en el periodismo menos institucionalizado, porque la libertad sigue existiendo. Y es más amplia incluso, pero va por otros carriles.

-Hemos llegado al punto de ruedas de prensa sin preguntas.

Y es vergonzoso e intolerable. No lo deberíamos permitir, porque es la negación de las dos actividades, de las obligaciones de los políticos y los deberes de los periodistas. Pero a la vez, con el espacio de libertad que nos dan las redes sociales e Internet, sabemos que no hay nada que quede por contar. También es verdad que no siempre se cuenta bien y se hace de forma precaria y con escasa verificación, y queda mezclado el hecho bien contado y comprobado con el que no, y no se cuenta en los grandes medios lo que debería contarse.

-¿Hasta qué punto han perjudicado o beneficiado al periodismo las redes sociales?

Yo creo que ambas cosas. Han perjudicado en la medida en la que se produce una intoxicación, sectores de la sociedad utilizan las redes para informarse en vez de los medios tradicionales, pero también nos han beneficiado. Dan una rapidez de acceso, una capacidad de prescripción. Aunque un acceso directo a hechos que no están verificados. Yo seguí en Twitter la primavera verde iraní, y era maravilloso, porque me iba enterando… Esto en periodismo es insólito. Y con la primavera árabe ocurrió lo mismo. Y lo vemos en las noches electorales donde por Twitter nos enteramos antes de los resultados, de los sondeos… Y esto desde el punto de vista periodístico no tiene precio. Y yo quiero un periodismo así. Las redes sociales sirven y muchísimo.

-En el libro hablas de la poca verificación en Internet, de la rapidez. Pero el lector se da cuenta de que la calidad del texto que va a leer en un periódico en papel a lo que se ha subido a la Red rápidamente es muy diferente. Es decir, aún prima el criterio de la calidad.

Sí, pero por eso es muy importante asociar la calidad a una marca, y a ser posible individual. Y que la gente sepa que si, por ejemplo, tú escribes una noticia, tú la has comprobado. Que la escribes porque crees que es relevante y está comprobada. Esto es importantísimo. Debemos cuidarnos los periodistas. No podemos utilizar las redes sociales frívolamente porque podemos dañar nuestra imagen, y esta es muy importante, porque eres un periodista que debe tener una imagen creíble. Y por eso no puedes decir tonterías en las redes, no puedes dedicar las redes a contar tus avatares personales, sino que debes pensar en que eres una figura pública que debe intentar cargarse de credibilidad para que el lector te valore, porque también te estás jugando tus ingresos futuros como periodista. Y esto es algo que me preocupa del uso que hacemos los periodistas de las redes.

-Sobre todo algunos muy conocidos. De todas formas, suena a debate acabado, pero también planteas este tema en el libro: el del periodismo ciudadano.

Es un debate acabado y no acabado. Hay un debate que es anterior a la redes y es quién tiene derecho a ser periodista y quién no, y a ver, periodismo y ciudadanía son dos cosas muy unidas, periodista y ciudadano son dos cosas muy unidas. Donde hay un ciudadano potencialmente hay un periodista. Lo que sí tiene que hacer un ciudadano es cumplir con las reglas de la verificación, la independencia, la libertad de criterio y libertad de conciencia, que permita hacer buen periodismo. Yo entiendo que un ciudadano puede convertirse en periodista muy rápidamente sin que nadie le dé los títulos.

-Pero el periodista es el que elige, contrasta, contextualiza…

Pero esto lo puede hacer un ciudadano. Otra cosa es que creer que el periodismo lo harán los ciudadanos ellos solos de forma espontánea y se organizarán como pretendía nuestro querido Julian Assange accediendo a las fuentes libres que los hackers se irían sacando de la manga. Creer que desde las redes sociales espontáneamente, sin ninguna organización, reflexión, fuente de ingresos, sin el planteamiento de un negocio, se puede hacer periodismo, pues no. En esto estoy de acuerdo contigo. Pero yo no disociaría los dos conceptos.

-Pero yo como ciudadana puedo tener una opinión o que algo me parezca interesante y que, sin embargo, como periodista, no sea relevante.

Pero entonces no es como ciudadana. El periodista una de las funciones que tiene es hacer una tarea difícil, porque no tiene representación formada para hacerla, pero es saber ponerse en la piel de sus conciudadanos cuando se encuentra en el lugar adecuado, en el momento adecuado. Para hacer la pregunta bien hecha, la observación relevante… Y esto, si se hace conscientemente, es porque te pones en la piel de tus conciudadanos, porque tienes un deber hacia tus conciudadanos, que te obligan a hacerlo, y no lo haces por tu capricho.

julian-assange_time-Ahora que nombrabas a Julian Assange, también hablas en el libro de Wikileaks. Bill Keller, exdirector de The New York Times, fue muy critico con Wikileaks. Y ha habido más críticas por desvelar secretos que quizá no deberían haberse revelado. Vargas Llosa lo dijo en un artículo. En tu caso también te muestras crítico, aunque insistes en que fue una gran labor periodística.

-Y eso también lo dice Bill Keller. La diferencia entre Bill Keller y Vargas Llosa es que éste le da muy poco valor, y Keller le da mucho valor al Cablegate. Yo creo que la conclusión que hay que sacar de este caso es que los medios tradicionales demostraron su validez. El periodismo tradicional demostró que va a seguir existiendo, y por eso fue un ejercicio de laboratorio hecho a la luz pública, donde se vio que hay periodismo de calidad para mucho tiempo y ojalá para siempre. Wikileaks llegó con un empuje muy fuerte como si fuera a descubrir un nuevo mundo, y lo que descubrió fue el viejo periodismo de calidad. Otra cuestión es creer que todos los secretos están para ser desvelados. Esto no. Esto es de una inocencia muy poco inocente. Los secretos, pues algunos son relevantes, otros se puede revelar, otros no. Es muy pretencioso pretender, como pretendía Wikileaks, que iba a revelar todos los secretos del mundo. Luego nos hemos dado cuenta de dos cosas: que era una fracción ínfima que tienen los servicios secretos de Estados Unidos y el Departamento de Estado, y que la reacción a Wikileaks ha sido cerrar aún más la capacidad de desvelar secretos.

-¿Wikileaks ha muerto? ¿Puede surgir algo parecido?

Yo no sé si está muerto, pero algún Wikileaks puede tener alguna función. No es lógico pensar en una sociedad transparente porque sería totalitaria. Pero que existan organizaciones dedicadas a exigir transparencia sobre hechos relevantes es imprescindible. Por eso si Wikileaks tiene que ser esto, yo aplaudiré que siga existiendo. Hace poco se filtró un documento legal encargado por la Casa Blanca al Departamento de Justicia donde se justifican los asesinatos selectivos de ciudadanos americanos pertenecientes a Al Qaeda. Me parece que la organización que dio a conocer esto hizo un buen servicio a los ciudadanos de Estados Unidos.

-En cualquier caso, ¿la filtración de Wikileaks fue periodismo? Porque tiene poco que ver con la investigación que realizaron los periodistas de The Washington Post con el caso del Watergate.

-Cierto. Se parece más a la filtración de los Papeles del Pentágono. Y hay que tener en cuenta que [Daniel] Ellsberg [quien filtró estos documentos] apoya mucho a Assange. Son documentos que pertenecen al Estado que alguien desde dentro filtra porque cree que son de relevancia pública. Y a mí me parece que el señor Ellsberg hizo un gran servicio a la Constitución americana. Bradley Manning creo que es más ambivalente, algunas cosas hicieron su servicio, otras fueron manipuladas de forma incorrecta porque se ha puesto en peligro a gente. Pero ha aclarado cosas sobre cómo se ha librado la guerra en Irak, que creo que está bien que se haya hecho, ha aclarado cosas sobre la actividad diplomática en países totalitarios como Túnez, Egipto y Yemen. Ahora, lo que Wikileaks ha hecho con Stratford, el think thank, es una granujería porque filtró los emails de los becarios, donde se decían unas chorradas… Wikileaks es una mezcla de varias cosas pero con muy poco criterio.

-Yo no me refería tanto en cuanto al contenido de la filtración, sino en cuanto a la forma, porque esos documentos se filtran, pero no hay una investigación periodística detrás.

-Sí, fue distinto porque no tuvimos que partir de unas pistas iniciales, pero sí le aplicamos los criterios periodísticos más rigurosos en cuanto a comprobación de datos, ocultación de nombres que pudieran poner en peligro a terceros. En eso sí hicimos lo mismo que Woordward y Bernstein.

-Hablando de casos de investigación, en estas últimas semanas los periódicos en papel se han tomado su venganza frente al digital con el caso de Bárcenas, lo que demuestra que no están tan muertos.

-Sí, la pelota todavía se mueve, y hay jugadas como el caso Bárcenas…Y sucede lo mismo que con el Watergate, no basta con que te lleguen los datos, no basta la maldita filtración, sino que hay que comprobar, verificar, sopesar cada dato y saber qué estás publicando.

-Pero lo decía porque estuvieron por delante en las redes sociales. Y es más, lo publicado en papel aún sigue gozando de más prestigio para el lector.

-Eso es verdad. El aura que tiene el papel es tremenda. El problema es saber si el negocio se sostiene, y si se sostiene, no por los contenidos, que sí se sostendría, pero tenemos que conseguir que acompañen la publicidad, la existencia de quioscos, las empresas de distribución, la impresión… Y todo esto está en declive. Todo este ramo industrial, que es duro…

-Y a fin de cuentas, ¿hacia qué modelo vamos entonces?

-Es que no va a haber un modelo, ése es el problema. La industria que hemos conocido, que tenía sus redacciones, plantas de impresión, zoológicos de profesionales de distintos pelajes, no va a existir. En parte ya no existe. Hace años que no hay prensa vespertina, los quioscos cierran…

-Y el tema del pago en Internet.

-Sí, tendremos que ver cómo hacemos para que sea de pago. Porque hay algo esencial y es que la buena información tiene que ser ratificada. No puede ser gratis. Y esto hay que decírselo a los lectores. Porque si es de acceso libre, no habrá nadie que pueda tener los medios para trasladarse al frente de guerra a contar lo que sucede, para entrevistar a quien sea o enterarse de lo que sucede para contar una historia.

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Redacción de El País

-Tal y como se está pagando ahora desde luego no. Por cierto, para finalizar, un tema que tocas en el libro: ¿habrá que cerrar facultades de periodismo?

-No sé si cerrar, pero sí hay que hacer una reconversión para reducir el daño. Lo que no puede ser es que tengamos más de cuarenta. Eso no puede ser. Es terrible. Es una organización muy mala del negocio. Y hay que persuadir a la gente para que se organice de otra manera, posiblemente con un año de conocer los rudimentos bastaría. Sería bueno que las facultades se convirtieran en viveros de empresas donde se buscara capital riesgo para crear start-ups donde la gente se reinventara. La gente no puede ir a la facultad pensando que le darán un puesto de trabajo sino pensando en que se va a crear su propio puesto de trabajo. Yo creo que hay que hacer un cambio de mentalidad total. La vieja mentalidad del gremio periodístico en el que yo me he criado, me eduqué, he crecido y estoy envejeciendo, hay que terminar con ella.

-Porque seguirán desapareciendo cabeceras.

-Sí, van a desaparecer muchas. En nuestro país y en todos. Ya han desaparecido muchísimas.

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2 pensamientos en “Lluís Bassets: «La crisis del periodismo es culpa de los periodistas»

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