Pablo García Guerrero

Hacia dónde. Sporting 4, Girona 0

Fotografía de La Nueva España

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Dijo Sandoval antes del partido que se había acabado el tiempo de jugar bien (tan apabullantemente bien, apuntamos nosotros), porque ahora lo único que valía era ganar. Por lógica sandovalera, lo de ayer del Sporting fue jugar mal: cuatro a cero, una al palo, toque de balón, movimiento, seguridad en defensa, tranquilidad, cambios ofensivos que encima marcan… Después dijo que los jugadores se lo tienen que creer, como si con él no fuera la cosa. Oír hablar de fútbol, por lo general, aburre un huevo (y escribir de ello ni te cuento).

No aburrió la tarde noche en El Molinón. Primero, porque los guardianes de las esencias sportinguistas se han dado cuenta veinte años después de que los problemas del club vienen de arriba, y desde su juvenil grada le cantaron cositas a Pepín, como que se pire, que se va a pirar por aquí, y también sacaron pancartas indignadas, con el lema «Sporting libre», que según quién lo diga significa cosas que a lo mejor no nos gustan. Luego el gran partido del Sporting fue diluyendo sus cánticos y sus esencias y a la gente se le fue diluyendo también la idea de mancharse las manos de sangre, porque la lista cada día es más larga y con un 4-0 todo se olvida. Empezaron a llegar los goles, Sangoy a Trejo, Bilic regateándose a sí mismo, Sangoy a Carmona, Sangoy a David, suave, fácil y sencillo, y los jugadores fueron al centro del campo al final para que, esta vez, no les silbaran. Y todos tan contentos, con les manos en los bolsillos, a cenar algo.

Se cuidó también Sandoval en la rueda de prensa de mencionar el ascenso. Habló sólo de «mejorar» la primera vuelta. Claro, porque cualquiera sabe qué te va a armar el equipo el próximo partido, si jugar mal (bien para Sandoval) y perder (o empatar), o si jugar bien (mal para Sandoval), como ayer, y ganar sobrado. Como ésa es la dinámica del equipo en toda la temporada, no saber hacia dónde va, como tiene que hacer aún muchos puntos y como el país se va quedando ya sin aliento y Gijón sin gente, vacío que está, salvo algún bar de profundos, no se está desmelenando el personal para organizar una mareona, qué se yo, a Villarreal, ni llevan los taxis banderolas de «y pobre del que quiera».

Fotografía de La Nueva España

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Hacia no sabes dónde, porque el Sporting no te asegura nada y, como los que tienen dinero, que los hay, es mejor guardarlo y guardarse un poco, esperar a que hinche alguna burbuja sabrosa y tumbarse como Mariano, dibujaba Peridis, a fumar un puro mientras las cosas se arreglan solas, por arte de meigas. Eso sí, como ganemos a Marcelino en Villarreal, va a temblar Bankia.

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