Paula Corroto

La Transición salta al escenario

TRANSICIÓN Foto David Ruano (1)

Transición. Foto de David Ruano

 

El Centro Dramático Nacional estrena en Madrid un texto sobre los años del paso en España de la dictadura a la democracia con la figura de Adolfo Suárez como eje de la historia. Dos años de reflexión. Dos dramaturgos. Dos directores. Ocho actores. Tres compañías (L’Om Imprebís, Teatro Meridional y Teatro del Temple). El espectáculo Transición, que se estrena ahora en el teatro María Guerrero de Madrid después de pasar por varias ciudades españolas, es, ante todo, un proyecto colectivo, casi a la manera del teatro independiente de los ochenta, surgido de un planteamiento clave: aquel proceso de paso de la dictadura a la democracia “aún no está cerrado”, según afirma Julio Salvatierra, uno de los autores del texto junto a Alfonso Plou. No sólo eso. Posiblemente sea uno de los debates políticos más encendidos y controvertidos de la actualidad. De esos barros estos lodos. Si bien la novela y el ensayo ya contaban con su propia revisión de la historia, ahora le toca el turno al teatro. Y, además, al oficial, al público, al Centro Dramático Nacional.
«No hemos pretendido revisar ese periodo, porque sí creemos que en aquellos años hubo una voluntad por cambiar las cosas, pero lo dejamos abierto», apunta Salvatierra. No se trata, por tanto, de una obra que busque cargar las tintas en los protagonistas de aquella época y, ni siquiera en las decisiones políticas que se tomaron. Más bien, como añade uno de los directores, Santiago Sánchez –el otro es Carlos Martín– han preferido evocar una recreación de lo que significó todo aquello. Tampoco hay un afán documental. «Nos interesaba sobre todo el lado humano de los personajes», apostilla Sánchez. Y también el juego teatral, la posibilidad que te da lo escénico para la reinvención. «Es, sobre todo, una ficción, pero eso es porque el ser humano ficciona sobre la realidad. Y ese es el papel de lo artístico. Vamos a reinventar el periodo de la Transición para ver si lo entendemos y damos un paso más allá. Porque la Transición es algo que necesitamos volver a vivir, pensar y memorizar», reflexiona el actor Antonio Valero, que encarna a Adolfo Suárez.

La metáfora de la memoria

TRANSICIÓN 1A Foto David RuanoPrecisamente, la metáfora de la memoria y la figura del que fuera el primer presidente de la democracia son los ejes de toda la historia. Somos lo que recordamos, insisten los miembros del equipo. Un Suárez actual aparece así en escena como un hombre que acude a una clínica por problemas mnemónicos y se queda extasiado ante un televisor en el que se está produciendo un debate sobre aquellos años. A partir de ahí comienza a recrear un mundo ficticio en el que aparecen protagonistas reales como Santiago Carrillo, Felipe González o el rey Juan Carlos, que, a través de los diálogos, reconstruyen aquellos tiempos. Todo es verdad y todo es mentira a la vez. «Necesitábamos evocar a estos personajes porque han adquirido un carácter simbólico, shakesperiano», señala Carlos Martín. No obstante, han evitado la hagiografía y la caricatura. Sobre todo con respecto a Suárez, al que el actor Antonio Valero considera «un Julio César, ya que aunque ahora sea una figura respetada, en aquel momento todo el mundo le apuñaló».«En el momento en el que el proceso de creación pasa al escenario se convierte en material teatral. Y ahí nos dimos cuenta de que los personajes se nos estilizaban. Incluso los ya difuntos adquirían un carácter de eternidad. Suárez incluso se enriquecía y se revitalizaba. Es un personaje muy poliédrico», sostiene Martín. El político seductor que aún parece que mira a cámara, mediante enciende un cigarrillo y que, sin embargo, en esta obra tendrá que enfrentarse a una chica treintañera, interpretada por Elvira Cuadrupani, que no se siente abducida por este periodo. Ella es el elemento incómodo. El incordio actual. La manera que han tenido los dramaturgos de introducir la discordancia. Eso sí, nada de una 15M, ni una indignada. No era el propósito.
Así que no busquen en Transición un revisionismo. Por el patio de butacas sonarán los acordes conocidos: La Estaca, de Lluis Llach, la música de Serrat, Cecilia, Boney M y hasta una copla. Los autores y directores sólo han querido dejar la puerta abierta a la reflexión. Le toca al espectador ofrecer sus propias conclusiones. Hasta el 7 de abril.

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