Rubén Paniceres

Roberto Arlt: Dostoievski duerme en el Mar del Plata

Valdemar reedita, por primera vez en nuestro país en un solo volumen, el díptico de novelas escritas por Roberto Artl, Los 7 locos y Los Lanzallamas. Ambos títulos son en realidad una única novela publicada en dos partes en 1929 y 1930 respectivamente. Obra de culto en Argentina, donde su autor Roberto Artl ha merecido los elogios de escritores como Ricardo Piglia, Cesar Aira o Julio Cortazar, entre otros, es un buen momento para (re) descubrir unas de las narraciones fundamentales en lengua española del pasado siglo.

Retrato de Art

«Mirada desde las alturas de la razón, toda la vida se parece a una enfermedad maligna y el mundo a un manicomio».

Goethe

Roberto Godofredo Christophersen Artl, vio la luz en  la ciudad de Buenos Aires, en el humilde barrio de Flores, en el año 1900. Era hijo de una pareja de emigrantes: Karl Artl,  germano nacido en Posen, de profesión soplador de vidrio, y de Catalina Iosbstraibitzer, oriunda del Tirol y de lengua italiana. Artl pertenece a esas primeras generaciones de argentinos que intentaban abrirse paso en la encrucijada de una ciudad en plena expansión, erosionada por la lucha de clases y las contradicciones sociales y políticas. Sin apenas formación, abandona o más bien es expulsado de la escuela a los ocho años. Artl es un autodidacta, que se convierte en un voraz lector de todo tipo de lecturas. Ejercerá en su adolescencia y juventud todo tipo de oficios: hojalatero, pintor de brocha gorda, mecánico, vendedor de papel, operario en una fábrica de ladrillos y estibador en el puerto. La perpetua aspiración de su corta vida, fallece en 1942, es ser un inventor de éxito. Pero sus esfuerzos, algunos de los cuales fueron un máquina de prensar ladrillo, ya  inventada, y unas medias femeninas, presuntamente irrompibles, que asemejaban unas botas de bombero, no consiguieron repercusión. Será por ello que escogerá la literatura como medio de vida. La escritura es enfocada por Artl como un trabajo, no como una veleidad artística. Un duro ejercicio pleno de esfuerzo, sudor de tinta y dedos lacerados por machacar las teclas de la maquina de escribir.

01062010155434hdDesempeñará el periodismo, escribiendo para el periódico bonaerense El Mundo, la columna diaria, Aguafuertes Porteñas, un perspicaz retrato de la vida del Buenos Aires de entreguerras , que ha devenido en clásico de la prensa escrita. Debuta en la novela en 1926 con una obra que iba a llamarse inicialmente La vida puerca. Pero  su amigo, el escritor Ricardo Güiraldes, del cual Artl había sido secretario, le disuadió de emplear dicho título, y pasó a denominarse como El juguete Rabioso. Con ecos de la novela picaresca y la obra de Pío Baroja, autor del que Artl afirmaba leer todos los días cincuenta paginas, El juguete rabioso, inaugura para Ricardo Piglia la auténtica novelística argentina contemporánea, retratando una áspera realidad urbana que determina el siglo XX, renunciando a la tradición gauchesca  del Martin Fierro de José Hernández, continuada por autores como el propio Güiraldes y orillando el cosmopolitismo europeizante de autores que, en el fondo, son de tradición decimonónica, como, siempre según Piglia, el mismísimo Jorge Luis Borges.

El  juguete rabioso ya revela la personalidad literaria de Artl. Un autor inclasificable, al margen de las dos tendencias que regían la literatura argentina en aquellos años. La vanguardia esteticista del  grupo de Florida contrapuesta a la narrativa de corte social de la escuela de Boedo. Según sus detractores, la obra de Artl revela a un escritor chirriante, tosco, semi analfabeto e ignorante de las reglas de la gramática castellana. A ello, Jesús Palacios en su prologo para la edición de Valdemar , responde: «De Artl- como de Baroja, como de Lovecraft– se dijo y se dice que escribía mal. ¡Ojalá hubiera más que escribieran tan mal como él!». Y tiene toda la razón, pues como afirmó Borges en una ocasión,  «[Roberto Artl] era  un gran escritor que escribía mal». Qué importa que el estilo del escritor argentino sea heterodoxo. Su prosa  destaca por la poesía surrealista de los vocablos, por su afinado oído hacia la poliédrica lengua urbana de la populosa Buenos Aires, integrando el cocoliche – hibrido de castellano e italiano frecuentado por los numerosos inmigrantes oriundos de la patria de Dante- ; galicismos; el lunfardo – sobre el que, irónicamente, Artl afirmaba desconocer, por no dominar lenguas extranjeras-; neologismos técnicos y  construcciones verbales inspiradas por el ángel de lo singular. Todo ello rezumando una fuerza expresiva que según sus propias palabras, buscaba la violencia de un puñetazo en la mandíbula.

Roberto Artl  se alinea  en  la estirpe de creadores para los que, parafraseando a Chesterton, la gran literatura es un lujo, pero la ficción una necesidad. Lejos del esteta burgués o del farisaico humanista que trata de mejorar el mundo asentado en su confortable palacete, el escritor argentino perseguía en su obra la comunicación directa con sus lectores, dispersando un torbellino de acción y emoción desbordada. No se lee la narrativa de Artl, se la SIENTE, como una incursión en el  corazón de las tinieblas  que nos conmueve e inquieta y nunca nos deja indiferentes.

_visd_0000JPG0HZMCCultivará de manera prolífica el relato corto en narraciones donde se desnuda el lado oscuro de las relaciones entre los sexos. Las vivencias de las clases marginales- hampones, prostitutas, macarras, pequeños delincuentes-, que conocía muy bien por su labor de periodista en la crónica de sucesos. O el fracaso existencial del ser humano, imbricando  acentos naturalistas, costumbristas, fantásticos, siempre caracterizados por una tonalidad bizarra y excesiva. Hará incursiones, asimismo en la escena teatral, restringidas a circuitos independientes,  con obras como 300 millones, Saverio el cruel  o La isla desierta, que sus exegetas apuntan como precedentes del existencialismo francés  o  el teatro del absurdo.

Pero sin duda, su obra maestra es la novela  Los siete locos y su continuación Los Lanzallamas. La trama tan rica en incidencias y personajes alucinantes y alucinados  desmerece en un pobre resumen. Pero en síntesis es la tragedia de un hombre humillado y ridículo, Remo Erdosain, insignificante oficinista cuya existencia es un rosario de humillaciones y mezquinas derrotas. Abandonado por su esposa, inventor fracasado y lacerado por el recuerdo de un padre tiránico, Erdosain es casi un alter ego del propio Artl. Alienado habitante en una deshumanizada capital de Buenos Aires, su desesperación por no ser nadie, un individuo que no es otra cosa que un cero dentro del infinito, le llevará a desear alcanzar su realización personal a través del crimen y el delito. Dicha determinación le hará entrar a formar parte de una delirante organización secreta dirigida por El Astrólogo,  misterioso personaje auto calificado como «manager de locos», que propugna un disparatado sincretismo de mística luciferina, ambiguo credo revolucionario, práctica delictiva y terrorismo de masas. Erdosain se unirá  a la peculiar cruzada de El Astrólogo, farsante que, en realidad, como todo agitador que se precie, no cree en lo que prédica, cuyo objetivo es un esperpéntico golpe de estado que pretende apoderarse de la capital de Argentina a la que ahogará con gases venenosos diseñados por Erdosain, y financiados por los burdeles que dirige El Rufián Melancólico, proxeneta misógino y despiadado y, sin embargo, dolorido huérfano de esa faceta que nos hace humanos y que con tanta facilidad perdemos.

Feodor Dostoyevsky

Es  perceptible  la herencia de las lecturas apasionadas de la obra de Feodor Dostoyevski, del cual se ha dicho muchas veces que Artl era un discípulo salvaje. El carácter de Erdosain recuerda al Raskolnikov de Crimen y Castigo y al anónimo protagonista de Las memorias del subsuelo. El Astrólogo y su caterva de orates que pretenden asaltar los cielos guardan filiación con los protagonistas de Los demonios. Hasta hay toques a El doble, en el personaje del primo de la esposa infiel, Barsut, especie de perverso reflejo invertido de Erdosain, dominado por la envidia y el resentimiento en una suerte de Yago porteño. Pero en el universo artliano hay mucho más que la impronta del gran escritor eslavo. El autor argentino era una especie de escritor posmoderno avant la lettre, capaz de  yuxtaponer los mas variados géneros de la novela. La trama tiene acentos de los  folletines de aventuras y misterio, a los  cuales Artl era muy aficionado con especial predilección por Ponson du Terrail. Así, las rocambolescas incidencias de la novela pudieran muy bien estar extraídas de las narraciones y seriales cinematográficos de Fantomas o el Mabuse de Fritz Lang. Agitado y revuelto con situaciones melodramáticas procedentes de las  narraciones de Carolina Invernizzio, suerte de Corin Tellado de la época o de las radionovelas de corte sentimental.  A esto se une un naturalismo sórdido  que casi prefigura la  eclosión de la  serie negra en la narrativa latinoamericana, que desemboca en  un surrealismo bizarro engalanado por una galería de seres grotescos más fuertes que la vida: El Buscador de Oro, La Coja, Ergueta, El Mayor, El Rufián Melancólico, Barsut, el Astrólogo…Personajes inolvidables que constituyen una polifónica colección de las voces de la aberración y el delirio a los que puede llegar la condición humana. Todos ellos, como el propio Erdosain, son, de forma ambivalente, idealistas y canallas; abyectos y sublimes; repelentes y cercanos. En definitiva, impostores que practican la verdad de las mentiras, que solo la auténtica gran literatura, independientemente de que este  “bien o mal escrita”, puede transmitir.

La historia se relata en impactante sucesión de distintos registros narrativos. Una inclemente descripción en tercera persona se combina con un atormentado monólogo interior de los personajes que deriva hacia una poética que bordea el género fantástico. Hay momentos que  marcan a fuego al lector desprevenido, como la muerte de El Rufián Melancólico, asistido por una fantasmagórica aparición de la Parca, entrevista como una madre bondadosa que viene a aliviar el alma agonizante del malhadado hijo de la fortuna. O la aparición del extraño visitante que Erdosain cree recibir, ataviado como un combatiente víctima de los vapores venenosos del hades de las trincheras de la gran guerra. Espectro, que pudiera ser ese dios desconocido que parece ignorarnos, y que provoca  una de las más doloras confesiones de toda la literatura contemporánea.

Anteriormente ya habíamos apuntado que la obra del autor de Los Siete Locos, era remarcable por su atmósfera urbana. La ciudad de Buenos Aires es entrevista como un escenario hostil, asfixiante y viscoso, casi con ribetes de distopía de ciencia ficción.  Un macrocosmos donde, en palabras de Jorge Rivera, se amalgaman y contraponen lo duro, lo gaseoso y lo eléctrico. Especie de vampiro o entidad caníbal que engulle y disipa a los perdedores en la implacable lucha por la vida.

Escritor visceral y en carne viva, Artl era igualmente capaz de practicar un rudo discurso intelectual en su obra. Los monólogos y discursos del Astrólogo irradian huellas del pensamiento de Nietzsche, Spengler o Max Stirner. Pero, sobre todo son una advertencia satírica acerca de las múltiples mácaras de los totalitarismos-fascismo, estalinismo, capitalismo salvaje, colonialismo económico- que devoran los tiempos modernos que sufren Erdosain y sus compañeros de viaje. La angustia, casi metafísica,  que inunda el libro representa la alienacion e inexorable soledad del hombre moderno y es para algunos como la hija de escritor, Mirta Artl, el anticipo de la obra de un Sartre o un Camus. Otros han preferido aludir a Kafka, tabulando la ordalía de Erdosain como la pesadilla de un insecto que nunca lograra despertar y recuperar su humanidad perdida.

En definitiva, la novela de Artl es la  desgarrada crónica de los olvidados, los fracasados, los malditos que, según el propio autor, «rechazan el presente y la civilización, tal cual está organizada.(…) Viles soñadores, atados y ligados entre sí por la desesperación» (citado en la edición de Flora Guzmán de Los Siete Locos para Catedra. Letras Hispanicas).

Para nosotros, «hipócrita lector, semejante como un hermano» la lectura de este vibrante díptico, nos hace comprender que todos podemos  llegar a ser en algún instante Remo Erdosain. Ignorados, ridiculizados, rechazados por nuestros semejantes. Victimas del mayor pecado original del hombre que es marginarse de la fraternidad de la raza humana, lo único que puede salvarnos de la locura.  Erdosain y el demente elenco de la novela son partidarios de la máxima de Jean Paul Sartre, «El infierno son los otros» y por ello recogen lo que han sembrado, el aislamiento, la tiniebla, la destruccion.  Roberto Artl nos dio un aviso de lo peligroso que es seguir al demonio de la perversidad, que diría Poe, ahora nos toca a nosotros elegir entre la cordura o la búsqueda del mal como elección vital.  O, puede que conformarnos con el ideario que propugna un viejo dicho alemán: «Cada uno para sí y Dios contra todos».

En 1973  el excelente cineasta argentino Leopoldo Torre Nilson adapta las dos novelas en una película titulada Los siete locos. Título galardonado en su momento en el festival de Berlín, ha devenido en clásico del cine iberoamericano. Traslación sumamente fiel, aunque algo contenida de la obra artliana -uno se pregunta qué hubiera hecho con ese material  Luis Buñuel o un Alejandro Jodorowsky– la cinta refleja acertadamente los ambientes enrarecidos e irrespirables de las novelas y se beneficia de un magnífico reparto  que incluye algunos de los mejores actores argentinos de todos los tiempos. Alfredo Alcón, como Erdosain, acompañado por Thelma Biral, Norma Aleandro, Héctor Alterio, Sergio Renán, Luis Politti y un impresionante José Slavin en el rol de El Astrólogo.

Me gustaría recordar que la “sagaz” critica española de la época calificó al film de ambiguo y reaccionario. Y que años mas tarde la junta militar argentina, presidida por el general Videla tildó la película de «alegato montonero» y pretendió su desaparición, destruyendo los negativos. Como vemos, el universo de Artl era  demasiado para las mentalidades autoritarias de todo signo. Afortunadamente, la película pudo ser salvada de la extinción y esta editada en DVD en nuestro país por Divisa y es altamente recomendable su visionado como complemento a la lectura de la novela.

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