Paula Corroto

David Trueba: «El gran problema de las empresas periodísticas es que se metieron en otros negocios»

Al escritor y cineasta David Trueba (Madrid, 1969) le fascinan los artículos. Confiesa que siempre que aborda una película se entrega a este género periodístico para conocer mejor la atmósfera que desea retratar. En el detalle está la esencia, reflexiona. Él mismo practica el columnismo desde hace años en diarios como El País, El Mundo y El Periódico de Catalunya. La política, la cultura, las problemáticas sociales, los perfiles de los protagonistas del momento han pasado por su teclado, que él prefiere golpear con suavidad, alejándose de la mala baba con la que otros se manejan en este territorio de la opinión. Ahora acaba de publicar una selección de estos escritos en el volumen Erase una vez (Debate), que se une a las recopilaciones Artículos de ocasión y Tragarse la lengua. El libro nos sirve además como excusa para charlar con él acerca del género opinativo, la situación del periodismo, los pasados Goya y la próxima Ley de Mecenazgo. Y como buen opinador, no se corta.

COMISIÓN SOBRE LA LEY DEL CINE DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS / JORGE BOSSO

-En Erase una vez recoges columnas y artículos publicados entre 2010 y 2012 en diarios como El País, El Mundo y El Periódico de Catalunya. ¿Qué criterio seguiste para la elección? ¿La sorpresa de haber acertado en algún pronóstico?

-Nunca juego a profeta, pero te sorprende a veces cómo se repiten los conflictos y las situaciones. Eso era algo que ya intuía por la vida, que ya es un ciclo. Yo soy muy aficionado a leer libros de artículos. Muchas veces, cuando preparo una película, prefiero leer libros de artículos de esa época, porque tienen un valor social. Lo que más aprecias es cuando tienen un valor imperecedero. Si consigues trascender el hecho actual… Ese es el secreto del artículo. Tratar de hacer del detalle algo esencial, y también con respecto a una situación concreta. Tú sabes que esa situación va a pasar, por lo que lo importante es lo que nos va a dejar. Por ejemplo, si uno lee sobre la emigración a Suiza en los años sesenta es muy importante cuando treinta años después llega la inmigración contraria. Ahí lo que haces es decir, “fíjense, que a ustedes lo que les parece negro era lo mismo que para los suizos en los años sesenta”. Ese tipo de cosas tienen valor siempre. Es importante recordar tu historia y tratar de sacar alguna enseñanza de ella.

-Ahí está el poder de las hemerotecas.

-Eso es, y que tantas veces quieren negar.

-Sobre lo que dices de la repetición, en una de tus columnas sobre el 11M de 2011 escribes sobre la división de los partidos y las asociaciones en la conmemoración de estos atentados. Igual que lo que ha sucedido hace unos días.

-Sí, hay columnas que uno podría mandar al periódico todos los años y nadie diría que te has copiado. Pero este elemento yo siempre lo pongo como ejemplo. Lo que pasa aquí en Madrid y en particular con el 11M es algo que nos debe servir para reflexionar sobre el origen de la Guerra Civil, que no es más que eso, en una situación de exaltación y de crisis de todos los sentidos. Muchos articulistas y opinadores de la Guerra Civil jugaron un papel de incendiarios. Hubo pocos jugando a apaciguar. La gente dice, “estas cosas ya no pueden ocurrir”, pero somos la misma pasta de país, enfrentando, mintiendo, insultando…

-Y cuando te pones a escribir, este papel de “incendiario” que uno puede tener sobre determinado tema, ¿cómo lo suavizas o cómo lo rehúyes?

-Siempre he pensado que si entro en el despacho de un tipo y le digo “eres un imbécil y la decoración de tu despacho es una mierda, pero vengo a convencerte de que me compres estos vasos” sé que no lo conseguiré. Pero si entro y digo, “esto está bien y, anda, lees, y me gustó mucho esto… Ahora creo que tienes que cambiar esto”, así creo que sí puedes llegar, aunque quizá esto sea una ingenuidad.

650_C922607.jpg-Pero el columnismo español no muchas veces va por ahí. Tiene mucha mala baba.

-El columnismo español muchas veces es de fidelidades, pero tampoco hay que exagerar. Todo el mundo cuando compra un medio ya está haciendo una declaración de intenciones. Cuando me dicen que si un medio es de un partido, yo respondo ¿y los lectores? Todos tenemos antipatías y simpatías, ideologías, inclinaciones, prejuicios, manías. El reto está en no colocarlas lo primero. Que las tienes, no lo dudes, que tienes que convivir con ellas tampoco, ahora, no las hagas el capitán de tu barco.

-¿Hay que acabar con esa etiqueta de la objetividad?

-Claro, y sobre todo en el articulismo. La objetividad puede existir en el reportaje, la crónica, que lo dudo, porque depende de cómo se sitúa el periodista… Pero la objetividad ha servido para desacreditar a la prensa. Cuando se dice “es que no sois objetivos” lo que tiene que contestar un medio entonces es ¿mentimos? Que la verdad que busquemos sea hacer daño o defender al partido que está en el Gobierno, seguro, y el lector lo sabe, por lo que este tiene que poner en cuarentena cómo se acerca a ese medio. Pero la verdad es innegociable y aquí hay una gran mentira detrás de que no hay objetividad y es que no hay verdad. Pero verdad sí que hay. Por ejemplo, en el programa de Wyoming [El Intermedio] hay algo esencial y es que no mienten. Harán bromas, pero los datos que dan no se los inventan, y sin embargo, veo otros sitios donde sí se inventan datos y donde se miente.

-Con las redes sociales, ¿el papel de orientador del columnista está cambiando? Las redes como Twitter son impulsivas, sin reflexión…

-Es posible porque el problema que tienen las redes, que están por debajo todavía de los periódicos y revistas en cuanto a investigación, dinero para tener a un periodista enviado a un sitio, es que sólo tienen opinión, opinión y opinión. Se extrema el defecto de los medios de comunicación. El articulista debe ser lo último de un medio, debe ser el cierre, el café, el lazo final a una argumentación. Y lo que tiene que venir antes es periodismo, periodismo y periodismo.

-Solemos empezar por lo contrario: opinión, opinión y opinión.

-Sí, y eso es un defecto. Deberíamos empezar primero por la información y luego por la opinión. Y la opinión me parece muy importante. Hay muchas escuelas de articulistas, está el literario, famoso en España durante algunos tiempos y que ahora está muy apartado porque estamos en un periodo convulso de crisis y la gente necesita afianzar sus argumentaciones, y luego está el articulista cuyas argumentaciones parecen las que le quiere dar a un contendiente que luego va a salir a la calle a expandir esa palabra. Hasta los partidos lo hacen y por desgracia algunos se los mandan a los articulistas o los tertulianos. Y luego está el articulista que tiene su propio mundo y que argumenta. Y no me parece bien que a este se le desacredite porque otro lo haga mal. El ‘todo es igual’ no, que es algo que en la política se usa mucho.

-Un discurso peligroso, además. Ya conocemos por la Historia qué ha ocurrido cuando se ha usado el descrédito hacia todos los políticos.

-Pero aún más con el periodismo. Hay unos que dicen verdades y argumentan y están dispuestos a escuchar al de enfrente y no buscan hacer daño. Y hay otros que no. Y yo creo que se hace un daño muy grande a los medios cuando se dice que todos son iguales.

-¿Estamos en un momento de moda de las tertulias?

-Yo les quito siempre la palabra ‘tertulia’, porque la tertulia es un lugar al que van cinco o diez personas dispuestas a expresar su opinión y cambiarlas si la argumentación del otro le convence. Pero lo que nosotros llamamos tertulias son cuatro personas con opiniones muy cercanas a las de los partidos y además no están dispuestas a ser convencidas por la otra. Muchas veces es cierto que los temas que se proponen en las tertulias son Real Madrid o Barcelona, y entonces claro, siempre digo lo mismo ¿por qué vamos a discutir de eso? El periodismo deportivo cafre se ha trasladado a la política. Yo, por ejemplo, creo que Pepe Blanco y Bárcenas son dos ejemplos perfectos de dónde tiene que estar el periodismo que es descubriendo lo que hay detrás de cada uno, y da igual las siglas del partido que tengan detrás.

03-03-08 / Foto : Marina Ovejero / Presentación del libro " Saber Per

-Es el periodismo político estilo ‘Sálvame’.

-Eso son exigencias del medio televisivo, que es muy exigente, muy caliente…

-Sí, pero hubo un tiempo de debates serios.

-Sí, pero no tenía la competencia de unos tirándose en trampolín a la piscina. Siempre advierto sobre eso. Cuidado, que la televisión no es el sitio donde vamos a decidir aborto sí o aborto no. De lo que se trata es de elaborar un consenso social de pensar en los demás y no solo en ti, en lo que moralmente piensas. La sociedad no es lo que nosotros queremos, porque si fuera así tampoco habría cárceles, no harían falta policías, jueces. Los que pensamos que la sociedad debería regirse por sí misma, decepcionados ante la propia sociedad, al final hemos aceptado un punto siempre y cuando no se vuelva en nuestra contra o contra la gente que quiere actuar bien. Pero claro, es que la televisión es un medio caliente, no admite la reflexión. Se admitía en La Clave cuando no había competencia, pero cuando se trató de hacer con competencia la gente huyó a debates más sangrientos. Hay que encontrar la manera de adecuar el medio. Yo siempre digo, “no renuncies. Porque sea difícil no quiere decir que sea imposible”. Es más difícil que nunca hacer buena televisión porque tienes que competir contra la mala televisión bien envuelta y muy popular. Pero eso no quiere decir que uno arranque su programa y ya sea una basura. Si se fracasa, que el siguiente se dé cuenta de dónde se ha errado.

-Volviendo a las columnas. ¿Te han censurado alguna vez?

-Seguramente no ha hecho falta. He ejercido la censura sobre mí mismo.

-Te has autocensurado.

-Casi todo el mundo lo hace. Yo lo hago en la vida cotidiana y muchas veces sin ser consciente de que lo estás haciendo. Pero muchas veces más en el tono que en el contenido. Nunca he sentido que no haya podido escribir de algo. Y en particular no me han censurado nunca ningún tema ni ningún asunto. No sé cómo reaccionaría tampoco a eso. Siempre digo, “vamos a estudiar qué molesta”, pero entiendo que pasa, y que a veces ocurre por las razones más tontas del mundo. A nosotros nos quitaron un programa de televisión, El peor programa de la semana, por una cosa que no hicimos.

-¿Y qué era?

-Había una sospecha de que íbamos a hacer una broma de la infanta… de una infanta, y eso no lo podía aceptar la Casa Real. Y nosotros dijimos que no lo íbamos a hacer, pero dio igual. La sospecha era mayor. Muchas veces la censura viene para salvar el culo a un ejecutivo de una persona que está por encima, y que seguramente a esa persona que está por arriba no le importaría. A mí me han dicho que en El País está prohibido mal hablar de Bankia porque le deben dinero, y yo digo, “¿en serio?”. Ni me había enterado. No me había enterado que estaba prohibido. Obviamente en ningún periódico aceptaran que se critique a su dirección o a su Consejo de Administración constantemente. Pero un periodista lo que tiene que aprender es a eludir la censura. Y si entiende que el medio es censor, se debe ir.

-En las columnas que recoges en este libro hablas mucho de la situación actual del periodismo. De los periodistas despedidos, de los ERES, incluso del cierre de Público aplicando la reforma laboral…

-Eso me costó un disgusto de su dueño. Hay artículos que te cuestan mensajes y llamadas. Yo siempre tengo unas maneras elegantes, nunca voy a atacar, pero a veces recibes sorprendentes reacciones como queriendo que tú cambies, que cambies tu forma de pensar. Y yo digo, mira, es muy difícil que yo vaya a cambiar, pero si me das razones para ello, mañana rectifico.

-Te lo decía para preguntarte por tu visión del periodismo en papel y de esa columna que sale publicada en los periódicos y que aún guarda cierto prestigio que no tiene el medio digital. Porque lo que no sabemos es hasta cuándo se va a mantener este prestigio en comparación con los medios online, cuando ya todos nos vamos a leer casi siempre a la pantalla.

-Sí, y además el propio medio cuelga esa columna en Internet y la regala a todos los lectores, que es una cosa que, entre tú y yo, me sigue sorprendiendo. Que se pueda cobrar y regalar. Yo creo que lo del prestigio no es por el papel sino por estar en una cabecera conocida y más consolidada. En cuanto se arme un medio en Internet prestigioso la gente adquirirá ese prestigio. Y ya hay sitios en los que está pasando. Lo que no se ha encontrado aún es el modo de negocio para que una persona gane por lo que escribe y para hacerse responsable de lo que escribe. A veces la gratuidad genera el elemento: “yo escribo esto y me la suda”, mientras que al papel le tenemos más respeto. De todas maneras, yo creo mucho en la prensa de papel y con esto no estoy en contra de los medios digitales. Tengo contradicciones sobre esto. Creo que el mundo digital es estupendo, pero mientras no sea rentable nunca será lo suficientemente seguro. El gran problema de las empresas periodísticas en España es que se han metido en otros negocios o han querido tener demasiados negocios.

David Trueba

-Es algo de lo que se habla poco. Sobre cómo se han gestionado las empresas periodísticas en los últimos años. Se habla de falta de publicidad, de Internet, pero no de eso.

-Claro, y se habla de limitaciones salariales en otras empresas y no se hacen en las empresas periodísticas. ¿Por qué? Porque son grandes holdings y entonces ya no se consideran empresas periodísticas, sino que el periódico es un producto más. Y yo creo que por ahí sí que tenemos que hacer una reflexión. Un canal de televisión y un periódico cuanto más empresas tiene, peor, porque generarán una serie de sinergias y contagios… Hay que intentar que el propio medio en sí sea rentable, porque eso le da libertad y eso le mantiene. Te voy a ser sincero. Cuando me hablabas de la censura, siempre he pensado lo mismo. En algunas ocasiones lo que te dice un director o un redactor jefe puede que tenga razón y debes siempre percibirlo así. Otras veces no. ¿Dónde estriba la libertad? En poderte ir. Y esa es una libertad económica, que elevada al medio hace que el medio también pueda ser crítico con todo. Necesitamos medios fuertes. Al final de lo que pecamos es de la imbricación de las empresas, que se ha añadido a los medios y debemos luchar contra ello porque eso ha silenciado muchas cosas en este país. Y sigue silenciando. En la crítica generalizada a las estructuras de este país está fuera la crítica a las estructuras mediáticas. Por ejemplo, el programa que le dieron a Gil y Gil no se lo dieron a nadie poniéndole una pistola en la cabeza, sino porque se decía que “molaba y estos eran los políticos que necesitamos, los que hablan claro”. Así que parte de culpa en todo lo que nos ha pasado también ha estado en la política mediática. Y en la corrección tiene que estar la corrección de lo que consideramos defectos, y yo a la dependencia la considero un defecto. Por ejemplo, en el cine, uno de los grandes defectos es que depende de dos canales de televisión. Al final estamos en manos de tres ejecutivos. ¿Cómo puedes aspirar a un cine plural si pasa todo por un embudo tan pequeño? ¿Qué diferencia hay con el cine americano? Que tiene 17 formas de costear una película, y en España hay una.

-Y a la hora de hablar de estos temas, en tu caso ¿mejor el teclado que la cámara?

-Eso lo he oído ahora con los Goya y los desahucios. Se ha dicho que no se han hecho películas sobre la crisis económica igual que antes se decía que no se hacían películas sobre ETA. Sí que se han hecho, pero no ha ido nadie a verlas. Vamos a ser sinceros. Se han hecho películas y documentales sobre ese tema, pero el público no va a verlas y las películas no se pueden sostener si no van. Había un momento en España que si tú decías ETA, te decían, “veneno para la taquilla”. Al final pasas por esos elementos. Como se dice sobre la Guerra Civil, que te van a decir, “otra de la Guerra Civil y se van a reír de ti”. Pero casi siempre, detrás de esto hay alguien diciéndole al resto lo que se puede decir y hacer y lo que no, y como detesto la censura cuando es contraria a mí, también la detesto cuando la tratan de ejercer a los amigos. Así que cuando ahora han dicho que el cine no trata las temáticas sociales yo sé que lo dicen para joder a Candela Peña y a Maribel Verdú y tratar de ridiculizarlas. Por eso, lo que hago es mirar cuántas películas trataron estos temas, y veo que solo hay tres, pero veo entonces la taquilla y digo, claro, entiendo que nadie las haga. Pero haberlas, haylas, así que esa crítica ya no la acepto. Si lo que quieren es que Maribel y Candela no digan nada, pues que se lo digan directamente: “Mira, lo que quiero es que usted se calle”. Y yo ante eso, que es la verdad, diré óle. Lo que no me gusta es cuando la presión viene por otro lado. Esto de que no se puede ser millonario y ser de izquierdas. Y yo les digo, ¿y dónde está la norma donde se dice que para ser millonario hay que ser un cerdo?

-El ‘cállate’ porque yo tengo la verdad.

-No es sólo eso. Saben que no tienen la verdad. Yo nunca he mandado callar a nadie. El que manda callar es porque no tiene la verdad. Es bueno que todo el mundo exprese sus opiniones sobre la vida social y política española, porque eso es lo natural y porque en la televisión, en horario de máxima audiencia, nunca aparece un bombero, un cartero ni un desahuciado, solo un actor y un cantante, por lo que es normal que ese actor y ese cantante utilicen esa plataforma que se les ofrece para dar voz a los que no se les concede. Es una ecuación que no quieren entender, pero si invitas a un desahuciado todas las tardes a un programa el actor ya no tendrá que hablar de eso y se limitará a actuar. Ahora, para que te vaya bien lo mejor es callarte. Casi seguro que Maribel Verdú y Candela Peña están en su casa pensando que les habría ido mejor callarse. Pero la verdad es que no.

-Pero a pesar de los discursos de Candela Peña y Maribel Verdú, ¿crees que faltó crítica en los Goya?

-Dicho todo esto, yo no soy muy partidario en mezclar una cosa que está basada en el glamour y en la fiesta con otra cosa que no sean reivindicaciones profesionales, porque, para mí, los Goya son una reunión gremial. Pero qué ocurre, como los Goya son un altavoz, pues se usan para todo, y se han usado en años anteriores para protestar contra miles de cosas. A mí me pareció que estuvo más o menos equilibrado. Hay que ser naturales. Igual que no todo el mundo es Bruce Springsteen y va a cantar con Obama, hay otros que dicen su opinión y otros que no dicen nada. A mí me parecen bien todos. Lo que no voy a hacer es criticar a Bruce Springsteen, ya que yo nunca he criticado a Arturo Fernández o a Norma Duval porque hayan expresado su voto hacia el PP. Me parece que están en su derecho a hacerlo. Y el que los haya insultado les debería pedir perdón.

-Hablando del PP, el martes el Secretario de estado de Cultura, José María Lasalle, dijo que ya tenían casi preparada la Ley de Mecenazgo, una ley que, según el Gobierno, permitirá más ayudas privadas con las desgravaciones fiscales pertinentes. ¿Ayudará también a las películas pequeñas o sólo serán beneficiadas las grandes?

-La Ley de Mecenazgo ayudará a cosas que no tengan filo, que no corten y no manchen. Es obvio. Si vas a poner el nombre de tu institución, qué eliges, pues el Museo del Prado porque no va a salir Goya a decirte, “oiga, hagan algo contra los desahucios”. Ahora, ¿una película? ¿Cuál? ¿Blanca? ¿Que trate de teléfonos blancos? Todas las películas manchan, todas las películas tienen algún comentario social. La Ley de Mecenazgo va a servir para artes blancas. Yo siempre he defendido que funcionen los mecanismos. Siempre digo que la mejor ley de cine es aquella que permita que a las salas lleguen las películas. Es decir, que las películas compitan en igualdad. La que ha costado 600.000 euros y la que ha costado 60 millones de euros. No digo que compitan en los mismos cines, pero que la de 600.000 se pueda ver. Eso es de lo que un Gobierno se tiene que ocupar.

-Aunque sea en Internet… También está lista la Ley de Propiedad Intelectual.

-Yo diría en todos los canales. Visible. Posible. Porque si ahora digo que esas vayan a Internet les estoy quitando una posibilidad. Y al final Internet es una reproducción del resto de la humanidad. Yo me meto en YouTube y ahí lo que manda es Lady Gaga, las multinacionales… Internet es un latifundio impresionante. Lo que tiene que haber es una igualdad de comercio. Y esa es la ley que nunca hacen.

-Lo que ocurre es que el mensaje que le llega a la ciudadanía es que el artista es un chupóptero de la subvención.

-Porque toda la prensa que les ha hecho creer durante 20 años que lo único que estaba subvencionado era el cine, y resulta que el partido político que ellos votan recibe al año tres veces el dinero que recibe toda la industria audiovisual. ¿Eso lo ha dicho alguno de esos locutores o alguno de esos columnistas? Ahora vamos descubriendo cosas que nos sorprenden como las subvenciones a las hidroeléctricas, a la banca, a los medios de comunicación… Y piensas, ¿pero si sólo era el cine? Así que los que se han encargado de hacerle creer que era solo el cine, le han manipulado y de la peor manera, que es a favor de lo que él pensaba. Piensas esto, sí, pues piénsalo más.

-¿Por qué esta mala relación entre este Gobierno y el cine?

-No con todos su miembros sino con los que son más herederos de la época de Aznar, que siguen teniendo la sensación de que perdieron las elecciones en 2004 por culpa de la ceremonia de los Goya y el Hay Motivo. Cuando he coincidido con ellos les he dicho que las elecciones las perdieron ellos solos y que mientras tengan ese tipo de personajes corruptos y sectarios dentro del partido las volverán a perder. Como cuando he hablado con la gente del PSOE, que les he dicho que las perdieron y las volverán a perder mientras tengan dentro a ciertos personajes. Hay gente que no contribuye a mejorar el país, sino a empeorarlo, así que cuanto menos cargo político les des, mejor.

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-Tú has ganado premios como cineasta y con la novela Saber perder obtuviste el Premio de la Crítica…

-Los premios son un accidente laboral. No lo digo como humildad, pero son un accidente. Lo importante es que tú haces una cosa, te dan una hostia en un periódico, otro te pone un poco mejor… y todo es un accidente. Todo depende.

-Para algunos los premios no son un accidente…

-Claro, claro, pero no me verás ahí.

-Empiezas una película en mayo, ¿otra historia mínima?

-Un poco mínima pero no tanto como la anterior. Todas mis películas han sido pequeñas porque nunca he conseguido presupuestos grandes para poderlas hacer, pero quizá en los últimos años más difícil todavía. Es una película, yo creo que bonita, que es lo que importa. El tamaño solo importa para determinadas cosas y no siempre.

-Ahora que dices lo de ‘bonita’, este es un adjetivo que te sorprendió que lo utilizara una amiga tuya en relación con las reivindicaciones de los mineros de este verano, según escribes en una de las columnas. Es curioso porque vienes a decir que ese “bonita” incluye la solidaridad, la lucha por lo que uno cree… ¿Estamos recuperando esa belleza con esas luchas por lo que creemos en estos tiempos tan complicados?

-Pues puede que sí, que una de las poquísimas cosas buenas que vaya a traer esto sea recordar a la gente que lo que tú haces es lo que cuenta y lo que cambia el mundo. Al mundo fundamentalmente lo cambias tú, tu actitud, tu forma de ser, porque genera un efecto dominó en tu entorno más cercano.

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