Adrián Sánchez Esbilla

Estilo de clase obrera. La subcultura en el cine inglés (II)

the firm nick love

Fiebre fuera de las gradas

De entre las variaciones sobre la tradición del cine obrerista, social y realista que el cine británico ha ofrecido en el presente, una de las más singulares, exitosas, ambiguas, y hasta inexplicables, son las dedicadas a la mostración, a veces exaltada, a veces crítica, siempre con un algo de fetichismo mejor o peor disfrazado, de los hooligans. Una subcultura futbolera basada en el tribalismo y la masculinidad, en un sentido totalitario de la lealtad y en una pulsión irrefrenable por la violencia. En sus mejores ejemplos un cine de una honestidad brutal, en el resto una interpretación de las fantasías masculinas asimilable a los chick flicks.

Mirando de cerca la naturaleza básica de esta serie de trabajos y extrapolándolo de forma legítima al contexto del bajo presupuesto británico no cuesta sacar paralelismo con las tácticas, maneras, formulaciones e intenciones (comerciales) de la blaxploitation norteamericana de la década de los 70. Ambas repiten esquemas y glorificaciones y ambas se dirigen a un nicho de público determinado que quiere verse reflejo en pantalla con una mezcla de autenticidad y mixtificación.

La corriente nace de una serie de fenómenos entrecruzados que suponen una renovación del interés por el universo subcultural británico. Por un lado el interés en la  escuela realista de la década de los 80 encabezada por el mencionado Alan Clarke. Por otro el éxito de de la reinterpretación en clave de lujo trash de las películas setenteras de gangsters cockneys tipo Asesino Implacable emprendida por Guy Ritchie con Lock & Stock. Y finalmente la creación del sello editorial London Books por parte del novelista John King.

King es el autor ideológico, por así decir, que sustenta el invento. En 1996 publica The Football Factory, sobre las andanzas contadas desde dentro y sin arrepentimientos ni cohartadas de ningún tipo de una serie de casuals del Chelsea. Declaradamente influenciado y realizado en la estela del Trainspotting de Irvine Welsh, el libro supone un tremendo éxito que  impulsa a King a continuar en ese estilo en Headhunters y England Away. Más tarde, King avanzará entre otras subculturas en títulos como Human Punk, White Trash o Skinhead, todas sin traducir ni publicar por aquí.

Su éxito personal le permite fundar London Books, un sello donde al tiempo que da salida a otros escritores contemporáneos de clase obrera, reivindica y reedita tanto a los working class de los 80/90 como a toda esa escuela del realismo negro británico anterior a la guerra y los Angry Young Men.

Para esta entrega nos centraremos en seis títulos fundamentales, dejando fuera sus secuelas directas, puro subproducto excedentario y señalando tan solo la pervivencia del fenómeno a través de títulos derivativos como The Rise & Fall of a White Collar Hooligan (Paul Tanter, 2012) o fusiones con el thriller de acción, St. George’s Day, donde un grupo de old faces regresando a la acción y el cual supone el debut en la dirección del icónico (para el subgénero) actor Frank Harper; ya que como todo filón que se precie, éste también tiene su pequeño star system.

La hooligansploitation encuentra su base en los relatos de King y en la rica literatura futboletra británica, pero también en dos trabajos previos, aislados en sus décadas como la ya mencionada The Firm y la injustamente desconocida I.D, realizada para la BBC por el televisivo Philip Davis.

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Gary Oldman en The Firm

La de Clarke, heredero directo del Free, es la continuación estilística y conceptual de Scum y Made in Britain. Un trabajo conciso, implacable y ágil. Dominado por una cámara que sigue de forma obsesiva en su día a día a  un eléctrico Gary Oldman como Bexy, líder de la Inter City Firm de West Ham, mientras intenta reunir al resto de las firmas para asaltar Alemania con la llegada de la Eurocopa; es el momento en el cual el hooliganismo fue declarado “shame of a nation”: los años mediados de los 80 donde la subcultura se organizaba de modo eficiente y militarizado, a imagen y semejanza del régimen de la Dama de hierro y su nueva Inglaterra, pero que al tiempo resaltaba lo peor del mismo diciendo al Sistema que si querían que se convirtiesen en todo lo que temían y odiaban lo harían encantados.

Como siempre, Clarke no da facilidades, ni respuestas obvias, su estilo es objetivista, áspero y a la vez con un algo de abstracción que lo proyecta sobre el mero documento, trascendiendo su condición primera de exposición realista para alcanzar un tipo de autenticidad más abstracta.

I.D. no es, desde luego, un trabajo tan poderoso pero supone un regreso al universo hooligan igual de anticonvencional que propone el seguimiento de una grupo de policías infiltrados en la hinchada del ficticio Shadwell y su mítica grada conocida como La Perrera, trasunto del Millwall y su The Den. Un pequeño equipo del este de Londres con una firma especialmente brutal y activa. Poco a poco uno de los agentes irá perdiendo la noción de sus lealtades transformándose en un verdadero hooligan, absorbido por un mundo viril, primario y violento pero a su manera, también honesto.

Sucio y sórdida, con esa textura granulosa del cine y la TV británica tan distintiva, interpretada con una credibilidad asombrosa, supera los aspectos melodramáticos del guión gracias a una ambivalencia incómoda que escruta con rigor tanto las responsabilidades de la policía como la manipulación por parte del crimen organizado de un grupo de hooligans que están retratados como un cúmulo de perdedores, frustrados y zoquetes cuya única respuesta para todo es la violencia obtusa.

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Imagen de The Firm

Con estos dos títulos en la memoria el nuevo hooligansploitation comenzó retratando el mundo alrededor, la subcultura contemporánea en The Football Factory y Green Street Hooligans y aunque sus secuelas continuaron en esa línea, los cineastas se  apartaron pronto de esa plasmación prefiriendo una mirada historicista al movimiento y sus mitos, a veces fascinada y fetichista, pero en ocasiones reflexiva y aguda. Por un lado, las biografías de históricos top boys como Carlton Leach en Rise of the footsoldier Cass Pennat en Cass, ambos líderes de la Inter City Firm del West Ham, la firma favorita del cine hooligan. Por el otro, se prefiere una mirada sentimental y rabiosa al pasado a través de sus movimientos juveniles, revulsivos y violentos, como queda reflejado en Awaydays , que sería la versión hooligan de trabajos como NEDS o This is England, las cuales veremos en la siguiente entrega, con las que comparte mirada de aprendizaje juvenil a la Inglaterra post-punk y thatcherista. El conjunto de estas dos entregas pretende indicar cómo estos productos, de muy distinta naturaleza y aspiraciones, terminan por ofrecer una visión penetrante de la sociedad, las subculturas, la criminalidad y la deriva de la clase obrera británica desde los 60 hasta los 90.

Hooligansploitation!!!

The Football Factory, Nick Love, 2004

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La adaptación de la novela de King que prendió la mecha del hooligansploitation a partir de la fusión de dos referentes directos: la versión barata del cine de Guy Ritchie y la apropiación de recursos del Trainspotting de Danny Boyle.

El conjunto está dominado por un ambigüedad, al tiempo incómoda y adictiva, al adoptar, sin máscaras, un punto de vista hooligan, desde dentro de la subcultura y sin apenas más distancia que las dudas vitales del protagonista en el momento de la acción, al contrario del planteamiento objetivista de Alan Clarke en la fundacional The Firm. De ahí se deriva el tono glorificador pero también sincero que atraviesa la película como la voz en off cómplice y autojustificativa del héroe protagonista, Tommy Johnson, un casual del Chelsea que ve como su vida se desequilibra justo antes de un enfrentamiento copero frente al Millwall. Al final, el metraje, bombardeado de recursos distorsionadores, digresiones, montaje rápido y música, pretende acaparar demasiadas cosas, conviviendo en él la minuciosidad en ambientes y tipologías, las muestras frontales de la violencia como estilo de vida y fuga de la realidad –en la película no se ve ni un campo por dentro y apenas un par de estadios por fuera-, apuntes de la importancia de las drogas -tanto a modo de negocio como recreativas- o historias paralelas de rara sensibilidad como la del abuelo del protagonista, junto a una multitud de aspectos puramente derivativos o explotativos. A su manera, un film honesto y sincero, que sabe a qué público se dirige.

Tuvo tal éxito y Dyer se convirtió en una cara tan representativa que el canal Discovey realizó un par de programas documentales conducidos por el actor, The Real Football Factories y The Real Football Factories International, en los cuales se exploraba/explotaba la historia, el presente y la leyenda de las aficiones de las islas primero y de Europa y Sudamérica después con un tono oscilante entre el reportaje crítico y la fascinación.

Green Street Hooligans, Lexi Alexander, 2005

Green street hooligans

La versión lujosa y usamericana, pese a ser de producción británica, del fenómeno desatado por The Football Factory, lo cual permite filmaciones tanto en los alrededores como dentro del estadio. Detalle por lo general obviado en el resto de producciones por una mezcla de necesidad económica y elección estilística, ya que este off futbolístico permite disociar el juego del hooliganismo. Lo que en la película de Love es una honestidad todo lo obtusa que se quiera pero honestidad al fin y al cabo, se convierte aquí en un retrato del hooliganismo como fuente de superación y afirmación personal para él en principio débil protagonista, quien a través de su relación con el líder de un firma del West Ham –llamada Gree Street Elite pero trasunto de la histórica Inter City Firm- descubre conceptos como la lealtad, el honor y la pertenencia tribal; todo ello ligado a la violencia, claro.

Un ejercicio de filofascismo romántico lujosamente empaquetado, lleno hasta los topes de tópicos, con un guión ridículo y unos actores principales por completo caricaturescos, en especial el guaperas soft Charlie Hunnam imitando al ya de por si lamentable wannabe Danny Dyer. Quizás el punto de mayor interés resida en la presencia tras las cámaras de una directora mirando a un contexto y un cine puramente viriles.

Originó dos secuelas infracinematográficas que hablan con claridad del carácter explotativo del invento y del buen estado de salud del cien de bajo (bajísimo) presupuesto británico de los 2000.

RiseRise of the Footsoldier, Julian Gilbey, 2007

En principio un biopic sobre otra leyenda del hooliganismo ascendido a gangster a lo largo de las décadas de los 70, 80 y 90 que a mitad de metraje se olvida de su argumento para dedicarse a especular con otro mito del moderno imaginario truculento de Gran Bretaña:  los asesinatos de Rettendon, en el condado de Essex. Un célebre triple asesinato que involucró, como víctimas y verdugos, a los conocidos como Essexboys, la más importante banda del sur de Inglaterra. Un crimen aquí recreado con estilo gore que ya inspiró la previa y muy sórdida Esexx Boys, dirigida en el 2000 por Terry Windsor y con Sean Bean como protagonista, y la posterior Bonded by Blood a cargo de  Sacha Bennet. Un ejemplo válido del boyante cine criminal británico de bajo presupuesto y consumo interno,  donde se repasan sumariamente una serie de peleas filmadas con el estilo torpe y efectista de rigor y se dibuja la figura totémica de Leach,  la leyenda de la Inter City Firm de West Ham, el grupo hooligan más célebre del Reino Unido y sin duda el más frecuentado cinematográficamente por encima de los del Chelsea o el carismático Millwall.

El conjunto es una mala digestión del Scorsese sincopado y encocado de Uno de los nuestros adaptado a un presupuesto contado y un talento ausente que deriva en una sucesión de secuencias violentas, enfáticas, chillonas y deslavazadas que hacen ininteligible la narración y nunca explican la evolución del personaje ni de las pésimamente recreadas épocas: de la furia tatcherista al gobierno Major pasando por la influyente cultura del éxtasis de los primeros 90, un paraíso hedonista del cual participó activamente uno de los intérpretes del film, Terry “Turbo” Stone, uno de los grandes promotores de Raves en el Reino Unido.

Cass, Jon S. Baird, 2008

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Biopic sobre Cass Pennant, un bebé jamaicano adoptado a finales de los 50 por un matrimonio inglés de mediana edad y blanco, que acabará siendo epítome de la era del hooliganismo, íntimamente asociada a la destrucción de la clase obrera por parte del gobierno Thatcher, criminal reformado y en la actualidad escritor.

Pese a basarse en uno de los libros autobiográficos del protagonista intenta esquivar lo justificativo o glorificador de su época como legendario líder de la Inter City Firm del West Ham durante los 80, lográndolo en buena medida gracias a que apuesta primero por una estética cercana a los modos de representación de la televisión y el cine británico de esa década, remitiendo de manera muy directa al clásico subcultural The Firm de Alan Clarke para diferenciarse de los modos de representación modernos y fardones instaurados por Nick Love con un ojo puesto en Danny Boyle y en Guy Ritchie.

La película resulta un sólido estudio de caracteres y un apreciable retrato de un universo viril que atraviesa treinta años de cultura proletaria en Inglaterra entre lúcidos apuntes sobre el thatcherismo, la necesidad casi vital de la violencia como canalización de toda una serie de frustraciones de clase y a la vez el imperativo de apartarse de ella.

The Firm, Nick Love, 2009.

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El reverso de The Football Factory donde Love muestra su notable aprendizaje como cineasta, rodando con nervio y renovando su estilo a favor de la concisión y la sequedad aunque sin perder la estilización ni remitir en su obsesiones a la hora de reflejar la estética casualista a través de la moda.

Para su regreso a la subcultura hooligan y al casualismo recurre a plantear un remake del esencial telefilme de Alan Clarke, The Firm, pero sometiéndolo a un cambio en el punto de vista: sin en la obra de Clarke se imponía el estilo documental y el seguimiento del personaje de Bexy, líder de una firma de hooligans del West Ham empeñado en reunir al resto de firmas de cara a la Eurocopa de Alemania 88, en esta la entrada al submundo será un muchacho fascinado por la figura intimidante y en apariencia poderosa de Bexy.

Es decir, lo que en la versión del 88 es una cruda exposición de realidades –los hooligans son tipos adultos con trabajos, buenas casas y familias que salen los fines de semana a descargar violencia en justas medievalizantes- en la de 2009 pasa por un proceso de madurez que culmina con el héroe protagonista dándose cuenta de que la figura a la cual admira es un don nadie de quien ni sus amigos se acuerdan después de

Love se ve obligado a traicionar este punto de vista para introducir el ofrecido por Clarke en el título original, provocando que su propia versión resulte indefinida en conjunto. Así y todo logra huir de la ambigüedad glorificadora de su anterior trabajo hool bebiendo del realismo social pero tamizándolo a través de una estética propia que guarda sus mejores aspectos en la minuciosa reconstrucción exterior del movimiento, con atención milimétrica al declarado marquismo de los casuals de los últimos 80 a través de un desfile fetichista de Adidas, Sergio Tacchini, Ellese, Burberry, Fila… que colaboran junto a la notable selección de actores y tipos a la credibilidad del film, muy superior en eses sentido a la de Awaydays.

Awaydays, Pat Holden, 2009

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Una versión “de calidad” de los filmes sobre el hooliganismo se han puesto de moda en Inglaterra desde mediados de los 2000, modo de exploitation vernácula dirigida a una serie de público concreto y con modos de producción muy ajustados.

Se basa en una novela de Kevin Sampson publicada en 1998 y centrada en sus experiencias juveniles dentro de la subcultura “casual” en el violento Norte de  Inglaterra de los últimos 70 y primeros 80, fuertemente influenciados por el estilo de las firmas de hooligans escocesas de Aberdeen o el Hibernians que abandonaron los looks agresivos a favor del marquismo y el sport elegante con el objetivo tanto de diferenciarse del resto de aficiones como de mimimetizarse con los espectadores comunes.

El resultado es una película de intensidad intermitente, sobre procesos de madurez y autodestrucción, de reafirmación de la individualidad, en la cual el casualismo es más un paisaje que un motivo central, aunque sirve como espita a la desorientación del protagonista a través de la ropa, la violencia y el sentido grupal;  la identificación, el dolor como método para sentirse vivo y la pertenencia,  al fin y al cabo. Por desgracia, donde se demanda realismo y concreción se ofrece estilización  hiperrealista y abstracción; amén de que pesa la parquedad del presupuesto -aunque la labor de ambientación, en especial el vestuario, resulta encomiable- , algunas licencias estéticas –esos cortes de pelo demasiado contemporáneos y efébicos-  y la irregularidad del reparto, principalmente el cargante personaje de Elvis, interpretado con un recital de afectación.

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2 pensamientos en “Estilo de clase obrera. La subcultura en el cine inglés (II)

  1. El caso es que he visto tres o cuatro de éstas y acabo mezclando el argumento de todas ellas, lo cual no dice mucho en su favor. Suelen ser curiosas, con ese cierto exotismo de exploitation para turistas, pero en general dejan un halo de mitificación del hooligan bastante dudosillo para mi gusto, con mucho melodrama social como instrumento de chantaje y romanticismo mal entendido.
    También lo incluye esa serie documental en la que Dyer vuelve a lucir su bamboleante paso de pato (qué malo es tener que hacerte el duro y no saber). Eso sí, descubrir que los hoolingans rusos pactan antes de los partidos el número de contendientes, el lugar apartado para la pelea y la prohibición expresa de armas es un punto (romántico de nuevo y, por tanto, verdad a medias o mentira entera).

    • Lo cierto es que al mayoría son muy malas, pero al menos las hay honestas como las de Love, que al retratar la cosa desde dentro les da una sinceridad que por muy mitificada que esté no queda anulada. Caso contrario de la infame Green Street Hooligans, más falsa que al falsa moneda, o Awaydays,que es muy emo.
      Las mejores del pack son sin duda Cass y el remake de The Firm pero la original de Alan Clarke es insuperable y eso que dura poco más de uan hora y la hizo para la tele. En esa no hay escaparate de tendencias, sobre la verdad bruta y cruda.

      Los programas televisivos está muy bien pese a Dyer, que de tan penoso ya es entrañable. Hacen un buen recuento de la mítica de las hinchadas y la confrontan con la realidad presente. Está claro que tiene un aire de molomolismo algo molesto pero como testimonió resultan muy válidos e históricamente está trabajados.

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