Pablo Batalla Cueto

Ménage à trois en el BlueSky

Dibujo 1

«El arte es un camino sucio y angosto». Con esta claridad describe la joven artista Laura García Pola (Gijón, 1986) las hechuras de las vías que conducen a la cumbre del Parnaso. No es nada que no sea del dominio público, es cierto: sabido es, y hasta se menciona en un reciente anuncio de televisión, que Van Gogh vendió un único cuadro a lo largo de toda su prolífica vida de pintor; un sobrio paisaje titulado Viñedo rojo por el que Anne Boch pagó cuatrocientos francos en 1888. «Sí, así es.», suscribe Káiron Vinicius, ilustrador gráfico, lo de la suciedad y la angostura. Txus Cebollada (Gijón, 1994), tercer componente de Ménage à trois, calla y otorga. El éxito, incluso el cierto éxito, es un maná escasísimo, sujeto a la tiranía y a la frecuente arbitrariedad de las cartillas de racionamiento de los circuitos culturales. Por suerte para los habitantes de algunas ciudades, especialmente para la porción de ellos dotada de algún talento artístico, hay lugares en los que la red de centros de dispensa de dicho maná es algo más tupida de lo normal, y en las que al puñado canónico de grandes galerías se añade un espontáneo panal de pequeños locales, regentados por amantes del arte convertidos en anónimos mecenas.

Gijón es una de esas ciudades art-friendly en las que pequeños rompehielos colaboran con los grandes en la tarea de abrir camino a los artistas emergentes. Y el BlueSky es uno de esos rompehielos chiquitines; un bar-galería de la calle San Antonio, de ambiente chill-out, sobria estética moderna, nunca demasiado lleno, nunca demasiado vacío, que ha alcanzado cierta fama en la ciudad por la maravillosa variedad de sus actividades: couchsurfing, bookcrossing, tándems lingüísticos e incluso un tuppersex. Entre los amantes de los animales también se encomia el hecho de que, frente a lo que es habitual, al BlueSky se permite entrar con perros.

Dibujo 2García Pola, Vinicius y Cebollada inauguran allí el sábado 23 una exposición de dibujos a seis manos a la que han otorgado el provocador título de Ménage à trois. Así explican ellos el ultrabarroquismo kitsch de estos dibujos: «Lo que hacemos es improvisar, dibujando de manera aleatoria e intuitiva sobre lo que el otro deja como base. De esta forma, un simple círculo puede acabar siendo un robot kamikaze tailandés con un escudo medieval», refieren Vinicius y Cebollada. «Partir de la mezcla de los tres para crear un estilo nuevo», añade García Pola. El resultado es, sí, ése: un caprichoso horror vacui de ingredientes pop, tan japonizante como americanizante, en el que muñecos de galleta de jengibre comparten sala abarrotada con tortugas ninja, ETs de Spielberg en chándal y gallinas geométricas que cagan estrellas. «Arte pulsional para el niño pequeño que todos llevamos dentro y que nunca deberíamos dejar atrás», propone su prospecto.

La travesía del desierto que todo licenciado en Bellas Artes debe padecer después de adquirir el birrete tiene otra vertiente; a muchos, más tarde o más temprano, acaba venciéndolos la obligación de pasar por el alienante anonimato de la artesanía industrial a fin de ganarse los garbanzos. Laura García Pola ha tenido suerte en este aspecto: ha encontrado un garbanzal que, aunque agotador de cultivar, le ha dado buenos réditos y le permite conservar la independencia a la que todo artista aspira. Laura García Pola diseña y fabrica sus propios peluches, que vende a todo el mundo a través de su tienda online, una muestra de los cuales también expondrá el BlueSky a partir del próximo sábado. Su historia es un buen ejemplo de solución freelance a las miserias de la crisis económica y de la escasez de salidas laborales una vez se franquea hacia afuera la puerta de la universidad.

«Comencé —relata— a diseñar peluches mientras estudiaba la carrera, para regalar a amigos en sus cumpleaños. Tuvieron éxito y mis amigos me sugirieron que abriese una tienda en Internet. Primero probé en eBay, pero las tarifas son en mi opinión excesivamente caras; además, eBay es una especie de cacharrería, y yo necesitaba algo más enfocado a cosas artísticas. Dos amigos me sugirieron Etsy, una página destinada a la compraventa de artesanía, arte, ropa de diseño, antigüedades, etcétera. Da muchas facilidades: las tarifas y las comisiones son pequeñas, está muy bien organizado y hay muchísimo movimiento. Y bueno, hay público de todas partes del mundo.»

Laura García Pola vende tanto diseños propios como encargos: «En principio, mi idea era vender mis diseños personales, que es lo que realmente me interesa, pero empezaron a proponerme encargos especiales de personajes de series de dibujos y películas. Resultó que se me daba bien copiarlos, y cada vez tengo más encargos de ese tipo.» El trabajo, cuenta, «es mucho y pesado», pero añade: «Aprendo mucho y evidentemente me da dinero».

No sólo monetaria y formativa; la ganancia de Laura García Pola ha sido en ocasiones también de otro género. «Una madre se puso en contacto conmigo a través de un familiar mío, y me contó que tenía un hijo con autismo y que prácticamente sólo estaba contento cuando estaba con su peluche, Tato. Era un perro de punto verde y naranja que estaba ya muy quemado, lleno de retales y descosidos, porque el niño iba con él a la piscina y lo hacía prácticamente todo con el. La madre me pidió que le hiciera un muñeco lo más parecido posible, pues Tato era también un muñeco hecho a mano, y era imposible encontrar otro igual. Conseguí hacer un muñeco exactamente igual salvo por el material —no trabajo haciendo punto con lana—, y cuando les llegó el peluche, la madre, contentísima, me envió fotos del nuevo Tato con el niño, feliz y sonriente. Ese encargo fue muy especial; me hizo mucha ilusión».Peluche1
Internet ha abierto en todos los órdenes posibilidades inimaginables hace apenas unos años. «Ya no tienes que sudar sangre para publicitarte. Las páginas de Facebook están geniales para eso. Sonará raro, pero Facebook mejoró mi vida. Es un medio brutal para mostrar tu trabajo, y además conoces a muchísima gente que puede ponerse en contacto contigo a través de distintos lugares. He llegado a vender a Hong Kong y a Singapur».
La tienda de Laura García Pola se llama Mola pila. «En Galicia, donde yo estudié, a la gente le hacía mucha gracia que yo, al ver algo que me gustaba, dijese “mola pila”, y también empecé a darme cuenta de que era lo que la gente de aquí decía cuando enseñaba los peluches. Por eso le puse ese nombre a mi tienda».

La inauguración de la exposición Ménage à trois tendrá lugar en el BlueSky (C/San Antonio, 6, Gijón) el sábado 23 de marzo a las 21:00. La página web de Mola pila, la tienda online de Laura García Pola, es http://www.etsy.com/shop/MOLAPILA?ref=si_shop.

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