Marcos García Guerrero

Sporting is coming!

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Foto de El Comercio

Escuchas la radio de la que vas hacia El Molinón y suena la banda sonora de Juego de tronos, que dice el tío que se estrena ahora la nueva temporada en Estados Unidos y que no te la pierdas. Te vienes arriba. Está claro que si los Stark siguiesen a un equipo, ese sería el Sporting: norteño, heroico y apaleado. Puede que Sandoval no alcance la dignidad de Eddard Stark, vale, pero en el Panteón de los Antiguos Dioses rojiblancos reinan las coronas de Manolo Preciado y Jesús Castro. Ahí es nada.

A diferencia de hace una semana, cuando el estadio gozó de un lleno absoluto para ver a la selección, la tarde de El Molinón se presenta con 17.000 espectadores pero con un ambiente muy diferente. Nada de tsunamis que inundan los graderíos ni de padres que te dicen que te agaches porque «el mí críu no ve». Hoy juega el Sporting: blasones en alto y el espíritu guerrero de las grandes hazañas. Vencedor por los campos de España, otra vez volverás a triunfar.

Si hay un equipo en España que en los últimos años simboliza como nadie la antipatía del sportinguismo, ese es un Real Madrid (Castilla para la ocasión) que llegó con unos jugadores con aires de Lannister caprichosos y de limpiarse el culo con el oro de Roca Casterly. Sin embargo, la batalla que se podía presuponer en los prolegómenos del partido al final no lo fue tanto, más allá de la hostilidad desde el minuto uno contra Jesé Rodríguez (jugador al que El Molinón no perdonó su agresión en el partido de ida a Grégory, y tampoco sus aires cristianorronalderos, con su cresta de dilophosaurio, sus maneras chulescas y, en definitiva, su pinta de flipao), y unos últimos ocho minutos que, tras las intervenciones milagrosas de un Pichu Cuéllar, quien ayer (y en las últimas jornadas) se erigió como nuestro verdadero Muro en el Norte, hicieron afilar las espadas del sportinguismo como hacía tiempo que no se veía. Cuando el equipo hace sonar el cuerno de guerra, la afición acude siempre a su llamada.

No hubo grandiosidad en un encuentro en el que una certera estocada de Canella hizo tambalearse a un Real Madrid Castilla de muchas intenciones pero pocas maneras. La tangana final, más propia de los traicioneros encuentros en callejones oscuros de la España de Quevedo que de una batalla digna de un cantar de gesta, hizo más intensa la ovación final, y más placentera una victoria que por otro lado, y como vamos viendo desde hace semanas, se nos muestra como única vía de supervivencia. En el juego de tronos sólo hay dos opciones: o ganas o mueres.

Nueve puntos de nueve, quince de los últimos dieciocho. La mejor racha de lo que va de temporada y posiblemente de los últimos años. Con la derrota de Las Palmas y a la espera de otros resultados, el Sporting puede afrontar la próxima jornada a cinco puntos del playoff. El invierno ha pasado. Sporting is coming!

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