Ismael Rodríguez

Historia del Seis Naciones en un solo partido: Gales vs. Inglaterra

Poster 6 naciones

A veces me da la impresión de que hablar de un torneo deportivo es en realidad una mera excusa para poder referirnos a aquel partido que realmente nos marcó, a aquella jugada que nos maravilló, a aquel momento que lo definió para nosotros. Porque al final nuestra memoria de estos eventos se construye en base a las sensaciones, a aquellos instantes en los que nos emocionamos, a todo tipo de interpretaciones construidas sobre el vacío y no sobre la razón. Por eso resulta casi baladí hablar aquí del desarrollo de un torneo que, por otra parte, nos ha dejado un rugby realmente pobre. El Seis Naciones ha cumplido, contando todos los torneos que lo precedieron, nada menos que ciento treinta años. Y lo ha hecho con el peor registro de ensayos desde que se incorporó Italia al campeonato, lo que ya de por sí no es ninguna buena señal.

Pero es que además hemos tenido que ver cómo Irlanda se sume en un cambio generacional sin dar buenas sensaciones. O’Gara y O’Driscoll pueden haber jugado sus últimos minutos con el XV del trébol, dejando unos huecos difíciles de cubrir en el corazón de los verdes. Francia, por su parte, ha sido una merecida destinataria de la cuchara de madera, deshonor que no había sufrido desde la última edición del Cinco Naciones en 1999. Los Parra, Michalak, Dusautoir o Papé realizaron un torneo muy lejos del nivel que se esperaba tras unos grandes tests de otoño que prometían una lucha a muerte entre el XV del gallo y el de la rosa por el título.

Las noticias agradables provinieron de los habituales perdedores. Escocia e Italia han demostrado que están dispuestos a reducir las diferencias con el resto de equipos y no ser los favoritos eternos a la cuchara de madera. A pesar de que Italia siga falta de un mejor juego de ataque, o de que Escocia muestre un exceso de agresividad que a menudo se vuelve en su contra, ambos equipos están en su mejor momento en muchos años, lo que no es poca cosa.

Por fortuna, elevándose por encima del resto de equipos y de situaciones, un choque se fraguó desde la segunda jornada. Fue entonces cuando todo el mundo del rugby se dio cuenta de que este Seis Naciones quería decidirse en el Millennium Stadium de Cardiff, con un choque que ya es histórico en el rugby mundial.

Dos caminos divergentes

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Phil Bennet

«Mirad lo que estos bastardos le han hecho a Gales. Han cogido nuestro carbón, nuestro agua, nuestro acero. Compran nuestras casas y sólo viven en ellas un par de semanas al año. ¿Y qué nos han dado a cambio? Nada en absoluto. Hemos sido explotados, violados, controlados y castigados por los ingleses… y contra ellos jugáis esta tarde.»

 —Phil Bennett, capitán de el equipo nacional de rugby de Gales antes del partido Gales vs. Inglaterra del Cinco Naciones de 1977.

La relación entre Gales e Inglaterra es mucho más hostil de lo que nos imaginamos desde España. Más a menudo de lo que uno se cree, se pueden encontrar en la televisión o en la prensa inglesa auténticos ataques contra los galeses. Estos llegan de la mano de gente como Jeremy Clarkson, presentador del exitoso programa «Top Gear», o de diferentes autores en publicaciones como The Spectator o el Daily Mail.

Por supuesto también tienen su réplica desde el bando galés, llegándose al punto de la existencia de al menos cuatro grupos nacionalistas galeses que se dedicaron a incendiar viviendas de propiedad inglesa en Gales. Su actividad tuvo lugar entre los años 70 y los primeros años 90. Durante este periodo el grupo Meibion Glyndŵr («Hijos de Glyndŵr» en castellano) llegó a realizar ataques contra oficinas del Partido Conservador en Londres y diferentes agentes inmobiliarios en Gales e Inglaterra.

Sin embargo, y por suerte para todos, a día de hoy las rivalidades entre los países suelen reservar su expresión más clara para los acontecimientos deportivos. Esto es muy beneficioso para unos ingleses que suelen llevar las de ganar, como por otra parte es natural cuando un país de más de cincuenta y tres millones de habitantes se enfrenta a otro que a duras penas supera los tres. Por suerte para los galeses, sin embargo, en el rugby pueden mirar a la cara a su rival.

A lo largo de la historia, y contando el disputado este mismo año, se han celebrado 124 partidos entre ambas selecciones, con un resultado increíblemente igualado: Gales e Inglaterra han ganado 56 partidos cada una, empatando los restantes 12.  Una muestra de que desde el primer enfrentamiento entre ambos países, en el lejano 1881, ninguno de los dos ha conseguido dominar al otro salvo en cortos periodos de tiempo.

El camino de ambas selecciones hasta el decisivo partido no fue precisamente similar. Si para una de ellas todo pareció ser un paseo triunfal, su rival se encontró entre la espada y la pared, luchando boca arriba contra un cúmulo de situaciones y una trayectoria reciente indigna de su nivel.

Inglaterra inició el torneo con las mejores sensaciones posibles. En los test de otoño el equipo se mostró muy fuerte en todos los encuentros. Frente a Fiyi se dio un festín y perdió de manera muy ajustada contra Sudáfrica y Australia. Pero de cara al sorteo de grupos del mundial de 2015 decidió celebrar cuatro partidos, siendo el último contra la indiscutible número 1 del rugby mundial. Los temibles All-Blacks de Nueva Zelanda llegaron a Twickenham el 1 de diciembre de 2012 para imponer su ley.

Sin embargo, para sorpresa de casi todos los espectadores, Inglaterra demostró un corazón que apenas se le había intuido y destapó el tarro de las esencias. En un partido impecable pudimos ver por primera vez en mucho tiempo a unos neozelandeses perdidos en el campo. El castigo fue ejemplarizante, y el 38-21 que reflejó el marcador constituía la derrota más abultada de los All-Blacks desde el 28-7 que Australia les endosara en agosto del 1999.

Ticket Inglaterra - Gales 1940

Ticket del Inglaterra-Gales de 1940

Los ingleses, naturalmente, se crecieron tras semejante resultado. En el Seis Naciones se presentaron con un juego basado en una fuerte delantera, un Owen Farrell aparentemente infalible y una superioridad física más que notable. Con más efectividad que brillo fueron despachando a sus rivales de manera implacable. La única esperanza para el resto de contendientes tuvo que venir en la cuarta jornada, cuando una Italia en alza estuvo a punto de arañar un resultado positivo de su visita a Twickenham, pero finalmente el XV de la rosa se hizo con la victoria.

Frente a ellos se encontraba una Gales que había llegado al torneo golpeada y llena de dudas. Tras el Grand Slam que consiguió el año pasado, todo habían sido contratiempos. El mismo equipo que había sido capaz de vencer brillantemente el Seis Naciones se había encontrado con siete derrotas consecutivas en otros tantos tests, tanto en los de primavera como en los de otoño, incluida una derrota particularmente dolorosa en casa contra Samoa.

Pero es que además las lesiones parecían cebarse con ellos. Rhys Priestland, Luke Charteris, y Dan Lydiate se quedaron fuera del torneo. Mientras tanto, Jamie Roberts y Leigh Halfpenny llegaron por los pelos a la competición y Alun Wyn Jones consiguió incorporarse cuando ya habían transcurrido dos jornadas. No fueron los únicos, pero sí tal vez los más importantes lesionados del equipo galés de cara a lo que prometía ser una temporada de transición.

Todo se agravó en el primer partido contra Irlanda, donde una primera parte desastrosa en ataque se unió a la inspiración de Simon Zebo para causar una dolorosa derrota que los galeses apenas consiguieron maquillar en los últimos cuarenta minutos. La perspectiva de viajar a Francia no era precisamente halagüeña para los intereses de los dragones rojos.

Pero inesperadamente los galeses parecieron recuperar su mejor versión en defensa y su trabajo se vio culminado por un buen ensayo de George North que les dio la confianza necesaria para encargarse de escoceses e italianos mientras cimentaban de nuevo su juego. No podían ganar la Triple Corona, no podían conseguir un Grand Slam, pero los galeses se encontraban con un último partido en su territorio y la posibilidad de anotarse el torneo y, lo que era casi igual de importante, de evitar que Inglaterra lograse su primer pleno desde 2003.

There will be blood

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Owen Farrel (Inglaterra) placa a George North (Gales) durante la final del Seis Naciones de este año.

«No paran de darnos palmadas en la espalda y dejarnos clara la larga, muy larga, rivalidad cada vez que jugamos contra Inglaterra. Creo que los seguidores quieren un baño de sangre.»

 —George North, ala del equipo nacional de rugby de Gales antes del partido Gales vs. Inglaterra del Cinco Naciones de 2013.

El partido que disputaron Gales e Inglaterra el pasado 16 de marzo seguramente merezca pasar a la historia reciente del rugby. Los ingleses, aparentemente invencibles, se encontraban frente a un XV del puerro que se creía capaz de aguar la esperada celebración de sus eternos rivales. El escenario era ideal, no cabía una aguja en un Millenium Stadium donde más de 74.000 espectadores se agolpaban para animar a sus equipos bajo un techo cerrado que evitaba que la lluvia empañase el espectáculo que se iba a vivir.

Los galeses parecieron verse atrapados por la pasión demostrada por sus seguidores durante el himno y salieron dispuestos a comerse a los ingleses en cada jugada. Durante todo el primer tiempo las oleadas de camisetas rojas trataban de superar a las blancas a cualquier precio, pero sin éxito. La mejor oportunidad de ensayo fue seguramente la protagonizada por el ala George North, pero una gran actuación defensiva del inglés Mike Brown evitó males mayores para su zaga.

Sería en las patadas, curiosamente, donde Gales encontrara su soporte ideal en la primera parte. Un Halfpenny imperial acabó sin fallo mientras que Farrell aparentaba estar fuera de forma tras no haber podido jugar contra Italia y fallaba una patada fácil.

Al descanso, tras una gran posesión territorial por parte de los galeses, el resultado era de 9-3, lo suficiente para arruinar la fiesta visitante pero no para lograr la victoria local en el torneo. Los dragones rojos sabían que tenían que ganar por 7 ó más puntos, y les quedaban por delante cuarenta minutos en los que su intensidad no podía disminuir en ningún momento. Los ingleses, por su parte, se encontraban con un resultado que todavía les daba el título, y confiaban en que sus rivales no podrían mantener el endiablado ritmo que habían impuesto durante otra parte.

Pero los galeses, contra todo pronóstico, se plantaron en la segunda parte con un planteamiento aún más físico y un dominio de los choques que sorprendía a propios y extraños. Un Mike Phillips en estado de gracia se erigió por momentos en el protagonista del encuentro mientras sus compañeros se lanzaban en un ataque aparentemente sin fin que solamente fue detenido cuando Halfpenny decidió patear un nuevo golpe de castigo que diera matemáticamente el título a Gales y permitiese a sus chicos recuperar las fuerzas.

Y a fe nuestra que lo hicieron, teniendo en cuenta que entonces empezó el festival local frente a unos ingleses que parecieron derretirse una vez vieron cómo su título parecía esfumarse. La solidez defensiva que había frenado las arremetidas de los de rojo desapareció y Gales empezó a gustarse.

Primero con un robo en la abierta que desembocó en el primer ensayo del partido, obra del ala Alex Cuthbert. Después con un buen drop ejecutado por un Dan Biggar que por fin nos regaló un gran partido en un Seis Naciones donde le tocó tapar el hueco dejado por la lesión de Priestland. Y finalmente con un magistral ensayo nacido de la superioridad mostrada por la tercera línea en todo el partido. Faletau empezó una jugada por el centro ganando metros para que Warburton recogiese la pelota y superase la defensa inglesa claramente. Tras la galopada del ya excapitán (aunque seguramente vuelva a serlo pronto) fue Mike Phillips quien abrió perfectamente una pelota que pasó por las manos de Dan Biggar, Leigh Halfpenny, Jamie Roberts y Justin Tipuric antes de que este desarbolase a unos desesperados ingleses con una hábil finta que dejó a Cuthbert vía libre para su segundo ensayo de la noche.

Gales celebra el título

Gales celebra el título del Seis Naciones 2013

Tras semejante demostración de superioridad poco importó ya el resto del partido. Biggar sumó otro golpe de castigo a su cuenta y el 30-3 que reflejaba el marcador dejo claro lo sucedido: la mayor victoria de la historia de Gales sobre Inglaterra.

El rugby, esta vez, había sido justo para con sus hijos predilectos. El único país de la Europa occidental que lo considera su deporte nacional, el único que le ha permanecido fiel, había sido bendecido con una victoria que le sabía mejor que casi cualquier otra. David había vencido a Goliat, los mineros a los patrones, los dragones a las rosas.

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Un pensamiento en “Historia del Seis Naciones en un solo partido: Gales vs. Inglaterra

  1. Muy bueno, estos artículos dignifican el deporte, aunque el ambiente del rugby es muy diferente al fútbol y otros deportes. El rugby es otra cosa, una filosofía del deporte que ahora incluso se intenta copiar, ahí está el intento de copiar el tercer tiempo por parte del fútbol, pero no creo que se consolide. Los estamentos del fútbol están corruptos y propician esa corrupción(sólo hay que ver los escándalos del Irlanda vs.Francia y del último mundial. En esa labor de dignificación del deporte, en este caso el fútbol, está la labor de revistas como Panenka y Líbero.

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