Marcos García Guerrero

La larga noche de Dennis Lehane

ley seca

Manifestación contra la Ley Seca

El primer párrafo de Vivir de noche (RBA, 2013) es toda una declaración de intenciones. «Unos años después, en un remolcador en el golfo de México, Joe Coughlin tenía los pies metidos en un cubo de cemento. Doce pistoleros esperaban a internarse suficientemente en el mar para arrojarlo por la borda, mientras él escuchaba el ruido del motor y observaba la espuma blanca del agua en la quilla. Y entonces le vino a la cabeza que casi todo lo destacable que le había ocurrido en la vida —ya fuese bueno o malo— se había puesto en marcha aquella mañana en la que se cruzó por primera vez con Emma Gould».

Este inicio, que recuerda ligeramente al de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, nos deja claro lo que vamos a encontrarnos a lo largo de las cerca de quinientas páginas de la nueva novela de Dennis Lehane: un relato de gansterismo clásico pero escrito como sólo lo puede hacer un amante de la buena literatura.

Vivir de noche surge como un spin off de Cualquier otro día (2008). Si entonces se nos contaba la historia del joven policía Danny Coughlin en el convulso Boston de la segunda década del siglo XX, ahora seguimos los pasos del conflictivo benjamín de la familia Coughlin, Joe, y su incipiente vida delictiva en la Norteamérica de la Ley Seca. Una especie de Boardwalk Empire novelado (serie en la que por cierto, Lehane está trabajando actualmente como asesor y guionista). A primera vista podría parecer una historia más de hampones. Pero como en el caso de la serie de la HBO, en realidad no lo es. Hay tres factores que hacen a Vivir de noche diferente: el propio Dennis Lehanne, el ron y Joe Coughlin.

Uno de los grandes

Dennis Lehane

Dennis Lehane

Dennis Lehane se hizo un hueco en el género policiaco con la serie de detectives Kenzie y Gennaro, cuya primera entrega, Desapareció una noche (1998), fue llevada al cine por Ben Affleck en 2007 (quien hará lo propio con Vivir de noche próximamente). Su consagración definitiva le llegaría con Mystic River (2001), novelón de reminiscencias shakesperianas que Clint Eastwood adaptó con maestría y oscarizado éxito en 2003, así como con Shutter Island (2003), paranoica historia de terror disfrazada de novela negra que sería adaptada por otro grande del cine, Martin Scorsese, en 2010. Pero lejos de encasillar a Lehane dentro de un género, deberíamos considerarlo uno de los grandes cronistas de la literatura norteamericana, como atestigua su colaboración en The Wire (2004-2008), su original compendio de relatos Coronado (2006), o la monumental y ya citada Cualquier otro día.

Sin los artificios y efectismos en los que suelen caer algunos autores de novela policiaca, o el barroquismo vacuo de muchos escritores de renombre, Lehane demuestra en cada novela que tiene una voz propia y oficio, que domina los mecanismos de la narración y que maneja los tiempos con precisión, consiguiendo un equilibrio perfecto entre la vertiginosa acción propia del policiaco y el lirismo del relato literario más preciosista. Y además es un autor con mucho que decir. Vivir de noche es un ejemplo de todo ello.

Un imperio de ron

vivir de nocheLa época de la Ley Seca ha sido tantas veces retratada en cine y literatura que ha llegado a crearse un retrato romántico de ese mundo de hampones elegantes, mujeres fatales, autoridades corruptas y clubes de jazz. Lehane participa en Vivir de noche de esta mística, aunque lo hace de forma tímida, como el que barniza un cuadro para darle brillo. La historia de Joe Coughlin es su personal homenaje a las antiguas películas de gánsteres que veía en su infancia.

Ambientada en los años veinte, en plena Prohibición, la novela arranca en los bajos fondos de Boston, donde la mafia, como en el resto de Estados Unidos, está en pleno auge adueñándose del negocio ilegal del alcohol. Pero cuando empezamos a pensar que se nos va a contar la historia de un Al Capone bostoniano, Lehane lleva a su protagonista a Tampa, Florida, concretamente a la ciudad de Ybor. Nos introduce así en el mundo del ron cubano, de los clubes de jazz y de las tabacaleras; al de las minorías hispanas, la resistencia cubana a Machado y la amenaza xenófoba y moralista del fanatismo religioso sureño. Si hasta ahora habíamos visto lo que era la Ley Seca en las grandes ciudades norteamericanas alrededor del contrabando de whisky, Vivir de noche nos aporta algo nuevo: nos lleva a la calurosa y efervescente Florida, y nos adentra en el comercio de ron, que en aquellos años llegaba de Cuba o de Jamaica a través de la ciudad de Tampa.

Joe Coughlin, wanted dead or alive

«¿Puede un hombre ser al mismo tiempo un buen criminal y una buena persona?» Ésta es la reflexión con la que se nos presenta a Joe Coughlin, y es la cuestión que sobrevuela toda la obra. Podría pensarse que este punto de partida nos llevará a un intento más  en el subgénero de la mafia de construir un malo molón a la estela de Vito Corleone o Tony Soprano. Y en cierta manera así es. Pero, pese a los lugares comunes, no estamos hablando de un gánster al uso.

dumping-booze

La Ley Volstead de 1919 implementaba la prohibición dictaminada por la Enmienda XVIII, por la cual quedaba prohibida la venta, importación, exportación, fabricación y el transporte de bebidas alcohólicas en todo el territorio de Estados Unidos

Joe Coughlin no se considera a sí mismo un mafioso, sino un «fuera de la ley». No es casualidad esta reivindicación, porque es con este bonito eufemismo con el que parece empatizar la sociedad contemporánea, tan dada siempre a ver en el gánster una especie de honesto criminal que hace la guerra por su cuenta, un Robin Hood que aunque se queda el dinero que roba, protege a la comunidad a su manera. Gustan los mafiosos porque representan una versión anti-institucional del sueño americano. Son criminales que se enriquecen de forma paralela al Estado pero sin la hipocresía de, ejem,  banqueros, empresarios o políticos. Vale que extorsionan, roban, torturan y matan, pero a la vez se presentan como garantes de unos férreos códigos morales, como celosos guardianes de su familia y como defensores de un concepto muy peculiar del honor y la lealtad. Así que ignorando los detalles negativos (en la vida siempre lo hacemos cuando algo no nos interesa), edulcoramos su imagen en base a libros y películas, y una vez idealizados no nos parecen tipos tan malos.

Sin embargo, Joe Caoughlin no encaja exactamente con esta descripción clásica de mafioso. Lejos del perfil de chaval de la calle que se hace delincuente por supervivencia, Joe es un chico de bien, hijo de inmigrantes irlandeses, que se rebela contra la férrea e hipócrita autoridad de su padre (importante jefe de policía de Boston) y contra una sociedad que se rige por mecanismos en los que no cree. Por eso su primera voluntad es la de mantenerse como un outlaw en la línea del viejo y (a veces) noble forajido del Oeste; por eso a lo largo de su ascendente vida criminal tiene que pugnar continuamente con los dilemas morales a los que sus negocios sucios le someten; porque como se acabará dando cuenta, él no es un «fuera de la ley», sino un mafioso, y por muy buena persona que quieras ser en ese mundo, es imposible ascender en el él sin ensuciarte antes las manos.

Joe Coughlin es un personaje original, tan atractivo como tramposo en su propia concepción, puramente literaria, y del que parece imposible encontrar contrapartida en la vida real. Y esto, que podría ser un handicap pero no siempre lo es (mírese Sherlock Holmes, al que todos adoramos), Lehane lo maneja acertadamente logrando hacer verosímil lo inverosímil, y obteniendo así el que está llamado a ser uno de los hampones más interesantes de la ficción criminal reciente.

Vivir de noche es mucho más que una novela de gánsteres (además de por momentos un entretenidísimo drama carcelario): es también una novela histórica sobre uno de los episodios más trascendentales de la historia de los Estados Unidos, y una novela social sobre el lado oscuro de la supuesta belle époque y su gente bonita. Además, los paralelismos con el mundo actual, con su crisis económica y la eterna guerra de y contra las drogas, la hacen esclarecedoramente actual. Y no hay que olvidar que su tema de fondo, el de la mafia, y concretamente el de su creación, es un tema que interesa especialmente a los estadounidenses (como atestigua la abundante historiografía al respecto), porque pone en tela de juicio la naturaleza de sus órganos de poder y supone una vuelta de tuerca más al tan manido y complejo concepto de libertad norteamericano.

Si hay que buscarle una pega a Vivir de noche, quizás sea la de su condición de obra inconclusa. Como ha anunciado Lehane, se trata de la primera parte de una trilogía que pretende retratar la Norteamérica de los años treinta. Y pese a que esta primera entrega es, hasta cierto punto, una historia cerrada, al terminar su lectura es inevitable que nos suceda como cuando acabamos de ver la season finale de una buena serie de televisión: lo único que nos apetece es que empieza la siguiente temporada.

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2 pensamientos en “La larga noche de Dennis Lehane

  1. Pingback: La última novela de Lehane

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