Ismael Rodríguez

David Bowie se quita la máscara

Foto de David Bowie en 2013

01 – La Máscara

Es de justicia reconocer los méritos ajenos, y fue Ryan Dombal, en la crítica de The Next Day realizada en Pitchfork, quien me hizo comprender que, una vez más, David Bowie esconde más ases en la manga de los que uno puede creer posible.

En 1969, cuando aún no era la rutilante estrella musical que conocemos, David Robert Jones grabó un corto llamado The Mask. En él hacía un número de mimo que giraba en torno a una máscara invisible que le hacía conseguir el éxito absoluto, para acabar ahogándole al ser incapaz de quitársela. Ya entonces nos hablaba del éxito que le esperaba, y de cómo sus propias creaciones podrían convertirse en una prisión.

En los años siguientes mostraría una y otra vez la realidad que había conseguido vislumbrar en performance. No contento con tomar su apellido artístico de un cuchillo, se fue convirtiendo sucesivamente en diferentes personajes que le permitieran ocultarse del mundo. Así conocimos a Ziggy Stardust, a Aladdin Sane, al Duque Blanco… seres irreales bajo los que Bowie nos presentaba diferentes facetas de si mismo, liberado de su propia naturaleza.

Dichas personalidades destacaban, además, por ser claramente exhibicionistas. No se trataba solamente de asumir un nuevo rostro, sino de la necesidad de que este llegase a todo el mundo, de que todo el público posible fuese participe de su nueva performance. La búsqueda del exceso, de lo chocante, posiblemente llegó a su culmen en la portada del Diamond Dogs, cuando Halloween Jack se presentaba como un extraño ser, mitad hombre y mitad perro. Manteniendo un aspecto semejante en su estilismo al de Ziggy Stardust, el hecho de que los genitales de su mitad perruna apareciesen pintados con todo lujo de detalles en la ilustración original fue un auténtico golpe a toda la censura de la época.

Pero los años no pasan en balde, y ahora David Bowie no es más que él mismo. A sus 66 años parece haber superado todas las contradicciones de sus diferentes personas, convirtiéndose en si mismo, en una amalgama de todos. Ya no hay lugar aquí para ningún rostro, sino para una mancha blanca. Y eso nos enseña la foto exclusiva que sirvió de portada para la NME cuando se presentó el nuevo disco. David Bowie había vuelto a ser La Máscara, a ser todos y ninguno de sus personajes, un semblante que puede que ya nunca abandone. Aunque con él nunca se sabe.

02 – Heroes

Portada HeroesBowie tiene muchas épocas míticas, pero pocas al nivel de la Trilogía de Berlín. Un nombre bastante engañoso que oculta que solamente uno de los tres discos fue grabado en su integridad en la capital alemana. La casualidad, esa fuerza imparable, quiso que con el tiempo fuese el más famoso de los tres.

Corría 1977, el año del punk, el año de los Sex Pistols actuando en un barco a lo largo del Támesis apenas dos días antes de la procesión fluvial que marcaría el jubileo de Isabel II. Pero David Bowie estaba entonces en Berlín, más centrado en el Muro y como este influía a los habitantes de la ciudad que en la revolución musical que tenía lugar en su país.

Ayudado por la producción de Brian Eno, Bowie nos legó un disco casi perfecto. Para el oyente ocasional este equivale a la canción más famosa y que le da nombre. La ya inmortal Heroes ha demostrado superar el paso del tiempo sin problemas, pudiendo convertirse en la canción estrella de ese original musical que era Moulin Rouge con su ritmo imparable y su contagioso optimismo.

Pero para el aficionado a la obra de Bowie, a ese gran corpus casi inacabable, Heroes oculta mucho más bajo su primera capa. Sus instrumentales son simplemente soberbios, destacando un Moss Garden que hoy día no ha perdido ni un ápice de vigencia. Y esconde una joya relativamente olvidada en esa genialidad llamada The Secret Life of Arabia, un extraño mosaico de sonidos orientales que se dan la mano con la capacidad pop de un Bowie que por aquel entonces parecía capaz de hacer un tema de éxito con cualquier material que le fuera dado.

Era, pues, inevitable, que con los años Heroes se fuese convirtiendo poco a poco en un clásico entre los clásicos de Bowie. Un disco que para muchos ejemplificaba al mejor Bowie tras la época de Ziggy Stardust, aquel que resultaba accesible a la vez que estimulante. Un disco intocable para muchos.

03 – Reality y su acto de desaparición

Portada RealityEn 2003 David Bowie parecía estar en plena vorágine creativa. En los últimos 10 años había realizado 7 discos, en los que había tenido tiempo para sumergirse en la electrónica y volver a la música más tradicional. Dicho regreso pareció finalizar, quién sabe si de manera involuntaria, con la publicación de Reality.

El disco sorprendía en su momento por su continuidad con respecto al anterior Heathen. David Bowie parecía cómodo en un terreno en el que mezclaba las lecciones aprendidas de su periodo más electrónico con su oído para las melodías. Falto tal vez de algún gran tema, era un trabajo que funcionaba mejor cuando se escuchaba en su conjunto, lo que puede explicar su relativo olvido en esta época secuestrada por el culto al single, al tema suelto, por la dictadura de la canción aislada.

Para promocionar el nuevo disco se orquestó, eso sí, una gran gira internacional bajo el nombre de A Reality Tour. Fue durante la misma, en 2004, que la desgracia golpeó a los fans del músico. En una extraña sucesión de accidentes tuvimos que ver como la piruleta de un asistente al concierto de Oslo golpeaba a Bowie en el ojo en plena actuación, para apenas una semana después ver como una complicación cardiaca le obligaba a sufrir una angioplastia de emergencia y cancelar el resto de la gira.

Dicho suceso fue posiblemente el catalizador de la posterior retirada de Bowie del mundo público. Durante los 9 años que tuvieron lugar desde aquel triste verano de 2004 apenas se produjeron algunas colaboraciones esporádicas en diferentes discos y alguna aparición en directo hasta que en Noviembre de 2006 estas finalizaron. Bowie se retiró del mundanal ruido y los rumores se dispararon atribuyéndole todo tipo de graves enfermedades. Por suerte parece ser que solamente fueron eso, rumores.

Cabe destacar la casualidad de que, en ese mismo 2006, David Bowie realizaba una de sus incursiones en el mundo de la actuación. Se trataba de su interpretación del inventor Nikola Tesla en la película El truco final de Christopher Nolan. Dicha película, basada en un gran libro de Christopher Priest, sigue el enfrentamiento de dos magos de escenario por un truco de desaparición. Tal vez Bowie tomó buena nota de la trama.

04 – The Next Day

Portada NME 2013Escuchar un nuevo trabajo de Bowie tras 10 años de espera es algo muy parecido a volver a encontrarse a un buen amigo al que no has visto en mucho tiempo. Al principio temes que la situación sea incómoda, que no sepas qué decir, que ya no tengas nada en común con él y todo vaya a ser un desastre. Pero cuando empezáis a hablar parece que os sigáis viendo a diario, los temas de conversación fluyen solos y al final, mientras os despedís, no puedes evitar que una sonrisa se asome a tu cara. Exactamente así es la experiencia de escuchar The Next Day.

Desde el primer tema, el homónimo The Next Day, la música te agarra por la solapa y parece gritarte a la cara que Bowie ha vuelto, y que ha decidido retomar las cosas dónde las había dejado. No parece haber ni un solo rastro de senilidad o conformismo en su propuesta, lo que tal vez nos demuestre que en la última década no ha habido ningún avance real en el panorama musical. Así, el artista británico no tiene que sacarse nada nuevo de la chistera para sonar contemporáneo. Triste pero cierto.

Pero dejando de lado las reflexiones sobre la actualidad musical, casi siempre con funestas conclusiones, el resto son todo buenas noticias. Estos años de inactividad parecen haberle servido a Bowie para coger fuerzas y armarse de una buena serie de melodías, al tiempo que han suavizado su voz sin que esta pierda ni una gota de expresividad. Tal vez por eso este disco suena mejor que los antecesores directos en la carrera de su autor, porque no necesita realizar ninguna versión (por muy buenas que fueran sus revisiones de Pixies, George Harrison o Jonathan Richman) sino que nos ofrece catorce nuevos temas sin ninguno que se nos antoje de relleno.

Mención aparte merece la extraña elección de singles realizada. A pesar de ser un gran tema no parece discutible que Where Are We Now? nos ofreció un adelante del disco que parecía presagiar un trabajo triste y lento, algo muy lejano a la realidad. The Stars (Are Out Tonight) es una mejor tarjeta de presentación, pero tal vez tampoco sea la mejor que puede encontrarse en el LP.

En realidad el disco cuenta con algunos temas de gran fuerza que podrían convertirse en himnos de estadio como (You Will) Set The World on Fire o If You Can See Me. También con medios tiempos como Boss of Me o Love is Lost, con canciones casi inclasificables como How Does The Grass Grow, Dirty Boys y su saxofón omnipresente o la muy bailable Dancing Out in Space. Y para finalizar una gran combinación con la balada You Feel So Lonely You Could Die (que ciertamente podría estar emparentada con Rock’n’Roll Suicide como se puede leer en algunos sitios) y la monumental Heat, con un David Bowie más parecido a Scott Walker que nunca.

05 – La portada

Portada The Next Day¿Por qué tapar la portada del mítico Heroes con un cuadrado blanco en el que superponer el título del disco? En palabras del diseñador, Jonathan Barnbrook, las raíces de la decisión podrían llegar a relacionarse tanto con Macbeth como con Esperando a Godot, algo que no suena disparatado, ni fruto de un ataque de elitismo, teniendo en cuenta que la decisión final se la debemos a David Bowie.

Sin embargo, en realidad, lo que seguramente signifique es la intrascendencia del pasado, la inmediatez de la música popular y su adoración por lo instantáneo, lo contemporáneo. Para Bowie nada de su legado es sagrado, todo ha sido en realidad un camino, un tránsito hasta el momento actual. Su música no entiende de tótems, de temas intocables, de obras inmutables al paso del tiempo.

Y por eso consigue sonar fresco a lo largo de los catorce temas que componen The Next Day, porque en ningún momento nos da la impresión de que estemos ante un artista que cuenta ya con 24 discos de estudio a sus espaldas. David Bowie parece entregado a su carrera como hace mucho que no lo estaba. Por suerte estos años de reclusión puede que nos hayan servido para darnos cuenta de lo dolorosa que era su ausencia.

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