Víctor Guerrero

Alonso rampante. GP de China

F1 Grand Prix of China - Race

El expreso de Shangai fue un Ferrari de 750 caballos de potencia pilotado por Fernando Alonso. El dedo a veces acusador del asturiano se transformó en un indicativo de reconocimiento hacia el equipo que le puso un bólido perfecto para volar sobre el asfalto del Gran Premio de China. Alonso fue el rey de la pista en un domingo republicano.

“Fenomenale”. Dicho así no queda pijotero. Dicho en italiano suena a gloria para el mejor piloto de un Gran Premio más interesante que grandioso. Fernando Alonso salió como en aquellos tiempos de las salidas locas de Renault y consiguió superar antes de la primera curva a Kimi Raikkonen, que patinó malamente en los primeros metros. Después le costó cinco vueltas devorar a Lewis Hamilton, cuyo Mercedes -veloz y fiable- es, sin embargo, un glotón con los neumáticos, especialmente esos superblandos que duran menos que un chicle barato. Alonso dominó a partir de entonces y acabó con 10 segundos de ventaja sobre el segundo, el seguro Kimi, y el propio Hamilton. Gran weekend (“weekende”) para Alonso, que pone fin a 12 carreras sin vencer y llega a 31 en su historial. Eso es lo mismo que consiguió Nigel Mansell y diez menos que Ayrton Senna, el gran ídolo de un piloto de, precisamente, 31 años.

Fernando Alonso tiene razones para ser feliz, porque este año dispone de un coche claramente superior al del año pasado. El F138 es un coche para ganar carreras. Sigue fallando en la clasificación, pero su comportamiento en la prueba es intachable. A diferencia de Mercedes o Red Bull, el Ferrari de 2013 no masacra los neumáticos más blandos que compone Pirelli y eso le da una ventaja evidente sobre sus competidores en pruebas como la de ayer, altamente estratégicas. Sebastian Vettel, por ejemplo, que salió desde la undécima posición, terminó en cuarto lugar después de una meritoria carrera en la que, sin embargo, sus opciones de triunfo o podio quedaron lastradas por una obligatoria última parada en boxes para cambiar de neumáticos. Tampoco le ayudó a Vettel la ansiedad con la que se enfrentó al sorprendentemente sereno Hamilton en la última vuelta.

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Mark Webber pierde la rueda derecha trasera de su Red Bull, apartándolo de la carrera

Los líos en chez Red Bull son un interesante aliciente para una temporada en la que en tres carreras ha habido tres ganadores distintos -Raikkonen, Vettel y Alonso-. El nombre de Mark Webber podría figurar en esa lista en lugar del de Vettel si no fuese por la jugarreta que le aplicó el alemán en Malasia. Pero hubo treta y al australiano le toca pasarlo mal. Por errores propios y ajenos. Los ajenos son los de su equipo, que le insufló insuficiente combustible en la Q2 y que ayer le ajustó mal una rueda. Mark Webber corre el riesgo de convertirse en una rueda solitaria y desnortada como la que el 14 de abril se paseó por la pista de Shangai. Esta semana le preguntaron si pensaba renovar con Red Bull y el hombre, elegante, respondió que era pronto para pensar en ello. Ya.

A Webber, que tiene 36 tacos, le pueden estar haciendo la cama. O deshaciéndosela más bien. Porque están preparándosela para otro. Otro australiano, precisamente. Daniel Ricciardo terminó ayer en séptimo lugar tras un fin de semana “fenomenale”. El chaval tiene 23 años y corre para Toro Rosso, que es el equipo satélite de Red Bull y por tanto su cantera más fiable. Ricciardo causó en China suspiros de admiración -“Ricciardo, guau”, dijo por radio Jenson Button cuando se enteró de que el joven piloto se había colado en la Q3-. Con dos o tres guaus como ése, los patrones de Red Bull no van a tener dudas de qué australiano les apetece tener en la escudería el año que viene. Y Webber que siga pensando en ello.

Shangái, el mayor puerto del mundo, la cuna del primer congreso del Partido Comunista de China, despide al circo de la F1 con una nueva demostración de fuerza y poder de la gran potencia asiática. El asfalto del circuito internacional de Shangái está hecho del petróleo que China importa a razón de más de veinte millones de toneladas al mes. Una parte puede llegar de Bahrein, la siguiente parada de la Fórmula 1 este año. La geografía de la competición motora más cara del mundo es un mapa a escala del nuevo poder global. El trono de la F1 seguirá jugándose en las arenas del país donde ancla la Quinta Flota de la Armada de Estados Unidos. El combustible de la Fórmula 1 también se vigila con cañones.

Documentos

Kimi Raikkonen se enfada con Sergio Pérez y lo comunica por radio

En Abu Dabi, en el 2012, Radio Kimi marcó su gran hit

Próximo Gran Premio

Bahrein, circuito de Sakhir, 19-21 de abril. 57 vueltas. Podio 2012: Vettel, Kimi, Grosjean. Alonso fue séptimo.

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