Adrián Sánchez Esbilla

No revuelto, agitado. Jornada 31ª

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Ya queda poco, ya queda menos y en esta Liga comienzan a verse equipos que vuelan y equipos que arrastran una piedra del cuello. De lo primero son ejemplo La Real Sociedad y el resucitado Deportivo de La Coruña. De lo segundo un Granada y un Zaragoza que acabaron la jornada muy mal parados y muy goleados. Fueron machacados sin piedad por el Barcelona y el Atlético de Madrid. El primero lo hizo dosificando y dejando que la chavalería se gustase con un partido soberbio de Thiago y de Tello; y el segundo continúa recuperando piernas y buenas sensaciones gracias a Falcao, quien iguala ya su estupenda marca goleadora del año pasado.

Lo del Barcelona es una cuenta regresiva, las matemáticas, implacables, están a su favor y solo el buen tono del Real Madrid que se ha tomado el tercio final como una pretemporada para la Copa de Europa, impide dar por finiquitado el engorro del título. Ayer San Mamés volvía a escribir tristes despedidas, viendo cómo el equipo era goleado por el rival más acérrimo de su historia, prolongando la humillación del curso pasado cuando el Real Madrid se proclamó allí campeón.

El Athletic ha desandado lo andado y vuelve al punto de partida; sin fútbol y sin método recurre a la buena y vieja testiculina… pero ni así. El Real Madrid ganó bien ganado e incluso bien jugado con un Xabi Alonso cómodo otra vez, un Diego López que se está agarrando a los palos con los dientes y un Cristiano soberbio, jugando el mejor fútbol de su carrera tras haber entendido que sus números y los del equipo no van cada uno por un lado, sino juntos.

La Liga ya se acerca a esas jornadas últimas donde Luis Aragonés decía que pasaban las cosas de verdad y, como suele suceder, la competición se pone extravagante, juguetona. Como los equipos, o ya tienen poco o no se guardan nada, los resultados y los partidos se abren rápido y no se cierran nunca. Así esta jornada hemos visto 90 minutos de viveza y locura en un par de campos y resultados para el asombro en otros tantos.

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Estos últimos son los que mencionaba arriba; por un lado el Deportivo resucitado por Fernando Vázquez ganó en un campo tan difícil como el del Levante por 0-4. Jugó bien, armado alrededor de los últimos alientos de Valerón y la clase de Pizzi, aunque también es cierto que el Levante estuvo raro, sin su tensión y crudeza habitual. Es comprensible porque después de todo ya ha reglado un año más en primera y la hermosa aventura Europea les desgastó. Ahora están cómodos, sin mayores objetivos ni tampoco apuros y la Liga se les hará algo pesada. Por el otro la Real Sociedad, quizás el equipo más agradecido de ver ahora mismo. Pura ortodoxia cosida a una banda izquierda prodigiosa donde De La Bella, Griezman y Xabi Prieto enlazan fútbol clásico. En quince minutos descuajaringaron tanto al Rayo Vallecano que su entrenador, Paco Jémez metió dos cambios para intentar tapar la sangría. Dio lo mismo; La Real controló a placer, asentado en la cuarta posición con un mérito descomunal.

La locura estuvo en Barcelona y en Sevilla. En Barcelona, el Valencia remontó en el descuento sólo para ser a su vez remontado al borde del pitido final en un 3-3 agónico. La irregularidad mata los valencianistas, inconsistentes e insatisfechos consigo mismos de manera enfermiza dejan la buena noticia del gol de Canales, quizás recuperado para el fútbol. El Espanyol, en cambio, rebosa confianza, transformado con respecto al del principio de Liga gracias a la idea agresiva y ganadora que del juego tiene Javier Aguirre; a eso y al regreso de Sergio García, un futbolista de clase, diferente, que como otros veteranos del campeonato como Joaquín se ha reinterpretado en futbolista concreto en la madurez de su carrera. Ambos siempre hicieron muchas cosas, pero no sabían exactamente cómo demonios las habían hecho y no eran capaces de repetirlas; ahora se han simplificado, dibujan rectas donde antes preferían arabescos.

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3-3, mismo resultado en la vuelta del derby sevillano que empezó feo, feo para el Betis, con los fantasmas del 5-0 de la primera vuelta en forma de 0-3 en media hora y un Rackitic genial. Pero un gol rápido del colombiano Pabón, la enésima metedura de Medel haciéndose expulsar y un arbitraje estándar, es decir nefasto, enchufaron al Betis al partido. El Sevilla se diluyó, empujado por el juego rápido comandado por un Beñat formidable y un Vadillo que fue un tormento. No cesó el Betis hasta el final, encerrando al rival en treinta metros y recuperando el balón en un parpadeo para culminar (o casi) la remontada con otros tres goles de esos de “una mitad para cada equipo”.

Queda para esta noche el partido más agónico de la jornada, un Mallorca-Celta de susto o muerte que anuncia más goles, más locura y más angustia. La Liga sigue sin moverse, pero por lo menos se ha agitado.

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